Prohibido fu-Marx
de Andrés Kilstein

---x--- El más ambicioso proyecto: clasificar a la totalidad de la juventud argentina ---x---

12 de noviembre de 2013

El Otro atrás del Otro.

El texto "Cómo nos ven los shankis" de @linearotativa. http://revistapaco.com.ar/2013/11/11/como-nos-ven-los-shankis/

Entrega la tranquilidad de pensar al mundo como una oscura trama conspirativa en la que se pierde la dimensión verdadera de la subjetividad y, por lo tanto, también se desvanece el peso de la subjetividad. Probablemente el autor sea amante de las películas de espionaje. Pero lo cierto es que la caótica y conflictiva realidad social no puede reducirse a un relato de intrigas palaciegas y poderes imperiales. Cuando se huele en el aire un mito conspirativo me siento tentado de asumir la interpretación de Slavoj Zizek sobre la paranoia que consiste en postular la existencia de un Otro atrás del Otro. Es decir, atrás de la complejidad de la red simbólica cuyos efectos no controlamos ni podemos anticipar, se esconde una entidad siniestra que digita los hilos desde las penumbras (Estados Unidos, en este caso). La interpretación es conspirativa y, en ese sentido, está cargada de hipérbole y deformación de la realidad.

El autor del post ofrece una visión totalizadora, carente de fisuras: Estados Unidos tiene control sobre nuestras comunicaciones, todos los presidentes latinoamericanos están bajo la órbita norteamericana, Fidel Castro también lo está - es más, es un espía- o no hubiera podido mantenerse en el poder. El problema es que cada vez que un hecho desmiente esta visión totalizadora de la realidad se requiere de una nueva teoría ad hoc, igualmente conspirativa, que enmiende los orificios y fracturas de la teoría macro original. Un ejemplo, ante la evidencia de que Estados Unidos puede sufrir un ataque terrorista y por lo tanto no es omnipotente ni invulnerable  ni sus servicios de inteligencia infalibles, se requiere de una teoría tranquilizadora que sostenga la consistencia de Estados Unidos: en realidad se trató de un auto-atentado pensado siniestramente para impulsar los intereses expansionistas de la superpotencia imperial. Si los servicios de inteligencia de Estados Unidos se demoran una década en encontrar a Osama Bin Laden (por sus propias limitaciones o la dificultad que ofrece el enemigo), es porque en realidad Osama era un actor norteamericano,  un socio de la potencia, o nunca existió. Estos esfuerzos explicativos parecen estar dirigidos a mantener intacta en nuestra mente la integridad de Estados Unidos como agente omnipotente, es decir, apunta a la creencia en un Otro atrás del Otro que entrega consistencia a nuestra experiencia confusa y caótica de la realidad.

De allí la insistencia en remarcar el poderío militar de Estados Unidos. Que Norteamérica es una super potencia bélica, que no tiene competidores en ese terreno, es algo ya sabido y para lo que no es necesario aportar datos estadísticos. Pero esta insistencia da mucho que pensar. Por empezar, no alcanza con poder militar para ejercer una dominación. Muchas dictaduras en el continente y en el mundo se impusieron y perduraron por la vía militar. Pero una vez que se diluyó su capacidad de generar consenso autoritario, su apoyo en sectores civiles, el sostén en actores políticos y gremiales, por más que conservasen la fuerza bruta (y la hubiesen usado previamente sin limitaciones), las FFAA se vieron forzados a hacer un traspaso del poder a sectores civiles y comenzar su transición. Ningún poder se sostiene sólo por la fuerza o la amenaza de usarla. Aunque EEUU pueda ejercer su rol de "gendarme del mundo", esto sólo no garantiza su dominación. Y esto queda absolutamente soslayado en el texto de @linearotativa, pasando por encima de una larguísima tradición, desde Maquiavelo a Gramsci, que afirma el binomio fuerza y consenso, coherción y cohesión, para mantener un imperio, statu quo, hegemonía o como se la quiera llamar.

El segundo problema es que en una operación metonímica @linearotativa presenta la política internacional como si fuese una clave interpretativa única y monolítica que pudiese dar cuenta de todas las disputas que se establecen en el campo social. La fórmula soslaya las lógicas internas de cada disputa para anteponer en cada caso una variable exógena que somete a  los conflictos particulares a un esquema totalizador. Por ejemplo, la disputa sobre la regulación de los medios de comunicación, ¿puede simplificarse en "ahora la torta será entregada a compañías norteamericanas porque EEUU ejerce su rol de gendarme del mundo"?

¿Y qué hay de la microfísica del poder? ¿Del poder fragmentado, desterritorializado, de baja intensidad al que se refiere Zygmunt Bauman como característico de la modernidad líquida? ¿De qué manera pensar el poder si se asocia directamente con la capacidad de atacar militarmente a un país? ¿En qué quedan todas las formas de poder (poder que no es un atributo, sino una relación con distintos grados de negociación y sometimiento) que se establecen en una dinámica social: el poder de los médicos sobre los pacientes, de los locales sobre los inmigrantes, de los docentes sobre los estudiantes, de los ricos sobre los pobres, de los clientes sobre las prostitutas, de los automovililstas sobre los peatones, de los heterosexuales sobre las otras identidades sexuales y así sucesivamente en cada tema que se aborde, en cada campo que se estudie? Por supuesto, todos los malestares de la vida cotidiana, la angustia de estar atravesados por los invisibles hilos de micropoder, parecen casi insignificantes al lado de la enunciación altilocuente de que EEUU tiene el mismo presupuesto militar que los 13 países que le siguen. Pero es sólo una ilusión, efecto imaginario de la enunciación.

8 de octubre de 2013

Acá tenés los zombies para la liberación.

El cuadro era como sigue: en plena mañana una multitud de ni-nis (jóvenes que, por lo menos en ese momento, no estudiaban ni trabajaban) gritaban con toda potencia canciones con melodía de Creedence y letra vernácula, en las que se presentaban como "los soldados de Perón" (la metáfora militar nunca está ausente en la liturgia peronista; en definitiva es el origen) enfrente de la Fundación Favaloro, ignorando seguramente que se trataba de una clínica médica. Poca sensibilidad mostraban por los pacientes convalecientes, recién salidos de cirujías mayores y familiares expectantes que habitaban el edificio; el que no cantaba se quedaba sin liberación. La cultura fálica del aguante puede más que un señalamiento sensato proveniente del terreno de la salud y la civilidad.

 Los militantes se acercaban para dejar sus imágenes identificatorias al altar sacralizado, que por supuesto, coincidía con el encuadre de las cámaras (incluso las cámaras de la "corpo" que detestan, pero en las que quieren colar sus estandartes) porque allí donde hay cámaras, debe haber íconos publicitarios de Kolina, Miles, La Cámpora y demás agrupaciones. No sea cosa que sean capaces de copar la entrada de una institución de salud y el público masivo no llegue a enterarse de semejante despliegue militante. Por momentos, algunos militantes pedían permiso para atravesar las vallas y arreglar banderas y pancartas, asegurándose que estuvieran nitidamente visibles. Algunos de ellos, intentando filtrar sus imágenes y banderas en los encuadres de grabaciones que no los demandaban, recordaban mucho a las promotoras colocándose por detrás de los ganadores entrevistados en el Turismo Carretera.

Entonces se desata todo el show típicamente nacional y popular, ese que los militantes llevan adelante sin siquiera proponérselo: empiezan las apretadas y los "que se vayan los gorilas" y los "Mañeto no sé cuánto" al reconocer que hay periodistas de Canal 13 entre la gente. Claro, es que la Ley de Medios entrará íntegramente en vigencia, no cuando la Justicia determine las constitucionalidad de sus artículos, sino cuando los cronistas y movileros reciban el hostigamiento suficiente. Esta es la movida que empezaron con el muy astuto "gritar devuelvan a los nietos atrás de un movilero que reporta el tránsito" y que, con mucha claridad y sofisticación, se encargó de apuntalar el aparato mediático oficialista al pasar una y otra vez, con mucha gratificación, los clips de los movileros acosados.

Si las altas esferas de este poder (no lo imberbes que gritan) llegasen a una tregua definitiva con el "monstruo", esta gente no se enteraría y continuaría vociferando. Oigo varias veces la palabra "corpo" y me pregunto a cuál de todas las corporaciones amigas del gobierno se referirá. Porque el gobierno tiene mucha destreza para alcanzar acuerdos con todos los grandes conglomerados empresariales de la Argentina menos uno. Así el gob está en los mejores términos con la industria minera (pese a las denuncias de técnicas extractivas que por su impacto ambiental no se permiten ni en el infierno neoliberal de Chile), las compañías de celulares, las telefónicas, las empresas de servicios, DirecTV, la corpo política, la corpo burocrática sindical, la corpo feudal del interior, todas las corpos extractivas del territorio nacional. La líbido que se carga sobre la así presentada "corpo" es casi un operación compensatoria por todas las otras falencias.

En el medio de esa desconfianza generalizada hacia periodistas que buscaban cubrir el suceso del día, un psicótico, un viejo al que ya por su habla le reconocías la cadena significante quebrada, empieza a vociferarnos que "nos teníamos que ir por ser gorilas", y cosas semejantes, de manera tan exaltada y alevosa que incluso muchos de quienes lo observaban no podían contener la risa. Aunque se trataba a todas luces de un alienado mental, en su palabrerío desorganizado uno podía reconocer trazos de la verba de Barone, Mengolini, Sandra Russo etc. En el contexto de ser cronistas esperando un parte médico y entrevistando a quienes llevaban sus muestras de apoyo, la efervescencia del señor resultaba casi ridícula. Pero no es la primera vez que en este tipo de eventos nos someten a cronistas, camarógrafos y productores a 6,7,8 consignas completamente fuera de lugar 

La cosa deja de ser graciosa cuando, ante nuestro silencio e inmovilidad, el loco agarra al productor del cuello e intenta golpearlo. Estos falopas emocionales siempre se nutren del discurso de los orgánicos emocionales que dificilmente soltarían un golpe (la mayoría de las veces ni siquiera suman a la multitud reunida) pero cuyo constante ensañamiento y animosidad contra blancos fijos trae consecuencias no deseadas. Que están a la vista. Ya viví cosas semejantes antes. De hecho me recordó mucho, muchísimo a 2 (dos) sucesos previos: el hostigamiento constante durante la cobertura de los cacerolazos y la hostilidad al equipo durante el amotinamiento de prefectos. Ergo, pude llegar a una conclusión. Los zombies son así, se infiltran en todos los grupos, en todos los segmentos sociales, y actúan siempre de la misma manera, insensata, de aparente obnubilación del entendimiento, sin importar los valores ni las orientaciones ideológicas a las que supuestamente suscriben.
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4 de octubre de 2013

Gore, entrevista a Hernán Panessi

En Argentina la palabra obtuvo su deformación rioplatense: aquí los adeptos de este género cinematográfico dicen, tal como se escribe, Gore, pronunciando la E final. El Gore es una tradición proveniente de los Estados Unidos, ligada a cierto goce del espectador por la truculencia, la sangre, las tripas. Su desarrollo en nuestro país es paralelo al del festival de cine de género Buenos Aires Rojo Sangre. La estética, que abarca tópicos variados de zombies, mutantes, alienígenas, ha producido su pequeño nicho de consumidores y productores. Este reducido círculo permitió la emergencia de Gorevision y Videoflims, productora la primera, distribuidora la segunda, ambas animadoras incuestionables de la escena fantástica local. “En Argentina la posta la toman unos jóvenes de Haedo, quienes conforman la productora Farsa. Es el primer atisbo del cine independiente de explotación en el país.  Aunque manejan una truculencia más desde lo pop, las vísceras en plan comedia” – explica con un timbre cargado de brillo Hernán Panessi, un joven que, entre muchas actividades, dirige la distribuidora Videofilms. Con este sello edita y distribuye DVDs de películas fantásticas y de género, a lo largo de una red vasta y federal con más de cuarenta puntos, principalmente tiendas de alquiler de DVDs y locales de comics. “La distribuidora permitió juntar a realizadores que andaban sueltos. Decanta naturalmente en un producto de nicho, pero, en el videoclub termina exhibida una película Gore al mismo nivel que El secreto de sus ojos”, explica Panessi.

A través de estos emprendimientos, el género en Argentina experimentó una notable revitalización, acompañado por la vehemencia de sus fieles espectadores. “Se presupone que los films Gore generan rechazo en el público, pero por el contrario el resultado es la empatía”, asegura. Según el cinéfilo, el fenómeno se refleja en el éxito del festival Buenos Aires Rojo Sangre, de cuya organización participa. En 14 años de existencia (casi la misma trayectoria que el BAFICI) no ha parado de crecer en programación y en público, para alcanzar en su edición pasada los 20 mil espectadores.

Según Panessi el Gore está en un buen momento empujado por un fenómeno más amplio y quizá insólito: la aprobación de la que goza el cine fantástico argentino entre el público e instituciones de fomento. El dato señala el pasaje del Nuevo Cine Argentino, de un registro más bucólico y minimalista, a la revitalización del cine de género. “En el Festival de Mar del Plata, el más importante del país, hace 4 años que viene premiándose a este tipo de films. Ganaron Pompeya de Tamae Garateguy, Mi Reino por un platillo volador, de Tetsuo Lumiere, Diablo de Nicanor Loreti, Hermanos de Sangre de Daniel De la Vega. Como es un festival clase A marca el pulso, la prensa lo refleja y el público dice: acá hay algo. El INCAA, por lo tanto, comenzó a financiar estas películas”.

Gorevision es una productora amiga de Videoflims, de realizaciones groseras y divertidas, que surge a fines de la década de 1990. Su director, Germán Magariños, explica que tiene en su haber quince películas de las cuales las más célebres son Sadomaster I y II y Goretech: Bienvenidos Al Planeta Hijo De Puta!. El mismo Panessi ha participado en la última, una referencia a Robotech, a Star Wars, a los juegos en 8 bit, a Rocky. El joven la caracteriza como una película “apta para ningún público. Llena de pijas, de tripas, de sinsentido”. Interrogado sobre si la actuación en este film involucró la puesta en cámara de sus atributos sexuales, reconoce que su miembro viril fue reemplazado por el de un negro para sumar al efecto. “Gorevision es un grupo muy rockero, muy varón, y sus películas están llenas de pijas, cargadas de sexo oral. Son películas tan gay que no son gay”, afirma Panessi, que también es periodista.

Los films de Gorevision han tenido pantalla en el exterior, tanto en festivales como en su circulación en DVD en Estados Unidos. Magariños explica que en los primeros años presentó películas para un festival mainstream como el de Mar del Plata pero que no fueron aceptadas y ya no le interesa más presentarlas.

Gorevision y Videoflims están ahora con mucha actividad. La primera terminando una película que remeda haber sido filmada en súper 8  hallada en un viejo archivo de la década de 1960. Videofilms está abocada a la realización de  Lucho’s Big Adventure que sin estar terminada ya se perfila como la película nerd argentina de culto. Algo peculiar del proyecto: reúne a Farsa, Videoflims, AB, Fomento y casi todas las productoras del segmento. Panessi explica:
“Es así. En el Gore todos somos amigos”

Publicada en Revista Cultra
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14 de agosto de 2013

Entrevista a Darío Sztajnszrajber



Para cualquier persona es difícil imaginar a un filósofo moviéndose cómodo en un set de televisión, un estudio de radio o enfrentando a un público melómano en  un escenario. Sin embargo ésta es la apuesta de Dario Sztajnszrajber: sacar a la filosofía de los claustros en los que está confinada. Luego de sus incursiones en radio (primero Gente sexy, por la Rock & Pop y luego un programa propio en radio Madre, El innombrable) y en TV (Mentira la verdad y Amar al cine, ambos en canal Encuentro), Sztajnszrajber se destaca con Desencajados, un show en el C.C. Konex que combina filosofía y rock nacional.  Temas de Pescado Rabioso, Fito Páez, Divididos, interpretados por guitarra, bajo, percusión y la voz notable de Lucrecia Pintos, construyen la atmósfera ideal para la reflexión de Sztajnszrajber. Talentos musicales como Charly García o Spinetta aportan sus líneas como disparadores del comentario apasionado del pensador. Todo esto en una puesta en escena lograda y melancólica.

¿Cuál es la idea central del espectáculo?
Desencajados, filosofía más música es una nueva propuesta en la línea de extraer a la filosofía de su institucionalización. Esta la ha privado en parte de su espíritu original, popular, ligado a una dimensión existencial del ser humano. Las universidades son un invento del siglo XIII; pero la filosofía nace en la calle, con Sócrates peleándose con sus alumnos en el mercado. Luego se burocratizó, se volvió un dogma con sus propias reglas, y se constituyó una comunidad que se reproduce a sí misma. 

¿Por qué la idea de articularla con música?          
Para mí, la filosofía tiene mucho más que ver con el arte que con la ciencia, aunque no reniego de esta última relación. Derrida decía que la filosofía es un género literario. La filosofía lleva a un desacomodamiento existencial, una conmoción no muy diferente a lo que genera una canción o una danza.          

¿Existen otros espectáculos del mismo género que hayas tomado de referencia?
Como antecedente cercano está el espectáculo de Santiago Kovadloff con Lerner y Moguilevsky, donde  Santiago leía textos de Borges y los chicos improvisaban música. Mi espectáculo es al revés: una lista fija de clásicos del rock nacional que dialogan con textos e improvisaciones filosóficas. 

Slavoj Zizek se ganó el mote del filósofo pop por haber introducido piezas de la cultura popular para ejemplificar sus teorías. ¿Hacés una operación equivalente?  
Jamás me compararía con un groso como Zizek. Pero esa es la lógica que persigo. La filosofía no sólo revisada en su contenido sino en su formato. Zizek tiene videos donde se lo ve en la cama explicando conceptos, o con el hijo, o filosofando sobre modelos de inodoros. Al revés de lo que sucede en Argentina, afuera no despotrican contra él por hacer estos movimientos.      

En Twitter demostrás un faceta más pesimista que en TV o en radio, ¿te considerás una persona pesimista?
En primer lugar habría que definir qué es ser pesimista. Yo creo en un pesimismo emancipatorio. Creo que la sociedad de consumo en la que vivimos hace alarde de un optimismo ingenuo generalizado. Cuando se habla de amor, la idealización del sentimiento termina antes en frustración que en felicidad. Pero hay una diferencia: no es lo mismo decir “el amor es una mierda” que “el amor, por suerte, nunca cierra”. Entiendo que este pesimismo te libera del verdadero pesimismo que está puesto en la idelización ingenua del amor…

…el imperativo por gozar diría Zizek.
Exacto. El imperativo por gozar te frustra, no te permite gozar. De ahí el pesimismo emancipatorio, más en esta sociedad marcada por el placer inmediato y el utilitarismo vincular.

¿Alguna vez te ofrecieron dictar un curso o escribir un libro/artículo de autoayuda?
Por ahora no. No me sentiría cómodo con la propuesta, pero tampoco me pondría en lugar de juez a decir “esto es inválido”. Ante cualquier disciplina del saber uno tiene la obligación de ejercer la sospecha. Así como hay una burocratización académica frente a la cual es válido decir: “che, se nos elitiza el saber”, también es válido postular que hay una popularización desmedida que también termina mal. Porque detrás de muchos grupos de autoayuda hay sojuzgamiento; destrás de mucha neoespiritualidad, hay mercantilización de la creencia. Entonces uno tiene la obligación de sentar una posición. Ahora, aquello que esté orientado a recuperar el sentido originario de la filosofía como pregunta, como apertura, como encuentro con lo Otro, lo celebro. 

Publicado en Revista Cultra

12 de julio de 2013

Desconfiar de las imágenes



Durante el mes de marzo el documentalista austriaco Harun Farocki visitó Buenos Aires para ofrecer un ciclo de charlas y seminarios. Este incluyó citas en la Fundación PROA (en donde se exhibieron cinco de sus más recientes instalaciones y se proyectó una retrospectiva de su obra cinematográfica), la Sala Lugones, la Universidad del Cine y el instituto Goethe. Entre las diversas actividades que formaron parte de la agenda, Farocki presentó Desconfiar de las imágenes, libro editado por Caja Negra que compila veinticuatro ensayos escritos por el realizador sobre cine, televisión y comunicación audiovisual. Los mismos fueron publicados originalmente entre 1980 y 2010 en diferentes medios: la revista Filmkritik, el diario Die Tageszeitung de Berlín, el semanario de actualidad Jungle World, la revista francesa Trafic y catálogos editados en ocasión de sus exposiciones en galerías y museos.

            Farocki es reconocido por acompañar su obra cinematográfica de comentarios críticos y por reflexionar de manera constante sobre su praxis fílmica. En Desconfiar de las imágenes se presentan “textos que dialogan con sus films, atravesados por la constante pregunta sobre el estatuto de la imagen, sobre qué instituciones y artefactos técnicos las producen y las hacen circular, y sobre sus efectos de sentido”, tal como manifiestan en la nota a la edición los compiladores Inge Stache y Ezequiel Yanco.

            Para quienes no conocen la filmografía de Farocki, sus obras son ensayos antropológicos en que los actores reunidos para la ocasión hacen hablar a la cultura mientras atienden otras actividades. La pregunta que articula la exposición pareciera dirigirse sin rodeos al sentido de lo civilizatorio. Farocki reduce la complejidad de la vida moderna en fragmentos simples, apuntando a una cuestión nodal: ¿cómo el ser humano construye el mundo que habita y cómo hace intervenir a la imagen en esta construcción?

            En Desconfiar de las imágenes se pone de manifiesto una preocupación de Farocki por la manera en que la producción audiovisual acompaña a la tecnología de la guerra, es decir, la modalidad por la cual la producción de imágenes participa de la destrucción del ser humano. Se trata de las piezas visuales de reconocimiento del enemigo que ya se esbozan en la Segunda Guerra Mundial pero que cobran una nueva importancia en la Guerra del Golfo de 1991. Ante el rigor de los ataques quirúrgicos, se trata de reemplazar las imágenes que contienen los resultados pavorosos de la guerra con imágenes de procesos técnicos (valorativamente neutrales): subjetivas fantasmas con la cámara en el extremo de un proyectil o imágenes desde aviones no tripulados.

            La reflexión se vuelca entonces sobre la naturaleza política de la imagen y de su tratamiento. Es mediante sus artículos de los primeros años que Farocki se despega del cine alemán de vanguardia, con cuestionamientos a dos de sus más grandes exponentes: Wim Wenders y Rainer Fassbinder. Los considera a ambos traidores a la revolución al elegir el plano-contraplano como recurso narrativo principal. El plano-contraplano es la ley de valor del cine contemporáneo, y – según Farocki - son los autores de verdad quienes se sublevan contra ella. El plano-contraplano es la mejor opción (aunque la más simplificadora y empobrecedora) de manipular el tiempo del relato. La alternancia desvía la atención del espectador y de esta manera se difumina la percepción auténtica del paso del tiempo. Pero lo más importante, el plano-contraplano vela una mitad que permanece oculta a la mirada del espectador, aunque continúa presente.

            Finalmente uno de los tópicos centrales en Desconfiar de las imágenes, parece de clara factura foucaultiana: el tratamiento de las imágenes cuyo propósito es la vigilancia y el control. El autor escribió sobre el empleo de imágenes de sistemas cerrados: las de una cámara de seguridad de una prisión o aquellas tomadas de películas de instrucción para guardiacárceles. Dado que el sistema punitivo contemporáneo no expone al infractor en público (como ocurría en el pasado), la mirada se vuelca hacia adentro: el ojo atento del guardia está colocado sobre el prisionero. La mirada busca también el control con la menor intervención humana posible, persiguiendo una economía del castigo.

            La reflexión de Farocki es extensa y acompaña las temáticas también variadas de sus films e instalaciones. Lo valioso del libro es acomodar el pensamiento temáticamente, de manera que, conociendo la filmografía del autor, podemos hacer coincidir esas reflexiones con los momentos precisos de su inspiración estética. 

Nota públicada en www.cultra.com.ar

29 de mayo de 2013

Respuesta al artículo “Una crítica a la masa”.



A los que todavía no leyeron “Una crítica a la masa” de Estefanía Iñiguez, les recomiendo que lo hagan, por las sorpresas que encontrarán. Se trata de un texto torpe, burdo, que parece escrito por una persona no escolarizada y en que la autora se anima con toda tranquilidad a hablar de tópicos de movilidad sustentable y urbanismo sin demostrar (por lo menos en su escrito) signos de estar mínimamente informada sobre la materia. Pero escribir en blogs pedorros es gratis y cualquiera puede hacerlo. Justamente el artículo fue publicado por la Revista Paco, el medio de esa suerte de patota skinhead de las letras que a veces invita a participar, para dar rienda suelta a su efervescencia romántica de corte bávaro, a mononeuronales como la citada Iñiguez. La autora, probablemente producto de la ignorancia, cree que el tema ambiental apunta a la extinción de especies exóticas y no al cáncer, las enfermedades crónicas y la calidad de vida.

El artículo realiza un número de inferencias tan burdas que parecen sacadas de un show malo de stand up. Que los que participan de la Masa Crítica son palermitanos (¿y?) o que quieren fluir y que los dejen pedalear tranquilos. Engolosinada en la creación de estereotipos, Iñiguez omite lo más importante: 1) que en jornadas recientes de este evento, automovilistas atropellaron de forma premeditada a ciclistas porque no supieron esperar 10 minutos a que pasase el total del contingente; 2) que la prepotencia e impaciencia que demostraron los agresores, es la que exhiben de forma cotidiana gran parte de los automovilistas contra peatones y ciclistas. ¿Pero qué es más importante defender: la desestimable integridad física de un ciclista o la certeza fundamental de que ningún automovilista será, nunca más, demorado en una esquina?

La Masa Crítica es una manifestación que se orienta a la visibilización del ciclismo urbano. Como en toda manifestación se cortan las bocacalles para garantizar la seguridad de los participantes. Esto ocurre tanto en una marcha de la CGT, de la CTA, de un partido político o del Orgullo LGTTB. Ninguna de estas marchas se detiene frente a un semáforo en rojo; todas ellas encargan a personas taponar las esquinas para proteger a los manifestantes. La Masa Crítica no es la excepción. Sin embargo, es la única en ser cuestionada por hacerlo. Iñiguez, con su limitado entendimiento, interpreta que la MC “bloquea el tránsito” y no que sus integrantes se manifiestan con los mismos métodos que cualquier otro colectivo. Se podrá alegar: la CTA o la CGT marchan con reclamos puntuales, no así la MC. La MC apunta a cuestiones centrales en los modos en que un grupo dominante ejerce poder sobre otros a través de la planificación urbana, tal como explicaré a continuación.

Durante mucho tiempo hemos naturalizado que la ciudad se diseñe y planifique para dar prioridad a la circulación de autos particulares por encima de otras formas de circulación. Este tipo de diseño resulta en la congestión, la mala calidad de vida, la vulneración de los peatones y ciclistas, accidentes, lesiones, discapacidades. Los autos particulares representan el 34% de los viajes personales y ocupan el 86% del espacio para circular. Se trata de un verdadero privilegio sobre el que pocas veces se coloca la atención. 


En ciudades latinoamericanas en que la congestión vehicular es caracterizada por urbanistas como un problema severo, cada auto (que conduce a un promedio de entre 1,2 y 1,4 personas) ocupa el espacio de entre 6 y 8 bicicletas. Cada auto particular ocupa el espacio aproximado de 13 personas transportándose en colectivo. El uso de auto particular como medio principal de transporte es la forma más acabada del individualismo que Iñiguez cuestiona en su texto (dice la autora “me parecen sujetos atrapados en su individualidad, incapaces de identificar que su fluir trae consecuencias” para referirse – contengan la risa- a los ciclistas en vez de a los automovilistas).

El automovilista no parece interesarse por el costo colectivo de su opción privada de transporte. Sería más deseable, en cambio, un modelo que priorizase el transporte público y el alternativo y desalentase el uso de auto particular. En este sentido, la medida más efectiva es reducir la disponibilidad de espacio gratuito y público para estacionar y los espacios de circulación de autos particulares. Estudiosos estiman que el espacio gratuito para estacionar es un regulador directo del volumen de vehículos y que, hasta cierto punto, la circulación se ajusta al espacio disponible correspondiente (esto es: cuanto mayor espacio disponible para autos, mayor cantidad de autos; cuanto mayor espacio disponible para peatones, mayor cantidad de tránsito peatonal; cuanto mayor cantidad de ciclovías, aumento de la circulación de ciclistas).  Aunque estos objetivos deban alcanzarse a través de políticas públicas, que la MC signifique un escollo en la marcha altiva de los automovilistas, me chupa un huevo.

Iñiguez nos cuenta que los participantes de la MC están orgullosos de que sus acciones carezcan de líderes y echa un manto de sospecha sobre el valor de este fenómeno. Quizá se le pasa a Iñiguez, en su ignorancia, que la MC es uno más de otros movimientos reticulares, autonomistas, basados en el concepto de multitud, tal como Anonymous, el Copy Left y otros. Por lo tanto no hay nada nuevo ni sorprendente en esta modalidad de acción colectiva. Sin embargo, la autora, aun luego de reconocer esta heterogeneidad irreductible, esta ausencia de voceros que tengan la palabra autorizada y representativa de la multitud, aun así intenta adjudicarle una idea rectora (muy simplificadora por cierto) al movimiento. Termina arribando al producto de su propia fantasía. “No estamos contaminados por ninguna ideología -parecen decir- lo nuestro es genuino, es real, nadie nos mete ideas en la cabeza, nadie nos obliga a estar acá. Sólo queremos andar en bicicleta por la ciudad sin que nadie nos moleste porque nacimos para pedalear”. Eso dice Iñiguez que dicen los participantes, proyectando su propio imaginario infantil. Dado que no hay voceros ni organizadores, no podemos adjudicarle una idea rectora monolítica a la MC. Lo poco que podemos hacer es interpretar sus efectos observables: por única vez son los autos los que deben acomodarse a la circulación de bicis. Y se revierte así la situación que se registra en la calle todos los días: el elemento más débil del tránsito, por la mera imposición de la fuerza y la materia, es el que debe someterse al más fuerte.

12 de mayo de 2013

¿Quién tiene el password del Monkey Island?

Varias veces escuché la historia de que el gobierno de la Unión Soviética había diseñado el videojuego Tetris con el fin de penetrar en las mentes de los jóvenes occidentales. Pero, ¿posta? ¿Alguien jugó alguna vez al Tetris y salió corriendo a afiliarse al Partido Comunista? Sería como decir que Estados Unidos creo el personaje de Guille de Street Fighter porque deseaba sumar homosexuales a su ejército.

O que a Raiden del Mortal Kombat lo inventó el gobierno de Camboya para convencernos de que no todos los camboyanos se mueren de inanición. Algunos camboyanos se mueren de inanición y otros sacan rayos eléctricos de las manos.

Hello Kremlin, están perdiendo la carrera del espacio por goleada. Los yanquis mandaron tipos a la luna y ustedes sólo un fucking perrito. A ver si se dejan de joder con los videojuegos y hacen alguna.

Quisiera recordar que en los video games no sólo se metió el Kremlin. También lo hizo el FBI con este mensaje que leíamos al inicio:

 Los ganadores no usan drogas, sólo permanecen 9 horas seguidas en la oscuridad de una habitación intentando destruir fucking zulúes en el Sid Meier's Civilization.

En la actualidad es fácil ser gamer. En mi época para usar un fucking mousse tenías que cargar un diskette que contenía el driver del dispositivo, es decir un software que te habilitaba su uso.


Las aventuras gráficas, como el Monkey Island, venían en 10 floppy disks de 5 y 1/4 que tenías que cargar uno por uno; después de media hora de preparativos podías empezar. Si preferías eso a estar juagando al fútbol en el parque es que realmente eras víctima de bullying.



No todos los juegos eran compatibles con todas las computadoras. En primer lugar estaba la placa de memoria: 286, 386, 486, 586 y Pentium. Luego la placa de vídeo: monocromático (blanco y negro), hércules (verde y negro o naranja y negro), CGA (16 colores), VGA y Súper VGA (256 colores). Si Karl Marx hubiera nacido en la década de los 90s le hubiera dedicado un capítulo a "la burguesía y el Súper VGA". Reconocías a los que veraneaban en Punta del Este y ostentaban zapatillas con cámara de aire porque tenían un monitor Súper VGA. Si tenías un equipo 386 con un monitor CGA, zafabas. Pero si tenías menos que eso, dificilmente algún compañerito quisiera quedarse a dormir en tu casa. Juegos como el Simcity necesitaban (vaya a saber uno por qué) 16 colores. Si tenías un monitor hércules debías cargar antes un "emulador de CGA". Era como un software que engañaba a la máquina y le hacía creer que era un CGA cuando era un hércules. Una suerte de 678 de tu PC.

Y aquí un dato que confirma la hipótesis de que la evolución presenta saltos, quiebres y rupturas. Algunos dispositivos antiguos que cayeron en desuso, hubieran solucionado problemas en el futuro. Por ejemplo, el joystick de la Talent (esa computadora en que los juegos los cargabas en cassettes TDK de 90 o 120 minutos) que, con el avance de la PC, fue quedando relegado. Sucedía que algunos juegos implicaban operaciones rápidas y audaces sobre los cursores. Por ejemplo, para hacer el truco de la fatality en el Mortal Kombat terminabas sacrificando un teclado. El fatality de Scorpio era el botón para arriba y luego rápidamente arriba presionando conjuntamente la tecla M. El de Sub-zero, la U con el control y piña alta. Con la ansiedad y la presión, alguna tecla quedaba en el camino. Luego venía tu viejo que quería hacer cosas serias en la compu. "No anda el teclado", "Dale, viejo, no me rompas", "Pero no andan ni la N ni la V", "Uh, no jodas. Usá otras letras. ¿No hay 27 acaso?", "Necesitaba usar esas"., "Uh, viejo...hacelas con código ASCII. Alt + 863".


Entre los juegos de PC que dejaron una huella en mi vida debo empezar con el Leisure Suit Larry (1987). Su protegonista, Larry Laffer, un bon vivant que gustaba de las putas, el juego y el alcohol. Mi generación aprendió chamuyarse minas con ese juego. Sin el Larry hubiera permanecido vírgen hasta los 25 años. Gracias al Larry debuté a los 23. Lo interesante es que el juego te proveía de instrucciones claras para conquistar a una dama. Entrabas al hotel, te sentabas al lado de la chica. Escribías: "Look at girl". Ella parece enfadada, no le gusta tu aliento. "Use spray", su ceño cambia súbitamente. "Give rose", "give candies", give ring", según el juego las minas eran unas materialistas de mierda. Los obsequios surten efecto: al momento te encontrás bailando en la pista junto al bombonazo pixelado. Después del baile regresan a sentarse y ella te hace saber que quiere casarse con vos. Desde mi punto de vista actual, considerando los 10 minutos transcurridos desde la primera mirada, la juzgo una decisión apresurada. Pero en ese momento la sensación era regocijo (y tampoco estaba el comando "conozcámonos mejor"). Entonces seguía el camino al altar: "Take taxi", "Go to church", "Open door", "Marry" y terminada la ceremonia ella te anticipa que te esperará en la suit del hotel Honey Moon. Te diriges allí. Antes de pasar a los menesteres de la noche de bodas, Larry debe pasar por el casino y generar 200 U$S. Sube al piso 4to. Sigue: "Knock door", "Kiss girl", "Listen to radio" y en la radio te pasan el número de teléfono de una licorería. Bajás a la calle, buscás un teléfono público, llamás a la licorería y encargás vino. Subís, ya con vino pasás a la concreción del acto sexual. Y una vez culminado, ella te ata y se escapa con tu dinero, como muestra la siguiente imagen:



 Ese era el momento en que a tus 16 años pensabas: "Tanto bardo para coger y termina así. Qué suerte que sigo masturbándome".

Otra aventura gráfica memorable: el Monkey Island (1990). Su protagonista Guybrush Threepwood intenta convertirse en el pirata más temido del Caribe, enfrentándose al malvado bucanero Le Chuck y conquistando el corazón de la gobernadora de ls isla Melee, Elaine Marley. El password del juego: dos discos de cartón concéntricos en que había que hacer coincidir rostros para obtener la llave a tanta diversión. Dos discos concéntricos y archi fotocopiables: un código inviolable; debía ser la manera en que los nazis hacían llegar información encriptada a Polonia.

Como el juego estaba traducido al español en Madrid, confusiones lingüísticas nos permitían vivir escenas como la siguiente. Al ordenarle al protagonista que agarre a Elaine, recibíamos por feedback:






Guybrush debe batirse en un duelo de espadas e insultos con los piratas malos para ganarse su respeto. Algunos caían fuera de la competencia lingüística de un hablante rioplatense medio. Pero nos divertíamos igual:



Un capítulo aparte era el de los juegos para adultos, que en no todas las tiendas de PC te ofrecían si eras menor de edad. Bombx era una mezcla de arcade con juego de adultos. Era un Pacman, pero en vez de Pacman era pene. Tenías que penetrar a una mujer desnuda en el centro de la pantalla, esquivando a enfermedades de tranmisión sexual y corazones que te restaban potencia sexual. A medida que avanzabas de nivel, se iba despejando en el fondo la imagen de una mujer desnuda. A los 13 de edad, esa mina pixelada y en 16 colores era suficiente para hacerte acabar antes de sacarte los pantalones.




30 de abril de 2013

Mis 7 maravillas

En un evento organizado por la editorial Clase Turista en la Zona Futuro de la Feria del Libro 2013, me preguntaron por mis 7 maravillas, es decir, aquellas cosas que me inspiraron a lo largo de la vida y que me gustaría compartir con otros. Esto es lo que expuse:

1) Bicicletas



Reivindico la bici no sólo en su uso recreativo sino como medio de transporte. Autopropulsado, sustentable, no-violento, que de ser usado masivamente reduciría al mínimo imaginable la cantidad de accidentes de tránsito. Es el transporte que iguala a todos los integrantes de la comunidad en movimiento, no existiendo entre los ciclistas jerarquías como las que se establecen entre los automovilistas y el resto.

Pero sobre todo la bicicleta nos enseña que los problemas que genera el avance tecnológico, en este caso la congestión vehicular y la violencia que introducen los autos en la ciudad, no se combaten con más tecnología sino volviendo a lo simple.

Cada auto particular (que conduce a un promedio de 1,2 personas) ocupa el espacio de 8 bicicletas. Cada auto estacionado ocupa el espacio de 36 bicicletas plegadas.

No se trata de una diatriba contra los autos particulares. Se trata de que en la planificación urbana los autos se subordinen al transporte público, a las bicicletas y a los peatones.

Esto se hace con medidas de accesibilidad, como aquellas destinadas a conectar a los ciclistas con otros medios de transporte, y con medidas para desalentar el uso de autos particulares. Se consigue operando sobre la principal variable que regula el flujo de autos en la ciudad que es el espacio disponible y gratuito para estacionar.





2) Woody Allen

Una gran inspiración tanto por sus textos como por sus películas. Destaco lo que llamo el existencialismo de lo cotidiano. La forma en que refiere las angustias existenciales no a entidades superiores, trascendentales, sino a datos banales de la existencia. Esto queda retratado en una escena de Play it again, Sam.


3) Go 



Es un juego de guerra, una suerte de ajedrez oriental pero, como escribió Delezue, si el ajedrez es una batalla entre ejércitos regulares en un frente, el Go consiste en una guerra de guerrillas, en donde es posible surgir en el campo del enemigo.

Una peculiaridad del Go es que tiene sólo 4 reglas con las que se organiza una gramática compleja.



4) La oratoria de Lacan.



Uno de los más grandes oradores de todos los tiempos, por su puntuación, sus silencios, la creación de suspenso. Fascinante Jacques Lacan. 


5) Nigún 



Un elemento central de mi identidad es ser judío. Las próximas 3 maravillas están dedicadas al judaísmo.

Lo primero que destaco es el nigún. Es una expresión musical propia del movimiento jasídico, religioso, que consiste en algo simple: el rebbe tararea una melodía y sus discípulos, los jasidim, lo siguen. Van a ver cómo los presentes en la ceremonia acompañan el canto con el movimiento corporal, oscilando hacia delante o golpeando lo que tienen a mano. Esto es así porque, al ser el ningún parte de la liturgia, hay una mitzvá, un precepto, según el cual se debe alabar a Dios con el cuerpo y con el alma. De allí el movimiento corporal.
 



6) Zog nit keinmol - Himno de los partisanos judíos.



Otro pilar de mi identidad judía es el idish y la memoria del Holocausto. De niño mi superhéroe favorito no era Batman, ni Superman, sino Simon Wisenthal, el cazador de nazis. Un capítulo destacado de la memoria del Holocausto es la de los partisanos judíos que resistieron al régimen nazi. El patrón narrativo dominante del Holocausto suele entregar imágenes de sumisión y sometimiento. Pero hay otra historia. Esta sexta maravilla es el himno de los partisanos judíos, Zog nit keinmol. Está en idish, idioma que lucha por su supervivencia después del Holocausto. Zog nit keinmol fue escrito a los 21 años de edad por Hirsh Glick, un habitante del gueto de Vilna. El poeta fue fusilado al año siguiente al intentar escapar de un campo de concentración en Estonia.


7) Eretz nehederet - Programa de humor de la TV israelí.



El tercer pilar de mi judaismo es la vida judía contemporánea en la que juega un rol primordial el Estado de Israel, donde habita casi la mitad de los judíos de todo el mundo. La última maravilla es un programa de humor de la televisión israelí, Eretz nehederet. Este show es el Saturday Night Live de Tel Aviv. Destaco cómo en el programa los israelíes se ríen de sí mismos. La sociedad civil israelí es moderna y no hay una visión monolítica sobre los asuntos; lo que hay en abundancia es debate.
 

15 de abril de 2013

BAFICI: Jornada 5.

Dark side of the moon en el Planetario.
Le doy 4 nofumarx sobre 5.

El disco entero de Pink Floyd recibe play mientras sobre el lado interno de la monumental cúpula del planetario se proyectan animaciones estilo VJ que nadie dudaría en el apuro de caratular como "seriamente flasheras". Las ilusiones arrojadas sobre la esfera capturan el alma del menos intrépido de los espectadores y lo conducen a estados profundos de alteración espacio-temporal y de proximidad del conocimiento de la muerte (en lo que tiene de sombras) y de la vida (en su esplendor). Una verdadera experiencia sensorial de esas que dificilmente se olvidan.




Much ado about nothing, de Joss Whedon.
Le doy 5 nofumarx sobre 5

Versión moderna de la comedia de Shakespeare "Mucho ruido y pocas nueces" con hombres de jerarquía y traje, mancebos que fuman porro y autos de vidrios polarizados. Y con la virtud indudable de conservar los textos originales del siglo XVI. La representación, con sus cuerpos y modos contemporáneas, revitaliza las líneas originales, enfrentándonos al significado más contundente y dramático de los versos. Al mismo tiempo quedan expuestas las diferencias de época, especialmente en referencia a los roles femenino/masculino y a los rituales de aparejamiento y reproducción familiar. La película está repleta de humor y a los mejores gags de Shakespeare se suman otros con la huella de Whedon. Imperdible versión de la comedia del escritor inglés más reconocido de todos los tiempos.

14 de abril de 2013

BAFICI: Jornada 3 y 4

Vamps, de A. Heckerling

Le doy 4 y 1/2 nofumarx sobre 5. 



Encantadora comedia de vampiros aggiornada a la era de los dispositivos electrónicos móviles. Las dulces Alicia Silverstone y Kyrsten Ritter interpretan a una suerte de dupla de criaturas soft que eligen no alimentar su sanguínea pasión con sangre humana y en su lugar succionar la de roedores. Para ello asisten a un grupo de autoayuda donde se dan contención junto a otros vampiros igualmente evolucionados. Las chicas conjugan su condición existencial de no-muertos con la forzada vida nocturna de jóvenes modernas inquietas, dedicadas a su imagen y preocupadas por el vestuario y la seducción. 


Es una maravillosa adaptación de la mitología vampírica al formato de una comedia girlish con muy buen humor y cuotas justas de romanticismo, crítica a la hipercomunicación radical  y nostalgia por el pasado. Pero sobre todo, un relato que fluye aceitadamente y parece demostrar la enorme variedad de narrativas que soporta este festival.



War Matador, de Abramson y Faingulernt

Le doy 4 nofumarx sobre 5.


Como el espectador sediento de morbo de una corrida de toros, de manera similar parecen comportarse quienes hacen del avistaje de bombas una modalidad de turismo en la frontera entre Israel y Gaza. Allí van los documentalistas durante la ofensiva israelí del 2009. Los testimonios de los superficiales observadores del espectáculo de la guerra muestran que el conflicto no tienen solución. Son muchos los israelíes que manifiestan a las cámaras que la humillación de los habitantes de Gaza es la única forma de alcanzar un acuerdo que pueda ser aceptado por Israel. Las palabras provienen de un sólo lado y suelen ser radicales e intransigentes tanto en su vertiente secular como religiosa. Del otro lado no hay palabras y sólo se escucha el sonido del bombardeo. Un mensaje sustancial no se deja perder en la conmoción: la guerra no remite sólo al sufrimiento sino también a una (¿incomprensible?) algarabía y regocijo.



A world not ours, de Alam laysa lana

Le doy un 4 nofumarx sobre 5


Un palestino residente actual de Dinamarca, registra sus vacaciones año tras año en un sórdido campo de refugiados libanés. Ese sitio de parias sin nación, era, en su infancia, el mejor lugar posible para vacacionar. Con jazz estilo New Orleans acompañando las imágenes y una narración relajada (contrastando con los pasillos grises y sucios por los que avanza la cámara) Woody Allen no tendría mucho más que agregar. 



Es un documental acertado que muestra con precisión la vida de los palestinos en el exilio, sus dificultades, preocupaciones y deseos. Registra también la brecha generacional, la distancia entre los viejos que guardan la añoranza eterna del retorno y los jóvenes "en cualquiera", desempleados que viven de subsidios de la OLP, enlazados en enfrentamientos de pandillas y devoción por equipos extranjeros durante el Mundial de Fútbol.



Hay un tratamiento por momentos inexistente y por momentos superficial del drama que llevó a los judíos a esa tierra y una única referencia demasiado ligera y desacertada a Yad Vashem y el Holocasuto judío. Quizá ese universo de incomprensión mutua ante los sufrimientos del Otro, sea el que mejor enmarque el conflicto de la región.


12 de abril de 2013

BAFICI 2013: Jornada 2.

 The act of killing, de J. Oppenheimer
Le doy un 3 y 1/2 nofumarx de 5

The act of killing exhibe a un grupo de paramilitares que durante los '60 efectuaron lo que Indonesia cree una hazaña histórica: exterminaron a 2,5 millones de "comunistas" (en realidad llamaban así a cualquier disidente o persona que les cayera mal). Los paramilitares viven el rodaje del documental como un homenaje a su heroismo del pasado y no dudan en teatralizar sus técnicas asesinas.

A lo largo del film referentes de estos grupos repiten una y otra vez que la palabra gangster significa hombre libre y que el matón es aquel que hace las cosas. "Si todos fuésemos empleados estatales, nada sería concretado. Por suerte también hay matones a sueldo"- dice uno de los héroes anticomunistas.

La moraleja que hallé es que la violencia es la continuación de la superficialidad por otros medios: el más brutal asesino exhibe ante la cámara, y con mucho esmero, una colección de delicadas figuras de cristal (al mejor estilo The Glass Menagerie) entre las que el espectador observa una Campanita de Peter Pan.

Vayan a ver The act of killing, pero sepan que le sobran 40 minutos de empalago del realizador.


Call Girl, de M. Marcimain.

Le doy un 5 nofumarx de 5

Call Girl es un thriller con aristas políticas sobre una red de prostitución frecuentada por políticos y personajes encumbrados de Suecia. La película expone el correcto y socialdemócrata discurso público de los políticos suecos contrastado con la secreta perversión en su intimidad. Call Girl muestra la lujuria ambiciosa y la perversión de los poderosos como contracara de la vulnerabilidad de puberes, objetos de la asistencia social del estado y explotadas sexualmentes. El film se basa en un caso real y tiene un guión y un montaje que te aprisionan. Intuyo que Call Girl es la candidata a ganar la Competencia Internacional del BAFICI. Se lo merece.

BAFICI 2013: Jornada 1

El crítico, de Hernán Guerschuny. 
Le doy 2 nofumarx sobre 5.

El crítico es una fallida parodia a la comedia romántica que termina siendo una comedia romántica en toda su dimensión. La protagoniza un buen Rafael Spregelburd haciendo el cliché number one: crítico de cine agrio, escéptico y pobre que se ablanda con el amor de una jovencita. Ella es una regordeta Dolores Fonzi (no tenía el recuerdo de Dolores tan away from anorexia), una dreamy jewish princess ligeramente bohemia y, cinematográficamente, mal construida.

Preparense para un Spregelburd que continúa su papel en El hombre de al lado, con una resemblanza a Filmus y su falta de carismay algo prestado de Woody Allen en Crime and misdemeanors (el cinéfilo detallista sin guita que decide trabajar para su cuñado arrogante).

¿Qué falla en El crítico? Su propuesta de metalenguaje. ¿No se dan cuenta los realizadores que las comedias románticas que ellos parodian también se construyen parodiando algún "modelo" postulado de comedia romántica? En definitiva, El crítico falla porque el metalenguaje no existe y la película postula que sí

5 broken cameras, de Emad Burnat y Guy Davidi
 Le doy 4 y 1/2 nofumarx de 5.


E 5 broken cameras se recorre la historia de una aldea palestina a través de las imágenes caseras compiladas por un campesino y activista. Cinco cámaras dañadas en distintos enfrentamientos con soldados o colonos israelíes, que dan al film todos sus condimento. La película exhibe con crudeza la injusticia de la ocupación militar y con ternura la historia de los hijos creciendo en la aldea

El film lo expone todo: la prepotencia de los colonos, la solidaridad de los activistas israelíes, las vanas decisiones de la Corte. Como si fuera poco, 5 broken cameras reflexiona sobre la presencia constante de la muerte, el lugar de la cámara frente a la violencia, las tácticas de micro-política de los colonos, la connivencia entre las acciones ilegales de los colonos y el ejército...

En definitiva, un testimonio bien logrado en contra de los asentamientos y la ocupación de Cisjordania que cualquiera comprende.

¿Qué resta en 5 broken cameras? Cierta dificultad para correrse del tono solemne oriental y escasa cuota de auto-reflexión. Pero muy bien.

P3NDEJ05,  de Raúl Perrone
Le doy un 2 nofumarx de 5.

La de Perrone es una letárgica novela suburbana en blanco y negro y con intertítulos. Una estética entre Fritz Lang y Gus Van Sant en Paranoid Park, para retratar la vida de pendejos que sólo hacen con su vida skate. P3NDEJ05 es innecesariamente lenta y, aunque consigue el efecto de extrañamiento, nada interesante pasa más que la continua creación de ambiente. Redundante la película, dificil terminar de verla.

19 de febrero de 2013

Django Unchained vs Zero Dark Thirty

Un abismo temático, argumental y estilístico separa a Django Unchained de Zero Dark Thirty (traducida aquí como La noche más oscura). La primera una buddy movie para algunos, western spaghetti para otros, retratando la venganza de un liberto negro en el período más cruel del esclavismo norteamericano. La segunda, un thriller protagonizado por agentes de la CIA sobre la búsqueda y captura de Osama Bin Laden basado, según se advierte al comienzo, en hechos reales y cargado de una previsible polémica sobre la “representación artística de la tortura”. Los films tratan cosas muy distintas; sin embargo, estrenados en Argentina con escasos días de diferencia parecerían participar de un diálogo, como si cada película hubiese sido elaborada para responder a la otra. Las dos obras rodean, sin rozarlos, a los mitos fundacionales de la historia norteamericana y, por lo tanto, cada uno sustenta sin ambages una visión ideológica contrapuesta. 
El núcleo central del enfrentamiento entre Django y Zero Dark Thirty podría resumirse como sigue. A nivel del texto interpretado, Django Unchained dice: "La esclavitud fue efectiva para hacer crecer la riqueza de una nación. Pero está mal". En cambio Zero Dark Thirty dice: “La tortura está mal. Pero fue efectiva para resguardar la seguridad de una nación". El desencuentro postulado entre las películas recuerda a un debate suscitado en la realidad ficcional de Southpark, el pueblo donde transcurre la serie animada con el mismo nombre. La idea de reflotar la antigua bandera del condado que muestra a blancos ahorcando negros, despierta una polémica de orden público. Cuando se consulta a la gente en la calle hay quienes sostienen: “La bandera es racista, pero es tradición”, mientras que otros afirman: “La bandera es tradición, pero es racista”. La moraleja es clara: el orden en que se colocan los argumentos articulados por el “pero” produce la intencionalidad de izquierda o de derecha. La manera en que cada película administra sus “peros” es en definitiva el sesgo que le imprime, el guiño que le hace a la audiencia que requiere necesariamente de identificarse ideológicamente con el film si lo que busca es disfrutarlo. 
Zero Dark Thirty hace su aporte a una polémica norteamericana (de esas que Estados Unidos no puede compartir con el resto del mundo) sobre los casos excepcionales en que estaría justificada la tortura, es decir, los escenarios extremos que habilitarían una “suspensión de las pautas éticas universalmente aceptadas”. Si la tortura fuese la única vía de obtener información para desbaratar un atentado que se cobraría la vida de cientos de civiles, ¿no estaría justificada? ¿no sería inhumano seguir abrazando pruritos éticos abstractos cuando está en juego la vida de inocentes? Como bien dice Zizek, tan sólo formularse esta pregunta habla de un descenso de los estándares éticos de una sociedad. Más sana es la sensación “dogmática” de que la tortura no puede ser siquiera discutida y que la pregunta debe ser rechazada de raíz. 
Zero Dark Thirty abona las anteriores preguntas con sobriedad, sin la excitación triunfal o megalomanía que se observa en otras películas bélicas norteamericanas. La forma en que se presenta el “enhanced interrogation” (interrogatorio intensificado, eufemismo de la CIA para referirse a la tortura) hace que pueda ganar aprobación en círculos liberales, profesionales y educados: el verdugo es un joven de barba, doctorándose en especialidad desconocida, canchero pero sin ser sobrador, que combina agresividad con gestos amistosos hacia los cautivos. Luego es reemplazado en la aplicación de tormentos por Maya, joven hermosa y llamativa que abandona los estereotipos de la feminidad en aras de sus responsabilidades con la patria. ¿Existe un argumento más seductor que tanta juventud, éxito y belleza juntos? Eso la vuelve perturbadora. En Django, por el contrario, es precisamente la indignación frente al tormento el marco en el se muestra una Estados Unidos de abundancia, haciendas prósperas, jardines decimonónicos y dinero hasta para los delincuentes, reposando la clave narrativa en el secreto índice que vincula la prosperidad con el sufrimiento humano organizado.

4 de febrero de 2013

El Padre o Peor - Análisis de "El Gran Pez" (escrito junto a Melanie Faks) - Última parte


         

El acto ético y la perspectiva subjetiva

           El núcleo que articula los reproches de Will es la pregunta por lo Real de la paternidad y la muerte. ¿Qué es ser un padre?. Al mismo tiempo en que su padre está agonizando, él se convertirá en un padre. Como si la película trazase una ilustración nítida del relevo de la función paterna en la sucesión generacional.


            El final de la película da cuenta de una iluminación del personaje de Will que lo conduce a un cambio radical en su posición subjetiva, lo que deja leerse como un acto ético. Un pasaje: del gran pez imaginario, fantasmático, de la palabra vacía, al Gran Pez simbólico, de la palabra plena. El hijo se deshace de la ilusión de la verdad fáctica  y pasa a ser él mismo el cómplice de la historia de Bloom. Dado que la situación final de Edward difería de la escena de muerte en el río de la que tenía certeza, le demanda a su hijo que llene esa brecha con su propia palabra. Will es empujado, en este pedido del padre, a relatar la historia de su muerte, a continuarla. Se trata de un acto ético, en tanto el sujeto se aliena en la universalidad del pacto simbólico con su padre y se vuelve efectivamente libre. Según Zizek la definición lacaniana del acto ético es: “Un acto que alcanza el límite absoluto de la elección obligada primordial y la repite en sentido inverso.” (ZIZEK, 1994:100). La opción de Will  parece ser una variación del tópico lacaniano “le père ou pire”, traduciéndolo, el Padre o peor (o, el padre o “pirar”) es decir la elección obligada de la comunidad, la subordinación a la autoridad del Nombre del Padre. El hecho de que el hijo pueda retomar la palabra del padre, es una metáfora de la asunción de su mandato simbólico, es decir, la posibilidad de ser un eslabón más de la cadena generacional, propia de la comunidad humana. Finalmente se trata del acto ético, de asumir la castración paterna y participar de la universalidad que funda el significante del Nombre del Padre.

A modo de cierre

A lo largo de la película se puede entrever la manera en que Will atraviesa su fantasma como si se tratase de un proceso psicoanalítico. Cuando el padre en su lecho de muerte pronuncia las palabras “Dime, ¿Cómo sucede, cómo me voy?”, Will toma los personajes de la batería significante del padre para completar esa brecha, allí donde transmite una falta, su propia castración y logra ceder la palabra al hijo.
           
           Finalmente no podemos dejar de referirnos, como elementos formales de la película, a una insistencia dentro del mundo alegórico de Tim Burton del tópico de lo especular y a la duplicación. Es otra conexión figurativa entre la película y el psicoanálisis. Hay dos padres y dos hijos (Edward y Will son padres; Will y su propio hijo, son hijos), hay dos esposas (Sandra y Josephine), en la audiencia de circo se muestra a un par de gemelas idénticas y posteriormente cobran relevancia dos mellizas siamesas. La duplicación y el carácter maravilloso de las gemelas es un recurso de Burton para confeccionar un ambiente de asombro verosímil.

Bibliografía
      Freud, S., "Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad". En Obras    Completas, op.      cit., t. IX.
Freud, S., "A propósito de un caso de neurosis obsesiva" ["Hombre de las ratas"]. En Obras Completas, op. cit., t. X, p 182

Godoy, C., “Conciencia y muerte en la neurosis obsesiva”, en Ancla. Psicoanálisis y Psicopatología, Revista de la Cátedra II de Psicopatología de la UBA, nº 3, 2010, p 96, 97.

Lacan, J., "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis". En Escritos 1, op. cit., págs. 290-2.

Schejtman, F., “Seminario: Las fantasías perversas de los neuróticos”. En Cizalla del cuerpo y del alma…, op. cit.

Schejtman, F., “Una introducción a los tres registros”. En Psicoanálisis y psiquiatría: encuentros y desencuentros (Temas introductorios a la psicopatología), op. cit.

Zizek, S., Goza tu síntoma! Jacques Lacan dentro y fuera de Holywood, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1994, p.50, 75, 76, 100