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30 de noviembre de 2014

¿Por qué los baños públicos deberían ser unisex?



Un baño público que no diferencia sexos. Al ser un espacio compartido por todos, algunos inconvenientes quedan resueltos: las madres acompañan a sus pequeños niños varones adentro, los discapacitados que requieren asistencia pueden ingresar con su pareja de otro sexo, una persona cuya identidad de género no se ajusta a la dualidad hombre/mujer no se aflige ante la incómoda decisión. Para no mencionar que ya no se presentan largas colas frente al baño femenino, mientras el público masculino fluye naturalmente dentro y fuera del propio; la espera también es compartida. ¿Se trata de una utopía? No, esta es una tendencia que ya se ha instalado en Europa y que está marcando sus inicios en Argentina: los baños unisex. 

Para algunos pocos es una política, una manera de evitar la dualidad masculino/femenino cada vez más estéril para captar la realidad en una época en que Facebook ha pasado a reconocer 53 identidades de género.  Pero para la mayoría de locales gastronómicos que tienen un baño unisex es, en cambio, una elección funcional, condicionada por la disponibilidad de baños o por las características de la arquitectura que se quiere conservar. En Argentina ya hay restaurantes, bares, cafés, centros culturales e incluso facultades que han acogido esta tendencia que probablemente adelanta cómo lucirá el baño público del futuro.


Million, uno de los bares más reconocidos de Buenos Aires, ha optado por los baños unisex para conservar la estructura original de una casa antigua que data de 1913. “Queríamos mantener la apariencia original de la casa. No deseábamos hacer refacciones para tener un baño femenino al lado de uno masculino y decidimos no asignar género a los baños distribuidos por todo el lugar”, explica Juan Ignacio Retamal, a cargo de este espacio. Pero han ido aun más lejos y en junio de este año propusieron algo peculiar a su público. Se trató de una intervención artística en las habitaciones, en el marco del ciclo “Pase y cierre la puerta”, en la cual la gente usaba el baño mientras adentro tenía lugar una performance de la artista Jessuina Vigilante. “En el baño somos realmente nosotros, es el momento en que te sacás el personaje social. Nos pareció interesante explorarlo”, explica la propuesta Juan Ignacio, satisfecho de apostar a la experimentación en cada uno de los espacios del bar, incluyendo el sanitario.

Diferente es el caso del Club Cultural Matienzo en el que la presencia de un baño unisex obedece a una cuestión operativa. “Tanto en la planta baja como en el primer piso teníamos espacio para baños separados. Pero en la terraza ya existía un baño único previamente, el que mantuvimos. Por supuesto que, frente a tener un solo baño, nos pareció  lógico que éste se convirtiera en unisex para sostener la situación de igualdad”, comenta Juan Manuel Aranovich, director del centro cultural, quien a su vez reconoce que el público colabora y es respetuoso de la higiene. Nunca han recibido queja al respecto, aunque, admite Juan Manuel, esto puede deberse a que siempre está la opción de ir a los baños diferenciados de abajo porque “existe gente que no está cómoda con la situación del baño unisex”. Maia Tarcic, asidua concurrente al Matienzo, está contenta con este sanitario ya que “los hombres son más limpios que las mujeres” y el compartir el baño redunda en que éste se mantenga en mejor estado.

Sin embargo el baño unisex enfrenta dos grandes obstáculos. En primer lugar, la política de habilitaciones que en muchas ciudades exige la existencia de tres baños, uno para mujeres, otro para varones y un tercero con instalaciones para discapacitados (éste último puede ser unisex). Cuando el espacio escasea, los empresarios gastronómicos reconocen la dificultad de cumplir con esta disposición. El segundo obstáculo es una preocupación por parte del público, especialmente el femenino, sobre la intimidad. Sin embargo, para Micaela Libson, doctora en Ciencias Sociales y miembro del Grupo de Estudios de Sexualidades (IIGG-UBA/CONICET) “la incomodidad que puede producir en algunos es producto precisamente de la separación en masculino/femenino. La incomodidad es el efecto de esa separación y no el motivo para mantenerla”. Patricio Gomez Di Leva, psicólogo y sexólogo, está de acuerdo. Para él la separación de los baños supone que compartir este espacio podría ser peligroso. “Algo similar se pensaba hace un tiempo con los colegios exclusivamente para hombres o para mujeres”, explica el psicólogo, para quien lo menos discriminatorio es que haya un solo baño y se comparta, mientras que la existencia de un tercer baño es incluso más discriminatoria que la opción de dos. Una posibilidad intermedia son los baños semi-unisex que, aunque designan cubículos masculinos y femeninos, tienen la bacha y el espejo de uso compartido. Este es el caso de lugares como Soria Bar, Antares Cañitas y Caracas Bar. “En un bar de clima distendido, el uso compartido de bachas y espejo no sonroja a nadie y hasta incluso puede generar un encuentro fortuito mientras el muchacho se arregla un poco el pelo y ella se retoca el maquillaje”, explican desde Soria Bar.

La tendencia no se concentra en la ciudad de Buenos Aires y ya pueden encontrarse ejemplos en otros puntos del país. En Córdoba capital, los bares Dada Mini y Apartamento han avanzado en la dirección del sanitario mixto. “Se trataba de optimizar los espacios disponibles y que hubiese más baños”, explica Sebastián Gullo quien administra ambos establecimientos y que reconoce que la innovación tuvo una recepción muy buena entre un público joven que encuentra divertido que los dos sexos se encuentren en el mismo ámbito, hombro a hombro frente al espejo. En Córdoba, la situación se facilita por un avance en materia de normativa: en el 2012 el Consejo Deliberante de la ciudad modificó el Código de Edificación al permitir el emplazamiento en locales gastronómicos de un baño unisex adaptado para personas con discapacidad.


Los baños mixtos en las universidades.


La costumbre no sólo se difunde por lugares de esparcimiento. Así lo demuestra el caso de la Facultad de Humanidades y Arte de la Universidad Nacional de Rosario. Mientras que la institución conserva otros baños tradicionales, el del primer piso empezó a ser usado de manera espontánea por el público sin diferenciar sexo. Esta realidad fue asumida por la institución y en el año 2009, con una refacción, se impuso como sanitario mixto. Para el vice-decano Daniel Randisi, “se dio como algo  natural, y quizá sea un proceso que la sociedad vaya a atravesar en un momento”.

En la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata, a diferencia de la anterior casa de estudios, la neutralización de todos sus baños fue buscada y pensada como una política de género. En el 2012 la institución tomó esta decisión para acompañar la sanción de la Ley de Identidad de Género. La medida generó revuelo y un intenso debate. “Los que estaban en contra sentían que la medida vulneraba su intimidad. Quienes estábamos a favor, intentamos desdramatizar la cuestión, y rescatar el lado equitativo”, refiere Mariano Torroba, estudiante de la facultad. Según el joven, la adaptación llevó tiempo: los hombres continuaban yendo al baño que antes era de hombres, y las mujeres al que tradicionalmente les correspondía. “Con el correr del tiempo, la mayoría de la gente fue acostumbrándose y hoy es una práctica que casi pasa desapercibida”, afirma el estudiante.

Para Gustavo Casals, profesor de la UBA y especialista en estudios de género, es indudable el avance cultural de este tipo de arquitectura. “La configuración sugerida es un baño no asignado para ningún género, con cubículos individuales, separados e inclusivos para cualquier manifestación”, explica el investigador.

Entonces, si el baño unisex es igualador, economizador de espacio y práctico tanto para los usuarios como para los dueños de las instalaciones, y si la incomodidad y el pudor son escollos que se dejan atrás con la costumbre, ¿estamos frente a los baños públicos del futuro?



La historia de los baños separados por sexo.

El ser humano cae con facilidad en la ilusión de que las cosas que existen en la actualidad, existieron siempre. Los baños separados por sexo se podrían prestar a la confusión. Lejos de lo que uno supone esta división es demasiado reciente. De acuerdo a la socióloga Sheila Cavanagh los primeros sanitarios separados para hombres y mujeres aparecieron en un baile de Paris en 1739. Antes de esa fecha, los baños públicos que se conocían eran unisex o marcados como masculinos.

Tampoco el baño separado por sexos es una costumbre difundida en todo el mundo. Los sanitarios compartidos siguen siendo lo más común en países como Ghana, China y la India, y son populares en muchos otros puntos del hemisferio oriental. En su libro Damas y caballeros: baños públicos y género, las investigadoras Olga Gershenson y Barbara Pender señalan que los baños segregados por sexo son un invento moderno y occidental, ligados a la urbanización, la intensificación de la preocupación por la higiene, una nueva mirada sobre el cuerpo y la intimidad y una ideología que separaba fuertemente la esfera masculina de la femenina.


La aparición de baños públicos separados por sexo tuvo relación con el ingreso de la mujer al mundo del trabajo y, por lo tanto, su mayor presencia en la esfera pública. Así fueron surgiendo normas y códigos de edificación que dictaban añadir a los lugares de trabajo los baños femeninos antes ausentes. De esta forma, mientras que en su momento la aparición de los baños separados por sexo significó hacer más visible a la mujer, quien dejaba de estar confinada a las tareas domésticas, muchos observan que hoy en día esta división perpetúa una desigualdad.

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