---x--- El más ambicioso proyecto: clasificar a la totalidad de la juventud argentina ---x---

12 de diciembre de 2012

Ser transparente



 EPISODIO 1

En la recepción no había nadie. Agnan tuvo que estirarse por encima del mostrador para alcanzar la llave del casillero 106, coincidente con el número de la habitación. Retrasada, Etienne lo seguía con la mirada. En el impulso por tomar las llaves las nauseas volvieron a apoderarse de su estómago. Se detuvo un momento, paralizado por el malestar.

-          ¿Qué te pasa?
-          Ya sabés lo que me pasa, amor. Sigo mal.

En el cuarto Agnan se movió con determinación hacia la cama de dos plazas y se tumbó del lado izquierdo como si fuera todo lo que su cuerpo le permitía en ese momento. El colchón, de varias luchas y resistencias, crujió y se hundió ligeramente, acompañando el peso muerto del visitante. Etienne, con indisimulable molestia, preparaba sobre una repisa el vaso de agua con las gotas de clorhidrato de metoclopramida que le habían entregado en la guardia médica. “Sólo llevamos tres días en Buenos Aires y Agnan no pude evitar descomponerse”- meditaba Etienne mientras agitaba el frasquito marrón para que librase su contenido sobre el agua tibia obtenida de la canilla del baño. “Veinticinco gotas son interminables”.

Se acercó a su chico para alcanzarle el líquido, prefirió no hacer contacto con sus ojos y se colocó junto a la ventana mientras él daba sorbos irregulares y faltos de decisión.

-          Es horrible.
-          Tomatelo y vas a estar bien.

Desde la ventana se divisaba un frente de edificios antiguos. La angostura de la calle los hacía ver bastante próximos. El estilo de los balcones y ventanas recordaban a Etienne el barrio de Montmartre en el que había nacido y atravesado su infancia. Un sol estremecedor de primera tarde se hacía espacio entre el asfalto y el concreto de los edificios lindantes, acompañando con su sopor la contundencia del paisaje que se distinguía desde la abertura. Palomas grises con manchones negros y blancos se deslizaban con desgano por las cornisas linderas. Ese día ya estaba perdido.

 La habitación contaba con las comodidades mínimas necesarias y algunos adicionales kitsch de dudosa procedencia. En la repisa al costado de la puerta se sostenía erguido un gato de plástico y origen chino que saludaba al visitante con el movimiento oscilatorio de su mano. Junto a aquél, un par de novelas clásicas, libros decolorados hasta el marrón, apilados horizontalmente, ceñidos por un caballo de mar que cambiaba de color de acuerdo al estado del tiempo (los dos franceses se murieron de risa en el primer encuentro con semejante extravagancia) y luego un espacio libre de objetos, en el que Etienne había encontrado oportunidad para preparar el medicamento antinauseoso. La ventana de dos alas era grande pero no lo suficiente para alojar el aire necesario que permitiría que ese espacio fuese despojado de sus humores. O sería que por esa calle del centro porteño ya ninguna corriente de aire decía presente. Un ventilador con movimiento rotatorio de un metro de pie, enfrentado a la cama, compensaba las inclemencias de la temperatura. Sus efluvios de frescura eran agradecidos, aunque durasen apenas segundos. La cama de dos plazas, tamaño queen, era de madera, de las antiguas, anterior a la invención del sommier. Estaba cubierta por una sábana blanca que no se asociaba armónicamente con las fundas variopintas de las almohadas.  
CONTINUARÁ EN EL PROXIMO POST

28 de noviembre de 2012

Notas para una ciudad deseable (mi experiencia en Santiago con fotos)

Una vez oí de boca de un antropólogo que las ciudades en la ladera de cordones montañosos solían ser más ordenadas y prolijas. Se lo atribuía a cosmovisiones originarias adornadas con explicaciones psico-sociales sobre la significación con que se cargan elementos del espacio físico.  La observación se justificaba por el hecho de que la presencia abrumadora de la cumbre maciza conducía al poblador a tomar conciencia de su fragilidad y pequeñez. De alguna manera, la montaña, compañía constante y sobrecogedora, posibilita el desarrollo a su lado de núcleos urbanos severos y disciplinados. Allí las transgresiones no ofenden únicamente a la comunidad humana sino que, adicionalmente, pueden despertar la ira de esas fuerzas indecibles que habitan (o son en sí mismas) la roca imponente que vigila a los pobladores.

Santiago, ciudad limpia y ordenada, transmite esa sensación. Los santiaguinos demuestran haber internalizado la norma social, a diferencia de los porteños, tan afectos a la transgresión siempre que no los detiene una amenaza directa de sanción. Uno desconoce en qué medida la rectitud chilena no ha sido moldeada por una de las más largas, laboriosas y sangrientas dictaduras que conoció América Latina, y espera que tal asociación no exista.

Santiago está diseñada antes para el automovilista que para el peatón o, al menos, no es una ciudad amistosa con quien desee caminarla. Atravesada por varias avenidas que hacen las veces de autopistas, Santiago tiene de modelo a Los Angeles más que a Nueva York. Debe decirse que es una urbe menos integrada que Buenos Aires, más fragmentada y tan polarizada como la sociedad chilena que la contiene. Sin embargo, el balance es positivo y quisiera rescatar algunos conceptos de urbanismo y arquitectura que me llamaron poderosamente la atención en mi visita a la capital chilena:


En Santiago abundan los ciclistas. Es llamativo que con tan nutrido número todavía no se animen a circular por la calzada y lo hagan, casi exclusivamente, por la vereda. De esta manera compiten por el espacio con los peatones. Probablemente, las calles son estrechas y conquistar la arteria no sea fácil. 

Por lo pronto, se registran varias instalaciones para facilitar la accesibilidad de las bicis. En la foto a la izquierda, un extenso bicicletero a la entrada de un shopping mall.


Aunque Santiago no se caracteriza por pensar mucho en el peatón, en algunas bocacalles céntricas se observa el siguiente paisaje. En vez de que sea la calzada vehicular la que se continúa y la vereda la que es cortada por la calzada, en la foto encontramos lo opuesto. Aquí es la vereda (peatonal) la que tiene continuidad de una manzana a la otra. De esta manera, el peatón puede continuar su paso (sin bajar cordones), mientras que el auto debe desacelerar su marcha para subir y bajar una pequeña loma de burro. Se privilegia el paso del peatón por sobre el paso de los automóviles, al tiempo que se baja la velocidad de circulación del transporte motorizado.




La bocina de los autos tiene por único propósito advertir al prójimo de una situación de peligro. Sin embargo, es el uso menos frecuente y, en general, se recurre a ella de manera indebida. Los bocinazos injustificados abundan en las ciudades contribuyendo a la contaminación sonora y postulando como necesaria la impaciencia, la ansiedad, la intolerancia hacia el otro, la prepotencia.

Una prohibición directa de usar la bocina en áreas seleccionadas es una señal clara por parte de la autoridad pública de que el bocinazo es conducta desafortunada y a todas luces censurable.



Cuando la convivencia entre peatones, ciclistas y automovilistas se torna compleja en el entorno masificado y concentrado de la megalópolis, una buena opción es la construcción de vías en varios niveles. En la foto se observa una pasarela de vidrio que permite el acceso a un shopping mall. Avanza por encima de avenidas cargadas en que los autos circulan a alta velocidad. La utilización de diferentes niveles no debe impedir contemplar como prioritario que sean los peatones y ciclistas los que ocupen espacios abiertos, mientras es recomendable que se apueste a descongestionar el tráfico proporcionando a los automovilistas túneles, corredores y estacionamientos subterráneos o construidos a altura.



Algo llamativo de Santiago son sus veredas anchas, que no evidencian un propósito funcional (permitir la circulación de más peatones) sino que apuntan a la calidad de vida. En este caso la mitad de la vereda se destina a la circulación, la otra mitad muestra un corredor verde, repleto de plantas de diferentes tipos, agradable para la vista y el olfato y que modifica para bien la experiencia de circular por las calles.





 
Otro aporte al paisaje de la ciudad: la fijación de paneles herbóreos en las fachadas de edificios. Cambia el tono general del paisaje al mismo tiempo que relaja la visión del transeúnte y contribuye al saneamiento del aire que respiramos.



En las dos fotos siguientes observamos esculturas en la vía pública, a la entrada del moderno Centro Cívico de Las Condes. Se trata de una obra de arte participativo, en la medida en que el transeúnte tiene permitido experimentar la obra en un nivel sensorial más cercano, como hice yo sentándome en ella. El arte participativo está convencido de que la obra sólo se completa con la intervención activa del espectador (que, paradójicamente, abandona su lugar de espectador). Esto es aún mejor si quien promueve la invitación a acercarse a la escultura es un gobierno municipal, en la entrada de su edificio central.



Chile no tiene una comunidad judía muy nutrida. No obstante una escultura que representa, en un código visual contemporáneo, un candelabro judío entrega una cálida bienvenida a un visitante de este origen étnico, como es mi caso. Fue agradable su encuentro e interesante que estuviese en el medio de la calle, sin ningún tipo de protección y que aun así no hubiese sufrido ningún daño.









Un pasamanos que conserva el eje vertical, pero se abre como un haz en tres, para permitir que lo sujeten varias personas de manera simultánea. Un buen detalle que muestra atención hacia las pequeñas necesidades de los pasajeros del subte, y una muy efectiva combinación de funcionalidad y estética.




Hermoso y colorido mural en zona céntrica, contra una pared que de otra manera hubiese mostrado una superficie gris e inexpresiva.










Una práctica que ya hemos visto en parques porteños: entregar sombrillas a los visitantes que anhelan tomar sol. Una contribución a la recreación pero también a la salud de los ciudadanos.









Aunque la sociedad chilena sea más conservadora que la argentina, en algunos aspectos sorprende. En la foto se observa una cafetería en el centro de Santiago que vende un Smoothie de marihuana. Y lo promociona con una planta de la variedad sativa colocada en la vidriera.

Sociología sobre ciberespacio (en 16 tuits)



1) A continuación, sociología sobre ciberespacio y redes sociales:

2) En la modernidad líquida en que lo público ha sido colonizado por lo privado,

3)…lo que mueve a las personas a aventurarse al espacio público, no es tanto la búsqueda de causas comunes como una necesidad de “interconectarse”.

4) Con la caída de las utopías, R. Sennet señala que compartir intimidades tiende a ser el modo preferido de construcción de comunidad.

5) Las comunidades virtuales son frágiles y efímeras, articuladas por la puesta en común de ansiedades, preocupaciones y odios individuales.

6) Zygmunt Bauman las describe como “comunidades perchero”, reuniones momentáneas alrededor de un clavo donde individuos cuelgan miedos solitarios.

7) El interés público se limita a la curiosidad por la vida privada de figuras públicas (como somos todos, en mayor o menos medida en Twitter).

8) Según Ulrich Beck, de la anomia emerge un ego desnudo, atemorizado y agresivo en busca de amor y ayuda.

9) En las redes sociales comprobamos que el solitario confinamiento del ego es una condena masiva.

10) También Zizek percibe la paradoja de que “somos mónadas sin ventanas a la realidad, interactuando a solas con la pantalla de la computadora…”

11) “…relacionándonos con simulacros virtuales, y a la vez más inmersos que nunca en la red global”

12) En este paradigma ya no hay un Gran Hermano observándote, sino que debés observar a otros Pares por si encontrás algo que pueda servirte.

13) Las redes sociales están en el marco de una “política de vida” en que el énfasis se coloca en el derecho de los individuos a elegir estilos de vida diferentes.

14) Finalmente, para quienes creen que en el ciberespacio no se expresan las verdaderas identidades, Zizek sostiene lo contrario.

15) Cito a Zizek: “el ser conciente de que en el ciberespacio me estoy moviendo dentro de una ficción, es lo que me permite expresar mi auténtico yo”.

16) Esto es así en cuanto que la verdad tiene la forma de una ficción.

19 de noviembre de 2012

¿Por qué el antisionismo sí es un antisemitismo?



A partir de los '60, con el antisemitismo racial desacreditado cobra vigor una nueva modalidad de judeofobia: el antisemitismo político, o antisionismo. El antisionismo permite conservar un cúmulo de estigmatizaciones que tradicionalmente se volcaban sobre la figura del judío, como la doble lealtad, la auto-segregación, la producción de conspiraciones mundiales. Estos atributos negativos, antes asociados al judío, se adjudican ahora a la entidad sionista. El antisemitismo tradicional o su variante política, el antisionismo, genera la siguiente operación: Se responsabiliza al judío de introducir un antagonismo "desde afuera" cuando, en realidad, el antagonismo es intrínseco al cuerpo social. Para el antisemita/antisionista, el judío es un intruso extranjero que produce un antagonismo social. Para restaurar la armonía social perdida se hace necesario deshacerse de los judíos/ Israel. Se responsabiliza al judío, como intruso extranjero, de una dislocación social que es interna al mundo árabe.

En este punto es interesante recordar las palabras de Fouad Ajami, un académico árabe que hizo su carrera en Occidente: "La idea de que las personas son actores y dueños de sus propios destinos todavía es ajena al mundo árabe. Esto explica el motivo de que algunos escritores árabes tomen en serio los Protocolos de los Sabios de Sión. También en los Protocolos el mundo es una conspiración sombría donde se ven intrigas diabólicas para controlar y mitos que mueven el mundo. Si se cree en los Protocolos entonces la derrota árabe tiene sentido, los árabes son simplemente otro pueblo engañado y dominado y lo que los abruma no es un pequeño estado sino una vasta conspiración” Fouad Ajami (1995: 79)

          El giro consiste en conferir al sionismo una naturaleza conspirativa, intrínseca a la esencia de lo judío, y asignarle una eficacia avant la lettre, como si el sionismo ya hubiera estado operando desde siempre. Es decir, desde esta perspectiva el sionismo no es un movimiento político concreto con orígenes puntuales en la historia (la publicación del libro El estado judío de Herzl en 1896, la celebración del 1er Congreso Sionista Mundial de 1897 etc.) y cuya vigencia está bajo cuestionamiento (hace tiempo se habla del post-sionismo), sino una matriz de pensamiento que acompaña la trayectoria histórica del pueblo judío cuyo objetivo es el poder y la dominación.

        Finalmente, es razonable condenar el belicismo de Netanyahu y putearlo. No es lo mismo deslegitimar a un país, a sus habitantes o a judíos argentinos.

17 de noviembre de 2012

Mis notas sobre el conflicto de Medio Oriente



Si la clave de interpretación es Opresor-Oprimido, no seremos capaz de asir el conflicto. Mejor pensar en términos de tragedia griega, ya que el cuadro se compone de dos pueblos cara a cara, cada uno víctima de una opresión distinta.

Como escribió León Rozitchber en el ‘67, los padecimientos de ambas naciones se encuentran mutuamente condicionados. Somos testigos de dos formas de emancipación que, por su objeto, se encuentran contrapuestas

Cito a L. Rozitchner: "La independencia del pueblo árabe pasa por la independencia en su territorio colonizado", pero al mismo tiempo “la independencia del pueblo judío pasa por la recuperación de una tierra ya habitada, para el caso por una población árabe".

La película "Shoá" de Lanzmann o el comic "Maus" de Spiegelman, junto con otra documentación contundente, muestran que las viviendas de los judíos sobrevivientes de la Shoá fueron confiscadas por pobladores no-judíos, y que se presentaron ataques de locales contra sobrevivientes incluso después de finalizada la guerra. Esto volvía inevitable la concentración de refugiados hebreos fuera de Europa, para evitar una marginalización que los haría acreedores de nuevos hechos de violencia.  Así se les ofreció la posibilidad de re-hacer sus vidas luego del exterminio.

La ilusión de la "Palestina para los palestinos" sólo cobra realidad con el ghetto y la miseria del colectivo judío como trasfondo. Sólo si se aceptase ese ominoso escenario del pueblo del Libro alrededor del globo, la Palestina geográfica sería exclusividad de sus nativos.

Cuando se deslegitima la existencia completa de Israel, en vez de cuestionar las acciones puntuales de su gobierno, se está diciendo "no nos interesan los problemas de los judíos y qué solución hallaron". La respuesta inevitable de las autoridades israelíes es:"¿entonces por qué deberían importarnos los problemas de los árabes?". El único camino es el mutuo reconocimiento.

Cuando miles en todo el mundo se manifestaron legítimamente contra la política belicista de George W. Bush, no se demandaba la desaparición de los Estados Unidos, ni se cuestionaba a sus habitantes.

El mutuo reconocimiento significa la aceptación de las dos emancipaciones presentes en el conflicto de Oriente Medio, a saber: La aceptación de que el estado hebreo es el fruto tanto de la persecución en Europa como de la ciudadanía de segunda que soportaron los judíos en países árabes. Y el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los palestinos en fronteras que devengan de un futuro acuerdo.

Sin Israel, todos los sobrevivientes del Holocausto se hubieran hacinado en campos de emergencia en una Europa que continuaba maltratándolos. Hubieran conformado un segmento de parias sociales, sin techo, ni ciudadanía, ni reconocimiento colectivo de ninguno de los Estados europeos. Sin Israel, todos los judíos del mundo seríamos más vulnerables, tendríamos menos cohesión grupal y quizá hubiéramos sido víctimas de nuevos exterminios.

14 de noviembre de 2012

Mi análisis sociológico del 8N (en 15 tuits)




He estado repasando el concepto de "repertorio de acción colectiva" de Tilly para entender sociológicamente el 8N. Mis conclusiones:

1) La multitud del 8N habla un lenguaje moral, pre-político, apuntando a la corrupción y la descomposición moral de la vida política.

2) De allí que se identifique a los políticos como corruptos o ladrones, y que haya tendencia a la personalización en esta indignación moral.

3) La protesta como disputa moral, sin ejes ideológicos claros, señala la presencia de lo que Hobsbawn llama "turba urbana pre-política".

4) Según Hobsbawn, los movimientos pre-políticos expresan sus aspiraciones en términos tradicionales y conservadores.

5) Lo que se señala como espontaneidad, no es más que la incapacidad de articular el descontento en forma de organización, en el largo plazo.

6) El 13S o el 8N, como ocurría con los estallidos sociales de los 90, son esporádicos en su incapacidad para perdurar en organizaciones.

7) Farinetti se refiere a la personalización como "poner en primer plano los lazos personales que estructuran la vida política".

8) Siguiendo a Bourdieu, hay intentos de diferenciación social de los manifestantes, al señalar su capacidad de movilizarse "por sus propios medios"

9) Se reproducen estigmatizaciones denostativas hacia los sectores populares, como que se movilizan por la dádiva o el choripán.

10) Se denigra a sectores populares presentándolos como objetos pasivos de manipulación antes que como agentes activos que toman parte en política

11) Todo lo último en pos de la diferenciación social, lo que Bourdieu denominaba: la distinción.

12) Este ánimo de diferenciación es más fuerte en los sectores que perciben como más precaria su pertenencia a la clase media.

13) Los sectores más vulnerables de la clase media, al carecer de un repertorio amplio de recursos, perciben que la pérdida de un empleo...

14)...podría colocarlos de nuevo por debajo de la línea de la pobreza, tal como ocurrió con el fenómeno de los nuevos pobres a fines de los 90

15) Siendo que perciben a la pobreza como un riesgo posible, la presión para diferenciarse de los pobres es más fuerte en la clase media baja.

Fin de mi análisis sociológico. Espero lo hayan disfrutado y que reconozcan el mérito de la UBA, que el Estado me subsidió por tantos años.

8 de noviembre de 2012

Mi experiencia del 8N en trece tuits.



1) Manifestantes del 8N no paraban de gritarme "Corrupto", siendo yo un cronista. Ojalá no estén tan desorientados en otros aspectos de su vida

2) La agresión al periodista de C5N. Es brutal y proviene de gente profundamente antidemocrática

3) Si hay una agresión a un periodista, es permitida por todo el contexto que genera el colectivo de manifestantes.

4) Nunca vi una piña a un periodista en una marcha estudiantil, ni sindical, ni partidaria. Sólo con caceroleros anti-K

5) El clima de hostilidad hacia la prensa al que contribuyeron la mayoría de los caceroleros permitió que uno se desate y golpee.

6) Macri habla de delincuencia y se refiere al ingreso al país de colombianos. De manual: asociar crimen con extranjeros.

7) Así se describe el agresor del periodista d C5N en su web: "Mi compromiso es ayudar a mejorar la calidad de vida de todas las personas" jaja

8) Muchos en el 8N remarcaban que eran de "la clase media trabajadora", "¿En las barriadas no se trabaja?" Y me hablaban de subsidios. #pobres

9) En general suelo ser garantista. Pero el que le pega a un movilero debería pudrirse en la cárcel.

10) Decile a los militantes en potencia q se reúnan en asamblea y acuerden un petitorio para autoridades. Eso hacen los militantes.

11) Quiero el comunicado de Sancor Seguros que diga que ellos no enviaron a agredir a Nicolás Ayuso y que no paran de invertir en el país.

12) ¿Saben qué marchas son realmente pacíficas? Las q tienen 1 petitorio, c/demandas claras y no la necesidad d descargar frustraciones a gritos

13) Entrevisté a gente en el 8N y no paré de escuchar "somos de clase media" ¿Es un mérito? ¿Querés diferenciarte de los q "viven de subsidios"?

5 de noviembre de 2012

“La intimidad está perdida para siempre”


     La actividad en Twitter de @rayovirtual, por intensa y por polémica, difícilmente pase desapercibida. El crítico cultural reconoce su inquietud por los derechos en Internet y prepara una charla sobre el tema.

           Daniel Molina (58) supo ser editor del suplemento de cultura de Clarín y  colaborador de La Nación, Página/12 y El Cronista. Antes que crítico de arte prefiere hacerse llamar “crítico cultural”: “No me interesa decir si un cuadro está bien pintado. Me interesan las producciones como forma de pensamiento cosificado”. Molina está convencido de que cultura es casi todo lo que produce la sociedad e Internet tiene un lugar privilegiado en ella. Sin embargo, el mundo virtual presenta tantos avances como amenazas, sobre todo en materia de privacidad y legislación sobre propiedad intelectual. Esta inquietud da fundamento a las jornadas sobre Internet que @rayovirtual está organizando para el 22 de noviembre en el Centro Cultural Rojas.

El recorrido del entrevistado por las diferentes redes sociales parece usual. Luego de un desencantamiento original con Facebook empezó a ganar espacio en Twitter, al que considera el cerebro colectivo de la época. “En la Revolución Francesa, surge la opinión pública de la mano de la gacetilla y otros medios impresos. Estamos pasando a una etapa donde la vida tiene que ver más con la inmediatez y el intercambio horizontal y esto se refleja en Twitter”, reflexiona Molina.

@rayovirtual ilustra la horizontalidad de la plataforma en sus intercambios con personalidades en la cocina de las decisiones. Ocurrió, por ejemplo, con el entonces jefe de gabinete de la Nación, Aníbal Fernández, durante la discusión por el Matrimonio Igualitario. Una conversación twitera que culminó con un irónico “Te mando un chupón” del funcionario, manifestó este cambio de paradigma. “Esta horizontalidad no la permitió nunca ningún medio en la historia”, asegura.

Confrontado con la creencia popular de que muchos usuarios sobreestiman la influencia de Twitter, Molina no se repliega y sostiene que aunque éste sea un medio de nicho, marca tendencia social. “Es similar a los lugares de vanguardia en los sesentas. Pocos participaban de él, pero quienes lo hacían eran influyentes”.

El interés de Molina por la era digital no se agota en las redes sociales. Una de las actividades a las que se encuentra abocado es a la organización de unas jornadas sobre derechos en Internet, junto a @beabusaniche (Beatriz Busaniche, directora de la Fundación Vía Libre). La cita, planeada para el 22 de noviembre, constará de mesas redondas en donde confluirán artistas y políticos. Se promete la presencia de especialistas en la materia, como @aracalacana (Martín Becerra, investigador del CONICET y periodista) y @arieltorres (Ariel Torres, director del suplemento de tecnología del diario La Nación).  

El encuentro estará organizado en torno a dos ejes. El primero de ellos es la privacidad. Según narra Molina las empresas de buscadores, como Google, codifican y almacenan información sobre la actividad de los usuarios en Internet. El crítico cultural explica que la posibilidad de hacerlo no significa que efectivamente las personas estén siendo monitoreadas constantemente por su comportamiento online, pero asegura que “si alguien quiere hacerte daño, los datos están” y, a la vez, reconoce que no tiene una posición paranoica frente al tema: “Acepto que en la era digital la intimidad está perdida para siempre”.

El segundo eje de las jornadas lo constituye el derecho de autor. El crítico afirma que la sustitución de los medios analógicos por los digitales moviliza un cambio en el modelo. Mientras que una obra material y no reproducible presenta una número limitado de ejemplares, una descarga de una copia digital no disminuye una cantidad que de por sí es ilimitada. “El negocio cambió. Ahora el dinero no viene por los derechos de ventas de productos analógicos. El negocio pasa por los shows, que son irremplazables”, explicó el entrevistado.

Molina acepta que discutir los restrictivos derechos de autoría representa una dura batalla, dado que las cámaras que hacen lobby utilizan a artistas reconocidos como escudo y los legisladores escuchan “porque también son cholulos”. La amenaza es que los usuarios no cuentan con organizaciones que los representen. “Los legisladores no pueden estar actualizados y tienen presiones de lugares conservadores del país. Pero cuando uno les habla de lo nuevo que está sucediendo, paran las antenas”, concluye Daniel Molina como un suspiro de alivio y esperanza. 

Publicado en Revista Cultra.

26 de octubre de 2012

"Desconfío de la televisión cuando se propone como modernizadora"

Franco Torchia estaba trabajando en el departamento de prensa de la fundación Proa cuando fue sacudido por una noticia inesperada: luego de 9 años, TBS (Turner Broadcasting System) tenía la intención de relanzar el programa de citas Cupido y tenerlo al locutor nuevamente en la conducción. “Desde que empezó en Muchmusic en el 2001 hasta el día de hoy (pero incluso antes de que saliera en TBS) la gente asocia mi voz con Cupido. Esto podía ser molesto; pero al enterarme de que íbamos a volver, esa asociación empezó a entusiasmarme”, cuenta Torchia, no sólo la voz sino también el alma de ese programa que entregó a una generación momentos insuperables de risa, curiosidad y expectativa. 
El show televisivo está realizado por artistas sensibles y talentosos. La idea original y producción corre por cuenta de Gastón Duprat y Mariano Cohn, quienes además obtuvieron reconocimiento en la pantalla grande por El artista (2008), El hombre de al lado (2009) y Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo (2010).


Cupido fue descontinuado en el año 2003 cuando el formato ya se encontraba desgastado luego de 3 años de éxitos. Muchmusic optó por volver a ser “un canal de videoclips para acompañarte en la sala de espera de un consultorio” – ironiza el entrevistado. Turner lo rescató con una mirada comercial y en la espera de cumplir con las expectativas de los fanáticos en Facebook que clamaban por el retorno. “Una cita a ciegas en la era digital resulta aun más desafiante. Aunque al principio la idea me resultaba rara (porque las redes sociales hacen que ya ninguna cita sea completamente a ciegas) después empecé a ver su atractivo” – explica el conductor de Cupido.
Sin embargo, Torchia reconoce cuáles son los riesgos de las segundas partes. “Desconfío de la televisión cuando se propone como modernizadora. En ese sentido me resultó importante mantener el formato original; sin duda renovado, pero sin hacerse los techies. El programa actual podría ser bien de hace 20 años, conserva esa estética retro”. 
Como es imposible pasar por alto los parecidos, Torchia encuentra inspiración en Roberto Galán y su “Yo me quiero casar…”, programa que al igual que Cupido versaba tanto sobre el encuentro como sobre el desencuentro. “En ese sentido Galán y Cupido son muy realistas. La vida misma está marcada por el desencuentro”, reflexiona Torchia, quien adicionalmente se encuentra escribiendo una biografía de su referente Roberto Galán.
Despejando toda duda posible, el entrevistado sostiene que es mínima la intencionalidad a la hora de elegir los participantes. Sólo se tienen en cuenta datos sociodemográficos como la edad, la zona donde viven y algunos gustos en común. “Uno de los episodios más interesantes fue cuando participó un ciego, quien finalmente no encontró coincidencia con la chica Durante el transcurso de la cita, él le habló a ella de su condición. Nosotros no buscamos esto a propósito, para sumar melodrama. Nunca pedimos fotos del participante y recién nos enteramos en el estudio. Esto demuestra que no hay maldad en la propuesta. No elegimos a un pibe con labio leporino para que lo repita TVR”,  explica el conductor.
El hombre que le pone la voz a Cupido encuentra que la clave de su trabajo consiste en “dejarse llevar por la intuición y por el momento”, y aunque una parte de su intervención como locutor esté previamente estructurada, muchas de las genialidades que han quedado grabadas en la memoria de una generación han sido el producto de su capacidad de improvisación y apertura al momento.

Publicado en Revista Cultra

12 de octubre de 2012

Tres películas

Ostende, Los Salvajes y Papirosen en el Malba

En el el cine del Malba se proyectan actualmente tres películas independientes argentinas que han pasado por la cartelera del BAFICI. Se trata de Ostende, de Laura Citarella, Los salvajes, de Alejandro Fadel y Papirosen, de Gastón Solnicki. Los films muestran una vez más, tal cual es el caso de El estudiante (producida por La Unión de los Ríos, la misma productora que realizó el film de Fadel,) cómo jóvenes directores pueden hacer buen cine con bajo presupuesto y escaso o ningún subsidio del INCAA. A su vez se trata de obras que capturan la atención de un público que, aunque no sea masivo, es constante y comprometido en salas que aseguran proyecciones curadas de calidad como el caso del Malba, la Lugones o el Centro Cultural General San Martín

Incluso pareciera haber una continuidad en la propuesta: el thriller localista que introdujo en el cine independiente argentino El estudiante se percibe tanto en Ostende, como en Los salvajes. En la primera, se arriba a lo detectivesco a medida que el clima se va enrareciendo. La protagonista (una joven que gana en un concurso radial una estadía en el balneario homónimo) descubre una extraña relación de a tres en el mismo hotel donde se aloja. Las conductas de estos personajes se tornan difíciles de leer y las sospechas en aumento alejan al film de esa zona de observación detallista que favorece la descripción por sobre la narración para acercarla a la tensión de una trama de intriga. En Los salvajes transitamos la fuga de un grupo de jóvenes delincuentes y marginales que se internan en el monte luego de quebrar la seguridad de un instituto de menores y disparar contra sus perseguidores. La película abandona rápidamente lo policial para dotar a los personajes de un aura providencial y épica, momentos de epifanía y, a veces, una construcción demasiado idealizada e intelectual de personajes pesados y siniestros.

Papirosen comparte también algunos rasgos con Ostende: su contemplación, la búsqueda minimalista de grandes sentidos en pequeños gestos, y algunos misterios de difícil acceso. Sin embargo, los materiales empleados y la intervención que realiza Solnicki son radicalmente distintos a los de las otras dos. En Papirosen el director nos muestra diferentes escenas familiares utilizando la técnica de found footage (el trabajo con archivo y materiales caseros), grabando a sus parientes de manera espontánea y direccionando algunas acciones puntuales. Se muestra una intimidad plena, fresca y rebozante de historias, en que se exhiben los aspectos más tiernos pero también los más patéticos de una familia de clase media, y que sin duda despierta el gusto voyeur del espectador. La historia de la diáspora judía aparece representada en una trayectoria familiar, con toda la complejidad que se plasma en los (al menos) tres idiomas que se oyen en diálogos y en la banda sonora: idish (el idioma diaspórico), polaco (el idioma del país de acogida), hebreo (el idioma fundacional).

Las tres realizaciones demuestran la vitalidad del cine independiente argentino y son una prueba de que las películas del BAFICI pueden exceder el marco de este festival y permanecer en cartelera aunque sea en pantallas especializadas. Hay una ventaja de la que goza el espectador del Malba en algunas ocasiones. Al culminar la proyección tanto de Ostende como de Papirosen, los directores contestaron preguntas del público. Aprovechable.

Publicado en Cultra

2 de octubre de 2012

Filosofía entre copas



Martín Narvaja, filósofo del CONICET y sommelier, cruza sus vocaciones en una charla sin interpretaciones hedonistas ni individualistas.
 

Aunque la especialidad de Martín Narvaja sea la filosofía de la física, y el tema que trabaja para su beca de doctorado sea la ontología de la mecánica cuántica, el egresado de Filosofía y Letras descubrió otra pasión en el arte del sommelier. “No me interesa el vino como objeto de estudio. Me atrae lo que tiene para decirme el vino sobre la filosofía y no al revés”, sentencia el doctorando.

Cultra: ¿Cuál es la vinculación entre la apreciación del vino y la filosofía?

Martín Narvaja: Hay dos formas de pensarlo. Una es una relación completamente externa. La variante más superficial es asociar un estilo de vino con un estilo de pensamiento. La segunda es ver la historia marginal del asunto. Una vez en Alemania un restaurador de iglesias me dijo que la gente siempre se preocupa por cómo se ven los edificios restaurados, nunca por cómo se oyen. El sentido de la vista está privilegiado. El vino te lleva a atender otros sentidos: el olfato y el gusto. Es posible construir una historia de cualquier cosa a través de los sentidos relegados. Y este relato no está escrito.

C: ¿Por qué no está escrito?

M.V.: La filosofía occidental tiende a pensar los objetos de una manera muy espacial, los objetos recortan un espacio. En el mundo de la apreciación del vino y la gastronomía eso no existe. El aroma funciona así. Ponele que te sirven un bife de chorizo. Lo tenés enfrente y lo ves; recorta un espacio. Pero el olor estaba mucho antes y se queda mucho después. Y se va yendo de a poco. El aroma organiza la realidad con nuevas dimensiones. Y entonces notás que el privilegio conferido a la visión como medio de conocimiento es un prejuicio.

C: ¿Existió un desarrollo en la apreciación del vino o lo que hoy catalogamos como “buen vino” es lo mismo que se apreciaba en otras épocas?

M.V.: Es una buena pregunta. En una entrevista a Marx y Engels se los interrogaba sobre su idea de felicidad. Marx respondió: “Luchar”. Engels arrojó un: “Château Margaux 1848”. Pasaron 160 años y Château Margaux suele ser uno de los vinos más exquisitos del mundo.

C: Hay cierto tradicionalismo entonces en el saber sobre la materia.

M.V.: Si la apreciación del vino ha cambiado, lo ha hecho para peor.

C: De eso te iba a hablar: de la posmodernidad en el mundo del vino. ¿Es una categoría pertinente?

M.V.: Sí. Hoy tenemos verdaderos vinos de escritorio o de diseño. Diseñados para no tener defectos. Pero se trata de un producto superficial, con un misterio a un centímetro de la superficie para que el consumidor lo encuentre rápidamente. Y no logran emocionarte. Esos serían vinos posmodernos.

C: En relación a la posmodernidad, ¿hay una reacción frente a la globalización en que se reivindica el vino por encarnar lo local?

M.V.: Muchas veces la reivindicación de lo autóctono o de lo artesanal es una pose del marketing. Pasa mucho con los vinos orgánicos: puede ser un invento publicitario o condecirse con la realidad. La filosofía del vino orgánico es usar sólo la levadura que ya está en la uva, sin añadirle otra genérica. Entonces el vino sale con una personalidad muy local. Es un reflejo exclusivo de ese lugar, y por las variaciones climáticas, de ese año. El vino orgánico es como una mujer para enamorarse: llena de virtudes y llena de defectos. Si el año fue malo, si hubo poco sol o mucha lluvia, se rescata un vino con esa memoria de sufrimiento, con la que también vienen virtudes. Con una producción más controlada, quizá elimines defectos; pero también perdés el alma. 

C: En lo que se escribe sobre el vino pareciera entreverse una mirada hedonista del mundo.

M.V.: El vino y la gastronomía tienen que ver con pensar la propia vida. Sin embargo, hay toda una idea del placer individual que es muy funcional al sistema. Argumentos tipo “la revolución pasa por el disfrute”. Es hedonismo individualista. Una verdadera filosofía del vino es pensarlo como un producto que sólo se puede disfrutar en compañía.

 Nota publicada en Revista Cultra

21 de septiembre de 2012

Horizontes paralelos

Ahí están los dos. En alguna ciudad de la costa atlántica, en un cuarto donde antes sólo había un teléfono y donde ahora hay una planta con nombre, un poco de música, olor a vino y donde cada uno, a su manera, está creciendo sin darse cuenta 

Un sonido de balneario, con seguridad en la costa atlántica, anticipa esta historia que involucra a dos jóvenes. Paula de 27 años (que primero interpretó  Inés Efrón y ahora Paula Grinszpan) acaba de cortar con su novio y cree que no lo resistirá. Su desazón la conduce a una playa en que halla el más inesperado respiro. Allí conoce a Lucas de 19 años (un delicado David Szechtman). Es un pibe con su propia bandita, fanático del vino medio pelo, un tierno con apariencia sutil de heavy metal, que sabe escuchar y se presenta como un bastón en la atolondrada marcha de Paula. El le regala un demo con su música, ella a cambio lo invita a mudarse a su casa, a una habitación que pasará a sub-alquilarle. De esta forma empieza Demo, pieza teatral escrita y dirigida magistralmente por Ignacio Sánchez Mestre. 
La obra muestra el encuentro entre dos personajes que parecen irreconciliables en un comienzo, o al menos, compuestos de diferentes materiales. Ella es una chica en extremo sensible, fácilmente afectable, que por momentos pareciera que no puede con su vida. A veces es sacudida por una profunda sensación de inseguridad, desamparo o miedo. Otras veces es la risa frente a hechos insignificantes la que sujeta y sacude. Y esto es un buen pretexto para conducirlo a él a la incertidumbre. Un chico tranquilo que debe prestarle su oreja a las inquietudes de su improvisada compañera de casa, incluso aceptarla en su cuarto cuando la soledad expulsa a Paula del suyo, y ser el receptor de una excéntrica forma de seducir. 
Demo recorre estos particulares caminos de la atracción, en que los espectadores son envueltos en una atmósfera conocida, con personajes cercanos que cualquiera se ha cruzado por la vida, alguna vez. Pero enfrentados a situaciones cuyas resoluciones no se dejan intuir. Zizek explica que el amor no consiste en dos personas mirándose perdidamente, el uno al otro, sino dos personas mirando hacia un mismo horizonte. Quizá en este caso la fórmula podría adaptarse, para sugerir que el amor también son dos personas con la mirada abstraída, posada en horizontes paralelos. 
Demo no es una pieza sobre el amor, sino sobre el desamor y la reconstrucción. Sobre el abismo de lo potencial y los bosquejos en el aire de lo posible; sobre las ilusiones futuras y el material que reciben del pasado y del presente. 

Demo se presenta todos los jueves a las 21.30 en el Camarín de las Musas (Mario Bravo 969). La obra obtuvo el segundo premio del Concurso “Teatro y Rock” organizado por Argentores y la radio Rock&Pop en 2010. 

 NOTA PUBLICADA EN REVISTA CULTRA

4 de septiembre de 2012

Boquetes caseros


Detrás de los boquetes producidos durante el célebre motín en la cárcel de Caseros había un vacío arquitectónico que los convictos intentaron remendar. Gaspar Liebedinsky estudió este fenómeno y sus componentes materiales y los transformó en piezas de arte.

Gaspar Libedinsky es un arquitecto y artista cuyo trabajo ha encontrado más eco en el exterior que en su Argentina natal. Egresado de la exclusiva escuela de la Architectural Association en Londres, reseñado por revistas internacionales de arquitectura (como la influyente Domus de Milán), a sus 35 años reconoce que Cultra es el primer medio local que se interesa por su serie sobre la cárcel de Caseros, su proyecto más extenso (iniciado hace casi diez años) y más notable. Esta profunda exploración artística lo llevó a descubrir la historia del penal de Caseros que muestra un recorrido errante, modificado por la acción directa de los reclusos.

La cárcel se diseñó en democracia con buenas intenciones, concebida para albergar a encausados sin condena firme, cercana a los Tribunales para agilizar procesos legales. Estaba pensada para estadías de cuatro a seis meses, pero durante la última dictadura los militares la emplearon como una cárcel común, a pesar de que arquitectónicamente no estaba preparada para ello. “Al retorno de la democracia, los presos le demandaron al edificio lo que la arquitectura no podía ofrecer”, explica el artista y agrega: “Caseros tenía un sistema de celdas unicelulares, los presos pidieron que sean abiertas y entrasen en comunicación. Se les concedió esta licencia y tiempo después estalló un motín”. Según Libedinsky este acontecimiento disruptivo tuvo su significado: “La construcción de un sistema significó la destrucción de otro, de allí el exceso del motín”.

La obra del artista se concentra en un elemento muy simple pero cuyas consecuencias son bastante complejas: el boquete en la pared. “Durante los disturbios, la posibilidad súbita de vincular diferentes celdas, diferentes niveles e incluso conectarse con el exterior, volvía al boquete un sistema de comunicación insuperable, capaz incluso de revertir el efecto panóptico”. El panóptico que nombra el arquitecto, un concepto extraído de la jerga de las ciencias sociales, refiere a un sistema bajo el cual los convictos se sienten vigilados sin necesidad de que efectivamente sea así.

“La cárcel es el uso más extremo de la arquitectura, que genera una vivencia en que el espacio se consume. En todo el mundo las cárceles no son parte de la ciudad, suelen ser federales, es decir, son un vacío en la ciudad”, sentencia Gaspar Libedinsky para justificar su interés por las prisiones y las transformaciones espontáneas en la arquitectura que fuerzan sus habitantes. “Considero a Caseros, por la adaptación que ha sufrido de los habitantes, uno de los edificios más extraordinarios de Buenos Aires”, agrega.

Para su proyecto, el artista consiguió la ingeniería necesaria para cortar un pedazo de pared que exhibiera un boquete y llevarlo al Rosedal. En el traslado filmó a través del orificio, volviéndolo una lente que mira Buenos Aires. Se registró entonces el trayecto vertical del boquete cuando es bajado del edificio, y su traslado horizontal hacia un nuevo sitio desde el que se contempla lo que el autor denomina “una vista hedonista de Buenos Aires”. La serie continuó con una videoinstalación en que, golpe a golpe, el artista diseccionó una pared convirtiendo a la acción en una performance arquitectónica, dinámica y física. “Posteriormente hice una recreación de esta maniobra para la apertura de la película El hombre de al lado”, cuenta el arquitecto.

En la muestra Productos Caseros, exhibida en el Museo de Arquitectura y Diseño en julio, se expusieron además dos obras sitio-específicas. Se trató de orificios sobre la pared que permitían espiar el exterior y que reconectaban a la sala del museo con su contexto. El autor justifica esta obra mínima por la ubicación del edificio: “El afuera es un lugar complejo: Avenida del Libertador y Callao, la intersección de una Buenos Aires opulenta con la Villa 31, las vías del tren, los márgenes”.

La serie sobre la cárcel de Caseros se completa con fotografías de Buenos Aires vista a través de diversos boquetes, y un registro audiovisual de la operación quirúrgica para extraer el pedazo de la pared del penal. Recientemente se sumó la obra Cuckoo, que es una cajita de pájaro con su agujero tapiado. Una película es proyectada sobre la fachada de la caja en que el agujero se vuelve a componer. Para Libedisnky, el video de la reconocida videoartista norteamericana Heidi Kumao “genera las posibilidades espaciales negadas por la materialidad de la casa” y agrega: “Es otra muestra de arquitectura mínima, que es uno de los ejes de mis trabajos recientes”.

El arquitecto narra con orgullo su versatilidad para pasar de diseñar obras de escala urbana como el High Line Park (Nueva York), un parque creado en la plataforma de un viejo ferrocarril elevado sobre el nivel del suelo, al minimalismo de sus creaciones anteriores: Arquitectura para el pie y Mr. Trapo. En la primera se produjo una serie de alfombras con recortes de secciones específicas que, debidamente plegadas, adquirían una forma similar a una pantufla; en la segunda, el artista adquirió, de mano de los informales “trapitos” que cuidan autos en la calle, franelas y trapos rejillas con los que elaboró prendas de vestir de acuerdo a lo que cada tela le pedía. “Unas pedían a gritos ser traje, otras cardigan”, recuerda.

El artista reconoce que ha transitado caminos en que ningún otro artista se interesó: “Debo ser la única persona que tuvo una propuesta en torno a la preservación de la antigua cárcel. Lo interesante es la superposición del diseño original con el operado por los internos, que nos permite hablar de un diseño hecho por fases”. La obra del autor exhibe esta preocupación por la forma en que las personas generan identidad y se apropian de los espacios físicos con los que se encuentran. Así es como el autor alcanza su objetivo perseguido: operar en el espacio público-privado mediando entre la escala urbana y la intimidad del cuerpo.

Nota publicada en revista Cultra de Septiembre.