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5 de noviembre de 2012

“La intimidad está perdida para siempre”


     La actividad en Twitter de @rayovirtual, por intensa y por polémica, difícilmente pase desapercibida. El crítico cultural reconoce su inquietud por los derechos en Internet y prepara una charla sobre el tema.

           Daniel Molina (58) supo ser editor del suplemento de cultura de Clarín y  colaborador de La Nación, Página/12 y El Cronista. Antes que crítico de arte prefiere hacerse llamar “crítico cultural”: “No me interesa decir si un cuadro está bien pintado. Me interesan las producciones como forma de pensamiento cosificado”. Molina está convencido de que cultura es casi todo lo que produce la sociedad e Internet tiene un lugar privilegiado en ella. Sin embargo, el mundo virtual presenta tantos avances como amenazas, sobre todo en materia de privacidad y legislación sobre propiedad intelectual. Esta inquietud da fundamento a las jornadas sobre Internet que @rayovirtual está organizando para el 22 de noviembre en el Centro Cultural Rojas.

El recorrido del entrevistado por las diferentes redes sociales parece usual. Luego de un desencantamiento original con Facebook empezó a ganar espacio en Twitter, al que considera el cerebro colectivo de la época. “En la Revolución Francesa, surge la opinión pública de la mano de la gacetilla y otros medios impresos. Estamos pasando a una etapa donde la vida tiene que ver más con la inmediatez y el intercambio horizontal y esto se refleja en Twitter”, reflexiona Molina.

@rayovirtual ilustra la horizontalidad de la plataforma en sus intercambios con personalidades en la cocina de las decisiones. Ocurrió, por ejemplo, con el entonces jefe de gabinete de la Nación, Aníbal Fernández, durante la discusión por el Matrimonio Igualitario. Una conversación twitera que culminó con un irónico “Te mando un chupón” del funcionario, manifestó este cambio de paradigma. “Esta horizontalidad no la permitió nunca ningún medio en la historia”, asegura.

Confrontado con la creencia popular de que muchos usuarios sobreestiman la influencia de Twitter, Molina no se repliega y sostiene que aunque éste sea un medio de nicho, marca tendencia social. “Es similar a los lugares de vanguardia en los sesentas. Pocos participaban de él, pero quienes lo hacían eran influyentes”.

El interés de Molina por la era digital no se agota en las redes sociales. Una de las actividades a las que se encuentra abocado es a la organización de unas jornadas sobre derechos en Internet, junto a @beabusaniche (Beatriz Busaniche, directora de la Fundación Vía Libre). La cita, planeada para el 22 de noviembre, constará de mesas redondas en donde confluirán artistas y políticos. Se promete la presencia de especialistas en la materia, como @aracalacana (Martín Becerra, investigador del CONICET y periodista) y @arieltorres (Ariel Torres, director del suplemento de tecnología del diario La Nación).  

El encuentro estará organizado en torno a dos ejes. El primero de ellos es la privacidad. Según narra Molina las empresas de buscadores, como Google, codifican y almacenan información sobre la actividad de los usuarios en Internet. El crítico cultural explica que la posibilidad de hacerlo no significa que efectivamente las personas estén siendo monitoreadas constantemente por su comportamiento online, pero asegura que “si alguien quiere hacerte daño, los datos están” y, a la vez, reconoce que no tiene una posición paranoica frente al tema: “Acepto que en la era digital la intimidad está perdida para siempre”.

El segundo eje de las jornadas lo constituye el derecho de autor. El crítico afirma que la sustitución de los medios analógicos por los digitales moviliza un cambio en el modelo. Mientras que una obra material y no reproducible presenta una número limitado de ejemplares, una descarga de una copia digital no disminuye una cantidad que de por sí es ilimitada. “El negocio cambió. Ahora el dinero no viene por los derechos de ventas de productos analógicos. El negocio pasa por los shows, que son irremplazables”, explicó el entrevistado.

Molina acepta que discutir los restrictivos derechos de autoría representa una dura batalla, dado que las cámaras que hacen lobby utilizan a artistas reconocidos como escudo y los legisladores escuchan “porque también son cholulos”. La amenaza es que los usuarios no cuentan con organizaciones que los representen. “Los legisladores no pueden estar actualizados y tienen presiones de lugares conservadores del país. Pero cuando uno les habla de lo nuevo que está sucediendo, paran las antenas”, concluye Daniel Molina como un suspiro de alivio y esperanza. 

Publicado en Revista Cultra.

17 de octubre de 2011

¿Quién no vió una película así?

Un maestro de música de una escuela rural en China, quien es querido y admirado por sus alumnos, es expulsado del establecimiento luego de que hiciese explícito su apoyo a un grupo armado guevarista ocupado en boicotear la circulación de las bebidas cola. Los alumnos lo visitan a su casa y lo continúan queriendo aun cuando sólo se trata de un desocupado. El maestro estrá triste porque le arrebataron su actividad más preciada. Pero contento por la alegría que introducen los chicos en su hogar y porque ahora tiene las tardes libres para reflexionar y hacer un poco de gimnasia. Finalmente, el maestro de música debe quitarse la vida para no caer en manos de la temible policía secreta china, y lo hace estoicamente mientras entona en su órgano eléctrico "Los santos vienen marchando".



En un alejado paraje de Irán, el director nos invita a conocer el recorrido que hace diariamente un campesino para llevar leña a su hogar. El director no se muestra especialmente preocupado por el hecho de que en el recorrido no acontece nada. El film desarrolla una visión profunda y contemplativa de la humanidad. Se reflexiona sobre la amistad, el amor y la muerte, y lo más meritorio es que estas palabras ni aparecen mencionadas. La película muestra cómo la tecnología occidental fue penetrando en un rincón tan remoto del planeta y el protagonista narra bellísimamente la forma en que su vida se vio modificada abruptamente por el descubrimiento de las ortodoncias removibles. El film termina en un momento desesperado en que un público confundido decide escapar de la sala y no volver a ver cine independiente iraní nunca más hasta el próximo festival.

15 de octubre de 2011

¿Tienen pelota? Porque acá hay cuadro, vo’


Imagen: Pibes de escasos recursos económicos visualizan la carrera deportiva como la única posibilidad certera de ascenso social que los ponga a resguardo de la miseria de las barriadas suburbanas, en los que serían absorbidos por la industria del narcotráfico que requiere de mano de obra barata y extorsionable dispuesta a arriesgar su propia vida para conseguir algo cercano a un sustento para su familia supernumeraria como consecuencia de los principios contrarios a la anti-concepción propios de la doctrina católica apostólica romana, una de las religiones de mayor crecimiento vegetativo en los últimos siglos.

13 de septiembre de 2011

¿Por qué nos emocionamos con los Pumas?




“Los Pumas emocionan porque son personas de alta extracción social que pudiendo entregarse al lujo prefieren fracturarse y revolcarse en el barro”. Este tweet fue el propulsor de una polémica que no desestimó comentarios ásperos y descargos de gente que, sin duda, se sintió tocada.

Es por ello que contestaré con mayor extensión la pregunta: ¿por qué nos emocionamos con los Pumas (nosotros=la sociedad)? Alguien podrá decir que esta premisa es engañosa, en cuanto que el fenómeno que destaco para el caso del rugby se presenta también en otros deportes. Que quede claro: la selección de fútbol nos apasiona; a los representantes argentinos en el basket los consideramos parte de una “generación dorada”, es decir, brillante, magnánima; el equipo de tenis nos parece heroico en sus hazañas. Pero el sentimiento de “plena y orgánica nacionalidad” que despierta en el público la entonación vibrante del himno por parte de los Pumas, no puede ser fácilmente rastreado en otros deportes. En este texto contestaré la pregunta con la que comencé, pensando al rugby exclusivamente en su significado social.

Prácticas deportivas y sistema social

El sociólogo Norbert Elias desarrolla el proceso de esterilización y formalización de los juegos que entregó como resultado el nacimiento de los deportes modernos. Paulatinamente las prácticas atléticas fueron diferenciándose, prestándose como un campo conveniente para la inserción de modelos sociales cuyo objetivo era controlar “las pasiones y las emociones” (Dunning, 1994). Bourdieu (1993) afirma que en el deporte se reproducen fielmente las asimetrías presentes en la sociedad más amplia. En las dinámicas internas de cada juego se construyen modelos morales de virtud que esconden modos de ser de las clases sociales dominantes que confieren prestigio a dichos juegos.

Juan José Sebreli, el sociólogo argentino, señala el lugar privilegiado que tiene la virilidad y el vigor físico en los deportes elegidos por las clases altas. Esto se asocia con un “culto de la corporalidad” de origen aristocrático. Como legado histórico, las clases altas rinden culto al cuerpo porque el linaje en el que se imaginan se transmite sanguineamente. De allí que este culto a la corporalidad se exprese acabadamente en el rugby cuyas habilidades requeridas dependen marcadamente del vigor físico. También para Bourdieu la exaltación de la virilidad aparece mejor representada en el rugby que en otros deportes. Y esto guarda relación con un patrón dominante de valorización de lo masculino por sobre lo femenino, y de lo material por sobre lo intelectual (Barbero González, 1993).

El rugby, deporte preferido de la elite social, ofrece una matriz que sirve para modelar el espíritu de las futuras dirigencias. “Se construye un nuevo ideal que desdeña la erudición, y exalta la virilidad, permitiendo adquirir la hombría y el coraje” (Barbero González, 1993).

El rugby en las clases altas.

El rugby rememora el combate en campo abierto, actividad a la que, en algún tiempo, se dedicaba exclusivamente la nobleza. La guerra era una atribución y un privilegio de quienes mandaban. Sólo aquellos tenían la capacidad física y la valentía de someterse a los más duros padecimientos por propósitos que excedían la ganancia individual.

Este deporte sostiene entonces modelos de moralidad cercanos a lo militar, y permite reunir en un mismo terreno, por un lado, la condición de caballero (basada en el sacrificio, la lealtad, el respeto, el orden, los buenos modales) y, por otro, la agresividad (asociada a los rasgos naturalmente violentos de la práctica). ¿No es llamativa la coincidencia entre este modelo y el paradigma de “exitoso hombre de negocios”, cordial y atento en sus formas, agresivo en su práctica comercial?

Por otra parte, el rugby cuenta con un prestigio social atribuido, reconocido por los mismos practicantes de este deporte, y que muchas veces no puede desligarse de la exclusividad. Clubes de barrios suntuosos operan una discriminación socio-económica que no se materializa en ninguna formalidad concreta. También persisten entre los miembros de varias instituciones prejuicios antisemitas (de origen nacionalista), que se remontan a la xenofobia del patriciado que antecedió a las clases altas de la actualidad.

En resumen: el rugby reproduce la asimetría presente en la sociedad general y construye un modelo de virtud moral cercano al honor marcial, basado al mismo tiempo en la caballerosidad y la agresividad. Son estos los puntos a partir de los cuales los sectores dominantes buscan construir “valores nacionales y patrióticos”. La imagen de los rugbiers entonando el himno con la intensidad que amerita una batalla nos emociona; y, al mismo tiempo, es la antesala del chauvisnismo y la xenofobia.

Pero, ¿y de dónde la emoción?

Mi hipótesis personal es que el contraste entre las características del juego (violento) y de quienes practican este deporte (caballeros, líderes), sostiene la fantasía utópica por la cual “las personas de status elevado descienden al barro”, es decir, bajan a la suciedad, al esfuerzo, al desamparo e incluso al dolor físico de los desposeídos y relegados. Estos elementos contenidos en el juego "realizan" en el plano de la fantasía social un ideal de igualación que transgrede el impenetrable ordenamiento jerárquico de la comunidad existente. Es esta realización de una fantasía imposible la que moviliza la emoción del público general.

Referencias bibliográficas
BARBERO GONZÁLEZ, J. (1993). "Introducción". En Brohm J.M. (1993): Materiales de sociología del deporte. La Piqueta. Madrid
BORDIEU, P. (1993). "Deporte y clase social" (primera publicación en 1978), en Brohm J.M.(1993): Ob. Cit.
DUNNING, E. (1994). “Reflexiones sociológicas sobre el deporte, la violencia y
la civilización”, en Brohm J.M.(1993): Ob. Cit.

10 de septiembre de 2011

Choque entre barrabravas existencialista y estructuralista: 3 heridos


En la madrugada del día 26 del corriente mes, se enfrentaron en la Plaza Houssey presuntos integrantes de la barrabrava existencialista y la hinchada estructuralista. Aparentemente se trataría de la continuación de la polémica que mantuvieron en el año 67 Jean-Paul Sartre y Louis Althusser, filósofos con los que simpatiza respectivamente cada hinchada. Las barrabravas estaban armadas con citas textuales de calibre mediano y, según revelan fuentes oficiales, discursos injuriosos de alta animosidad. Tras el enfrentamiento resultaron heridos dos hegelianos y un joven de formación lacaniana. No hubo detenidos aunque la policía debió intervenir para que los beligerantes volviesen a sus bibliotecas. Los vecinos informaron que los disturbios estallaron cuando los existencialistas comenzaron a entonar canciones ofensivas contra sus rivales teóricos. Reproducimos a continuación los cantos:

“Althusser, sos un cuadrado
fui a tu campo y lo encontré estructurado.
Red simbólica, interpelación,
¿Dónde mierda quedó la mediación?

Entre tanto simbolito,
Nada vivido yo encontré,
Mi sistema es hegeliano
El tuyo una cuadradez”

A lo que los Estructuralistas contestaron:

“Existencialista, no existís.
Existencialista, no existís”

Segundos después estalló la gresca.

5 de septiembre de 2011

Ética, Estética y Física en Harun Farocki.


Las películas de Harun Farocki son ensayos antropológicos en que los actores reunidos para la ocasión hacen hablar a la cultura mientras atienden sus quehaceres cotidianos. La pregunta que articula la exposición pareciera dirigirse sin rodeos al sentido de lo civilizatorio. Reduce la complejidad de la vida moderna en fragmentos simples, apuntando a una cuestión nodal: ¿cómo el ser humano produce el mundo que habita? Al ver las maniobras de Farocki para ensamblar los testimonios, uno tiene la sensación de que los sujetos están participando concientemente en la exploración antropológica propuesta; que son algo más que testigos aleatorios retratados mientras dicen todo lo que saben y continúan su rutina. El documental Los creadores de paraísos comerciales explora el significado de los shoppings para quienes están detrás de su emplazamiento. El autor se desentiende de las entrevistas entre investigador y objeto de estudio y apuesta a la construcción de una percepción desprovista tanto de artificialidad como de invasión y sesgo. En reuniones de trabajo inversionistas, arquitectos, urbanistas y diseñadores exponen a sus pares (los pares siempre son un buen señuelo) sus motivaciones y criterios para encarar proyectos arquitectónicos que involucran a grandes centros comerciales. El lenguaje disciplinario atraviesa la narración; no obstante, uno podría aventurarse y decir que, yendo más allá de lo estrictamente arquitectónico, la película empieza en la Ética, pasa por la Estética y termina en la Física. Farocki se comporta entonces como un artista del Renacimiento desafiando la compartimentación del conocimiento y poniendo a dialogar los diferentes intereses presentes en la actividad productiva humana.

Empieza como una Ética. Porque luego de abrir con la imagen de un ojo enmarcado en un dispositivo tecnológico (del que sólo comprenderemos su significado más adelante), ingresamos en una reunión de inversionistas en que la cháchara de la maximización de la rentabilidad y el beneficio económico es interrumpida por la súbita pregunta por el sentido del emprendimiento. “¿Qué queda al final?” pregunta uno de ellos mientras sostiene una copa de champagne y moviliza otros interrogantes en el grupo: ¿cuáles criterios son de fiar?, ¿qué se pone en juego en la valoración?, ¿y si la obra no es rentable económicamente pero aun así es exitosa por captar el espíritu de la década? (una suerte de Audacia de la Razón que siempre encuentra su lugar incluso combatiendo con una mezquina ambición de lucro), ¿es meritoria una obra que no se condice con dicho espíritu pero aun así está bien hecha? La Ética no aparece como una contradicción entre lo funcional y lo estético, lo rentable y lo sublime; antes bien la dificultad que encuentran los argumentos “maximizadores de beneficio” de resultar por sí solos satisfactorios señala la presencia de la Ética como pensamiento subterráneo, como el fondo sobre el que se inscribe cualquier debate posterior. La invitación a brindar que uno de los hombres dirige a sus colegas fracasa en el intercambio de ideas.

La Estética es el tópico de una conversación sobre la unidad a través de la apariencia. El avance natural y errático en la configuración de un shopping entrega como resultado la heterogeneidad de criterios estéticos: una construcción que aspira a transmitir el concepto Miami Beach en su integridad, pero que no consigue erradicar un Art Decó berreta en un punto central para la circulación del público, junto a una zona señalada como griega pero que afea el entorno con sus columnas de plástico simil mármol. A su vez se suman los tenderos que atendiendo sus propios criterios individuales hacen fracasar la erudición de los diseñadores en su búsqueda del concepto unificador superior. La discusión estética se vuelca también sobre la faz accesible de la identidad corporativa. A esta altura todo lo físico puede ser personificado; los atributos de la materia y el espacio (color, amplitud, luminosidad etc.) están en correspondencia directa con aptitudes espirituales. Lo espacial, aunque inerte y estático, dicen los especialistas, tiene que ser capaz de contar una historia. Una historia que atraiga al público (público que no cuenta historias sino que las recibe, con más inercia aun que la misma materia).

Finalmente, la Física (término que elegí para señalar este tercer eje conceptual) debería hacernos recordar los motivos que aducía Durkheim para postular que la Sociología, la disciplina que estaba fundando, era una Física Social. Discursos de urbanistas e investigadores piensan lo social desde la circulación; la sociedad como la abstracción de los flujos visibles que produce. Estos flujos sociales se comportan como vectores, con su propia intensidad, dirección, apoyados en ejes y, sobre todo, librados a la repetición para la construcción de patrones. Es sabido que los shoppings se insertan en el espacio urbano alterando la distribución y circulación de flujos. Pero, ¿cómo hacer que estos vectores se materialicen, de tal manera que podamos extraer de ellos información útil para operar comercialmente? La arquitectura y el marketing se unen en esta tarea. Una investigadora utiliza un dispositivo óptico (el mismo que se presentaba en el primer cuadro de la película) para estudiar los modelos que construye la mente para organizar los estímulos visuales (máxime frente al bombardeo de información del shopping). Así concluye que al ingresar a un hall existe un “eje natural” de relevancia, por el que tiende a avanzar la visión. Los estímulos fuera de ese eje tienen un menor impacto y efectividad. Las lecturas naturales y las forzadas también se comprueban frente a una góndola. Conocemos a través del documental que el público tiende a organizar la categoría de producto horizontalmente y la variedad verticalmente. Si se impone al intérprete (es decir, al consumidor) una lectura distinta, ésta fracasará. Las mencionadas fuerzas de la conducta parecieran imponerse a los individuos con la necesidad de las fuerzas gravitatorias. Harun Farocki despliega esta física colectiva con la intuición de un cientista social y la delicadeza de un artista de categoría.

24 de agosto de 2011

Sobre la oposición a piropos en la vía pública.


Esta es mi respuesta a 5 consignas falaces vertidas por manifestantes en la Marcha de las Putas.

“Los piropos son invasivos”

Zizek se refiere al narcisismo del sujeto contemporáneo para explicar la obsesión sobre el peligro que entraña que Otros fumen cerca nuestro. Busca contestar a la pregunta: ¿por qué se ha generalizado la idea exagerada de que el humo ajeno “es invasivo”? Según el autor, el narcisismo conduce a percibir cualquier contacto indeseado con una persona como una infección. Así, las diferentes formas en que el Otro puede afectarnos son percibidas como amenazas contra nuestra integridad. Para Zizek se trata de una visión particular de la subjetividad, una falsedad del liberalismo, que podría traducirse en el sentimiento de “quiero que los Otros me dejen en paz; no quiero acercarme demasiado a los Otros”. El segundo punto que señala Zizek para dar cuenta de esta percepción de la amenaza en el fumar se encuentra en la envidia del goce intenso del Otro. La contemplación de la acción de fumar pone de relieve la distancia entre quienes persiguen una satisfacción ordenada, controlada, y quienes se entregan sin más consideraciones a un goce mórbido y desenfrenado.

Estas apreciaciones sobre la reserva exagerada de que Otros fumen cerca mío, una falacia de la subjetividad contemporánea que encuentra en la alteridad una amenaza, pueden ser ajustadas a la idea del “piropo como amenaza”.

Vivir en comunidad (la única forma en que el ser humano puede vivir) implica ser afectado por los Otros de maneras diversas, que muchas veces son imprevisibles e indeseables, pero que no por ello constituyen formas de violencia. Me puede molestar que los automovilistas den bocinazos innecesarios, que haya pasajeros que hablen a los gritos en el colectivo, que el perro del vecino me ladre estruendosamente, que la persona de al lado en el subte no use desodorante y tenga un olor nauseabundo. Todas esas cosas implicadas en la interacción social pueden generar malestar, sin duda son indeseables y podrían ser evitadas con un poco de consideración hacia el prójimo. Pero, sin embargo, movería a la risa que estos desajustes en la convivencia fuesen elevados al status de “causa o demanda social”. De la misma manera es hilarante que la oposición al piropo sea presentada como una causa por la que luchar, sostenida por quienes @berlich llama “feministas falopa”.

Ahora bien, supongamos que pudiéramos rastrear la línea divisoria entre un malestar aceptable atribuible a la cercanía del Otro de aquél objeto verdaderamente preocupante: la violencia sexual. Entonces a las manifestantes les surge la pregunta:

“¿Cuál es el límite entre un piropo y una ofensa?”


Seguramente estremecidas por el descubrimiento antediluviano de que todo límite es arbitrario, las feministas se han visto arrastradas a este interrogante. Sin embargo, lo que habría que contestar es que la pregunta no tiene una respuesta. O mejor dicho, no existe tal límite sin hacer intervenir a la autoridad; la única manera de fundar esa frontera sería con la introducción del derecho penal. Pero como las soluciones restrictivas, coercitivas o represivas no son siempre las que mejor recomponen la armonía social perdida, se hace necesario que pensemos el asunto sin recurrir a lo punitivo. También existe una delgada línea en que un abrazo se vuelve una manera de comprimir y retener, o que una navaja que te afeita puede hincarse en la piel y hacer brotar ríos de sangre. De alguna manera necesitamos confianza en los demás para vivir, porque de otra manera la calle estaría llena de enemigos.

El límite entre el piropo y la ofensa no existe y sólo puede tener consistencia para una persona que, implícita o explícitamente, confía en la limitación por medio del uso legítimo de la fuerza, incluso cuando se trata de los hábitos más periféricos de la vida social. Es decir, si hablamos de limitación, ésta sólo es imaginable de la mano de la intervención del Estado y su monopolio de la violencia legítima. ¿No es esta concepción de la sociedad la manifestación más acabada de machismo y falocentrismo?

Pero, por otra parte, ¿es posible comprobar que efectivamente existe una línea de continuidad entre el piropo y formas de violencia sexual penalizadas por la Ley? ¿Dichas feministas están en condiciones de probar con datos de las ciencias sociales que existe una asociación fuerte entre quienes dicen piropos (al menos entre quienes dicen piropos insultantes) y quienes cometen repudiables abusos sexuales? ¿Existen estudios que demuestren que estas dos poblaciones coinciden? ¿Y si la relación fuese otra? ¿Y si el violador fuese en la mayoría de los casos un sujeto tímido e introvertido, incapaz de expresar sus sentimientos a las mujeres, y que encuentra en el violento pasaje al acto la forma patológica de remendar sus carencias expresivas? En ese caso la relación entre la expresión verbal y el pasaje al acto violento sería de signo opuesto al que presentan las feministas.

De la misma manera en que, trazando un paralelismo, no es correcto decir ligeramente que la marihuana es la puerta de entrada a las drogas duras, la continuidad entre el piropo y formas auténticas de violencia sexual tiene que ser probada fehacientemente antes que ser usada como consigna vacía.


“Si soy linda o fea es un tema mío. Nadie te preguntó tu opinión”


Este argumento es muy interesante por lo que permite leer entre líneas. Sería como si la feminista dijera: “Tu opinión (masculina) sólo es válida cuando yo (mujer) te la solicito; si no es solicitada por mí, es inválida, incluso ofensiva”. De no ser porque que en este escenario la mujer está del lado de enunciador, la premisa resultaría claramente sexista. Y desde ya, despótica. En una frase como la anterior el hombre es reducido a la pasividad que las mujeres rechazan para sí mismas, apelando a la inapropiada noción de cosificación (probablemente haya sido @juliamengo la que impuso este término en el espacio público. Pero hay que recordarle a la panelista de DDD que cosificación es un concepto con el que la tradición marxista denominaba a la sustitución de una relación entre personas por una relación entre cosas (mercancías), rasgo intrínseco del fetichismo de la mercancía. Cosificación, en su acepción original, nada tiene que ver con la despersonalización de la mujer).


“No significa no”

Uno reconoce la buena intención que subyace en esta consigna para llamar la atención sobre la “progresión” involucrada en el hostigamiento sexual. No obstante, no puede pasarse por alto que esta frase contradice los supuestos más elementales de los estudios del lenguaje. El lenguaje no es transparente, más bien es opaco, no tiene un carácter operativo, no es una herramienta, no existe una correspondencia absoluta entre el significante y el significado, antes bien, lo que existe es una ruptura fundamental. La noción de que “no significa no” parece ser teóricamente primitiva, pre-psicoanalítica. Esta última disciplina ya nos enseñó que la demanda no puede ser íntegramente articulada en la palabra y que siempre subsiste un resto, aquello para lo que no existe la palabra justa: el deseo. Freud, en su escrito “¿Qué quiere la mujer?”, se refirió a lo que dicen las histéricas con su “no” (Freud, sexista en este punto, asociaba la histeria exclusivamente con la naturaleza femenina. Hoy se atribuye también a los hombres). El "no" de una histérica o un histérico puede ser, antes que un simple rechazo, una invitación a que la otra persona niegue su “no”, una convocatoria a un encuentro personal más intenso.

Como explica Zizek la diferencia por la cual una insinuación masculina es interpretada como una aproximación fructífera o como una insistencia próxima al acoso, sólo reside en su éxito posterior. Es decir, lo atrevido no está en la acción por sí misma sino en la sanción que recibe de la mujer; esta sanción produce un efecto retroactivo según el cual el mismo movimiento es teñido de validez o de censura.

En definitiva, uno puede rechazar la violencia sexual (la imposición física del hombre sobre la mujer en contra de la voluntad de ésta en pos de la satisfacción de un impulso sexual) sin necesidad de aceptar consignas tan simplificadoras como “no significa no”. Sabemos que “no” puede significar “no”, tanto como, en algunas oportunidades, puede significar otra cosa. Pero más allá de las palabras, uno puede captar la voluntad del otro con sensibilidad y empatía, en vez de recurrir a fórmulas torpes que reducen la realidad y se comprueban falsas hasta para la inteligencia más precaria. En síntesis, quien quiera dañar a la mujer lamentablemente hará caso omiso de la consigna “no es no” , y quien tenga sensibilidad y empatía no necesita que le repitan la formulita cual estudiante aprendiendo la tabla de multiplicar para saber cómo comportarse.


“La exhibición de culos en los medios de comunicación es una forma de violencia sexual”

Aunque las mujeres semi-desnudas no constituyen el contenido más deseable, y sin duda no es el que yo personalmente prefiero, lo cierto es que la libertad de los medios de exhibir estos contenidos es “el efecto secundario” de una sociedad moderna, democrática y secular en que no existen limitaciones religiosas, ideológicas o de una moralina dudosa que lleven a la censura. Seguramente, en países con regímenes dominados por el integrismo religioso no aparecen culos en la televisión, así como tampoco las mujeres pueden mostrar sus piernas en la calle, descubrir su rostro o cabello o salir a la noche sin la compañía de un esposo. Las penas son severas para las mujeres que abandonan la virtud y las buenas costumbres.

El discurso de muchas feministas en relación a la exhibición de culos en la TV muestra la misma carga de moralina barata que exponen los ascetas religiosos que inventaron el Quaker y que rechazan la exhibición pública de lo erótico. Las feministas suelen negar la carga erótica que está presente en las relaciones entre humanos, y buscan imponer una sociedad que, para deshacerse de las inclinaciones más espontáneas (como contemplar un buen trasero), requiere una notable cantidad de correctivos y disciplina. El mundo sin exhibición de culos con que sueñan las feministas es un mundo represivo, desabrido, restringido en sus pasiones más auténticas. Es un mundo atravesado por una compulsión a la pureza e higiene que persigue deshacerse de la suciedad contenida en la sexualidad humana. Un mundo sin exhibición de culos es un mundo artificialmente des-sensualizado.

Pero lo peor es que cuando alguien se queja de la reducción a objeto que experimenta una vedette que aparece semi-desnuda en un programa de TV, está negando la voluntad de la vedette. Quien realmente “cosifica” es la feminista que no contempla la voluntad, el poder de decisión, que tuvo la vedette que encontró esta opción más deseable que otras alternativas que se le abrían en su camino. Lo cierto es que nadie la forzó a punta de pistola a bailar en la TV, y si esta mujer eligió este trabajo antes que otros (que la hubieran dispensado de tener que exhibir su cuerpo), ya sea en busca de dinero, fama o lo que sea, esa inclinación es parte de la subjetividad y voluntad de la mujer y debe ser contemplada al momento de realizar un análisis. Si no lo contemplamos, la tratamos como un objeto.

16 de agosto de 2011

Semblanza de New York City



En el centro de Manhattan de cada cinco personas, dos son WASP (White Anglo-Saxon Protestant) una es negra, una es latina, una es asiática. En Harlem, al norte de Manhattan, la estadística se vuelve favorable a las minorías. Los afro-americanos reconocen que prestan mucho cuidado a su cabello; en Harlem abundan las peluquerías a donde acuden para hacerse el mínimo retoque. Por las playas de Brooklyn, desde Coney Island hasta Brighton, sólo hay inmigrantes ucranianos. Los carteles de Coney Island muestran inglés y alfabeto cirílico.

Nunca ví un subte lleno. La gente permanece sentada y, a diferencia de Londres, Atenas o Buenos Aires, son pocos los que leen el diario mientras se transportan. Claro, no se distribuyen ejemplares gratuitos. Si se trata de material de lectura, uno escogería los avisos publicitarios de abogados; te ofrecen hacer juicios por daños o mala praxis y volverte millonario. Especulación haciendo nudismo. Más allá de esas insignias, el subterráneo está mal señalizado (en cambio, la TV está llena de tandas publicitarias). Falta refrigeración en los andenes y están acondicionados excesivamente los interiores de los vagones.

Un mendigo de veintipico (más joven que yo!), que otrora perteneció a la clase media, duerme sobre un sillón en la avenida Bowery de East Village. Cada vez que uno pasa a la noche, encuentra al mendigo leyendo un libro.

Las bebidas son dulces, mucho más dulces que en Argentina. Se destacan los sabores rojos como Moras o Cerezas. Si dejás menos propina que la esperable, los mozos te lo demandan con molestia ostensible. Los restaurantes se hacen presente sorpresivamente en los estadios de baseball. En la mitad del partido, algunos espectadores se sustraen de las gradas para ir cenar sushi o langostinos. Hay cartoneros, por si alguien creía que eran exclusividad del sub-desarrollo. La vida nocturna se apaga antes: a las 11.15 no encontrás dónde cenar y te preguntas si la calificación de "city that doesn't sleep" de Frank Sinatra no es exagerada.

A las 5 en Union Square se huye del trabajo. Increíble, pero entre los trabajadores liberados hay skate, hay mucha bici. El sábado el Great Lawn del Central Park sólo muestra gente arrojada sobre el césped haciendo pic nic o novatos practicantes del baseball; sin embargo, nadie vende comida de manera informal (pan caliente?!?!?!). También es cierto que hay menos Mc Donald's que lo que uno creería: sólo me crucé con 2 en todo el viaje. Deben tener más presencia en localidades del interior, allí donde hay norteamericanos de verdad, en vez de neoyorkinos que con los norteamericanos sólo presentan alguna vaga reminiscencia.

Aunque de lejos suene pintoresco, Chinatown es el Once. El MoMA hace que el Malba parezca una exposición de postales. El Soho hace que Palermo Soho parezca la sección de ropa del Carrefour.

El edificio donde se emplaza el museo Guggenhaim asciende como una escalera caracol. Es una buena metáfora del tiempo: es continuo, sin cortes ni rupturas, pero mirando hacia fuera se reconoce la progresión.

28 de julio de 2011

¿Por qué el antijudaismo no es un prejuicio más entre otros?


1) ¿Por qué el antijudaismo no es un prejuicio más entre otros? ¿Qué lo vuelve particular?

Las actitudes prejuiciosas hacia minorías étnicas, religiosas, políticas o sexuales son repudiables en todos los casos. No obstante, el antisemitismo se encuentra investido de un plus en relación a otras variantes de prejuicio. Por la estructura interna de la ideación, el antisemitismo no es equiparable en su forma al prejuicio y discriminación que en nuestro país sufren paraguayos, bolivianos, coreanos u otras minorías étnico-nacionales. El antisemitismo no debería ser comprendido únicamente como una modalidad de xenofobia, de hostilidad hacia lo extranjero o lo culturalmente inasimilable (aunque este puede ser un aspecto adicional en la ideación antisemita).

Lo particular del antijudaismo, aquello que lo distingue de otras variantes de prejuicio, es que, basándose en la mitología de la conspiración judía mundial, pretende erigirse en una clave interpretativa del todo social. Sobre la figura del judío se representa la incapacidad de una comunidad atravesada por conflictos de alcanzar su cierre armónico, su unidad orgánica. Cuando el antisemitismo penetra un aparato estatal de propaganda, el judío es vuelto la encarnación misma del Mal; es responsabilizado por la variedad de desajustes supuestos en la dinámica social: las crisis económicas y financieras, la inestabilidad política, el desempleo etc. Según este razonamiento, el judaísmo internacional urde oscuras conspiraciones para apoderarse del control de los Estados y ponerlos a trabajar a su beneficio. Dichas operaciones permanecen en las penumbras fuera de la visión del público, y su denuncia se vuelve un compromiso ético y una aventura nacional.

En pocas palabras, a diferencia de otras formas de prejuicio, el antisemitismo tiene la capacidad de trascender su estatuto de componente de una ideología más amplia para - apuntando a explicar el todo - tomar impulso como una ideología por sí misma, una ideología con mérito propio, o, al menos, el sustituto de una formulación política. Se vuelve entonces un esquema con el que se pretende explicar distintas esferas de la vida social (la economía, la política, la producción, las relaciones internacionales etc.). Como decía el socialdemócrata alemán August Bebel: “El antisemitismo es el socialismo de los imbéciles”.

Otra particularidad del antisemitismo es que construye su objeto a partir de la fórmula del “secreto”, de lo no visible. En cuanto que el Mal permanece fuera de la vista del público, en el terreno de oscuras intrigas internacionales (recordemos la acusación de D’elia en relación al vínculo “secreto” entre Shocklender y la Mossad), la sospecha puede extenderse hacia cualquier judío. La estigmatización del judío no se sostiene en rasgos externos o actitudes observables o adjudicadas (como sucede con otros tipos de prejuicios) sino en la sospecha sobre lo que no se conoce, en el misterio fantasmático que envuelve a la figura del “judaismo internacional” o su sustituto contemporáneo: el “sionismo”. Recordemos lo que decía Zizek (1) en relación al funcionamiento de la fantasía ideológica antisemita: la brecha que encuentra un ciudadano alemán de la década de 1930 entre el estereotipo del judío promovido por la propaganda nazi (maquinador, intrigador, explotador) y su vivencia personal de su vecino Stern, un hombre honesto y sencillo, puede ser la marca misma de la efectividad de la argumentación antisemita. La esencia maléfica del judío se encuentra en su capacidad de ocultar su esencia, esto lo vuelve peligroso.



2) ¿Por qué la Shoá no fue una matanza masiva más entre otras? ¿Qué la vuelve particular?

La historia humana ha registrado un sinfín de relatos horrorosos de exterminios planificados de poblaciones enteras, grupos étnicos o religiosos. Podemos citar desde las Cruzadas, pasando por el aniquilamiento de las poblaciones originarias en América hasta el genocidio del pueblo armenio. No obstante, existen características que hacen que la Shoá haya inaugurado un nuevo capítulo en el relato de infamia humana. Lo que se registra en el Holocausto nazi no es sólo la matanza planificada de millones de seres, sino la construcción de un montaje industrial para hacer más eficiente el aniquilamiento de personas, matando a más en menos tiempo y con el menor costo posible. A su vez aprovechando los cuerpos sin vida para la producción de insumos (luego de que el trabajo esclavo judío hubiera dejado su alma en la dura labor de las fábricas alemanas) es decir, valiéndose de hasta el último de los recursos físicos que pudiese extraerse de las víctimas, incluso después de su deceso. Se trata de la industrialización de la muerte en su máxima expresión. Como dice Zygmunt Bauman, la Shoá tiene un aire marcadamente moderno: “la modernidad contribuyó al Holocausto, no ya por su propia debilidad e ineptitud, sino de una manera directa y activa” (2).

La ciencia fue conducida a legitimar la discriminación y la muerte, puesta a investigar procedimientos que permitiesen afirmar con validez científica la superioridad de unas razas sobre otras. Como explica Raoul Hilberg - desestimando el argumento según el cual los perpetradores de la Shoá eran personajes irracionales que, sumidos en sus aspiraciones políticas, habían perdido contacto con la realidad - “los autores fueron hombres educados y de su tiempo. Este es el quid de la cuestión cada vez que reflexionamos sobre el significado de la civilización occidental después de Auschwitz” (3).

La Shoá se presenta como un caso extremo y único de deshumanización del grupo perseguido. Para ilustrar este aspecto basta con citar un párrafo de “Si esto es un hombre”, la obra de Primo Levi sobre su experiencia personal como prisionero en Auschwitz:

…los judíos, los gitanos y los eslavos eran ganado, desecho, inmundicia. Recordad el tatuaje de Auschwitz que imponía a los hombres la marca que se usa para los bovinos; el viaje en vagones de ganado, jamás abiertos, para obligar así a los deportados (hombres, mujeres y niños!) a yacer días y días en su propia suciedad; el número de matrícula que sustituye al nombre; la falta de cucharas (…) por la que los prisioneros debían lamer la sopa como perros; el inicuo aprovechamiento de los cadáveres, tratados como cualquier materia prima anónima, de la que se extraía el oro de los dientes, los cabellos como materia textil, las cenizas como fertilizantes agrícola; los hombres y mujeres degradados al nivel de conejillos de india para, antes de suprimirlos, experimentar medicamentos.(4)

La Shoá puede ser leída como el punto culmine (y desafortunado) de la confianza del racionalismo iluminista en el empleo de la técnica para aliviar los padecimientos de la humanidad. La Shoá es la contracara oscura de la ciencia que supuestamente ilumina.

3) ¿Qué cosas no están debidamente acentuadas en el relato oficial de la Shoá?

a) que la pasividad de los judíos frente a las matanzas tiene su explicación.

Como asevera Arendt, existen razones para explicar ese comportamiento (la pasividad frente a la muerte segura), ya que durante la Segunda Guerra Mundial se cometieron horrores frente a los cuales morir no era la peor de las penas. Muchas víctimas, fuera por la represalia o simplemente por la crueldad, eran sometidas a terribles torturas ante las cuales la muerte era un alivio; frente a eso, aquellos que morían rápidamente, con un tiro en la nuca o en las cámaras de gas, podían considerarse afortunados.(5)

b) que la violencia sexual contra las mujeres era una constante en ghettos y campos de concentración.

Ambas mujeres (sobrevivientes) eran reacias a relatar incidentes de violaciones y, así, cuestionar el patrón narrativo del Holocausto, que no incluye la victimización sexual de las mujeres. (…) Las mujeres judías fueron violadas por judíos y no judíos en ghettos y campos, si bien la evidencia para corroborar estos hechos suele ser anecdótica. Lo que ha sido corroborado por la mera repetición y la concurrencia de testimonios es el trueque de sexo en ghettos, campos y grupos de resistencia por alimento, ropa, refugio y protección (…) Las mujeres son casi siempre victimizadas en la guerra y el genocidio a causa de su género.(6)

c) que el antisemitismo aniquilacionista continuó vivo en Europa del Este inmediatamente después de culminada la guerra, haciendo de la concentración territorial de los refugiados judíos en Palestina un hecho casi inevitable.

¿Recuerdas a Gelber? Tenían esa gran panadería en Sosnowiec. Uno de los hijos sobrevivió y volvió a su casa…
Hombre polaco: ¿Qué quiere?
Gelber: Es la casa de mi familia. Soy Gelber.
Hombre polaco: Pensamos que Hitler los había matado a todos! Fuera judíos! Esta panadería es nuestra!
No sabía qué hacer. Pasó la noche en el cobertizo detrás de su casa. Los polacos fueron a buscarlo. Lo apalearon y lo colgaron. Para ESO sobrevivió.(7)

Citas bibliográficas
1. Zizek, Slavoj. El sublime objeto de la ideología. México D.F., Siglo Veintiuno Editores, 1989.
2. Bauman, Zygmunt. Modernidad y Holocausto. Madrid, Sequitur Editores, 2006.
3. Hilbberg, Raoul. La destrucción de los judíos europeos. Madrid, Akal, 2005
4. Levi, Primo. Si esto es un hombre. Barcelona, Muchnik Editores, 1987
5. Díaz de Oropeza, Gonzalo. “Cruzados de la muerte. Las Einsatzgruppen y los fusilamientos masivos en el frente del Este durante la Segunda Guerra Mundial”, en: Nuestra Memoria. Número 34, Diciembre 2010.
6. Goldenberg, Myrna. “Sexo, violación y supervivencia. La mujer judía y el Holocausto”, en: Nuestra Memoria. Número 34, Diciembre 2010.
7. Spiegelman, Art. Maus. Historia de un sobreviviente II. Y aquí comenzaron mis problemas. Buenos Aires, Emecé Editores, 2006.

11 de julio de 2011

Mi análisis sobre las elecciones a Jefe de Gobierno




A continuación ofrezco 4 claves interpretativas para comprender la victoria del PRO en las elecciones del 10 de julio.

1) Voto aspiracional


En marketing se denomina aspiracional al consumo que las clases bajas hacen de marcas y productos que orientan su comunicación principalmente al público ABC1. Para decirlo de forma sencilla, los pobres no encuentran en estas marcas una imagen de consumidor afín que los represente, sino la imagen del consumidor que les gustaría llegar a ser. Mediante este tipo de consumo, personas de estratos bajos alcanzan una percepción deseable de sí mismas, una imagen a la que aspiran en el marco de fantasías no exteriorizadas de ascenso social y afirmación individual en un entramado social jerarquizado. Hablamos de consumo aspiracional, por ejemplo, cuando vemos a un pibe laburante con unas suntuosas zapatillas Nike o una Blackberry a las que seguramente destinó buena parte de su sueldo.

Según los encuestadores, Macri tuvo un desempeño parejo a través de las clases sociales. Así como el voto de los segmentos altos se explica por un sentimiento de afinidad y pertenencia al colectivo que delimitan con su origen social los dirigentes del PRO (algunos de ellos de linaje tradicional y conservador como Federico Pinedo u Horacio Rodríguez Larreta), el fenómeno del voto macrista en los segmentos medio y bajo debe ser analizado desde la “aspiracionalidad”. Para individuos de la clase baja ser buscados por el PRO (que requiere de una base de sustentación que trascienda la extracción social de sus referentes) es experimentado como un reconocimiento subjetivo, una caricia para quienes más necesitan este tipo de gestos afirmativos. Ser mirado desde arriba es más complaciente que ser mirado por alguien a la misma altura.

Aunque se presente como un voto no ideológico, el esquema conceptual del PRO concentra los principales tópicos de la elite argentina: colocar la gestión en manos de tecnócratas que se conducen por criterios de eficiencia y racionalidad económica antes que por criterios visualizados como heterónomos (heterónomo sería, por ejemplo, la intervención de agentes que desvían el normal curso de la economía como los sindicatos); favorecer el avance de lo privado sobre lo público en la búsqueda de eficiencia; crear un Otros que perjudicaría a un Nosotros (los habitantes del conurbano que usan los servicios de salud de la ciudad; los bolivianos y peruanos que afluyen indiscriminamente a la Argentina y causan conflictividad social etc). No obstante, más allá del contenido elitista de su propuesta, el macrismo tracciona el voto de sectores medios y populares porque la apariencia “concheta” de sus dirigentes y militantes, el acento de zona norte de muchos de sus referentes, el gusto socialmente aceptado que connotan, se conjuga con la búsqueda de masividad democrática que hace que estos dirigentes pongan su mirada (oportunista o no) en los segmentos postergados. Lo que consumen con su voto muchos electores populares del PRO es la imagen de deseabilidad social por la que Evita no dudaba en vestirse con lujo y ornamentos enfrente de sus grasitas. Los pobres querían lucir elegantes como ella; y esta abundancia que no se tenía pero que se deseaba, era un elemento más que sostenía la identificación con el líder.


2) El triunfo del marketing publicitario sobre la política

Macri ha limpiado su vocabulario de todo huella que pudiera indicar la presencia de teoría política; se ha negado a hablar de política en ámbitos de difusión que le hubieran dado una buena oportunidad para hacerlo; y hasta Susana Giménez debió tranquilizarlo en una entrevista prometiéndole que no le preguntaría sobre la cosa pública.

Seguramente la palabra “política” connota negativamente para gran parte de los receptores. Política huele a tramolla, a negociado, a líder con clientela propia, a privilegios, en última instancia, a vicio. La campaña de Macri se basa fuertemente en la “agradabilidad”, en no presentar al público temas que puedan resultar indeseables por más que sea posible exhibir una buena resolución al respecto. La política ha sido reemplazada por herramientas de marketing político. La comunicación del PRO valiéndose de colores, globos, música y baile trabaja sobre la memoria emotiva de manera no muy distinta a Coca-Cola. La fórmula de la gaseosa: no sabemos bien por qué la consumimos, sólo sabemos que la Coca, en nuestra antojadiza cognición, está asociada a sensaciones agradables. Es el efecto de la publicidad que enlaza el producto con “momentos felices de nuestra vida”. Demuestra ser el esqueleto de la disciplina publicitaria: trabajar sobre lo emocional, no sobre lo racionalizable. Algo parecido hace el programa oficialista 678 cuando emplea como separador un desfile de fotografías de alegres anónimos en situaciones familiares reconfortantes con las que cualquier televidente puede identificarse. En última instancia, el racional que los panelistas del programa ofrecen en sus argumentos es cubierto con esta sutil patina de protección emocional. Pregunta: ¿cómo se preparó Filmus (el único candidato con chances de disputarle a Macri) para contrarrestar la estrategia emocional macrista que era, por lo menos, evidente?


3) Capital federal siempre busca diferenciarse


Cuando el oficialismo nacional era Menem y la Capital Federal votaba a la centro-izquierda se pensaba que ésta era una inclinación estable o permanente. Era una ilusión. La Ciudad de Buenos Aires no es de centro izquierda y no tiene un voto ideológico. Por el contrario este electorado, bastante narcisista y necesitado de diferenciación, demuestra orientaciones fluctuantes con alto nivel de autonomía. Tan alto el nivel de autonomía que raramente tolera alinearse con las tendencias en el plano nacional. Si el gobierno de CFK es leído como filo-izquierdista, las mismas acuarelas que estarían componiendo este color (derechos humanos, no represión de manifestaciones, planes de vivienda en manos de las Madres etc.) son vistas con desconfianza por el público porteño.

4) El daño que el kirchnerismo se inflige con su propia política comunicacional


Finalmente, debe ser remarcado que el espíritu de la época es bastante mejor que sus voceros. El esquema comunicacional oficialista (678, Duro de Domar, TVR, Victor Hugo y demás) aunque tiene el mérito de reavivar discusiones necesarias que antes no contaban con espacio en los medios, dificilmente consigue lo que se propone. La insistencia hasta la repetición sobre las buenas acciones del gobierno es de incierta eficacia (si las buenas acciones del gobierno son tan evidentes, ¿por qué se necesitaría semejante tutoría para reconocerlas?). La simplificación del escenario político con conceptos de dudoso rigor teórico como la “corpo” (exclusividad de un conglomerado multimediático cuidadosamente seleccionado; pero que deja afuera a otras industrias igualmente concentradas) puede ser experimentada como una afrenta a la inteligencia incluso por personas que no se jactan de ello. El examen estructural de conflictos que 678, en cambio, prefiere moralizar y personalizar es quizá un grado mayor de delicadeza que no sea justo demandar.

El problema es que demasiada vehemencia como la que expone este periodismo militante toca en el espectador una fibra sensible, humana y de naturaleza negativa: el sentimiento de culpa. Una retórica que señala, individualiza y culpabiliza no puede sino despertar un sentimiento de auto-reproche burgués (justificado o injustificado) que luego es devuelto bajo la forma de desapego. Desapego del público de clase media hacia 678 y la comunicación oficialista, desapego hacia el proyecto kirchnerista más allá de los aciertos objetivos que se reconozcan.

10 de junio de 2011

Monólogo sobre las marcas


Cuando me recibí de sociólogo me enfrenté a la decisión de qué hacer con mi título. Tenía dos vocaciones simultáneas: ofrecer mi cuerpo por dinero y ser oficinista. Y no podía decidirme: ofrezco mi cuerpo por dinero o soy oficinista. Finalmente llegué a una solución de compromiso, para hacer las dos cosas al mismo tiempo y empecé a trabajar en investigación de mercado.

Hacíamos estudios para marcas de consumo masivo, gaseosas, alimentos. Estudios para esos productos de limpieza que dicen eliminar al 99,9% de los gérmenes y las bacterias. Sí, escucharon bien: el 99,9%. ¿No podían invertir un 0,1% más y matar a todas? Yo no voy a la cajera del supermercado y le digo: "Disculpame, sólo tengo el 99,9% de lo que vale".

Cómo se aprovechan las marcas de los gérmenes y las bacterias para aumentar sus ventas. A través de esas publicidades catastróficas donde te aseguran que "los gérmenes y las bacterias son los peores enemigos de tu bebé". Sí, de tu bebé, del tuyo, no de los bebés en general. Quizá tu bebé está medio chapa. Claro, el tipo está convencido de que se pelea contra bacterias. Quizá también las invite a tomar la leche.

Lo decepcionante es que los bichitos no tienen la posibilidad de defenderse. Parece que el derecho a réplica no se aplica con los seres unicelulares. No pueden salir en el programa de Chiche Gelblung diciendo: "Mirá Chiche, nosotros intentamos ser lo más higiénicos posible, pero las condiciones socio-ambientales en que crecemos nos lo impide".

A veces a las marcas les sale el tiro por la culata en su pretensión de aprovecharse de los seres microscópicos. Por ejemplo, aquella publicidad de La Serenisima en que Pancho Ibañez aseguraba que la empresa había reducido la cantidad de bacterias presentes en la leche: ahora sólo había 50 millones por centímetro cúbico. Ah, joya, perfecto, me quedo más tranquilo.

Otra cosa que me molesta de las marcas son las promociones en las tapitas. No por la promoción en sí misma, sino porque los kioskeros hacen todo lo que está a su alcance para impedirte que cobres el premio. ¿Ya que lanzan estas promociones, no podrían al menos acordarlo con los kioskeros?. El tipo te dice: "Mirá papi, ya se terminó la promoción, está vencida", o si no: "Mirá papi, nosotros no somos centro de canje", esa respuesta ya es más sofisticada, el kioskero estuvo estudiando derecho para contestarte así. O una muy buena: "Mirá papi, no trabajo con esa promoción". ¿Cómo que no trabajás con la promoción? En las bases de la promoción dice que es válida para todo el territorio de la República Argentina. ¿Sos un secesionista acaso? Es más fácil que te vendan merca en un kiosco a que te canjeen la tapita.

Lo segundo que odio de las marcas son los números telefónicos de atención al consumidor que nunca, pero nunca, están atendidos por seres humanos. Siempre te atiende la fucking máquina de opciones automáticas. Y uno ruega que no atienda. Qué no atienda la máquina, que no atienda la máquina, que haya bajado a comprar puchos, que esté en su horario de almuerzo, pero por favor que no me toque. Prefiero mil veces encontrarme del otro aldo con una voz humana, por más que sea alemana y que corresponda a Klaus Barbie, el carnicero de Treblinka.

Pero finalmente te atiende la estúpida máquina. "Bu-nos-días-bien-veni-do-al-servicio-de..." todo entrecortado, claro, porque es el colmo de la división del trabajo, para abaratar costos costos graban un fragmento en México, otro en Puerto Rico, había una locutora en Chile que les ofrecía un Buenos Días a muy buen precio y se lo compraron. Y la máquina te habla de esta manera: "Si usted desea...presione 1; si usted desea...presione 2...y así hasta el 9". ¿Y cómo mierda ajusto lo que deseo a estas opciones? ¿Cómo mierda se lo explico? Lo que deseo tiene algo del 2, definitivamente, pero tirando hacia el 5. Y quizá tanto el 2 como el 5 estén finalmente incluidas en el 8. Encima no prestás atención a todas las opciones, porque estás esperando que al final haya una opción que sea "comunicarse con una operadora". Pero esa opción no aparece y decís: "Fuck, me perdí de atender todas las opciones anteriores"

15 de marzo de 2011

El Top Five de los argumentos socio-políticos más berretas


1) “Cómo es posible que en un país que produce alimentos para 8 veces su población, haya gente que se muere de hambre”

En una economía capitalista importa poco cuál sea la capacidad de producir alimentos de “la Argentina”, porque los alimentos no pertenecen a “la Argentina” sino al señor capitalista, que hará con ellos lo que más le convenga a su bolsillo. Si el señor capitalista requiere destruir parte de la cosecha de trigo para recomponer su precio en el mercado a través de una disminución de la oferta, no dudará en hacerlo aunque haya gente que se muera de hambre (esto es lo que ocurre efectivamente).

2) “Hice mi riqueza honestamente, con mucho esfuerzo”.

La idea de que existe una riqueza generada con esfuerzo y otra sin esfuerzo es una distinción falsa, confusa, que conduce a perder de vista el punto central: toda riqueza consiste en la acumulación sucesiva de una porción no recompensada del trabajo de los trabajadores. Es decir, el trabajo genera un valor que es cercenado, arrancado de las manos del trabajador a través del pago del salario, una modalidad perfectamente “honesta” de hacer negocios. La verdadera transgresión está del lado de la Ley. Como decía Bertolt Brecht: “¿Qué significa el robo a un banco al lado de la apertura de un nuevo banco?”.


3) “Queremos resolver el problema de la inseguridad para vivir tranquilos”.

Esta frase resume la falsedad subjetiva de quienes creen que tienen algo material que perder. Podría traducirse así: “Mi intención es seguir acumulando riqueza, vivir una vida cómoda indiferente a la miseria de los otros, y no pagar el precio de que algún miserable aspire a vivir mi vida (apropiandose de mis bienes) o a estropear mi vida (acabando con ella)”. Para entender esto hay que retomar la dialéctica del Amo y del Esclavo de Hegel. El Esclavo es una persona que teme a la muerte violenta. Es capaz de entregar todo lo que tiene, y entregarse a sí mismo al dominio del Amo, a cambio de conjurar la amenaza de una muerte violenta. El Amo es, en cambio, un temerario, una persona que no cede ante el temor y en su desentendimiento y negación de la muerte consigue dominar al Esclavo. Traducido: quienes aceptan la propiedad privada como el sistema que regula las relaciones humanas, aceptan (lo sepan o no) la muerte violenta como una posibilidad. Son temerarios, imprudentes, lo sepan o no.

4) “La delincuencia va de la mano de la pobreza”.

Ninguna banda delictiva que invierte cientos de miles de pesos en armamento, vehículos, inteligencia, drogas, pagos a colaboradores y equipamiento diverso, lleva una economía de subsistencia. Los delincuentes que secuestran y matan desean amasar guita de verdad y se organizan con una inversión acorde. Y no debería sorprendernos ya que “tener mucha guita sin importar de qué manera”, parece ser el mensaje principal que transmiten los medios de comunicación. Más bien, la aspiración de tener mucha guita se ubica en el núcleo mismo de la economía capitalista; es lo que pone en movimiento a la sociedad por sobre otras motivaciones. Por lo tanto, si “amasar guita” es presentada como la meta última, ¿cómo pueden condenar al delincuente, quien lleva este ideal capitalista a su apoteosis, a su punto más elevado? ¿Existe algo más parecido a una empresa capitalista que una banda delictiva, con sus jerarquías, su división de tareas, su esquema de inversiones, su medición del costo-beneficio (el costo de hacer el atraco y el beneficio económico que puede entregar)? En conclusión, la delincuencia no se origina en la pobreza sino en el espíritu de lucro y los valores sociales que éste impone.

5) “Lo que quiere la gente es que solucionen sus problemas de todos los días”.

Por supuesto, quien hace esta afirmación está postulando un sujeto imaginario, la “gente”, sobre el que proyecta sus propias aspiraciones personales. Generalmente, quienes profieren la frase son tecnócratas ávidos de privar a la política de su potencia transformadora, para volverla una mera actividad de gestión de los bienes y del presente. ¿Y si los problemas de “todos los días” no tuvieran nada que ver con “lo observable de todos los días”? ¿Y si el hilo que une las causas con las consecuencias permaneciera invisible, no fuese de naturaleza tangible? ¿Qué pasa si alguien afirma que la drogadicción o el alcoholismo están asociados a la frustración propia de una sociedad consumista en que el sujeto no encuentra el objeto de consumo satisfactorio que se ajuste a la apertura radical que introduce el Ser? Es una posición más auténtica que la convicción de que los “problemas de la gente” son los baches y la recolección de la basura.

5 de marzo de 2011

Preguntas que requieren de un sociólogo para ser contestadas


En esta edición: ¿por qué los niños-pide-monedas argentinos no tienen la mística y el charm de los niños-pide-monedas de Europa del Este?

Todas las personas que frecuentamos el subte antes de la crisis del 2001 (fecha en que muchos inmigrantes prefieren abandonar nuestro país hacia destinos más prósperos) comprobamos el contraste entre la poderosa presencia escénica de un niño-pide-monedas rumano, con su acordeón del que brotan hermosísimas melodías gitanas, y la pobre performance del niño-pide-monedas argentino, trayéndonos a capela "La vaca estudiosa", "Color esperanza" o algún (desubicado por su escenario) jingle de Quilmes. ¿Por que esta abismal diferencia entre unos y otros? ¿Se tratan de diferencias culturales? ¿Será acaso que en Rumania el público del subte es más exigente con sus niños-pide-monedas? Analicemos la cuestión.

El niño, ya sea proveniente de Rumania, Bulgaria, Yugoslavia o cualquier otro país que le haya negado el espacio que requería su talento, nos observa con ojos firmes como el algarrobo mientras cuelga de su nariz mocosidad gitana, secreto índice del espíritu gitano que habita su cuerpo. Este cuerpecito anticipa una fisonomía robusta, oscura y varonil, semejante a la del personaje de "Soy Gitano". Mística balcánica expele su mirada de indiferencia frente a ese público tan vulgar que le ha tocado en suerte, espectadores inconscientes del saber milenario de los cožes, kolos y otras danzas serbias que recorre en su cuidado repertorio.

En cambio el niño argentino parece, en el mejor de los casos, drogado con poxiram. Nos atormenta con su imperativo llamado a aplaudirlo, nos fuerza a darle la mano mientras nos mira con ojos perdidos y ganas de vomitar. Y finalmente entona algún tema comercial y efectivo con el mismo entusiasmo con el que se le canta a la bandera por las mañanas.

¿Cómo se explica sociológicamente el encanto que producen unos frente a la desazón que generan los otros?

Respuesta: la amplia difusión de la obra cinematográfica del realizador bosnio
Emir Kusturica que ha cambiado el "mito del buen salvaje" por el "mito del buen gitano" y nos ha conducido a estremecernos frente a cualquier chico que creamos capaz de traducir el tema 3 de la banda de sonido de Underground.

11 de noviembre de 2010

4 de noviembre de 2010

29 de septiembre de 2010

Reseña de mi novela "De cómo perder lo que nunca se tuvo"

Mijal, una de las más talentosas bloggers de la red, se tomado el trabajo de reseñar mi primera novela, De cómo perder lo que nunca se tuvo. Les paso el link: hormonales.blogspot.com/2010/09/del-y-para-el-transeunte.html

29 de julio de 2010

"Abdul Barenboim presenta" cine de Medio Oriente


Abdul Barenboim presenta: Cine de Medio Oriente

Nutridos de cariño y agradecimiento hacia este ser humano ejemplar, hemos respondido finalmente a la convocatoria de Abdul Barenboim para conseguir a través de la proyección de films aquello que Abdul no se cansaba de repetirnos: “Hay que darle una nueva oportunidad a la paz” (op. cit. pp.16-25 Teoría del cine y estrategia geo-política, 1992, Editorial Amorrortu, Barcelona).

Abdul Barenboim, de madre idishe y padre arabim, se ha convertido sin duda en el crítico de cine que más ha contribuido a la paz en la Medialuna Fértil. Años de lucha a través de sus reseñas cinematográficas le han valido este lugar. Su vida ha sido trazada por el esfuerzo y muchas veces por la derrota: en 1992, su iniciativa de realizar una versión desmilitarizada de Indiana Jones, no encontró una cálida acogida entre los productores de Holywood. Anteriormente había recibido escaso interés su llamado público a dotar a la saga Rambo de un personaje adicional, un Casco Azul de la ONU que fuese el mejor amigo y compinche del protagonista en su derrotero.

Luego de haberse consagrado en la escena de la crítica de cine, Abdul decidió entonces dar un importante paso en su carrera: convertirse él mismo en un realizador. Nos llegan así sus obras más célebres, con las que, para muchos teóricos, se inaugura un nuevo género en la pantalla grande: el musical ecuménico. Sus películas “Desde el Koranzón” y “Amor Torahxico”, han recorrido el mundo árabe-israelí para luego ser llevadas al teatro de Broadway.

Hoy tenemos el orgullo de presentar 4 de las 5 películas preferidas de Abdul, tal como consta en la última entrevista que el crítico concedió a la prensa (op cit. p. 23, Revista Viva, 23/02/01, Clarín). Se proyectarán en este ciclo: Mur, Escritores de la frontera, Venganza por uno de mis dos ojos y, por último, Intervención divina.

3 de abril de 2010

28 de marzo de 2010

19 de marzo de 2010