---x--- El más ambicioso proyecto: clasificar a la totalidad de la juventud argentina ---x---

4 de septiembre de 2012

Boquetes caseros


Detrás de los boquetes producidos durante el célebre motín en la cárcel de Caseros había un vacío arquitectónico que los convictos intentaron remendar. Gaspar Liebedinsky estudió este fenómeno y sus componentes materiales y los transformó en piezas de arte.

Gaspar Libedinsky es un arquitecto y artista cuyo trabajo ha encontrado más eco en el exterior que en su Argentina natal. Egresado de la exclusiva escuela de la Architectural Association en Londres, reseñado por revistas internacionales de arquitectura (como la influyente Domus de Milán), a sus 35 años reconoce que Cultra es el primer medio local que se interesa por su serie sobre la cárcel de Caseros, su proyecto más extenso (iniciado hace casi diez años) y más notable. Esta profunda exploración artística lo llevó a descubrir la historia del penal de Caseros que muestra un recorrido errante, modificado por la acción directa de los reclusos.

La cárcel se diseñó en democracia con buenas intenciones, concebida para albergar a encausados sin condena firme, cercana a los Tribunales para agilizar procesos legales. Estaba pensada para estadías de cuatro a seis meses, pero durante la última dictadura los militares la emplearon como una cárcel común, a pesar de que arquitectónicamente no estaba preparada para ello. “Al retorno de la democracia, los presos le demandaron al edificio lo que la arquitectura no podía ofrecer”, explica el artista y agrega: “Caseros tenía un sistema de celdas unicelulares, los presos pidieron que sean abiertas y entrasen en comunicación. Se les concedió esta licencia y tiempo después estalló un motín”. Según Libedinsky este acontecimiento disruptivo tuvo su significado: “La construcción de un sistema significó la destrucción de otro, de allí el exceso del motín”.

La obra del artista se concentra en un elemento muy simple pero cuyas consecuencias son bastante complejas: el boquete en la pared. “Durante los disturbios, la posibilidad súbita de vincular diferentes celdas, diferentes niveles e incluso conectarse con el exterior, volvía al boquete un sistema de comunicación insuperable, capaz incluso de revertir el efecto panóptico”. El panóptico que nombra el arquitecto, un concepto extraído de la jerga de las ciencias sociales, refiere a un sistema bajo el cual los convictos se sienten vigilados sin necesidad de que efectivamente sea así.

“La cárcel es el uso más extremo de la arquitectura, que genera una vivencia en que el espacio se consume. En todo el mundo las cárceles no son parte de la ciudad, suelen ser federales, es decir, son un vacío en la ciudad”, sentencia Gaspar Libedinsky para justificar su interés por las prisiones y las transformaciones espontáneas en la arquitectura que fuerzan sus habitantes. “Considero a Caseros, por la adaptación que ha sufrido de los habitantes, uno de los edificios más extraordinarios de Buenos Aires”, agrega.

Para su proyecto, el artista consiguió la ingeniería necesaria para cortar un pedazo de pared que exhibiera un boquete y llevarlo al Rosedal. En el traslado filmó a través del orificio, volviéndolo una lente que mira Buenos Aires. Se registró entonces el trayecto vertical del boquete cuando es bajado del edificio, y su traslado horizontal hacia un nuevo sitio desde el que se contempla lo que el autor denomina “una vista hedonista de Buenos Aires”. La serie continuó con una videoinstalación en que, golpe a golpe, el artista diseccionó una pared convirtiendo a la acción en una performance arquitectónica, dinámica y física. “Posteriormente hice una recreación de esta maniobra para la apertura de la película El hombre de al lado”, cuenta el arquitecto.

En la muestra Productos Caseros, exhibida en el Museo de Arquitectura y Diseño en julio, se expusieron además dos obras sitio-específicas. Se trató de orificios sobre la pared que permitían espiar el exterior y que reconectaban a la sala del museo con su contexto. El autor justifica esta obra mínima por la ubicación del edificio: “El afuera es un lugar complejo: Avenida del Libertador y Callao, la intersección de una Buenos Aires opulenta con la Villa 31, las vías del tren, los márgenes”.

La serie sobre la cárcel de Caseros se completa con fotografías de Buenos Aires vista a través de diversos boquetes, y un registro audiovisual de la operación quirúrgica para extraer el pedazo de la pared del penal. Recientemente se sumó la obra Cuckoo, que es una cajita de pájaro con su agujero tapiado. Una película es proyectada sobre la fachada de la caja en que el agujero se vuelve a componer. Para Libedisnky, el video de la reconocida videoartista norteamericana Heidi Kumao “genera las posibilidades espaciales negadas por la materialidad de la casa” y agrega: “Es otra muestra de arquitectura mínima, que es uno de los ejes de mis trabajos recientes”.

El arquitecto narra con orgullo su versatilidad para pasar de diseñar obras de escala urbana como el High Line Park (Nueva York), un parque creado en la plataforma de un viejo ferrocarril elevado sobre el nivel del suelo, al minimalismo de sus creaciones anteriores: Arquitectura para el pie y Mr. Trapo. En la primera se produjo una serie de alfombras con recortes de secciones específicas que, debidamente plegadas, adquirían una forma similar a una pantufla; en la segunda, el artista adquirió, de mano de los informales “trapitos” que cuidan autos en la calle, franelas y trapos rejillas con los que elaboró prendas de vestir de acuerdo a lo que cada tela le pedía. “Unas pedían a gritos ser traje, otras cardigan”, recuerda.

El artista reconoce que ha transitado caminos en que ningún otro artista se interesó: “Debo ser la única persona que tuvo una propuesta en torno a la preservación de la antigua cárcel. Lo interesante es la superposición del diseño original con el operado por los internos, que nos permite hablar de un diseño hecho por fases”. La obra del autor exhibe esta preocupación por la forma en que las personas generan identidad y se apropian de los espacios físicos con los que se encuentran. Así es como el autor alcanza su objetivo perseguido: operar en el espacio público-privado mediando entre la escala urbana y la intimidad del cuerpo.

Nota publicada en revista Cultra de Septiembre.

18 de agosto de 2012

¿Existen los sionistas?

En debates públicos, es frecuente que líderes de agrupaciones de izquierda y grupos nacionalistas caractericen como “enemigos sionistas” a las organizaciones comunitarias judeo-argentinas DAIA y AMIA y a personas de origen judío, como el empresario otrora escrachado Eduardo Elsztain. Concretamente se los acusa de complicidad en acontecimientos del Medio Oriente. Ahora bien, ¿existen hoy en día los sionistas? A lo largo de este escrito intentaré demostrar que “sionista”, antes que ser una característica comprobable de una persona real, es una configuración discursiva fantasmática, difusa y amenazante, a la que los antisemitas adjudican los mismos atributos negativos que tradicionalmente se encontraban reunidos en la figura del judío.

En primer lugar, dado que AMIA y DAIA son muchas veces blanco de las acusaciones cuando el tema es el conflicto de Medio Oriente, cabe preguntarse: ¿son AMIA o DAIA organizaciones sionistas?

La AMIA y la DAIA pueden tomar posición en relación a la disputa, y hacer declaraciones al respecto en el sentido en que lo entiendan (ya que vivimos en una democracia que garantiza la libertad de expresión). Eso no cambia en absoluto el hecho de que AMIA o DAIA, como cualquier otra organización comunitaria local, no tienen ninguna intervención en las políticas del gobierno israelí de turno, no tienen ningún tipo de injerencia en la vida política, partidaria o ciudadana del Estado de Israel y, por lo tanto, no son organizaciones sionistas. Por supuesto, hay algo que debe ser dicho sobre su toma de posición: si estas organizaciones aspiran a representar a la totalidad de la comunidad judía argentina deberían tener más contemplación de la existencia de judíos que, legítimamente, no se identifican con las políticas israelíes.

Ahora bien, ¿tiene sentido adjudicar a un judío diaspórico la condición de sionista? Pretender involucrar de alguna manera a los judíos argentinos con las decisiones que toma el Estado de Israel es lo mismo que vincular a ciudadanos franco-argentinos con las políticas migratorias que toma Sarkozy (que de hecho, también perjudican a población árabe. Porque Israel no es el único estado en el mundo cuyas políticas perjudican a los árabes. Para no hablar de los estados árabes cuyas políticas perjudican a los árabes). Incluso existen ciudadanos franco-argentinos que efectivamente toman parte de las elecciones francesas y eligen a su Primer Ministro y legisladores. En cambio los judíos argentinos, en su enorme mayoría, no participan de la vida política ni ciudadana del Estado de Israel y lo único que los liga con ese país es un lazo afectivo por tener parientes viviendo allí o entenderlo un lugar importante para la vida judía. 

¿Pero hay o no hay individuos sionistas? Lo mínimo que se necesita para considerar a una persona sionista es que milite en un partido o movimiento que se autodenomine de esa manera. Un trotskista, muy ajustadamente, es una persona que milita en un partido trotskista. Hoy en día, para judíos e israelíes, el sionismo es una identidad obsoleta, de una generación pretérita. A pocos les atrae leer autores sionistas o militar en esa ideología. No es suficiente con que una persona declare que el Estado de Israel tiene derecho a existir para considerarla sionista.

¿Pero entonces por qué se distribuye con tanta facilidad y gratuidad el calificativo de “sionista” en acusaciones animosas y denostativas? Lo que sucede es que, en el marco de teorías de la conspiración judía mundial, se crea un ente fantasmático, difuso y amenazador que es el "sionismo" al que se adjudican todos los atributos negativos que tradicionalmente se depositaban sobre la figura del judío. El poder omnipotente, las redes extendidas a nivel planetario, la actividad secreta o en las penumbras, el control sobre la política exterior de potencias occidentales, la posibilidad de comprarlo todo con dinero, la infiltración en los medios de comunicación etc. Alcanza con escuchar detenidamente  declaraciones "antisionistas" de personajes de la izquierda nacional para reconocer la estigmatización propia de la judeofobia tradicional.

Así es como arribo al núcleo de mi ponencia: las críticas al Estado de Israel pueden dividirse en dos tipos. En el primer grupo, los cuestionamientos proceden de un compromiso con valores humanistas, universalistas; posturas que abrevan en las aguas del racionalismo, demuestran cierta proximidad con el pensamiento liberal y ponen el énfasis en la defensa de los derechos humanos y en la afirmación de la vida humana como un valor supremo que no admite sacrificio en miras a causa alguna. En esta tradición es posible agrupar a las posiciones del polémico editorialista del periódico Haaretz, Gideon Levy; a documentalistas y cineastas israelíes como Avi Mograbi, Yoav Shamir, Eyal Sivan, Simone Bitton; a organismos de derechos humanos israelíes e internacionales como B'tselem o Amnesty Internacional. Cuando este tipo de críticas “universalistas” se comprueba en el mundo árabe, es de la mano de catedráticos que, la mayoría de las veces, han cursado sus estudios en el exterior y han tenido contacto con el campo académico europeo o norteamericano. Este es el caso de Edward Said y Fouad Ajami. En sus escritos han advertido a los árabes en contra de la tentación de esgrimir argumentos antijudíos o mitos conspirativos para hacer escuchar su voz en el conflicto. Es el tipo de críticas con las que me identifico cada vez que Israel recurre con demasiada facilidad a las soluciones bélicas y confía en su fortaleza militar como un talismán frente a cualquier amenaza.

El segundo tipo de crítica contra el Estado de Israel es aquella que se nutre de la anquilosada mitología de la conspiración judía mundial, reemplazando “judío” por “sionista”. Según esta tradición, la usurpación de Palestina es el resultado de una conspiración en la que se combinan la extorsión a las potencias occidentales para controlar su política exterior, el “poder del oro” judío, la infiltración de los judíos en los medios de comunicación acompañados en el empeño por sus aliados masones y liberales. Esta modalidad de crítica al Estado de Israel puede albergar componentes de nacionalismo, romanticismo, islamismo, fantasía paranoica, reduccionismo de izquierda y judeofobia tradicional, ya sea en su variedad occidental o árabe/musulmana. Ejemplos de este campo en América Latina lo constituyen Luis D'Elia, Hugo Chávez, Evo Morales, Hebe de Bonafini, Roberto Martino del Movimiento Teresa Rodríguez, Fernando Esteche de Quebracho y otros personajes auto-denominados de izquierda.

 En ocasiones la fórmula del antisemitismo contemporáneo consiste en emplear una definición tan amplia del "enemigo sionista" (todo aquél que declare que Israel tiene derecho a existir) que finalmente la casi totalidad de los judíos del mundo son "enemigos sionistas", incluso quienes no están ni elementalmente imbuidos del tema. Entonces la fórmula quedaría así: "yo no tengo nada contra los judíos, sólo contra el 90% de ellos".

Aun cuando es posible aceptar que “antisionismo” y “antijudaismo” son términos teóricamente distintos el problema es el siguiente: cuando tomamos las consignas antisionistas “demasiado en serio”, nos encontramos con los efectos antisemitas como un resultado no deseado de nuestra acción. Es decir, si llevamos las consignas del antisionismo hasta sus últimas consecuencias habría que reconocer que el resultado podría ser letal y dramático para los judíos de Medio Oriente: ¿es posible imaginar al Estado de Israel siendo desmantelado libremente por sus enemigos sin que esto tenga como consecuencia directa la muerte de miles de judíos? Ergo, aunque “antisemitismo” y “antisionismo” sean dos objetos teóricamente distintos, la realización final de la “destrucción del Estado de Israel” no podría acometerse sin el exterminio de judíos, sea planificado o no planificado.

Incluso si alguien argumentase que efectivamente es posible desmantelar la entidad estatal israelí sin producir daños a sus habitantes, lo que ha demostrado la historia es exactamente lo contrario: las reacciones contra el Estado de Israel alrededor del globo han tenido como blanco a judíos, ya sean éstos sionistas, no sionistas o antisionistas. Los agresores no se detuvieron a preguntar cuáles eran las convicciones políticas de las víctimas antes de proceder.

El conflicto de Medio Oriente es un tema que, eventualmente, resolverán los actores involucrados (es decir, israelíes y palestinos) sentándose a negociar punto por punto: fronteras, refugiados, Jerusalem Este, asentamientos, reconocimiento del Estado de Israel, lucha armada etc. No es algo en que tenga injerencia ningún judío diaspórico ni sus organizaciones y ni siquiera la mayoría de los israelíes sino, como en todas las cosas, sus gobernantes.

Precisamente, porque el objetivo final es que haya una negociación hacia la paz y la co-existencia de dos estados, no hay nadie que haga más por alejarse de ese camino que quienes son permisivos con el antisemitismo en el mundo árabe/islámico y las teorías de la conspiración. Quienes se creen los más intensos en la lucha por los derechos de los palestinos (que, por cierto, deben ser atendidos en forma urgente) son quienes sostienen las posiciones que más obstaculizan una negociación real y efectiva.

16 de agosto de 2012

Teatro: un experimento de laboratorio

Íntimos, una creación de Proyecto Híbridos, no es una obra de teatro, sino una experiencia performática en que se quiebra el dispositivo teatral convencional para permitir la emergencia de otro aun más novedoso. La idea es ésta: el público entra a la sala, un cartel con su nombre pegado en el pecho, se sienta en una ronda de sillas. Un actor (claramente, un actor) empieza a hablar y se presenta como coordinador de una terapia grupal. A partir de entonces el espectador ya no podrá reconocer si las personas que intervienen una tras otra son actores u otros integrantes del público como él mismo.  La consigna está clara desde el principio: cualquiera puede participar, la palabra es bienvenida. Y entonces surge la confusión y el interrogante: ¿el que habla a mi lado es un actor o un espectador?, ¿cuál es su motivación para tomar la palabra?,  ¿habla desde su inocencia o desde un guión?, ¿cuál es la posición objetiva de esta persona que sostiene su manifestación subjetiva? La pieza teatral juega de esta manera con los límites entre la ficción y la realidad, inmersos en una fantasía cuasi-paranoica en que nadie puede evitar sentirse en un grupo infiltrado ¿Quién será el “topo” entre los presentes? Existen claros indicios que señalan a algunos participantes, notoriamente caracterizados y elocuentemente guionados, como actores. Pero sobre el final de la obra, cuando las cartas se colocan sobre la mesa, se comprueba que las sospechas no eran siempre justificadas. 
Manteniendo la confusión y sospecha como contexto, se suceden ante los ojos de los espectadores (los verdaderos y los falsos, aunque llegado a un punto la pregunta por la autenticidad se disuelve para estresar el hecho de que la palabra es siempre un acto performativo) tramas espontáneas e improvisadas, situaciones insólitas e inesperadas, y la exposición de conflictos emocionales que oscilan entre la risa incrédula y el silencio de estupor y conmoción. Las convenciones del teatro están radicalmente alteradas en este proyecto. Se parte del quiebre inicial de un contrato con el público que sitúa a los actores en un otro lado. La revolución que opera Proyecto Híbridos  es similar a aquella revolución que separa a la psicología pre-freudiana del análisis freudiano: de un público que se conoce a sí mismo, se reconoce, puede enunciar un “nosotros”, pasamos a un público desconocedor, imposibilitado de señalar sus límites, envuelto en una escena de la que no puede desprenderse ni siquiera voluntariamente.
La incertidumbre genera este interrogante: ¿cuál es la medida de la participación justa, razonable y aceptada de un espectador en esta pieza?. Cada uno que se atreva a abrir la boca en el transcurso (variable) de la sesión tiene derecho a preguntarse “¿no estaré yendo demasiado lejos, asomando demasiado la cabeza, poniéndome en off side?” Al no conocer quiénes son los pares, los iguales, es imposible tener una medida de la propia conducta (arribando al corolario con el que empieza Karl Marx su capítulo dedicado al intercambio, según el cual una mercancía reconoce su valor reflejándose en otra mercancía de la misma manera en que un persona reconoce la medida de su humanidad en otra persona). 
Los guiones que fundan los relatos de cada personaje, los nudos básicos en los que se posiciona cada uno para desplegar una historia (sobre la que los imponderables de la dinámica grupal dictarán su destino final) han sido encomendados a siete escritores. Posteriormente han sido presentados a los actores y distribuidos los roles entre todos. Pero hay más que el guión actoral. Antes de ingresar a la sala, a los espectadores se les entrega una consigna, una propuesta para que desarrollen una acción o conducta durante la obra. Por ejemplo, “tenés un tic nervioso”, “no podés parar de seducir” o “te hiciste cirugías estéticas”. Cuando estas sugerencias dan con personas atrevidas o al menos desinhibidas, se refuerza aun más el efecto performativo entre los mortales espectadores. Esto último  termina volviendo a la cita un experimento del laboratorio de psicología social antes que una mera puesta en escena teatral.

Nota publicada en Revista Cultra: http://cultrateatro.blogspot.com.ar/2012/08/un-experimento-de-laboratorio.html

4 de agosto de 2012

Cosas que aprendí en Sociología: el cuerpo moderno y el cuerpo posmoderno.


El pensamiento racionalista de Descartes reduce al cuerpo a ser un objeto más, otra sustancia regida por las leyes naturales y que, por ocupar un lugar en el espacio es objeto de mensura e intervención humana. Este dualismo del cuerpo y la mente funda otras dicotomías semejantes como ser la de la cultura y la naturaleza, lo material y lo espiritual. Sus marcas se pueden ver en las diferentes corrientes filosóficas contemporáneas. El cuerpo se vuelve entonces una materia que no sólo puede corromperse sino que está sometida a este proceso incólume de degradación. Mientras que el pensamiento es elevado a la más alta jerarquía y considerado como puro e inagotable, el cuerpo es la materia que se puede intervenir, modificar, disciplinar.

El primer cambio que acontece en la posmodernidad es una consecuencia inevitable de la mayor individuación. Ante el nuevo predominio de la realización individual, este foco súbito e intenso sobre la persona, el cuerpo pasa a ser la medida del límite, la materia que posibilita la separación entre el yo y los otros. La subjetividad posmoderna es típicamente narcisista, surgida de los procesos de personalización y estetización del yo. En términos ideológicos, las grandes causas modernas son reemplazadas por una microingeniería de la vida cotidiana donde el sujeto se propone alcanzar el bienestar y la felicidad a través de la realización individual (el éxito profesional, la práctica deportiva, terapias alternativas, la autoayuda etc.). Esto conlleva a una enorme apatía en términos políticos, un descreimiento del sistema de partidos y falta de interés por todo tipo de asociaciones colectivas que trasciendan la ética individual.

Generar un culto del cuidado y la estética corporal es casi una consecuencia directa del individualismo. La búsqueda obsesiva de la juventud es también una huida ciega de la inevitable e inquebrantable muerte. Se persigue la evitación de la dolorosa idea de la descomposición de la materia corporal, sustentado por un auge descomunal de la vida cibernética en donde la degradación de los material parecería no tener sitio. La fantasía de escaparle a la ruin y corrompible materia está apuntalada por promesas provenientes del campo tecnológico.

El cultivo del cuerpo permite la aparición de un completo mercado dedicado al cuidado estético, volviéndose aquellos productos de primera necesidad. En este contexto el cuerpo es monitoreado, luchando contra la descomposición de la materia. Se intenta descrifrar los signos de esta degradación y combatirlos. Las intervenciones quirúrgicas abandonan el limitado cerco del campo médico para trasponerse en el campo de la estética. La propuesta es reciclar el cuerpo, como si se tratase de una obra arquitectónica, junto a la contribución del deporte y las dietas. 

La seducción reemplaza entonces al paradigma del control y la supervisión de la modernidad. Las relaciones de producción pierden terreno frente a las relaciones de atracción, que se erigen como reguladoras de los ámbitos del consumo y de la producción social. La tendencia al hedonismo y al ocio productivo se instalan y movilizan recursos tras de sí.

El hedonismo es un estilo de vida, caracterizado por la apertura a la experiencia placentera y al cultivo de lo sensual. Usualmente el hedonismo es rechazado desde una perspectiva moral y se lo acusa de conspirar contra una auténtica felicidad en el largo plazo.

21 de julio de 2012

Diálogo real con intrusión de lo Real.


-Hola. ¿Qué tal? ¿Hablo con el pintor, verdad? (no anoté el fucking nombre)
- Mmm...sí.
- Te llamo porque hace un mes viniste a mi departamento para evaluar qué trabajo correspondía hacer en una pared, y me dijiste que me ibas a contactar después y pasó un mes y no me llamaste. Por eso quería arreglar un horario para que pases a completar el trabajo. (firme y convencido)
- Disculpá. Habla el hijo. El que pasó por tu casa fue mi papá...
- Ok. (¿para qué quiero hablar con el hijo?)
-Yo...
- ¿Cómo se llama tu papá?
- Carlos
- ¿En qué momento puedo encontrarlo?
- Mirá...lamentablemente mi papá tuvo un accidente...y falleció.
-Uh, no sabía. (no sabía de verdad)
- Yo ahora me estoy haciendo cargo de sus trabajos. ¿Es particular o consorcio?
- Consorcio. Mario Bravo 381. (¿cómo murió?)
- Mirá, dame un tiempo y dejá que lo hable con el consorcio y después te llamo. 
- Dale, gracias (auuuuuuch!)

12 de julio de 2012

Utopías ciclistas. Entrevistas a Matías Kalwill de La vida en bici


Las utopías, las representaciones idealizadas de un mundo alternativo, desde Platón pasando por Moro hasta Fourier, han estado ligadas a una reflexión sobre la forma en que habitamos el espacio urbano. De alguna manera, no existen cambios radicales en las relaciones entre las personas sin transformaciones en el ambiente físico en que aquellas tienen lugar. “Utopia is full of cycle tracks”: la utopía está llena de ciclovías, decía por 1920 H.G. Wells. Y quien lo cita es Matías Kalwill, director de La vida en bici, publicación online que promueve “el ciclismo como una herramienta para transformar la ciudad, para acercar cambios que incluso van más allá de la movilidad”. 
“En Latinoamérica el 85% de la población vive en ciudades, lo que las vuelve el nuevo hábitat natural del hombre”, cuenta Matías, que charló con Cultra sobre las utopías ciclistas. 
Una revolución no puede empezar sin la bicicleta. El transporte sustentable, autopropulsado, saludable, que reduce los accidentes hasta su mínimo imaginable. Y que iguala a todos los integrantes de una comunidad en tránsito, no habiendo en el espacio público jerarquías ni estamentos, más que la cualidad de ser todos ciclistas.
En el camino hacia estos ideales, ¿qué meta cercana es atendible?
Hace poco presentamos en Río + 20 (conferencia de las Naciones Unidas sobre desarrollo sustentable) el Bikestorming.org. La idea de esta propuesta es que para el año 2030 el 51% de los viajes personales urbanos sean realizados en bicicleta. Meta medible y que, en algunas ciudades del globo, ya se está cumpliendo.
Comparado con otras ciudades, ¿cómo está posicionada Buenos Aires en materia de facilidad para desplazarse en bici?
En relación al resto de Latinoamérica, Buenos Aires está bien encaminada, sobre todo tiene un panorama allanado por varias razones: buenas condiciones climáticas para los ciclistas, superficies planas, una intención política favorable, más allá de que después se realice bien o mal. Aunque existen medidas para favorecer el uso de la bicicleta como medio alternativo, lo que no existen todavía son medidas que desincentiven el uso del auto.
¿Qué tipo de medidas?
Básicamente aquellas orientadas a que andar en auto sea caro. El espacio para estacionar es el principal regulador del uso del auto en la ciudad. Si vos tenés estacionamiento gratis y abundante lo usás. Si se quiere avanzar hacia un cambio grande se debe apuntar a tres objetivos: mejorar la sincronicidad del transporte público de calidad, crear infraestructura para la bici y desincentivar el uso del auto.
¿Qué avances ha habido en Buenos Aires?
Además de las ciclovías, se ha dado un cambio cultural que ha vuelto a la bici un objeto aspiracional. Para decirlo de otra manera, la bici es más cool que antes. Es una re-significación cultural en la que venimos trabajando con La vida en bici.
 En materia de infraestructura, ¿qué es lo que no puede faltar?
Ciclovías protegidas y separadas físicamente, en la calle y no en la vereda; limitación de velocidad para los autos en todas las arterias y no sólo en las avenidas; estacionamientos en centros de transferencia (donde se conecta con otros transportes) y en las universidades; pensar no sólo en el recorrido sino en el destino. En algunas ciudades avanzadas en la materia se ven bici-boulevards y bici-pistas.
¿Cómo te imaginás a la ciudad utópica?
Una ciudad donde una persona de 8 años y una de 80 pueden circular con autonomía. Si un chico de 8 años puede ir a la escuela con su propio transporte, algo está funcionando bien alrededor.


19 de junio de 2012

Ediciones no convencionales. El sello Clase turista

Aunque sus responsables debatan si Clase Turista es una editorial experimental o una editorial performance, lo cierto es que es notoria la asociación entre este sello y publicaciones no convencionales que, mediante diversas operaciones, exploran modificaciones e incluso alternativas al formato libro tal como se conoce.



Surgida en el 2005 en el ambiente cultural post-crisis en el que se desarrollaban con éxito “editoriales de guerrilla” como Belleza y Felicidad y Eloisa Cartonera, Clase Turista es el resultado del impulso de tres autores, Iván Moiseeff, Lorena Iglesias y Esteban Castroman. Un sello creado por escritores que muestra esa orientación, según Esteban: “la de sacar un libro como sea posible, apelando a un formato artesanal, basándonos de alguna manera en la filosofía del do it yourself (hazlo tú mismo)”.

Su Colección Artesanal comienza con Salvad a Copito!. Antología de poesía africana contemporánea. Muestra un peculiar arte de tapa que remeda el pelaje de Copito, el orangután de Guinea Ecuatorial moribundo en un zoológico español, a quien el mundo entregó más atención y cuidado que a los miles de inmigrantes llegados clandestinamente a Europa y provenientes del mismo país. “La idea era publicar poesía extranjera que no se estaba traduciendo, exponer voces que transmiten la subjetividad desde las márgenes, en este caso, cómo es ser un africano fuera del continente”, cuenta Lorena.

La colección continúa explorando lo lejano con Yaaa Aliiiiii. Pequeña antología de poesía iraquí contemporánea, cuya edición no causa menos sorpresa que la anterior: forrado en papel madera y con dos estampillas iraquíes (posta posta) en un rincón y una mecha que hace las veces de señalador, es inevitable la referencia a las cartas bombas, “el estereotipo con que CNN representa a los iraquíes”, aclaran los editores. “La idea era revestir al libro con algo que tuviera relación con el concepto de la obra y, al mismo tiempo, disminuir los costos de la impresión offset tradicional”. Así Horny Housewife Kidnapped (Ama de casa calentona secuestrada), poesía costumbrista escrita por los tres responsables de la editorial, ostenta una tapa revestida en tela de repasador, para retomar en su interior la temática porno pero con una vuelta psycho-killer.

Uno de los diseños más impactantes, con un contenido a la altura, es el del Manual de Supervivencia para los días del Gran Desastre. Forrado en césped sintético (lo que permitirá al libro mantenerse camuflado en la naturaleza cuando acontezca el ocaso definitivo de la civilización que la obra anticipa), el manual oficia de guía para sobrevivir a diferentes calamidades: desde inundaciones hasta la bomba atómica o un inminente ataque zombie. Lo apocalíptico está también presente en la que sea quizá la trasgresión máxima al objeto libro: El Muro del Fin del Mundo (expuesto en la Feria del Libro 2012), un libro de 15 metros con la fisonomía clara de un mural en que artistas argentinos y españoles dejaron mensajes para el momento en que se adivinase el final. Se apostó a la interactividad reservando un espacio para que también el público pudiese sumar sus mensajes.

Finalmente, uno de los emprendimientos más innovadores del sello lo constituye Mental movies, donde se propuso a escritores que explicasen en 4 páginas qué largometraje realizarían si no tuvieran limitaciones presupuestarias y dispusiesen de los recursos propios de Hollywood. El libro es acompañado de un CD con los temas de las películas fantaseadas y con sus pósters, por lo que también fueron convocados músicos y diseñadores de arte. “La idea era conocer las influencias de los escritores a nivel audiovisual. Desmantelar la idea de una película en unidades mínimas: el guión, el diseño de arte, la música. Desplegando así procesos creativos que quedaban resumidos y concentrados”- explican los editores, exponentes de esta disciplina de re-pensar al libro como hoy se conoce.

Publicado en Revista Cultra

15 de mayo de 2012

Vandalismo estético Entrevista a RRAA, el autor de los anuncios intervenidos en toda la Ciudad.

 
Al contemplar el trabajo de RRAA se puede ser víctima de varios errores. El primero sería dejarse arrastrar por el cansancio visual y naturalización que impone la rutina para convencerse de que las pintadas rosas y celestes que cubren los rostros de los personajes vienen impresas en el afiche publicitario. El artista gráfico cuenta que varios transeúntes le confesaron haber sido presas de esta ilusión.

El segundo error (del que quizá sólo pueda advertir el autor) sería pensar que las intervenciones del artista son máscaras. “Yo no pinto máscaras”- se apresura por aclarar RRAA- “por el contrario: lo que hago es desenmascarar. La máscara es la ilusión de belleza que ofrece la publicidad, de lujo, de elegancia. Al cubrir los rostros, igualo”.

RRAA asegura que el rostro en su forma pura, libre de determinaciones, sería una manera de desmitificar: “El tipo que aparece al lado del auto lujoso probablemente sea un pibe fachero de Laferrere. Cubrirles los rostros es una forma de realizar esa frase que, quizás sea medio trillada, pero dice que todos somos iguales ante los ojos de Dios.”

Emprendió hace cinco meses el proyecto de intervenir los afiches ubicados en las principales avenidas de la ciudad. La labor es agotadora: se traslada a pie, haciendo recorridas de hasta ocho horas, con gran esfuerzo físico, superando obstáculos como las rejas metálicas que se interponen entre él y la pieza a ser operada. Cubrir cada rostro le toma entre  diez y cuarenta minutos (dependiendo del tamaño y de las dificultades que se presenten) que pueden repetirse una y otra vez si los afiches intervenidos son reemplazados por unos vírgenes. “He intervenido hasta 3 veces el mismo cartel”, cuenta.

Nada de esto sucedería si el artista (que ronda los 30) no tuviera una definición clara de publicidad, una convicción en relación a esta materia, que es, probablemente, el resultado de haber pasado por el rubro, trabajado como director de arte en un pasado cercano. “No estoy contra la publicidad, que considero necesaria, sino contra el bombardeo publicitario. Y es como el Aikido: aprovecho la fuerza del oponente para acometer mi ataque”.

Las pintadas no siempre fueron celestes y rosas. Probó suerte con amarillo, el primer color que tenía a mano cuando salió a pasear a su perro y sintió que tenía que hacerlo. El rojo le resultaba más notorio, pero lo desechó por ser demasiado llamativo. No quería abundar en colores para poder generar una identidad. Así fue como comenzó su fidelidad con los colores actuales.

¿Por qué dejás descubiertos los ojos y la boca?
Los ojos y la boca son lo más expresivo de la cara a nivel visual y conceptual. Los ojos permiten dialogar con el transeúnte a través del contacto. La boca es un icono explícito de comunicación.

¿Quiénes han sido tus referentes cuando empezaste con estas acciones?
No hay muchos. Quizá Oscar Brahim (http://www.taringa.net/posts/arte/946633/El-taxista-artista-_muy-bueno_-Oscar-Brahim.html) . Lo suyo fue una referencia en cuanto que trabaja sobre el soporte publicitario, te deja pensando, aunque, a diferencia de lo que yo hago, él a veces trabaja con la idea de expresión burda para burlarse del modelo publicitario. Mi trabajo es diferente porque está sembrado por sitios donde pasa mucha gente, más disperso. Brahim apuesta más al impacto en un sitio singular.

¿Y Banksy?
Mucha gente me ha preguntado si me inspiraba en Banksy. Pero su obra es diferente. Si bien tiene un lenguaje conceptual parecido, no trabaja mucho sobre el soporte (el afiche). Más bien hace instalaciones, trabaja con objetos. Sin duda es un referente en materia de dejar mensajes en la vía pública, pero lo que yo hago no es lo mismo que un mural estético. Una inspiración más cercana es Shepard Fairey (http://www.thegiant.org/wiki/index.php/Shepard_Fairey) por el uso de la reiteración, de la fenomenología, el montarse sobre la estrategia publicitaria.

¿Cómo verías que tus acciones se replicasen y se generara un fenómeno sin centro, al estilo masa crítica, en que otros artistas en otras partes se apropiaran de lo que vos hacés y lo continuaran?
Por una parte sería un reconocimiento; significaría que a alguien le gustó. Incluso si se lo apropiaran creativos publicitarios para usar en una campaña. Significa que pudieron convencer a alguien más arriba con esa idea y están dispuestos a gastar miles de pesos para realizarla. Pero por otro lado, en el hecho de que sea retomado por otros se pierde lo artesanal. Me gusta estar yo encima, controlar la prolijidad con que se hace.

¿Por eso trabajás solo?
Prefiero. Hay personas que me contactaron para ofrecerme ayuda. Pero, como te digo, prefiero hacerlo solo, mantener el laburo artesanal. Me gusta tener el gobierno sobre la pieza final.

¿Recibís algún tipo de feedback, devolución?
Muy variado. A veces se detienen a verme trabajar y me comentan cosas. Una mujer me hizo conocer a mi fan más joven: una nena de 2 años que cada vez que ve una intervención se ríe. Mi madre no lo aprueba: me dice que si me sobra el tiempo podría hacer obras de caridad. En una oportunidad se me acercó un tipo y me dijo: ‘le pintaste la cara a mi mujer. No lo hagas más’. Era el esposo de la cantante Liliana Barrios. Me produjo algo de cosita porque entiendo que la mina no es Coca-Cola. Ella se enteró cuando alguien le dijo que estaban haciendo vandalismo estético con sus afiches. Ese concepto me encantó y me gustaría apropiármelo.
Nota de mi autoría en revista Cultra: http://cultrartes.blogspot.com.ar/2012/05/vandalismo-estetico.html

19 de abril de 2012

¿Qué resuena de Iom HaShoá en la actualidad?


Iom HaShoá resuena en la actualidad no como una sustancia sino como una forma. La fecha es una invitación a pensar más allá de la amenaza palpable, a no eternizar el pasado pero tampoco el presente. Iom HaShoá transmite la impetuosa presencia de la identidad negativa, no como recuerdo de lo que fue, sino en su apertura potencial, en la medida en que descubrimos en las imágenes de la tragedia el modo en que lo “judío” designa una imposibilidad de la humanidad, la exclusión de un particular que presta ilusión de coherencia a un universal barrado/fallido.

El judaísmo se erige como una identidad negativa. El concepto puede ser comprendido de diversas maneras: identidad negativa por constituirse mediante el señalamiento y aislamiento destructivo de un enemigo, es decir, la acción hostil de un Otro que tiene efecto en la formación de un Nosotros; identidad negativa, siguiendo a Slavoj Zizek (1989), si entendemos que “judío” designa, en cuanto marca ideológica, a la porción de la comunidad que no encuentra lugar en la totalización a nivel imaginario de dicha comunidad y permanece, como un elemento éxtimo (externo pero constitutivo del cierre totalizador e imaginario del cuerpo social); o también identidad negativa, en la versión que más aplicación encuentra en el debate expuesto, en términos territoriales: la existencia territorial de los judíos como colectivo con aspiraciones nacionales y no como individuos aislados ha sido calificada de ilegítima en cuanto lugar se establecieran, lo que les ha costado constantes expulsiones y matanzas.

La identidad negativa está acompañada de rasgos trágicos y fatalistas. Arnoldo Liberman parece reflejar en sus palabras la idea condensada en la frase del refranero idish “Zeier shver tzu zain an id” (Qué difícil es ser judío!). Así lo expone el escritor: “…ser judío parece ser, antes que nada, eso, una dificultad, una ansiedad, por lo menos en su aspecto más vívido. No intento, claro, desconocer otros caracteres (una cultura, una idea, un sentido de comunidad), pero son posteriores: una cultura, una idea, un sentido, construidos desde un hecho básico y primario: la comunidad del riesgo, la hostilidad histórica, el abandono del mundo”. José Itzigsohn también manifiesta la identidad negativa en el desajuste entre el judío y su simbolización socio-histórica: “Desterrados de la vida de Europa por asiáticos, malqueridos en Asia por europeos, morenos en Alemania, rubios y de ojos azules en Palestina”

Iom HaShoá es la marca de la negatividad, el desajuste extremo que nos priva de un sentido último, de un señalamiento divino situable en algún lado, del privilegio de ser el pueblo elegido para algo, para algún propósito. Y en cambio nos ofrece la visión de lo caótico y azaroso como componentes integrales de la vida. Como nos recuerda Zizek, el principal error en la reflexión sobre las catástrofes humanas o naturales consiste en caer en la tentación de encontrar sentidos trascendentales. ¿Y si la Shoá fue una advertencia de un impiadoso Di’s por habernos apartado de la senda de la observancia religiosa? ¿y si fue un evento horroroso pero que finalmente prestó su servicio a la creación del Estado de Israel? ¿y si profundizó la crisis del capitalismo y lo dejó al borde del abismo? ¿y si sirvió de aprendizaje para ponerle coto a los totalitarismos? No. Una y otra vez no. Las catástrofes no tienen su sitio justo, no encuentran sentido en ninguna racionalización que las valorice. Son sólo pérdida. La memoria suprime el componente de pura pérdida en su propósito de domesticar a lo inefable. Pero nunca debemos apartar de la mente que la Shoá es ese índice de la experiencia humana en su más plena y terrible inconsistencia.

8 de abril de 2012

Simbolismo sexual del calzado, un ejemplo


· Todo zapato, al envolver el pie, metáfora genital, simboliza el coito. Este dato es reforzado con el diseño de un espacio amplio para el calce y la exhibición del pie. La penetración queda expuesta, destacada.

· La falta de elementos punzantes y agresivos, la redondez y falta de prominencias sumados al moño, simbolizan la virginidad, el cuerpo en desarrollo y redondeado de una pre-puber.

· A esto hay que agregar la representación más precisa de los moños y el lazo como el elemento anclado en la fantasía perversa, donde toman un lugar preferencial los lazos, cordones y cintas, símbolo de atadura y ahorcamiento.



Sujeto acude a alcohólicos anónimos diciendo que su problema no es el alcoholismo sino el anonimato


Un sujeto que había ido a hacer una consulta acusiante a alcohólicos anónimos debió retirarse decepcionado al serle comunicado que no existía ningún tratamiento para su problema de anonimato. El hombre dijo a este medio que la razón de su padecimiento es que sus padres nunca quisieron revelarle cuál era su nombre luego de que se dieran cuenta que el nombre que habían elegido para su hijo “no les gustaba en absoluto”.

El sujeto anónimo explicó a Moloko Vellocet: “De chico nunca fui llamado, ni siquiera para ir a la mesa”. Esto derivó en que el niño desarrollase una capacidad telepática para descubrir cuándo sus padres lo solicitaban o se estaban yendo de vacaciones sin él. “Tuve una infancia sufrida. Recuerdo que me refugiaba en la lectura de autores anónimos; leía Robin Hood, Simbad el marino, el Cid Campeador y la Biblia”. Sus suplicios, sin embargo, no se limitaban al ámbito familiar sino que se prolongaban a la escuela. “Ni siquiera mis compañeros se dignaban a ponerme un apodo. Yo les rogaba que por favor lo hicieran, por más ofensivo que fuera, pero me contestaban una y otra vez que no encontraban ningún motivo para apodarme dado que yo no era gordo ni pelirrojo ni corría como un pato. Recuerdo también que en la secundaria, a la hora de tomar lección yo siempre era el primero en ser llamado pues la rectora había decidido que ‘nada’ estaba antes que ‘A’.

Moloko Vellocet: ¿No se le ocurrió hacer un reclamo a la Real Academia Española por esta última cuestión?

: La Real Academia Española avala que ‘nada’ está antes que ‘A’.

M.V.: ¿Te molesta que te pregunten cómo te llamás?

: Por supuesto. Tengo que contestar “No me llamo”.

M.V.: ¿Te molestaba esa propaganda de Banco Río en que un montón de chicos decían su nombre?

: Me enfurecía. Todas esas caras bonitas con nombres. Esto nunca se lo conté a nadie, pero una vez vi a uno de esos chicos en la calle y lo golpee hasta que le salió sangre de la nariz.

M.V.: ¿Te disculpaste?

: No.

M.V.: ¿Alguien se disculpó en nombre tuyo?

: ...

M.V.: Uy, disculpá. Cambiando de tema ¿alguna vez pensaste en hacerte llamar N/N?

:Lo pensé. Pero sonaba demasiado policial.

M.V.: ¿Conociste otras personas que como vos no tuvieran nombre?

: Conocí a varias. Pero lamentablemente he perdido el contacto por no poder anotarlas en mi agenda.

M.V.: ¿Cómo te sentís luego de que la organización alcohólicos anónimos no te haya admitido?

: Sumamente decepcionado y triste. Porque este hecho nos demuestra que en la Argentina no hay igualdad. ¿Cómo es posible que esta organización se ocupe tanto de los alcohólicos y no tenga ni un puto folleto para los anónimos? Esto revela que los alcohólicos son verdaderamente poderosos en este país, un verdadero grupo de presión sostenido por los Quilmes, los Heineken. Y después te recomiendan que pienses en verde. Ellos piensan en los ‘verdes’.

1 de abril de 2012

El Vaticano ahora es puto y judío


Luego de siglos de silencio, el Vaticano ha decidido retractarse por sus juicios discriminatorios y prejuiciosos vertidos contra judíos y homosexuales: “Los judíos no son demonios. Nos dejamos llevar por las apariencias”. En el día de ayer se celebró una conferencia en la Capilla Sixtina en donde el jefe de Relaciones Públicas del Vaticano pidió públicamente disculpas a las comunidades judías y homosexuales pero solicitó también comprensión dado que “cuando acusábamos a los judíos de demonios, asesinos de Cristo y asesinos de niños cristianos, no éramos los únicos responsables; la opinión pública marcaba esa tendencia”. El Vaticano justificó la posición tradicional de la Iglesia con estos argumentos: “En el siglo XIV la ciencia no había avanzado tanto para probar que los judíos eran personas totalmente normales. En ese entonces nos reservamos el beneficio de la duda”. Y agregó: “Hoy en día sabemos que estuvimos equivocados. Pero no somos orgullosos: nos retractamos y ya hemos ofrecido a numerosos judíos puestos en la jerarquía clerical, como gesto de pacificación”.

Sobre las acusaciones contra homosexuales, las expresiones fueron diferentes: “Es una hipocresía discriminar a los homosexuales, porque nosotros tenemos muchos en nuestras filas. Y algunos ni siquiera tienen la delicadeza de conseguirse una pareja discretamente en un pub, sino que se ponen de novios con chicos de hogares y luego salen en la tapa de los diarios”.

Finalmente, el Vaticano reconoció que está bien que existan gays pero siempre y cuando haya al mismo tiempo parejas heterosexuales que formen una familia católica, manden a sus chicos a colegios católicos y paguen religiosamente la cuota mensual.

18 de marzo de 2012

Nati la chica progre


Nati es una chica progre. Se pone su saco de pana, sus anteojos retro y su piercing y sale a ver cine independiente iraní. Le cabe la onda exótica: en esos países que viven en guerras y masacres hay gente muy apasionada; no como los occidentales en los que la sangre no corre por las venas. Es por eso que ella hace Yoga, una actividad progre. El Yoga, además de ofrecerle relajación, estira­mien­to y concentración, es progre. Nati, qué actividad progre que realizás.

Los fines de semana ella sale con su novio a Plaza Francia. Su novio trabaja en un estudio de diseño gráfico, pero por las noches es artista. Su novio, además de darle contención, entretenimiento y satis­facción sexual, es progre. Nati, qué lindo novio progre que tenés.

Ella está pensando en irse de vacaciones a Cuba, un balneario pro­gre. Cuba, además de darle, rumba, salsa y hombres negros para his­­te­riquear, es progre. Nati, qué vacaciones progres que vas a te­ner.

Ella se define apolítica. No obstante, está sensibilizada por el hambre y la pobreza que hay en el mundo. Es por eso que a los pobres siempre les da una moneda y a la hora de votar lo hace por la Alianza, que reúne las tradiciones progres de Yrigoyen y de Perón. Voto que además de afirmar su sentimiento de ciudadanía y de participación en la soberanía nacional, es progre. Nati, qué sufragio progre que emitís.

19 de febrero de 2012

17 de febrero de 2012

Alegato en contra de los corsos porteños


Estoy descansando tranquilo en mi casa cuando soy despertado de forma súbita por un sonido ensordecedor que provien de la calle. Se escuchan bombos, gritos, trompetas y se me viene a la cabeza la barra brava de Chacarita probablemente apostada en la esquina. Salgo inmediatamente a auxiliar a mis vecinos. Estoy confundido. Ninguna hinchada. Se trata de uno de esos piquetes con mala música y pésimo gusto que llaman corso.

Apenas alcanzo el lugar, soy abordado por una pandilla de niños en edad escolar que me empiezan a atacar con lo que tienen a mano, es decir, espuma y pistolas de agua. Me encuentro desarmado, lo que hace mi situación aun más precaria. La pandilla identifica el flanco más débil y me ataca a los ojos.

Se trata de una banda anárquica, sin jerarquías, de tal manera que no hay un cabecilla con quien negociar mi rendición. Además se nota que han planificado el ataque: tienen el rostro cubierto con purpurina, pintura, quizá para no ser reconocidos en una rueda de sospechosos.

Atrás hay unas señoras que parecen las madres de los críos. Intentan que los pibes depongan su actitud: "Tirale sólo a los que están jugando. No le tires al señor". El infructuoso pedido de la madre me hace acordar a los ruegos de la ONU dirigidos a EEUU: "Por la vía diplomática, por la vía diplomática", que se suceden con la decisión de EEUU de ir por la vía militar.

Concluidas las agresiones estimo que lo mejor que puedo hacer para preservar mi integridad es conseguir yo también un tubo de espuma. A modo de autodefensa. Me dirijo a comprar uno y me dicen que un tubo cuesta 20$ con el choripán.

- Quiero sólo un tubo

- Viene sí o sí con el combo. Lee el cartel. Espuma + chori 20$.

Me empiezo a poner nervioso. Con la promoción te obligan a participar de su festejo. De repente me encuentro a mi mismo comiendo un choripán mientras veo como ese ejército de espásticos al que llaman murga avanza por un corredor central, sus participantes dando patadas al aire y haciendo gestos incomprensibles sin propósito aparente.

Qué terrible es eso de las mascotas a las que subyugan! Es decir, el fenómeno de lo padres murgueros que someten a sus nenes de 2 o 3 años a disfrazarse casi tan ridículos como ellos mimos y forzarlos a caminar con los otros indecorosos "bailarines".

Mi mente persiste en estas reflexiones, cuando veo una imagen que me perturba. Entre la multitud identifico a uno de mis agresores acompañando a la columna. Atravesado mi cuerpo por un rapto vindicativo, salto las vallas metálicas, me dirijo en dirección al niño, lo reduzo y le vacío el tubo de espuma en ojos, oídos y nariz (orificios donde la aplicación de espuma está contraindicada), haciendo justicia por mí y otros peatones damnificados. El público se estremece, pero no precisamente para alentar mi valeroso acto. Para mi asombro prefieren alinearse con el pequeño maleante, lo defienden y cuestionan mi accionar. Increible.

29 de enero de 2012

Las consecuencias no buscadas de la tira de Gustavo Sala.


En el Museo Eduardo Sivori, ese espacio tan agradable a las márgenes del Rosedal, se exhibe actualmente una muestra sobre el pintor judío polaco Maurycy Minkowski. Hace dos fines de semana, mientras estaba paseando en bici alrededor del lago, fui sorprendido por un cartel grande y vertical anunciando la muestra del artista. Contaba con el auspicio de la Fundación IWO, el centro de investigaciones judaicas más importantes de Buenos Aires. Detuve mi recorrido y me metí en el museo. Minkowski se dedicaba originalmente a la composición de paisajes. Pero sacudido por las cruentas escenas que dejaba el estallido de los pogroms, su idea de la pintura viró radicalmente. Los pogroms eran persecuciones violentas contra los judíos, que incluían saqueos, linchamientos, hogueras, abusos sexuales, destrucción de viviendas y comercios, que tenía por protagonistas a turbas enardecidas en Rusia, Ucrania, Rumania, Bessarabia, Bielorrusia, alentados la mayoría de las veces por autoridades zaristas y con la anuencia de las fuerzas policiales. Minkowski se dedicó a retratar los rostros de las víctimas, los cuerpos vulnerados que resultaban de los estallidos de violencia. Las imágenes son estremecedoras y vale más acudir a la muestra y verlas que mi fútil intento por reconstruirlas con la palabra.

¿Qué tiene que ver esto con la tira de Gustavo Sala? El domingo pasado otra vez me encontraba paseando frente al museo y contemplé como aquella gigantografía que anunciaba la muestra de Minkowski (la misma que capturase mi atención con anterioridad) se encontraba cubierta con una pintada negra que rezaba: “No a la censura”. Una mente razonable encuentra difícil trazar una posible asociación entre un pintor del siglo XIX que retrataba la vida judía en la Europa Oriental, con algún tipo de censura. Pero era cuestión de abandonar la razonabilidad para advertir que el mensaje que atentaba contra la muestra de Minkowski, en realidad, estaba dirigido a toda la comunidad judía (una suerte de castigo colectivo por la desgracia del artista de nacer judío) y guardaba relación con el alegato de que habría un intento de censurar a Gustavo Sala luego de su torpe humorada. El caso le vino como anillo al dedo a los antisemitas, reflotando la teoría del lobby judío y el control de los judíos sobre los medios de comunicación, sugiriendo el poder de las instituciones comunitarias, encabezadas por AMIA y DAIA, para acallar a las voces indeseables en los medios a su voluntad. Es ridículo hablar de censura cuando la impresentable tira de Sala fue publicada. En el caso hipotético de que en el futuro los editores se abstuvieran de trabajar con Sala, la única responsabilidad (o irresponsabilidad) sería la del autor.

La pintada me dio mucha lástima, porque la muestra de Minkowski merece ser respetada y honrada. Sin embargo, el caso es sintomático de cómo el fenómeno del antisemitismo “trabaja en lo hondo”; es un sentimiento profundo, no superficial, y encuentra circunstancias propicias para producir pequeñas erupciones. Lo de Sala probablemente haya sido sólo una torpeza; el respaldo de los dibujantes: ciego corporativismo; pero las pintadas contra un museo (y las otras potenciales pintadas contra instituciones judías con el mismo alegato) son actos de antisemitismo. Esto demuestra cómo la torpeza también puede tener efectos antisemitas.
Nota final: y de paso hago un llamado a que aprovechen y concurran a la muestra en el Sivori, antes de que finalice el 20 de febrero.

26 de enero de 2012

Yo nunca firmaría en apoyo a Gustavo Sala




Ayer mismo di con una solicitada en que un abultado colectivo de dibujantes y artistas respaldaban a Gustavo Sala por las supuestas amenazas que hubo recibido en repudio a su polémica tira de Página/12. El comic, para quien se encontraba de vacaciones o lleva la vida de un topo, componía torpemente al DJ David Ghetto, quien hacía bailar a reclusos en un campo de exterminio para que los jabones que se produjeran con sus restos fuesen de mejor calidad. Narrado suena casi tan burdo como es visualmente.

En primer lugar, las “amenazas” que movilizaron a los artistas a respaldar a su colega parecerían ser, en el peor de los casos, intimaciones legales, lo que no se ciñe bien al concepto de amenaza. Más bien es el justo recurso al derecho dentro de un marco legal condenatorio de la discriminación étnica o religiosa. Para decirlo más fácil: amenaza es que te llamen por teléfono prometiéndote el abuso sexual de una de tus hijas o que te ametrallen el frente de tu casa. Que te manden un mail acusándote de antisemita o que te hagan una demanda legal es lo que corresponde si uno sostiene una sartreana ética de la responsabilidad, en la que uno no puede evadir de ninguna manera el resultado (esperado o no esperado) de sus acciones.

Mi opinión: no existe ningún prurito para hacer humor negro con temas sensibles, incluso con la Shoá. El problema es cuando se hace algo burdo, torpe, carente de justificación histórica, irreflexivo, sin contenido, que sea una asociación fácil de conceptos enquistados, tal como hizo Gustavo Sala. El problema no es hacer humor negro sino que ese humor sea irreflexivo.

Yo mismo he hecho humor con Auschwitz; en la tapa de mi libro “Esto no es SPAM”, aparece la ilustración "Comunidad Movistar Toit Lager" con dibujo de Langer e idea mía, donde se puede ver a un recluso del campo de concentración que tiene tatuado en su brazo un número de celular, 15 6807 etc etc. El mensaje es claro: en las sociedades contemporáneas somos masificados y numerados a través de dispositivos tecnológicos como el celular. El número de celular puede ser asimilado con fines humorísticos a la numeración con que es identificado un convicto. En esta modalidad de humor negro, se toman elementos de esa enorme tragedia que fue la Shoá, pero se los emplea reflexivamente, intentando exponer un sentido histórico.

Veamos en cambio qué hizo Sala: en primer lugar efectuó una demasiado sencilla asociación entre el músico David Guetta y la palabra Ghetto, para luego cometer la enorme torpeza histórica de asociar Ghetto con campo de concentración. El ghetto, que se remonta a la Edad Medieval, consiste en la concentración de una población segregada (de manera forzada o no forzada) en espacios diferenciados de la ciudad. No hay una asociación directa y necesaria entre el ghetto y los judíos o entre el ghetto y un campo de exterminio. Sólo desde una mirada muy inocente y poco informada sobre la materia se puede plantear semejante vínculo (también para el disfrute de un público poco informado). Posteriormente se hace humor muy liviano sobre el hecho de que de los cuerpos de los judíos aniquilados se extraía materia prima para la elaboración de jabón. Esta es la asociación más fácil que involucra a la Shoá, tan fácil e irreflexiva que es el lugar común de hinchadas de fútbol en su esfuerzo antisemita. Es un lugar tan común que a esta altura se comporta como una muletilla obtusa a la hora de hacer humor. Es decir, si vas a hacer el mismo humor que la barrabrava de Chaca, después no te quejes histéricamente de las consecuencias.

En definitiva, Gustavo Sala se conduce como un adolescente torpe, inculto y desinformado. Sólo que lo hace desde un foro de alcance nacional y con el respaldo de años de credibilidad (por lo menos en materia de multiculturalismo e integración) como es Página/12. Yo no respaldo a Gustavo Sala simplemente porque creo que tiene que hacerse responsable de sus actos, aun cuando no tenga la trayectoria previa de un antisemita.