---x--- El más ambicioso proyecto: clasificar a la totalidad de la juventud argentina ---x---

21 de julio de 2012

Diálogo real con intrusión de lo Real.


-Hola. ¿Qué tal? ¿Hablo con el pintor, verdad? (no anoté el fucking nombre)
- Mmm...sí.
- Te llamo porque hace un mes viniste a mi departamento para evaluar qué trabajo correspondía hacer en una pared, y me dijiste que me ibas a contactar después y pasó un mes y no me llamaste. Por eso quería arreglar un horario para que pases a completar el trabajo. (firme y convencido)
- Disculpá. Habla el hijo. El que pasó por tu casa fue mi papá...
- Ok. (¿para qué quiero hablar con el hijo?)
-Yo...
- ¿Cómo se llama tu papá?
- Carlos
- ¿En qué momento puedo encontrarlo?
- Mirá...lamentablemente mi papá tuvo un accidente...y falleció.
-Uh, no sabía. (no sabía de verdad)
- Yo ahora me estoy haciendo cargo de sus trabajos. ¿Es particular o consorcio?
- Consorcio. Mario Bravo 381. (¿cómo murió?)
- Mirá, dame un tiempo y dejá que lo hable con el consorcio y después te llamo. 
- Dale, gracias (auuuuuuch!)

12 de julio de 2012

Utopías ciclistas. Entrevistas a Matías Kalwill de La vida en bici


Las utopías, las representaciones idealizadas de un mundo alternativo, desde Platón pasando por Moro hasta Fourier, han estado ligadas a una reflexión sobre la forma en que habitamos el espacio urbano. De alguna manera, no existen cambios radicales en las relaciones entre las personas sin transformaciones en el ambiente físico en que aquellas tienen lugar. “Utopia is full of cycle tracks”: la utopía está llena de ciclovías, decía por 1920 H.G. Wells. Y quien lo cita es Matías Kalwill, director de La vida en bici, publicación online que promueve “el ciclismo como una herramienta para transformar la ciudad, para acercar cambios que incluso van más allá de la movilidad”. 
“En Latinoamérica el 85% de la población vive en ciudades, lo que las vuelve el nuevo hábitat natural del hombre”, cuenta Matías, que charló con Cultra sobre las utopías ciclistas. 
Una revolución no puede empezar sin la bicicleta. El transporte sustentable, autopropulsado, saludable, que reduce los accidentes hasta su mínimo imaginable. Y que iguala a todos los integrantes de una comunidad en tránsito, no habiendo en el espacio público jerarquías ni estamentos, más que la cualidad de ser todos ciclistas.
En el camino hacia estos ideales, ¿qué meta cercana es atendible?
Hace poco presentamos en Río + 20 (conferencia de las Naciones Unidas sobre desarrollo sustentable) el Bikestorming.org. La idea de esta propuesta es que para el año 2030 el 51% de los viajes personales urbanos sean realizados en bicicleta. Meta medible y que, en algunas ciudades del globo, ya se está cumpliendo.
Comparado con otras ciudades, ¿cómo está posicionada Buenos Aires en materia de facilidad para desplazarse en bici?
En relación al resto de Latinoamérica, Buenos Aires está bien encaminada, sobre todo tiene un panorama allanado por varias razones: buenas condiciones climáticas para los ciclistas, superficies planas, una intención política favorable, más allá de que después se realice bien o mal. Aunque existen medidas para favorecer el uso de la bicicleta como medio alternativo, lo que no existen todavía son medidas que desincentiven el uso del auto.
¿Qué tipo de medidas?
Básicamente aquellas orientadas a que andar en auto sea caro. El espacio para estacionar es el principal regulador del uso del auto en la ciudad. Si vos tenés estacionamiento gratis y abundante lo usás. Si se quiere avanzar hacia un cambio grande se debe apuntar a tres objetivos: mejorar la sincronicidad del transporte público de calidad, crear infraestructura para la bici y desincentivar el uso del auto.
¿Qué avances ha habido en Buenos Aires?
Además de las ciclovías, se ha dado un cambio cultural que ha vuelto a la bici un objeto aspiracional. Para decirlo de otra manera, la bici es más cool que antes. Es una re-significación cultural en la que venimos trabajando con La vida en bici.
 En materia de infraestructura, ¿qué es lo que no puede faltar?
Ciclovías protegidas y separadas físicamente, en la calle y no en la vereda; limitación de velocidad para los autos en todas las arterias y no sólo en las avenidas; estacionamientos en centros de transferencia (donde se conecta con otros transportes) y en las universidades; pensar no sólo en el recorrido sino en el destino. En algunas ciudades avanzadas en la materia se ven bici-boulevards y bici-pistas.
¿Cómo te imaginás a la ciudad utópica?
Una ciudad donde una persona de 8 años y una de 80 pueden circular con autonomía. Si un chico de 8 años puede ir a la escuela con su propio transporte, algo está funcionando bien alrededor.


19 de junio de 2012

Ediciones no convencionales. El sello Clase turista

Aunque sus responsables debatan si Clase Turista es una editorial experimental o una editorial performance, lo cierto es que es notoria la asociación entre este sello y publicaciones no convencionales que, mediante diversas operaciones, exploran modificaciones e incluso alternativas al formato libro tal como se conoce.



Surgida en el 2005 en el ambiente cultural post-crisis en el que se desarrollaban con éxito “editoriales de guerrilla” como Belleza y Felicidad y Eloisa Cartonera, Clase Turista es el resultado del impulso de tres autores, Iván Moiseeff, Lorena Iglesias y Esteban Castroman. Un sello creado por escritores que muestra esa orientación, según Esteban: “la de sacar un libro como sea posible, apelando a un formato artesanal, basándonos de alguna manera en la filosofía del do it yourself (hazlo tú mismo)”.

Su Colección Artesanal comienza con Salvad a Copito!. Antología de poesía africana contemporánea. Muestra un peculiar arte de tapa que remeda el pelaje de Copito, el orangután de Guinea Ecuatorial moribundo en un zoológico español, a quien el mundo entregó más atención y cuidado que a los miles de inmigrantes llegados clandestinamente a Europa y provenientes del mismo país. “La idea era publicar poesía extranjera que no se estaba traduciendo, exponer voces que transmiten la subjetividad desde las márgenes, en este caso, cómo es ser un africano fuera del continente”, cuenta Lorena.

La colección continúa explorando lo lejano con Yaaa Aliiiiii. Pequeña antología de poesía iraquí contemporánea, cuya edición no causa menos sorpresa que la anterior: forrado en papel madera y con dos estampillas iraquíes (posta posta) en un rincón y una mecha que hace las veces de señalador, es inevitable la referencia a las cartas bombas, “el estereotipo con que CNN representa a los iraquíes”, aclaran los editores. “La idea era revestir al libro con algo que tuviera relación con el concepto de la obra y, al mismo tiempo, disminuir los costos de la impresión offset tradicional”. Así Horny Housewife Kidnapped (Ama de casa calentona secuestrada), poesía costumbrista escrita por los tres responsables de la editorial, ostenta una tapa revestida en tela de repasador, para retomar en su interior la temática porno pero con una vuelta psycho-killer.

Uno de los diseños más impactantes, con un contenido a la altura, es el del Manual de Supervivencia para los días del Gran Desastre. Forrado en césped sintético (lo que permitirá al libro mantenerse camuflado en la naturaleza cuando acontezca el ocaso definitivo de la civilización que la obra anticipa), el manual oficia de guía para sobrevivir a diferentes calamidades: desde inundaciones hasta la bomba atómica o un inminente ataque zombie. Lo apocalíptico está también presente en la que sea quizá la trasgresión máxima al objeto libro: El Muro del Fin del Mundo (expuesto en la Feria del Libro 2012), un libro de 15 metros con la fisonomía clara de un mural en que artistas argentinos y españoles dejaron mensajes para el momento en que se adivinase el final. Se apostó a la interactividad reservando un espacio para que también el público pudiese sumar sus mensajes.

Finalmente, uno de los emprendimientos más innovadores del sello lo constituye Mental movies, donde se propuso a escritores que explicasen en 4 páginas qué largometraje realizarían si no tuvieran limitaciones presupuestarias y dispusiesen de los recursos propios de Hollywood. El libro es acompañado de un CD con los temas de las películas fantaseadas y con sus pósters, por lo que también fueron convocados músicos y diseñadores de arte. “La idea era conocer las influencias de los escritores a nivel audiovisual. Desmantelar la idea de una película en unidades mínimas: el guión, el diseño de arte, la música. Desplegando así procesos creativos que quedaban resumidos y concentrados”- explican los editores, exponentes de esta disciplina de re-pensar al libro como hoy se conoce.

Publicado en Revista Cultra

15 de mayo de 2012

Vandalismo estético Entrevista a RRAA, el autor de los anuncios intervenidos en toda la Ciudad.

 
Al contemplar el trabajo de RRAA se puede ser víctima de varios errores. El primero sería dejarse arrastrar por el cansancio visual y naturalización que impone la rutina para convencerse de que las pintadas rosas y celestes que cubren los rostros de los personajes vienen impresas en el afiche publicitario. El artista gráfico cuenta que varios transeúntes le confesaron haber sido presas de esta ilusión.

El segundo error (del que quizá sólo pueda advertir el autor) sería pensar que las intervenciones del artista son máscaras. “Yo no pinto máscaras”- se apresura por aclarar RRAA- “por el contrario: lo que hago es desenmascarar. La máscara es la ilusión de belleza que ofrece la publicidad, de lujo, de elegancia. Al cubrir los rostros, igualo”.

RRAA asegura que el rostro en su forma pura, libre de determinaciones, sería una manera de desmitificar: “El tipo que aparece al lado del auto lujoso probablemente sea un pibe fachero de Laferrere. Cubrirles los rostros es una forma de realizar esa frase que, quizás sea medio trillada, pero dice que todos somos iguales ante los ojos de Dios.”

Emprendió hace cinco meses el proyecto de intervenir los afiches ubicados en las principales avenidas de la ciudad. La labor es agotadora: se traslada a pie, haciendo recorridas de hasta ocho horas, con gran esfuerzo físico, superando obstáculos como las rejas metálicas que se interponen entre él y la pieza a ser operada. Cubrir cada rostro le toma entre  diez y cuarenta minutos (dependiendo del tamaño y de las dificultades que se presenten) que pueden repetirse una y otra vez si los afiches intervenidos son reemplazados por unos vírgenes. “He intervenido hasta 3 veces el mismo cartel”, cuenta.

Nada de esto sucedería si el artista (que ronda los 30) no tuviera una definición clara de publicidad, una convicción en relación a esta materia, que es, probablemente, el resultado de haber pasado por el rubro, trabajado como director de arte en un pasado cercano. “No estoy contra la publicidad, que considero necesaria, sino contra el bombardeo publicitario. Y es como el Aikido: aprovecho la fuerza del oponente para acometer mi ataque”.

Las pintadas no siempre fueron celestes y rosas. Probó suerte con amarillo, el primer color que tenía a mano cuando salió a pasear a su perro y sintió que tenía que hacerlo. El rojo le resultaba más notorio, pero lo desechó por ser demasiado llamativo. No quería abundar en colores para poder generar una identidad. Así fue como comenzó su fidelidad con los colores actuales.

¿Por qué dejás descubiertos los ojos y la boca?
Los ojos y la boca son lo más expresivo de la cara a nivel visual y conceptual. Los ojos permiten dialogar con el transeúnte a través del contacto. La boca es un icono explícito de comunicación.

¿Quiénes han sido tus referentes cuando empezaste con estas acciones?
No hay muchos. Quizá Oscar Brahim (http://www.taringa.net/posts/arte/946633/El-taxista-artista-_muy-bueno_-Oscar-Brahim.html) . Lo suyo fue una referencia en cuanto que trabaja sobre el soporte publicitario, te deja pensando, aunque, a diferencia de lo que yo hago, él a veces trabaja con la idea de expresión burda para burlarse del modelo publicitario. Mi trabajo es diferente porque está sembrado por sitios donde pasa mucha gente, más disperso. Brahim apuesta más al impacto en un sitio singular.

¿Y Banksy?
Mucha gente me ha preguntado si me inspiraba en Banksy. Pero su obra es diferente. Si bien tiene un lenguaje conceptual parecido, no trabaja mucho sobre el soporte (el afiche). Más bien hace instalaciones, trabaja con objetos. Sin duda es un referente en materia de dejar mensajes en la vía pública, pero lo que yo hago no es lo mismo que un mural estético. Una inspiración más cercana es Shepard Fairey (http://www.thegiant.org/wiki/index.php/Shepard_Fairey) por el uso de la reiteración, de la fenomenología, el montarse sobre la estrategia publicitaria.

¿Cómo verías que tus acciones se replicasen y se generara un fenómeno sin centro, al estilo masa crítica, en que otros artistas en otras partes se apropiaran de lo que vos hacés y lo continuaran?
Por una parte sería un reconocimiento; significaría que a alguien le gustó. Incluso si se lo apropiaran creativos publicitarios para usar en una campaña. Significa que pudieron convencer a alguien más arriba con esa idea y están dispuestos a gastar miles de pesos para realizarla. Pero por otro lado, en el hecho de que sea retomado por otros se pierde lo artesanal. Me gusta estar yo encima, controlar la prolijidad con que se hace.

¿Por eso trabajás solo?
Prefiero. Hay personas que me contactaron para ofrecerme ayuda. Pero, como te digo, prefiero hacerlo solo, mantener el laburo artesanal. Me gusta tener el gobierno sobre la pieza final.

¿Recibís algún tipo de feedback, devolución?
Muy variado. A veces se detienen a verme trabajar y me comentan cosas. Una mujer me hizo conocer a mi fan más joven: una nena de 2 años que cada vez que ve una intervención se ríe. Mi madre no lo aprueba: me dice que si me sobra el tiempo podría hacer obras de caridad. En una oportunidad se me acercó un tipo y me dijo: ‘le pintaste la cara a mi mujer. No lo hagas más’. Era el esposo de la cantante Liliana Barrios. Me produjo algo de cosita porque entiendo que la mina no es Coca-Cola. Ella se enteró cuando alguien le dijo que estaban haciendo vandalismo estético con sus afiches. Ese concepto me encantó y me gustaría apropiármelo.
Nota de mi autoría en revista Cultra: http://cultrartes.blogspot.com.ar/2012/05/vandalismo-estetico.html

19 de abril de 2012

¿Qué resuena de Iom HaShoá en la actualidad?


Iom HaShoá resuena en la actualidad no como una sustancia sino como una forma. La fecha es una invitación a pensar más allá de la amenaza palpable, a no eternizar el pasado pero tampoco el presente. Iom HaShoá transmite la impetuosa presencia de la identidad negativa, no como recuerdo de lo que fue, sino en su apertura potencial, en la medida en que descubrimos en las imágenes de la tragedia el modo en que lo “judío” designa una imposibilidad de la humanidad, la exclusión de un particular que presta ilusión de coherencia a un universal barrado/fallido.

El judaísmo se erige como una identidad negativa. El concepto puede ser comprendido de diversas maneras: identidad negativa por constituirse mediante el señalamiento y aislamiento destructivo de un enemigo, es decir, la acción hostil de un Otro que tiene efecto en la formación de un Nosotros; identidad negativa, siguiendo a Slavoj Zizek (1989), si entendemos que “judío” designa, en cuanto marca ideológica, a la porción de la comunidad que no encuentra lugar en la totalización a nivel imaginario de dicha comunidad y permanece, como un elemento éxtimo (externo pero constitutivo del cierre totalizador e imaginario del cuerpo social); o también identidad negativa, en la versión que más aplicación encuentra en el debate expuesto, en términos territoriales: la existencia territorial de los judíos como colectivo con aspiraciones nacionales y no como individuos aislados ha sido calificada de ilegítima en cuanto lugar se establecieran, lo que les ha costado constantes expulsiones y matanzas.

La identidad negativa está acompañada de rasgos trágicos y fatalistas. Arnoldo Liberman parece reflejar en sus palabras la idea condensada en la frase del refranero idish “Zeier shver tzu zain an id” (Qué difícil es ser judío!). Así lo expone el escritor: “…ser judío parece ser, antes que nada, eso, una dificultad, una ansiedad, por lo menos en su aspecto más vívido. No intento, claro, desconocer otros caracteres (una cultura, una idea, un sentido de comunidad), pero son posteriores: una cultura, una idea, un sentido, construidos desde un hecho básico y primario: la comunidad del riesgo, la hostilidad histórica, el abandono del mundo”. José Itzigsohn también manifiesta la identidad negativa en el desajuste entre el judío y su simbolización socio-histórica: “Desterrados de la vida de Europa por asiáticos, malqueridos en Asia por europeos, morenos en Alemania, rubios y de ojos azules en Palestina”

Iom HaShoá es la marca de la negatividad, el desajuste extremo que nos priva de un sentido último, de un señalamiento divino situable en algún lado, del privilegio de ser el pueblo elegido para algo, para algún propósito. Y en cambio nos ofrece la visión de lo caótico y azaroso como componentes integrales de la vida. Como nos recuerda Zizek, el principal error en la reflexión sobre las catástrofes humanas o naturales consiste en caer en la tentación de encontrar sentidos trascendentales. ¿Y si la Shoá fue una advertencia de un impiadoso Di’s por habernos apartado de la senda de la observancia religiosa? ¿y si fue un evento horroroso pero que finalmente prestó su servicio a la creación del Estado de Israel? ¿y si profundizó la crisis del capitalismo y lo dejó al borde del abismo? ¿y si sirvió de aprendizaje para ponerle coto a los totalitarismos? No. Una y otra vez no. Las catástrofes no tienen su sitio justo, no encuentran sentido en ninguna racionalización que las valorice. Son sólo pérdida. La memoria suprime el componente de pura pérdida en su propósito de domesticar a lo inefable. Pero nunca debemos apartar de la mente que la Shoá es ese índice de la experiencia humana en su más plena y terrible inconsistencia.

8 de abril de 2012

Simbolismo sexual del calzado, un ejemplo


· Todo zapato, al envolver el pie, metáfora genital, simboliza el coito. Este dato es reforzado con el diseño de un espacio amplio para el calce y la exhibición del pie. La penetración queda expuesta, destacada.

· La falta de elementos punzantes y agresivos, la redondez y falta de prominencias sumados al moño, simbolizan la virginidad, el cuerpo en desarrollo y redondeado de una pre-puber.

· A esto hay que agregar la representación más precisa de los moños y el lazo como el elemento anclado en la fantasía perversa, donde toman un lugar preferencial los lazos, cordones y cintas, símbolo de atadura y ahorcamiento.



Sujeto acude a alcohólicos anónimos diciendo que su problema no es el alcoholismo sino el anonimato


Un sujeto que había ido a hacer una consulta acusiante a alcohólicos anónimos debió retirarse decepcionado al serle comunicado que no existía ningún tratamiento para su problema de anonimato. El hombre dijo a este medio que la razón de su padecimiento es que sus padres nunca quisieron revelarle cuál era su nombre luego de que se dieran cuenta que el nombre que habían elegido para su hijo “no les gustaba en absoluto”.

El sujeto anónimo explicó a Moloko Vellocet: “De chico nunca fui llamado, ni siquiera para ir a la mesa”. Esto derivó en que el niño desarrollase una capacidad telepática para descubrir cuándo sus padres lo solicitaban o se estaban yendo de vacaciones sin él. “Tuve una infancia sufrida. Recuerdo que me refugiaba en la lectura de autores anónimos; leía Robin Hood, Simbad el marino, el Cid Campeador y la Biblia”. Sus suplicios, sin embargo, no se limitaban al ámbito familiar sino que se prolongaban a la escuela. “Ni siquiera mis compañeros se dignaban a ponerme un apodo. Yo les rogaba que por favor lo hicieran, por más ofensivo que fuera, pero me contestaban una y otra vez que no encontraban ningún motivo para apodarme dado que yo no era gordo ni pelirrojo ni corría como un pato. Recuerdo también que en la secundaria, a la hora de tomar lección yo siempre era el primero en ser llamado pues la rectora había decidido que ‘nada’ estaba antes que ‘A’.

Moloko Vellocet: ¿No se le ocurrió hacer un reclamo a la Real Academia Española por esta última cuestión?

: La Real Academia Española avala que ‘nada’ está antes que ‘A’.

M.V.: ¿Te molesta que te pregunten cómo te llamás?

: Por supuesto. Tengo que contestar “No me llamo”.

M.V.: ¿Te molestaba esa propaganda de Banco Río en que un montón de chicos decían su nombre?

: Me enfurecía. Todas esas caras bonitas con nombres. Esto nunca se lo conté a nadie, pero una vez vi a uno de esos chicos en la calle y lo golpee hasta que le salió sangre de la nariz.

M.V.: ¿Te disculpaste?

: No.

M.V.: ¿Alguien se disculpó en nombre tuyo?

: ...

M.V.: Uy, disculpá. Cambiando de tema ¿alguna vez pensaste en hacerte llamar N/N?

:Lo pensé. Pero sonaba demasiado policial.

M.V.: ¿Conociste otras personas que como vos no tuvieran nombre?

: Conocí a varias. Pero lamentablemente he perdido el contacto por no poder anotarlas en mi agenda.

M.V.: ¿Cómo te sentís luego de que la organización alcohólicos anónimos no te haya admitido?

: Sumamente decepcionado y triste. Porque este hecho nos demuestra que en la Argentina no hay igualdad. ¿Cómo es posible que esta organización se ocupe tanto de los alcohólicos y no tenga ni un puto folleto para los anónimos? Esto revela que los alcohólicos son verdaderamente poderosos en este país, un verdadero grupo de presión sostenido por los Quilmes, los Heineken. Y después te recomiendan que pienses en verde. Ellos piensan en los ‘verdes’.

1 de abril de 2012

El Vaticano ahora es puto y judío


Luego de siglos de silencio, el Vaticano ha decidido retractarse por sus juicios discriminatorios y prejuiciosos vertidos contra judíos y homosexuales: “Los judíos no son demonios. Nos dejamos llevar por las apariencias”. En el día de ayer se celebró una conferencia en la Capilla Sixtina en donde el jefe de Relaciones Públicas del Vaticano pidió públicamente disculpas a las comunidades judías y homosexuales pero solicitó también comprensión dado que “cuando acusábamos a los judíos de demonios, asesinos de Cristo y asesinos de niños cristianos, no éramos los únicos responsables; la opinión pública marcaba esa tendencia”. El Vaticano justificó la posición tradicional de la Iglesia con estos argumentos: “En el siglo XIV la ciencia no había avanzado tanto para probar que los judíos eran personas totalmente normales. En ese entonces nos reservamos el beneficio de la duda”. Y agregó: “Hoy en día sabemos que estuvimos equivocados. Pero no somos orgullosos: nos retractamos y ya hemos ofrecido a numerosos judíos puestos en la jerarquía clerical, como gesto de pacificación”.

Sobre las acusaciones contra homosexuales, las expresiones fueron diferentes: “Es una hipocresía discriminar a los homosexuales, porque nosotros tenemos muchos en nuestras filas. Y algunos ni siquiera tienen la delicadeza de conseguirse una pareja discretamente en un pub, sino que se ponen de novios con chicos de hogares y luego salen en la tapa de los diarios”.

Finalmente, el Vaticano reconoció que está bien que existan gays pero siempre y cuando haya al mismo tiempo parejas heterosexuales que formen una familia católica, manden a sus chicos a colegios católicos y paguen religiosamente la cuota mensual.

18 de marzo de 2012

Nati la chica progre


Nati es una chica progre. Se pone su saco de pana, sus anteojos retro y su piercing y sale a ver cine independiente iraní. Le cabe la onda exótica: en esos países que viven en guerras y masacres hay gente muy apasionada; no como los occidentales en los que la sangre no corre por las venas. Es por eso que ella hace Yoga, una actividad progre. El Yoga, además de ofrecerle relajación, estira­mien­to y concentración, es progre. Nati, qué actividad progre que realizás.

Los fines de semana ella sale con su novio a Plaza Francia. Su novio trabaja en un estudio de diseño gráfico, pero por las noches es artista. Su novio, además de darle contención, entretenimiento y satis­facción sexual, es progre. Nati, qué lindo novio progre que tenés.

Ella está pensando en irse de vacaciones a Cuba, un balneario pro­gre. Cuba, además de darle, rumba, salsa y hombres negros para his­­te­riquear, es progre. Nati, qué vacaciones progres que vas a te­ner.

Ella se define apolítica. No obstante, está sensibilizada por el hambre y la pobreza que hay en el mundo. Es por eso que a los pobres siempre les da una moneda y a la hora de votar lo hace por la Alianza, que reúne las tradiciones progres de Yrigoyen y de Perón. Voto que además de afirmar su sentimiento de ciudadanía y de participación en la soberanía nacional, es progre. Nati, qué sufragio progre que emitís.

19 de febrero de 2012

17 de febrero de 2012

Alegato en contra de los corsos porteños


Estoy descansando tranquilo en mi casa cuando soy despertado de forma súbita por un sonido ensordecedor que provien de la calle. Se escuchan bombos, gritos, trompetas y se me viene a la cabeza la barra brava de Chacarita probablemente apostada en la esquina. Salgo inmediatamente a auxiliar a mis vecinos. Estoy confundido. Ninguna hinchada. Se trata de uno de esos piquetes con mala música y pésimo gusto que llaman corso.

Apenas alcanzo el lugar, soy abordado por una pandilla de niños en edad escolar que me empiezan a atacar con lo que tienen a mano, es decir, espuma y pistolas de agua. Me encuentro desarmado, lo que hace mi situación aun más precaria. La pandilla identifica el flanco más débil y me ataca a los ojos.

Se trata de una banda anárquica, sin jerarquías, de tal manera que no hay un cabecilla con quien negociar mi rendición. Además se nota que han planificado el ataque: tienen el rostro cubierto con purpurina, pintura, quizá para no ser reconocidos en una rueda de sospechosos.

Atrás hay unas señoras que parecen las madres de los críos. Intentan que los pibes depongan su actitud: "Tirale sólo a los que están jugando. No le tires al señor". El infructuoso pedido de la madre me hace acordar a los ruegos de la ONU dirigidos a EEUU: "Por la vía diplomática, por la vía diplomática", que se suceden con la decisión de EEUU de ir por la vía militar.

Concluidas las agresiones estimo que lo mejor que puedo hacer para preservar mi integridad es conseguir yo también un tubo de espuma. A modo de autodefensa. Me dirijo a comprar uno y me dicen que un tubo cuesta 20$ con el choripán.

- Quiero sólo un tubo

- Viene sí o sí con el combo. Lee el cartel. Espuma + chori 20$.

Me empiezo a poner nervioso. Con la promoción te obligan a participar de su festejo. De repente me encuentro a mi mismo comiendo un choripán mientras veo como ese ejército de espásticos al que llaman murga avanza por un corredor central, sus participantes dando patadas al aire y haciendo gestos incomprensibles sin propósito aparente.

Qué terrible es eso de las mascotas a las que subyugan! Es decir, el fenómeno de lo padres murgueros que someten a sus nenes de 2 o 3 años a disfrazarse casi tan ridículos como ellos mimos y forzarlos a caminar con los otros indecorosos "bailarines".

Mi mente persiste en estas reflexiones, cuando veo una imagen que me perturba. Entre la multitud identifico a uno de mis agresores acompañando a la columna. Atravesado mi cuerpo por un rapto vindicativo, salto las vallas metálicas, me dirijo en dirección al niño, lo reduzo y le vacío el tubo de espuma en ojos, oídos y nariz (orificios donde la aplicación de espuma está contraindicada), haciendo justicia por mí y otros peatones damnificados. El público se estremece, pero no precisamente para alentar mi valeroso acto. Para mi asombro prefieren alinearse con el pequeño maleante, lo defienden y cuestionan mi accionar. Increible.

29 de enero de 2012

Las consecuencias no buscadas de la tira de Gustavo Sala.


En el Museo Eduardo Sivori, ese espacio tan agradable a las márgenes del Rosedal, se exhibe actualmente una muestra sobre el pintor judío polaco Maurycy Minkowski. Hace dos fines de semana, mientras estaba paseando en bici alrededor del lago, fui sorprendido por un cartel grande y vertical anunciando la muestra del artista. Contaba con el auspicio de la Fundación IWO, el centro de investigaciones judaicas más importantes de Buenos Aires. Detuve mi recorrido y me metí en el museo. Minkowski se dedicaba originalmente a la composición de paisajes. Pero sacudido por las cruentas escenas que dejaba el estallido de los pogroms, su idea de la pintura viró radicalmente. Los pogroms eran persecuciones violentas contra los judíos, que incluían saqueos, linchamientos, hogueras, abusos sexuales, destrucción de viviendas y comercios, que tenía por protagonistas a turbas enardecidas en Rusia, Ucrania, Rumania, Bessarabia, Bielorrusia, alentados la mayoría de las veces por autoridades zaristas y con la anuencia de las fuerzas policiales. Minkowski se dedicó a retratar los rostros de las víctimas, los cuerpos vulnerados que resultaban de los estallidos de violencia. Las imágenes son estremecedoras y vale más acudir a la muestra y verlas que mi fútil intento por reconstruirlas con la palabra.

¿Qué tiene que ver esto con la tira de Gustavo Sala? El domingo pasado otra vez me encontraba paseando frente al museo y contemplé como aquella gigantografía que anunciaba la muestra de Minkowski (la misma que capturase mi atención con anterioridad) se encontraba cubierta con una pintada negra que rezaba: “No a la censura”. Una mente razonable encuentra difícil trazar una posible asociación entre un pintor del siglo XIX que retrataba la vida judía en la Europa Oriental, con algún tipo de censura. Pero era cuestión de abandonar la razonabilidad para advertir que el mensaje que atentaba contra la muestra de Minkowski, en realidad, estaba dirigido a toda la comunidad judía (una suerte de castigo colectivo por la desgracia del artista de nacer judío) y guardaba relación con el alegato de que habría un intento de censurar a Gustavo Sala luego de su torpe humorada. El caso le vino como anillo al dedo a los antisemitas, reflotando la teoría del lobby judío y el control de los judíos sobre los medios de comunicación, sugiriendo el poder de las instituciones comunitarias, encabezadas por AMIA y DAIA, para acallar a las voces indeseables en los medios a su voluntad. Es ridículo hablar de censura cuando la impresentable tira de Sala fue publicada. En el caso hipotético de que en el futuro los editores se abstuvieran de trabajar con Sala, la única responsabilidad (o irresponsabilidad) sería la del autor.

La pintada me dio mucha lástima, porque la muestra de Minkowski merece ser respetada y honrada. Sin embargo, el caso es sintomático de cómo el fenómeno del antisemitismo “trabaja en lo hondo”; es un sentimiento profundo, no superficial, y encuentra circunstancias propicias para producir pequeñas erupciones. Lo de Sala probablemente haya sido sólo una torpeza; el respaldo de los dibujantes: ciego corporativismo; pero las pintadas contra un museo (y las otras potenciales pintadas contra instituciones judías con el mismo alegato) son actos de antisemitismo. Esto demuestra cómo la torpeza también puede tener efectos antisemitas.
Nota final: y de paso hago un llamado a que aprovechen y concurran a la muestra en el Sivori, antes de que finalice el 20 de febrero.

26 de enero de 2012

Yo nunca firmaría en apoyo a Gustavo Sala




Ayer mismo di con una solicitada en que un abultado colectivo de dibujantes y artistas respaldaban a Gustavo Sala por las supuestas amenazas que hubo recibido en repudio a su polémica tira de Página/12. El comic, para quien se encontraba de vacaciones o lleva la vida de un topo, componía torpemente al DJ David Ghetto, quien hacía bailar a reclusos en un campo de exterminio para que los jabones que se produjeran con sus restos fuesen de mejor calidad. Narrado suena casi tan burdo como es visualmente.

En primer lugar, las “amenazas” que movilizaron a los artistas a respaldar a su colega parecerían ser, en el peor de los casos, intimaciones legales, lo que no se ciñe bien al concepto de amenaza. Más bien es el justo recurso al derecho dentro de un marco legal condenatorio de la discriminación étnica o religiosa. Para decirlo más fácil: amenaza es que te llamen por teléfono prometiéndote el abuso sexual de una de tus hijas o que te ametrallen el frente de tu casa. Que te manden un mail acusándote de antisemita o que te hagan una demanda legal es lo que corresponde si uno sostiene una sartreana ética de la responsabilidad, en la que uno no puede evadir de ninguna manera el resultado (esperado o no esperado) de sus acciones.

Mi opinión: no existe ningún prurito para hacer humor negro con temas sensibles, incluso con la Shoá. El problema es cuando se hace algo burdo, torpe, carente de justificación histórica, irreflexivo, sin contenido, que sea una asociación fácil de conceptos enquistados, tal como hizo Gustavo Sala. El problema no es hacer humor negro sino que ese humor sea irreflexivo.

Yo mismo he hecho humor con Auschwitz; en la tapa de mi libro “Esto no es SPAM”, aparece la ilustración "Comunidad Movistar Toit Lager" con dibujo de Langer e idea mía, donde se puede ver a un recluso del campo de concentración que tiene tatuado en su brazo un número de celular, 15 6807 etc etc. El mensaje es claro: en las sociedades contemporáneas somos masificados y numerados a través de dispositivos tecnológicos como el celular. El número de celular puede ser asimilado con fines humorísticos a la numeración con que es identificado un convicto. En esta modalidad de humor negro, se toman elementos de esa enorme tragedia que fue la Shoá, pero se los emplea reflexivamente, intentando exponer un sentido histórico.

Veamos en cambio qué hizo Sala: en primer lugar efectuó una demasiado sencilla asociación entre el músico David Guetta y la palabra Ghetto, para luego cometer la enorme torpeza histórica de asociar Ghetto con campo de concentración. El ghetto, que se remonta a la Edad Medieval, consiste en la concentración de una población segregada (de manera forzada o no forzada) en espacios diferenciados de la ciudad. No hay una asociación directa y necesaria entre el ghetto y los judíos o entre el ghetto y un campo de exterminio. Sólo desde una mirada muy inocente y poco informada sobre la materia se puede plantear semejante vínculo (también para el disfrute de un público poco informado). Posteriormente se hace humor muy liviano sobre el hecho de que de los cuerpos de los judíos aniquilados se extraía materia prima para la elaboración de jabón. Esta es la asociación más fácil que involucra a la Shoá, tan fácil e irreflexiva que es el lugar común de hinchadas de fútbol en su esfuerzo antisemita. Es un lugar tan común que a esta altura se comporta como una muletilla obtusa a la hora de hacer humor. Es decir, si vas a hacer el mismo humor que la barrabrava de Chaca, después no te quejes histéricamente de las consecuencias.

En definitiva, Gustavo Sala se conduce como un adolescente torpe, inculto y desinformado. Sólo que lo hace desde un foro de alcance nacional y con el respaldo de años de credibilidad (por lo menos en materia de multiculturalismo e integración) como es Página/12. Yo no respaldo a Gustavo Sala simplemente porque creo que tiene que hacerse responsable de sus actos, aun cuando no tenga la trayectoria previa de un antisemita.

19 de diciembre de 2011

Mi vivencia del 19 y 20 de diciembre


Indefectiblemente, siempre que empiezo a conocer a alguien le pregunto que estaba haciendo el 19 y 20 de diciembre. Como ese relato me atrae sobremanera, ofrezco mi propia vivencia personal.

Previo a que estallasen las protestas masivas (aunque los movimientos de desocupados ya venían desplegando una actividad furiosa desde el 2000), mis empleadores de la CEPAL habían decidido que yo y los restantes encuestadores nos abstuviésemos de salir a encuestar porque la calle no ofrecía condiciones de seguridad mínimas. Como nos pagaban por cuestionario completo, la noticia no era alentadora. Pero lo cierto es que el clima estaba enrarecido desde bastante antes del 19 y el 20. Caminando las calles del Once con mi portafolio, mi pilón de encuestas y lapicera en mano, he sido testigo de súbitas corridas…no bancarias…corridas de los comerciantes por cerrar sus locales ante rumores de saqueos. Las persianas metálicas iban cayendo una a una, como contagiadas por el furor de la persiana vecina. Siempre suceden estas cosas cuando se acercan las fiestas, se consolaba uno; pero sin llegar a captar la singularidad de lo que se tenía enfrente.

A medida que los ministros de Economía dejaban sus funciones (primero Machinea, para que asumiera López Murphy y anunciase el 13% de recorte para trabajadores estatales y la posibilidad de un arancel en la universidad pública), se aceleraban las reuniones militantes en la Facultad de Sociales. Desde que había ingresado a la facu, el año anterior, militaba de forma independiente. Nos llamábamos Autogestión, nos concentrábamos en la producción autogestiva de apuntes organizando a los cursos (para combatir el sobreprecio que imponía la Secretaría de Apuntes, que visualizaba a la fotocopiadora como un kioskito para que el Centro de Estudiantes se financiase, situación que hoy en día se mantiene). Quienes nos miraban de lejos, podrían llegar a describirnos como una mezcla de anarquistas con fumones y seguidores de Manu Chao.

Cuando se anunció el estado de sitio, recuerdo haber conversado del tema con dos compañeros, preocupado, mientras avanzábamos de la plaza Pizzurno hacia la sede de Marcelo T. Llegamos e inmediatamente comentamos las circunstancias fatídicas con otros compañeros. La reunión con la mayor cantidad de gente posible se hacía de imperiosa necesidad.

Recuerdo esa cumbre como si hubiera sido ayer. Había una combinación de pesimismo y presagio de represión, con esperanza insurreccional. Nadie avizoraba la caída de De la Rua que acontecería al día siguiente. Pero de alguna manera se olían los 36 muertos que serían el saldo de esas jornadas. En el debate atesoré cosas insólitas, especialmente de los compañeros más experimentados. Se insistía con que había que repetir los métodos de seguridad de los ’70, a saber: no llevar encima agendas ni números telefónicos, aprenderse los números de los compañeros más cercanos de memoria. Según un experimentado militante del Viejo Topo (cercano a Autogestión) cuando te encontrabas con un compañero se debía dedicar el primer minuto a inventar un tema de conversación inocente, por ejemplo, el resultado del partido entre Boca y Gimnasia de la fecha pasada, con el propósito de que, en caso de que los dos militantes sean requisados e interrogados por la policía en forma separada, poder compadecer con la misma temática inocua.
Eso no era todo. Según el mismo activista (que a esta altura ya me estaba situando mentalmente en los 70 y poniendo muy tenso) sugería que la facultad (que en breve estaría repleta de servicios) no era un buen lugar para mantener reuniones. Sería preferible reunirse en reducido número en las salas de espera de hospitales. Allí nadie sospechaba de nadie y era más fácil estar seguros y sin vigilancia.

Luego se debatió el momento político y se hizo una lectura sobre los acontecimientos de público conocimiento. Me sorprendió que nuevamente eran las personas ideológicamente más cercanas al marxismo clásico quienes justificaban los saqueos que se habían estado repitiendo desde comienzos de diciembre. “¿Por cuánto tiempo los comerciantes se han apropiado de plusvalía? No se dan cuenta que el margen que obtiene el comerciante se opera por una transferencia de plusvalía de la esfera de la producción a la esfera de la distribución. Los comerciantes, que no son ningunos inocentes, participan, son actores necesarios, en la extracción de la plusvalía de la clase trabajadora”, cerró su fría (férrea) intervención Cecilia, si mal no recuerdo del Viejo Topo. Pero a mí la imagen del chino llorando desconsoladamente en las puertas de su supermercado destruido me indicaba que el argumento de Ceci no podía ser suficiente para dar cuenta de la cruel realidad.

Salí de la reunión apesadumbrado y temeroso. Desconfiando de servicios invisibles y sintiendo que mi destino no podía ser muy distinto al de los Montos chupados y picaneados. Ese día a la noche, me encontraba viendo Lanata con un sabor agrio en la boca y el cuello duro. Cuando de repente oí aquello que era una novedad, pero en los meses siguientes sería la norma: los primeros ruidos de cacerolas. Salí al balcón y no lo podía creer: se estaban reuniendo manifestantes en Cabildo y Lacroze, desafiando el estado de sitio, resistiendo con sus cuerpos a un gobierno moribundo que no se iría sin causar antes el daño suficiente. Rápidamente (y desafiando tanto la autoridad del Estado como la de mi padre que era Ley en mi hogar) enfilé rumbo a la vereda, para acompañar a mis vecinos. Pronto se dirigirían a la entrada de la vivienda de Videla. Parece que el estado de sitio les hizo recordar a Videla antes que a ningún otro. Y sí, tener al mayor hijo de puta viviendo en el coqueto punto de la ciudad de Cabildo y Maure no es para menos.

Esa masa anónima y sin credenciales ni íconos (esto es bastante shockeante y satisfactorio la primera vez que se lo experimenta) se uniría a otra en el camino para finalmente confluir en el Congreso. Fue una verdadera fiesta hasta que fuimos reprimidos. Pero eso se iría instalando como la costumbre. El Año Nuevo del 2001 lo pasé en casa de amigos y compañeros militantes. Brindamos y a las 00:10 ya estábamos cortando Juan B. Justo y San Martín. Semejante festejo anticipaba de forma acabada los días que se vendrían.

1 de diciembre de 2011

Semblanza de Marruecos


En Rabat y Marrakesh hace calor hasta fines de noviembre (la altura de Marrakesh no cambia las cosas).

La primera es una ciudad de embajadas y oficinas gubernamentales acompañadas de hoteles y restaurantes de lujo, de esos que alojan reuniones importantes. Los hoteles marroquíes parecen recuperados de la época colonial cuando prestaban su servicio para acomodar la fantasía orientalista de los colonos franceses y el deseo de sus cipayos.

Las noches de Rabat son atravesadas por fantasmas, jóvenes que deambulan por las calles casi vacías con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha. Dos muchachos amenizan su marcha con una petaca de alcohol. La esconden inmediatamente cuando sienten la presencia difusa de una sirena. Luego aparece el vehículo, un patrullero de la “Seguridad nacional” (cuando una Policía no se llama Policía se hace difícil no pensar en “1984”) .

De cualquier manera, los oficiales de seguridad uniformados no abundan. En Marrakesh, la ciudad más turística, la gente se aproxima con confianza a la plaza Djema bañada por la oscuridad (una gran explanada librada para artistas, rodeada de cafés con terraza y flanqueada por el sok o mercado). En un lugar con la densidad poblacional de Florida y Lavalle y el intercambio de dinero del Mercado de Liniers casi no se atesoran policías uniformados. En cambio, los servicios encubiertos, que se intuyen por todas partes, refuerzan el efecto panóptico.

Hay poco lugar para las bicis en un sitio en que se avanza como se puede. Motos, peatones y, de ser físicamente posible, autos comparten los mismos callejones. Más por imposición de los motorizados que por ánimo de convivencia. Si se es peatón la fórmula es caminar siempre para adelante en línea recta sin detenerse, pues los motociclistas cuentan con que uno no modificará el recorrido. De lo contrario acontece el accidente. Presenciamos dos en el transcurso de cinco días.

Vi en la TV una publicidad de Activia protagonizada por actrices árabes. Y con esto creo haberlo visto todo. Como si las mujeres de la región no tuvieran suficientes problemas con la notoria desigualdad, la opresión y la violencia contra su género, también parecen preocupadas por el tránsito lento.

Sí, la mujer es un tema, tanto como uno imagina antes de visitar el país. Quienes usan el hijab, parecen orgullosas de su hábito y no reconocen la existencia de diferencias entre hombres y mujeres (ni siquiera las visuales y aparentes que el mismo hijab impone). Las islamistas contagian: hasta las mujeres seculares se visten con recato. De pantalón de jean, pero con recato.

Ancianos barbudos y maltrechos se reúnen a sacudir los tambores en la plaza Djema de Marrakesh. Entre ellos revolotean aves de corral, salidas de no se sabe dónde (no se entiende el significado de las aves en ese sitio, si es que lo tuviera). Uno de los músicos provee a los demás té de menta en copas de cristal. La música que tocan vibra como la música latina: candombe, cumbia colombiana o capoeira. El parecido es poderoso. La influencia negra penetró tanto en el norte de África como en Latinoamérica. La música popular es africana en todas partes. Y en Marruecos se siente universal. Entonces es cuando uno piensa la posibilidad antes evasiva de una universalidad negra, de una universalidad construida desde el margen.

Y si hablamos de márgenes, hay que reconocerlo: los marroquíes cuidan mejor a sus niños que lo que lo hacemos en Argentina. Aunque de vez en cuando se observa a criaturas marroquíes pidiendo en la calle, esta imagen no se repite tanto ni tiene la misma fuerza disruptiva que los chicos argentinos en edad primaria con su ropa hecha girones, su salud y aspecto físico lamentables y la compañía infaltable del pegamento.

Tanto en Rabat como en Marrakesh hay trapitos y tenderos acostumbrados al regateo. Los trapitos emprenden peleas territoriales feroces. Los tenderos del mercado son más previsibles y si no uno evade sus insistentes llamados (negándoles hasta la mirada) abandonan su ímpetu. La clave está en preguntar el precio, retirarte decepcionado de la tienda y esperar que el mercader acuda en tu búsqueda. La esencia de cualquier negociación: sólo puede obtener algo bueno quien esté dispuesto a renunciar a todo. La costumbre de demandar dinero por grabarlos o tomarles fotos me pareció inaceptable.

Es paradójico que en esta monarquía cuasi absoluta, con un parlamento de facultades muy limitadas y un rey que no quiere abandonar sus prerrogativas, los tenderos te inciten a proponer por sus mercaderías “un precio democrático”.

Fuimos a cubrir las primeras elecciones luego de una reforma constitucional prácticamente inocua. Una hora antes de que cerrasen los comicios, la participación rondaba el 25% del padrón. Sorpresivamente, una hora después la cifra había trepado al 45%. Con todo, no parecen cifras de participación para entusiasmarse, y la gente con intereses en la elección lo estaba. La vehemencia con que el gobierno y sus agentes se interesan por que el periodismo internacional refleje el proceso con bondad reafirma mi convicción: cuanto más conozco a los Estados-policías árabes, más quiero a mi democracia liberal.

5 de noviembre de 2011

Las únicas batallas que puede ganar la izquierda son las que toma prestadas al liberalismo.


La instalación en la agenda pública del debate sobre la legalización del aborto, sumado a los avances en los últimos años (por lo menos en el ámbito judicial) del movimiento por la despenalización del consumo de drogas, y el matrimonio igualitario, dan cuenta de que las únicas gestas que puede ganar la izquierda (1) son las que toma prestadas al pensamiento liberal.

Simpatizo con las tres causas (aborto legal, matrimonio igualitario, despenalización del consumo). Por lo tanto, nada de esto debe ser leído como una crítica ni a las causas en sí ni al progresismo que las levanta. Es más bien la comprobación que la defensa que hace la izquierda se sostiene en fundamentos alejados de su tradición colectivista. Para decirlo más sencillo: aunque sus militantes no lo reconozcan, los únicos trofeos que la izquierda exhibe con orgullo han sido robados al campo liberal (corriente a la que socialistas, comunistas y peronistas se juntan para execrar).

La izquierda tradicionalmente privilegia los intereses colectivos por encima de las libertades individuales. Con esto no digo que los militantes menosprecien las libertades individuales; sino que en los casos en que el bien colectivo colisiona contra una libertad individual, el progresista se inclina por atender lo colectivo. Pensar a un individuo aislado de su comunidad y sostener desde esta figura una argumentación política es rápidamente censurado por los seguidores de Karl Marx; se trata de una verdadera robinsonada, un error en el que suelen incurrir los analistas liberales. El individuo por sí solo no es nada. El individuo sólo es en cuanto que ocupa una posición determinada en una estructura social. Para el pensamiento de izquierda entonces, no existen derechos o libertades intrínsecas al concepto de individuo, no existen derechos individuales absolutos e inalienables: es la sociedad la que confiere estos derechos y la sociedad la que tiene la capacidad de negarlos.

Llama la atención que la consigna principal de la campaña por la interrupción del embarazo contradiga de manera tan ostensible los principios colectivistas, y aun así la izquierda no dude ni un segundo en apoyarla. La afirmación de que “cada mujer decide sobre su cuerpo” (con la que estoy absolutamente de acuerdo, aunque no venga al caso) ¿no debería ser vista desde la izquierda como una digna robinsonada?, ¿no es una desviación de corte individualista?, ¿no hay algo en la reproducción que atañe al colectivo humano, y por lo tanto excede la potestad del individuo? Si para un socialista/ comunista/ peronista de izquierda son tan importantes las instancias colectivas, ¿en qué momento éstas intervienen en el slogan según el cual el individuo (femenino) decide exclusivamente sobre su cuerpo y el embrión en gestación? Alguien podrá decir que cuando el asunto llega a la intimidad o al ámbito doméstico, la disputa sobre lo “colectivizable” se detiene. Las decisiones reproductivas, por lo tanto, no entrarían en conflicto entre lo público y lo privado y serían exclusiva potestad del individuo. Pero sabemos que para el verdadero pensamiento socialista no hay nada privado que caiga fuera de la esfera de lo público. No por nada son conocidas las historias de activistas en la década del ’70 que pedían permiso a la organización en la que militaban para casarse o tener hijos. El concepto era claro: los militantes se sentían parte de un proceso social que los excedía, la revolución. Por lo tanto, sólo los mandos revolucionarios podían dilucidar adecuadamente si el casamiento o la procreación prestaban servicio (o al menos no estorbaban) a la Causa superior. Los tiempos son otros, claro está. Pero aún sigue en pie la cuestión. Cuando desde un extremo del debate sobre el aborto se sostiene el derecho incondicionado de la mujer a decidir sobre su cuerpo y en el otro extremo se afirma que tal derecho debe limitarse por las otras consideraciones presentes (las del padre, del bebé por nacer, de la humanidad como concepto), ¿no son los pro-vida los que ocupan la posición más “colectivista”, mientras que los pro-aborto defienden una consigna lisa y llanamente individualista/ nominalista?

Algo similar ocurre con el derecho ilimitado de cada individuo de consumir estupefacientes sin que se interponga el Estado o instancia colectiva alguna. Sólo puede defenderse tal garantía acudiendo al principio rotundamente liberal según el cual “en el espacio privado y mientras no se perjudique al prójimo, el individuo goza de plena libertad de acción”. Pero en el instante en que traemos al análisis el interés superior de la comunidad, la razón de Estado, vemos como la “libertad individual” de consumir drogas se desbarata. ¿Es aceptable para el pensamiento “colectivista” que el individuo haga con su salud lo que le antoja, máxime cuando los tratamientos de desintoxicación, aquellos que hacen frente a la adicción o a los padecimientos asociados, son soportados por las finanzas públicas (es decir, costeados por el conjunto de la comunidad)? Si se favorecen las decisiones colectivas, asamblearias, ¿no debería ser el conjunto de la comunidad la que decida si quiere esos fondos destinados a tratamientos públicos para drogadependientes o para otro propósito? ¿Y si la comunidad considera que la maximización de su interés colectivo reside en que los individuos se mantengan alejados de sustancias que tienen un impacto negativo para la salud pública? Sólo defendiendo la plena libertad de acción en el fuero privado tiene sentido desestimar cualquier consideración colectiva, de interés público, que se ponga por delante de la libertad de un individuo de hacer con su cuerpo lo que se le antoja. Por si no está claro que el consumo de drogas puede entrar en conflicto con una rígida moral socialista, es pertinente observar el tabú que organizaciones de izquierda del ’70 colocaban sobre los estupefacientes (e incluso sobre el consumo de alcohol), a tal punto que no sorprende el antiguo canto: “No somos putos ni somos faloperos, somos soldados de FAL y Montoneros”.

Y ya que mencionamos la palabra “putos” (que los militantes setentistas – sobrevalorados por la izquierda contemporánea- pronunciaban con acento peyorativo), cerremos con el tema. Es comprensible que aquella vieja izquierda, la de la disciplina marcial como instrumento para derrotar a la burguesía en la “guerra de clase contra clase”, encontrase en la reivindicación de derechos de los homosexuales una desviación burguesa, un señuelo colocado por el enemigo para distraer al proletariado de la verdadera y única batalla social: la que acontece en el ámbito de la producción. Está de más decir que la izquierda se ha incorporado muy tardíamente a las luchas LGTTB, ha tenido históricas dificultades para comprenderlas, y que, anteriormente, su visión de lo queer era tan arcaica como la del conservador promedio. La movilización por la igualdad de derechos, en cambio, se presenta como la continuación de las luchas civiles que tienen por blanco directamente derechos individuales y desestiman cualquier pretensión colectivista a la que se le adjudique prioridad.

Quizá nos encontremos en un momento de la historia en que tanto liberales e izquierdistas hayan abandonado sus principios originarios. Los liberales para entregarse a la real politik del mercado, aferrados a dos o tres mantras anti-estatistas con los que pretenden simular interés por el orden de lo público; la izquierda para reanudar con fervor militante aquellas consignas legítimas y huérfanas; libertades individuales múltiples abandonadas por los liberales para concentrarse en la única libertad de la que no podrían desprenderse: la libertad de comprar y vender.


(1) De manera amplia, incluyo en la categoría de izquierda al troskismo, el comunismo, el socialismo y el ala izquierda del peronismo, entre otras variantes “colectivistas”.

31 de octubre de 2011

Uno de los remates más divertidos del Midrash

¿Por qué Dios formó a Eva de la costilla de su futuro esposo? La pregunta no preocupó a Adán, pero sí al Midrash, que dió la siguiente explicación: antes de realizar su proyecto, Dios se dijo: no formaré a Eva de la cabeza de Adán porque caminaría con la frente levantada, haciendo gala de gran arrogancia; tampoco de los ojos la formaré, porque sería curiosa, demasiado cursiosa, llena de codicia; ni de las orejas porque escucharía tras las puertas; ni de la nuca, porque tendría la cerviz dura y el porte insolente, ni de la boca, porque sería una charlatana, ni del corazón porque enfermaría de envidia, ni de la mano, porque se metería en lo que no le importa. No, decidió Dios, la formaré de la parte más casta del cuerpo de Adán, de su costilla. Pues bien, a pesar de tantas precacuciones, la mujer ostenta todos esos defectos.
Elie Wiesel en "Celebración bíblica. Retratos y leyendas del Antiguo Testamento" (1987)

28 de octubre de 2011

Primero ocupar. Las demandas vienen después. Por Slavoj Zizek (traducido pour moi)

¿Qué hacer después de las ocupaciones de Wall Street – protestas que empezaron en lugares periféricos del mundo, alcanzaron el centro y ahora, reforzadas, se mueven por todo el globo? Una de las mayores amenazas que enfrentan los manifestantes es enamorarse de sí mismos. Como repercusión de la ocupación de Wall Street de la semana pasada, un joven de San Francisco invitó a la multitud a participar de acciones como si se tratara de un happening, exhibiendo el estilo hippie de la década de 1960: “Nos preguntan cuál es nuestro programa. No tenemos programa. Estamos acá para pasarla bien”.



Los carnavales son fáciles de conseguir – el verdadero examen de valor es lo que persiste el día después, cómo se modifica nuestra vida cotidiana. Los manifestantes deberían enamorarse en cambio del trabajo duro y paciente – se encuentran al comienzo de un proceso, y no al final. El mensaje básico es: se rompió el tabú; no vivimos en el mejor de los mundos posibles; tenemos la posibilidad, incluso la obligación, de pensar alternativas.

En una suerte de tríada hegeliana, la izquierda occidental ha completado el círculo: luego de abandonar el así llamado “esencialismo de la lucha de clases” por una pluralidad de luchas anti-racistas, feminista y demás, el capitalismo ahora re-emerge claramente como el nombre de EL problema. Entonces la primera lección es: no culpes a la gente y sus actitudes. El problema no es la corrupción o la ambición, el problema es el sistema que empuja a la gente a ser corrupta. La solución no es la consigna “Main Street sí (1) , Wall Street no”, sino cambiar el sistema en el que Main Street no puede funcionar sin Wall Street.

Existe un largo camino por delante y pronto tendremos que enfrentar las preguntas verdaderamente difíciles – no las preguntas de qué es lo que no queremos, sino las preguntas sobre que queremos. ¿Qué organizaciones sociales pueden reemplazar al capitalismo existente? ¿Qué nuevo tipo de líderes se necesitan? ¿Qué órganos, incluyendo aquellos de control y represión? Las alternativas del siglo XX, obviamente, no han funcionado.

Aunque es emocionante contemplar el goce de la “organización horizontal” de las masas, sus debates abiertos y el sentimiento de solidaridad igualitaria, debemos también considerar las palabras de GK Chesterton: “Tan sólo una mente abierta no significa nada; el objeto de abrir la mente, como el de abrir la boca, es cerrarla de nuevo sobre algo sólido”. Esto también vale para la política en tiempos de incertidumbre: los debates abiertos deberán fundirse no sólo en algún nuevo significante amo, sino en respuestas concretas a la vieja pregunta leninista: “¿Qué hacer?”

Los ataques directos de los conservadores son fáciles de responder. ¿Son las protestas anti-americanas? Cuando los fundamentalistas conservadores afirman que Estados Unidos es una nación cristiana, uno debería recordar lo que es el cristianismo: el Espíritu Santo, la comunidad libre e igualitaria de creyentes unidos por el amor. Son los manifestantes los que actúan el Espíritu Santo, mientras que en la Bolsa se veneran a dioses falsos.

¿Son violentos los manifestantes? Seguramente su lenguaje puede aparecer violento (ocupación y demás), pero son violentos sólo en el sentido en que Mahatma Gandhi era violento. Son violentos porque quieren detener el rumbo actual de las cosas - ¿pero qué significa esta violencia nimia en comparación con la violencia necesaria para sostener el funcionamiento suave del sistema capitalista global?

Se los llama perdedores - ¿pero no están los verdaderos perdedores en Wall Street, quienes constantemente deben ser socorridos por el Estado? Se dice que los manifestantes son socialistas, pero en Estados Unidos ya existe un socialismo funcionando para los ricos. Se acusa a los manifestantes de no respetar la propiedad privada – pero las especulaciones de Wall Street que derivaron en el colapso del 2008 confiscaron más propiedades (conseguidas con esfuerzo) que lo que los manifestantes podrían atacar en toda su vida – sólo hay que pensar en las miles de viviendas que fueron confiscadas a personas endeudadas.

Los manifestantes no son comunistas, si por comunismo entendemos el sistema que merecidamente cayó en 1990 – y debe recordarse que los partidos comunistas que todavía están en el poder dirigen las economías más salvajemente capitalistas. El éxito del modelo chino de “capitalismo liderado por comunistas” señala que el matrimonio entre capitalismo y democracia está a punto de divorciarse. El único sentido en que los manifestantes son comunistas es que se preocupan por lo comunitario – la naturaleza, el conocimiento – que se encuentra amenazado por el sistema actual.

Se los subestima con el mote de soñadores, pero los verdaderos soñadores son los que piensan que las cosas pueden seguir igual indefinidamente, sólo con cambios cosméticos. No son soñadores; al contrario, son quienes han despertado de un sueño que se volvió una pesadilla. No están destruyendo nada, sino reaccionando frente al modo en que el sistema se destruye a sí mismo. Todos conocemos la clásica escena de los dibujos animados: el gato alcanza un precipicio pero continúa caminando; sólo comienza a caerse cuando mira hacia abajo y se percata del abismo. Los manifestantes sólo están indicando a quienes detentan el poder que miren hacia abajo.

Esta es la parte más fácil. Los manifestantes deben estar atentos no sólo frente a sus enemigos sino frente a falsos amigos que pretenden apoyarlos pero en realidad trabajan duro para diluir la protesta. De la misma manera en que conseguimos en el mercado café sin cafeína, cerveza sin alcohol, helado descremado, los poderosos procurarán volver las protestas un gesto moralista inofensivo.

En el boxeo, es común abrazar el cuerpo del oponente como una forma de evitar o disminuir los golpes. La reacción de Bill Clinton frente a las protestas de Wall Street fue un caso perfecto de “abrazo político”. Clinton piensa que las protestas “están bien mientras tengan equilibrio”, pero está preocupado porque las demandas son difusas: “Necesitan demandar algo específico, y no sólo estar en contra de algo. Porque si sólo estás en contra de algo, otra persona va a llenar el vacío que creaste”. Clinton sugiere que los manifestantes deberían encausarse tras los planes de empleo de Obama, los que, según afirma, crearán “un par de millones de puestos de trabajo en el próximo año y medio”.

Lo que hay que resistir en esta instancia es precisamente tal traducción rápida de la energía manifestante en un conjunto de demandas pragmáticas concretas. Sí, los manifestantes crearon un vacío – un vacío en el campo de la ideología hegemónica, y se necesita tiempo para llenar ese vacío de una manera aceptable, siendo que es un vacío esperanzador, una apertura para lo verdaderamente nuevo.

La razón por la que los manifestantes salieron a la calle es porque ya tuvieron demasiado de ese mundo en que una persona puede sentirse feliz reciclando latas de gaseosas, entregando algunos dólares para caridad, o comprando un capuchino en tiendas donde el 1% se destina a resolver problemas mundiales. Luego del fenómeno de la “terciarización” del trabajo y de la tortura, luego de que las agencias de matrimonio terciarizaran hasta nuestras citas, los manifestantes observan que por largo tiempo se les ha ofrecido terciarización hasta para sus compromisos políticos – y los quieren recuperar.

El arte de la política también consiste en insistir en una demanda tal que, aunque completamente realista, perturba el núcleo mismo de la ideología hegemónica; por ejemplo, una demanda que aunque definitivamente viable y legítima, es de hecho imposible para el sistema actual (un caso: la demanda de cobertura médica universal en los Estados Unidos). Luego de las protestas en Wall Street se debe movilizar a la gente a formular ese tipo de demandas – sin embargo, es igualmente importante al mismo tiempo mantenerse alejado del terreno pragmático de las negociaciones y las propuestas “realistas”.

Debemos concentrarnos en que cualquier debate aquí y ahora necesariamente es un debate en el terreno del enemigo; se necesita tiempo para desplegar un contenido novedoso. Todas nuestras palabras pueden ser conquistadas por el enemigo – todo excepto nuestro silencio. Este silencio, el rechazo del diálogo, de cualquier forma de abrazo del enemigo al estilo del boxeo, es nuestro “terror”, siniestro y amenazante como debe ser.

(1) Main Street es la calle neoyorquina en la que se concentraron las protestas.
Discurso de Zizek en Occupy Wall Street, con el título: Occupy first. Demands come later.