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7 de julio de 2011

El mapa imaginario de la droga



Hay quienes sostienen que el alcohol y el tabaco son drogas, tanto como la marihuana o chupar sapos con veneno cutáneo. El alcohol y el tabaco serían drogas por mérito propio o bien porque son la antesala de la droga y entonces también son drogas, alegan confusamente.

Pero una persona que consume alcohol está convencida de que el alcohol no es una droga. Te podrá dejar con la mejilla contra la acera un par de veces, pero sus efectos de ninguna manera se comparan con los del porro, que además de darte vuelta te pueden volver medio zurdo. Por lo tanto, concluye, droga es a partir de la marihuana.

Pero una persona que consume marihuana te dice que el faso no es una droga. Argumenta que no produce adicción, se controla, y si no estuviera penalizado se podría conseguir en una herboristería, como el ajenjo y el ginseng. Dado que todo el mundo fuma porro, te dice, droga es a partir de la merca, que por algo la usan los ejecutivos y los prepotentes.

Pero una persona que consume cocaína podrá defenderse y decir que la merca no produce efectos muy diferentes al porro, sólo que te quema un poco más el cerebro. Pero dado que el porro puede llegar a usarse con una regularidad muy superior, quizá por su costo, la ecuación final es que ambas te queman el cerebro por igual. Y por lo tanto, continúa el supuesto individuo, si se exime al porro de figurar entre las drogas debería hacerse lo mismo con la cocaína. Las “drogas drogas” son las inyectables, finaliza.

Pero puede aparecer un sujeto que consuma drogas por vía intravenosa, que diga que esta sociedad hipócrita demoniza a ciertas sustancias psico-activas para ocultar “la verdadera droga”: el consumo de carne. Afirmará que aunque él se da con todo, mantiene su cuerpo limpio y no consume productos cárnicos.

Y aquí se cierra el círculo. Porque él que cree que el tabaco y el alcohol son drogas tiene problemas para realizarse individualmente y afirmar su yo y se evade de la realidad consumiendo productos animales.

14 de junio de 2011

Detrás de los pilotes (nota de mi autoría publicada en Revista Ñ)

Es iz shver tsu zain a Id
¡Qué difícil ser judío! (proverbio idish)

Contemplar el edificio de la AMIA es experimentar de manera patente el efecto del pasado sobre la arquitectura presente. Un predio que con sus homenajes y memoriales se esfuerza de manera sostenida por impedir el olvido del horror, debe prestar su materialidad al desarrollo de las rutinas propias de la institución. Increíblemente los cambios más notorios que dejó el atentado del año 1994 en el paisaje de la calle Pasteur son árboles y bloques de cemento. Elementos de naturaleza muy distinta. Para llegar a la AMIA recorro las hileras de árboles que recuerdan a las víctimas, a sus pies las placas de mármol en donde se tallan los nombres, desplegados desde Córdoba hasta Corrientes. Es imposible no leer en el follaje la metáfora inevitable de la persistencia, la constancia insuperable de la vida. De repente, las filas arbóreas son interrumpidas por los pilotes antiexplosivos. Bloques rígidos, inertes e incoloros, a cuya visión, más propia de un emplazamiento militar que de un sitio dedicado entre otras cosas a la cultura, nos han acostumbrado demasiado fácil los dos atentados.

Los pilotes se han esparcido por la mayoría de las instituciones judías (escuelas, sinagogas, clubes etc.), haciendo que todas ellas participen de una referencia no disimulada a este punto central, la AMIA, dotando de una imagen homogénea a la noción bastante más abstracta de “comunidad”. A nivel funcional, la tranquilidad que brindan los bloques es tanta como la amenaza que presagian. En la dimensión comunicacional, los pilotes me anticipan, en mi carácter de visitante, los restantes dispositivos de seguridad que deberé atravesar para ingresar a la entidad. Primero me enfrento a un bitajon (seguridad en hebreo) apostado del lado de afuera, y en compañía tiempo completo de un oficial de la Federal. Me interroga si he estado antes en la AMIA. Le contesto que sí y quiere saber los motivos. Vine a recitales de klezmer, a ver películas, a conferencias (como ese mismo día), y mi respuesta lo contenta. Los bitajon interpelan con una expresión solemne y grávida que parece un homenaje lejano a los jaialim, los soldados israelíes, adolescentes tardíos que viven su destino militar con melancólica resignación.

Entonces atravieso la primera de tres puertas metálicas y pesadas, la que me conduce a una cámara cerrada con un fondo de vidrio opaco. Tras la opacidad un segundo bitajon podría estar observándome (el efecto panóptico impide mi certeza). En la cámara se alzan dos detectores de metales, flanqueados por otro custodio. “¿Qué hago? ¿Paso por los detectores?” – pregunto yo manifestando la típica compulsión, cada vez que enfrento dispositivos de seguridad, a mostrar colaboración y sentirme ligeramente culpable sin poder precisar por qué. “No, pasá directo” – dice el joven a mi lado, “¿Seguro?” – dudo yo, “Pasá Andrés”, y esta última voz está distorsionada electrónicamente, como por un micrófono, y entiendo que viene del otro lado del vidrio oscuro. ¿Cómo sabe mi nombre? Debe tratarse de alguien que me vio en la tele. Se enciende una luz verde para que una puerta de acero se abra hacia un pasillo. Compruebo que en el corredor el centinela antes guarecido tras el vidrio opaco me espera para elogiarme y sacarse una foto conmigo. El acontecimiento motiva al otro bitajon a aproximarse y matar la curiosidad. “Es Andrés, el nuevo notero de CQC. ¿Nunca lo viste?” – lo espeta el primero, sutilmente indignado por el desconocimiento de su compañero. Y lo insta a sumarse y posar. Mientras entrego mi mejor sonrisa para el lente del celular especulo si también el soldado israelí se hubiera conducido de ese modo o si se trata de una manifestación inequívoca de argentinidad.

Al final del corredor me encuentro con la última de las tres puertas antes de pasar a la plaza seca que distingue a la nueva edificación. La puerta es extremadamente pesada y mientras lidio con ella me pregunto cómo hacen para dominarla las personas mayores, el público más numeroso en los eventos de la entidad. Estos señores de edad avanzada, quienes suelen acompañarme en los convites culturales de la AMIA, vivieron en su juventud una preocupación por la integridad de los judíos de naturaleza muy distinta a la actual. No podría decir si mejor o peor; por lo menos distinta. Recuerdo entonces lo que alguna vez estudié: a comienzos de la década del ’60, y motivada por la captura en territorio argentino del criminal de guerra Adolf Eichmann, una oleada de antisemitismo sacudía la vida de la colectividad. La amenaza era interna y faltaba tiempo para que terminara de delinearse aquél fenómeno luego identificado como terrorismo. En ese entonces el miedo era infundido por grupos vandálicos de jóvenes nacionalistas católicos (los más destacados: Tacuara y Guardia Restauradora Nacionalista), que contando con la anuencia de las fuerzas de seguridad, arrojaban su violencia contra edificios y estudiantes judíos a quienes consideraban extranjeros habitando en suelo patrio. En ese entonces la decisión de la comunidad judía fue la organización de equipos de auto-defensa, integrados por jóvenes convencidos y militantes (¿algún mayor que asiste hoy a la AMIA habrá protegido su honra a las trompadas contra los nacionalistas, a la salida del colegio Sarmiento?). La transformación de la amenaza percibida y el cambio de paradigma en materia de seguridad (formalizándose como un tema de atención prioritaria) no son ajenos al observador que se acerca a la entidad. La influencia del Estado de Israel modelando ciertas miradas y conductas es tan visible en la AMIA como en las restantes organizaciones del judaísmo argentino.


Afortunadamente luego de dejar atrás pilotes, breves interrogatorios, detectores de metales, vidrios opacos y pesadas puertas de acero, llego a un espacio abierto y al aire libre que me permite respirar. Creo que el propósito con el que se confeccionó la plaza seca fue contrarrestar la sensación de asfixia supuesta en el diseño tipo bunker. Los requerimientos de seguridad probablemente contemplen la alternancia de espacios concretos (el de la fachada), con espacios vacíos (la plaza seca), y nuevos espacios concretos (el cuerpo central del edificio). Esta continuidad se encuentra modulada por la medianera derecha, todo lo que quedó de la construcción antigua tras el atentado.


He escuchado a varias personas denominar guetización al proceso por el cual las organizaciones judías se aíslan del medio tras el espesor de dispositivos de seguridad. No obstante, debe recordarse que el fenómeno medieval del gueto (y su actualización moderna) consiste en la concentración física de la población judía en áreas especiales de la urbanización por efecto de la presión o la amenaza del entorno. Mi opinión es que, por muy molestas que puedan resultar las precauciones, en nada modifican la relativamente armónica convivencia entre judíos y no-judíos en el seno de la sociedad argentina. En cambio, debe ser remarcado el hecho de que las medidas de seguridad de la AMIA, tal como nos informa la prensa, son reforzadas cada vez que Medio Oriente es sacudido por hechos de violencia, o cuando en el plano internacional una noticia luctuosa involucra a movimientos islamistas. ¿Se justifica el celo en materia de seguridad? Sabemos que las organizaciones del integrismo islámico no se limitan a combatir la injusta ocupación de Cisjordania por el Estado de Israel, el cerco sobre Gaza o la mentalidad colonialista en el ejercicio del poder (presunción ingenua que integra el sentido común de izquierda). Como queda de manifiesto en la retórica de los líderes de Hamas y Hezbollá, el enemigo a atacar son los judíos y sus aliados, en cualquier lugar del mundo donde estos se encuentren. Hoy como ayer, la vida judía está expuesta a riesgos que atañen de manera específica al ser judío. La amenaza percibida, sin embargo, se ha transformado. También la manera de conjurarla, aunque ésta sólo sea un inocuo placebo para la tranquilidad del espíritu.

10 de junio de 2011

Monólogo sobre las marcas


Cuando me recibí de sociólogo me enfrenté a la decisión de qué hacer con mi título. Tenía dos vocaciones simultáneas: ofrecer mi cuerpo por dinero y ser oficinista. Y no podía decidirme: ofrezco mi cuerpo por dinero o soy oficinista. Finalmente llegué a una solución de compromiso, para hacer las dos cosas al mismo tiempo y empecé a trabajar en investigación de mercado.

Hacíamos estudios para marcas de consumo masivo, gaseosas, alimentos. Estudios para esos productos de limpieza que dicen eliminar al 99,9% de los gérmenes y las bacterias. Sí, escucharon bien: el 99,9%. ¿No podían invertir un 0,1% más y matar a todas? Yo no voy a la cajera del supermercado y le digo: "Disculpame, sólo tengo el 99,9% de lo que vale".

Cómo se aprovechan las marcas de los gérmenes y las bacterias para aumentar sus ventas. A través de esas publicidades catastróficas donde te aseguran que "los gérmenes y las bacterias son los peores enemigos de tu bebé". Sí, de tu bebé, del tuyo, no de los bebés en general. Quizá tu bebé está medio chapa. Claro, el tipo está convencido de que se pelea contra bacterias. Quizá también las invite a tomar la leche.

Lo decepcionante es que los bichitos no tienen la posibilidad de defenderse. Parece que el derecho a réplica no se aplica con los seres unicelulares. No pueden salir en el programa de Chiche Gelblung diciendo: "Mirá Chiche, nosotros intentamos ser lo más higiénicos posible, pero las condiciones socio-ambientales en que crecemos nos lo impide".

A veces a las marcas les sale el tiro por la culata en su pretensión de aprovecharse de los seres microscópicos. Por ejemplo, aquella publicidad de La Serenisima en que Pancho Ibañez aseguraba que la empresa había reducido la cantidad de bacterias presentes en la leche: ahora sólo había 50 millones por centímetro cúbico. Ah, joya, perfecto, me quedo más tranquilo.

Otra cosa que me molesta de las marcas son las promociones en las tapitas. No por la promoción en sí misma, sino porque los kioskeros hacen todo lo que está a su alcance para impedirte que cobres el premio. ¿Ya que lanzan estas promociones, no podrían al menos acordarlo con los kioskeros?. El tipo te dice: "Mirá papi, ya se terminó la promoción, está vencida", o si no: "Mirá papi, nosotros no somos centro de canje", esa respuesta ya es más sofisticada, el kioskero estuvo estudiando derecho para contestarte así. O una muy buena: "Mirá papi, no trabajo con esa promoción". ¿Cómo que no trabajás con la promoción? En las bases de la promoción dice que es válida para todo el territorio de la República Argentina. ¿Sos un secesionista acaso? Es más fácil que te vendan merca en un kiosco a que te canjeen la tapita.

Lo segundo que odio de las marcas son los números telefónicos de atención al consumidor que nunca, pero nunca, están atendidos por seres humanos. Siempre te atiende la fucking máquina de opciones automáticas. Y uno ruega que no atienda. Qué no atienda la máquina, que no atienda la máquina, que haya bajado a comprar puchos, que esté en su horario de almuerzo, pero por favor que no me toque. Prefiero mil veces encontrarme del otro aldo con una voz humana, por más que sea alemana y que corresponda a Klaus Barbie, el carnicero de Treblinka.

Pero finalmente te atiende la estúpida máquina. "Bu-nos-días-bien-veni-do-al-servicio-de..." todo entrecortado, claro, porque es el colmo de la división del trabajo, para abaratar costos costos graban un fragmento en México, otro en Puerto Rico, había una locutora en Chile que les ofrecía un Buenos Días a muy buen precio y se lo compraron. Y la máquina te habla de esta manera: "Si usted desea...presione 1; si usted desea...presione 2...y así hasta el 9". ¿Y cómo mierda ajusto lo que deseo a estas opciones? ¿Cómo mierda se lo explico? Lo que deseo tiene algo del 2, definitivamente, pero tirando hacia el 5. Y quizá tanto el 2 como el 5 estén finalmente incluidas en el 8. Encima no prestás atención a todas las opciones, porque estás esperando que al final haya una opción que sea "comunicarse con una operadora". Pero esa opción no aparece y decís: "Fuck, me perdí de atender todas las opciones anteriores"

30 de mayo de 2011

Monólogo judíos en la Unión Soviética (transcripción)


Yo soy judío. Chocolate kosher por la noticia. Igualmente cada vez lo soy menos. Ya no voy al shule, ni al club, ni acudo a la sinagoga. Y de vez en cuando me fijo si conservo la circunsición. No sea que la haya perdido y no me haya dado cuenta. En cambio, mis antepasados eran muy judíos. Mis bisabuelos vinieron de Bessarabia. Para que se den una idea, de Bessarabia proviene el famoso…bueno, en realidad de Bessarabia no proviene nada famoso. Lo más famoso que tenían eran mis bisabuelos. Vivían en un shtetl, una aldea pequeña, se llamaba Dubasari. Y era muy pobre. Mis bisabuelos para no desentonar también eran muy pobres. Pero en extremo: partiendo de la nada alcanzaron las más altas cumbres de la miseria. Eran tan pobres que se comían la ropa…y se vestían con polenta. Eran tan pobres que la Revolución Rusa les dio una luz de esperanza…y ellos pusieron una casa de iluminación. Tenían un perro pésimamente alimentado. Estaba tan débil el perro que cada vez que ladraba perdía el conocimiento. No sólo eran pobres, sino que además tenían un montón de hijos. Tenían tantos hijos que la cigüeña no visitaba su casa; directamente tenía su habitación. Tenían tantos hijos que cuando mi bisabuelo volvía a la casa del trabajo tenía miedo de preguntar: “¿Qué hay de nuevo?”.

Ya que estamos hablando de mi bisabuelo, él era rov, rabino. Era una persona ejemplar. Si mi bisabuelo viviera hoy, todo el mundo hablaría de él. Porque si mi bisabuelo viviera tendría 143 años. Él era rabino y al mismo tiempo muy pobre. Tal es así que en una oportunidad se acercó un joven al templo a preguntarle qué condiciones tenía que tener la carne para ser kosher. Mi bisabuelo no supo contestarle. No es que no supiera lo suficiente sobre el kosher. Jamás había escuchado hablar de la carne. Como rabino, buscaba formas alternativas de generar nuevos ingresos. En una oportunidad se presenta en el templo un Rotschild, un millonario, con su perro Doberman. Quería que mi bisabuelo le celebrase el Bar Mitzvá al perro. “Mire, eso que me pide es imposible. No puedo celebrarle el Bar Mitzvá a su perro”, “Qué lástima! Porque hace unos años otro rabino accedió a circuncidarlo por 10 mil dólares”, “Ah! Si el muchacho es judío es otra cosa”. Mi bisabuelo estaba muy preocupado por la pobreza que había en su pueblo. En una ceremonia de Shabat suplicó al auditorio que los ricos diesen más limosnas a los pobres. La mujer le preguntó: “¿Tuvo éxito tu súplica?”, “A medias. Los pobres estarían dispuestos a aceptar”.

Mi bisabuelo tenía un hermano Eliahu que era ganev, ladrón. Siempre decía que lo bueno de trabajar como ladrón es que manejas tus propios horarios. Además tenía un socio con el que cometió varios atracos, varios robos. Pero abandonó a su socio cuando se dio cuenta de que no era una persona honesta. En una de sus aventuras delictivas, a Eliahu lo detienen, lo condenan a la horca, estaba en el cadalso a punto de ser ahorcado junto a otros dos criminales y le conceden un último deseo a cada uno. El primer criminal dice: “Luego de muerto quisiera que mis cenizas sean arrojadas al mar”. Muy bien. El segundo criminal: “Luego de muerto quisiera que mis cenizas sean depositadas en un bosque”. Muy bien. Y Eliahu: “Luego de muerto quisiera que mis cenizas sean esparcidas en la tumba de León Tolstoi”. “Pero qué dice! Si Tolstoi todavía no murió”, “Bien, puedo esperar”.

Yo no salí a mis antepasados. No soy rabino ni ladrón. Soy comediante y considero que soy un buen comediante. Tengo los atributos para ser un buen comediante. Para ser un buen comediante hay que ser extrovertido y yo soy extrovertido. Hay que ser audaz y yo soy audaz. Hay que ser talentoso y yo soy audaz. A mí me está yendo bien como comediante. Conocí a otros humoristas que no tuvieron la misma suerte. Un comediante amigo murió en la mayor de las pobrezas. Tal es así que con otros cómicos tuvimos que juntar una colecta para poder enterrarlo. Me dirigí a un conocido y le pedí 10 pesos para enterrar a un comediante. “¿10 pesos para enterrar a un comediante? Tomá 20 y enterrá a 2”.

Y en mi carácter de comediante quería ofrecerles chistes organizados temáticamente. En esta oportunidad voy a contar chistes de judíos en la Unión Soviética. Un tema muy actual y de mucho interés. Ustedes saben que al comienzo de la Revolución Rusa estaba todo bien con los judíos, de hecho estos se sumaban en grandes proporciones al Ejército Rojo. Pero a medida que avanzó la Revolución, los judíos, al igual que otras minorías étnicas con reivindicaciones nacionales, empezaron a enfrentar dificultades. El idish era mal visto, el hebreo peor. El psicoanálisis freudiano, el tercer idioma que hablaban los judíos, era considerado una abominación de Occidente. Muchas sinagogas fueron cerradas y otras, como la sinagoga de Ostropol, permaneció abierta pero no había ningún rabino que oficiase. Como Ostropol tenía una comunidad judía importante, las autoridades soviéticas del municipio salen a buscar un rabino que les resultase aceptable desde su mentalidad soviética. El primer candidato fue deshechado porque aunque estaba ordenado como rabino, no era miembro del Partido Comunista, no podía ser. El segundo candidato sí era miembro del PC pero no estaba ordenado como rabino. El tercer candidato cumplía los dos requisitos: estaba ordenado como rabino y era miembro del Partido Comunista. Sólo tenía un problema: era judío.

Los soviéticos no estaban nada orgullosos de tener tanta cantidad de judíos en su territorio. Es más, les daba vergüenza. Tal es así que el gobierno organiza una orquesta sinfónica con músicos representantes de las distintas nacionalidades que convivían en el territorio soviético. Entonces organizan una conferencia de prensa donde, frente a periodistas internacionales, el director de la orquesta presenta a los músicos, para dar una idea de integración, multiculturalismo etc. “Este es Sergei Ivanov, el ruso. Este es Murzhenko, el ucraniano. Este es Saraian, el armenio. Este es chikbili, el georgiano. Y ese de ahí es Rabinovich, el violinista”.

Otra cosa que generaba mucha desconfianza, mucho recelo, era el judío que quería emigrar a Israel. Y era casi imposible conseguir un permiso para hacerlo. Tal es así que Rabinovich…bueno, sepan que los chistes de judíos en la URSS están protagonizados por Rabinovich. Es una suerte de Jaimito de la URSS. Dicen que Rabonovich tenía un loro en su casa. Y una tarde el loro empieza a gritar: “Estamos hartos del paraíso socialista. Dejennos ir a Israel. Estamos hartos del paraíso socialista. Dejennos ir a Israel”. Es oído por un vecino que eleva la denuncia a las autoridades. Esa noche se presentan en la casa de Rabonovich dos oficiales de la KGB y le advierten que si su loro sigue profiriendo semejantes consignas antisoviéticas, él y su loro estarían en serias dificultades. Entonces Rabinovich agarra al loro, muy enojado, y lo mete en la heladera. A la noche siguiente se presentan los oficiales de la KGB exigiendo ver al loro. Rabonovich los hace pasar a la cocina, abre la heladera…ahí está el loro con escarcha, tiritando, y esta vez grita: “Abajo el sionismo, viva el marxismo-leninismo. Abajo el sionismo, viva el marxismo-leninismo”. Los oficiales contentos, felicitan a Rabinovich, a su loro, y se retiran satisfechos. Entonces Rabinovitch toma al loro, lo saca de la heladera y le dice: “Muy bien, me alegro que te hayas dado cuenta cómo la hubiéramos pasado en Siberia”.

Como les dije, leer un libro o un periódico en idish o hebreo en la vía pública podía ser motivo de hostigamiento. Rabonovich estaba leyendo un libro sentado en el banco de una plaza. Se le acerca un policía y al ver los caracteres hebreos le dice: “¿Qué está haciendo Ud.?”, “Estudiando hebreo, el idioma del Estado de Israel”, “¿Y siendo Ud. un viejo todavía conserva alguna esperanza de que algún día le den el permiso para irse?”, “Probablemente nunca me lo den, pero igualmente el hebreo es también el idioma del paraíso y está bien estudiarlo para cuando llegue el día”, “¿Y cómo está tan seguro de que se va a ir al paraíso? Podría irse al infierno”, “No se preocupe. Ruso ya hablo”

22 de mayo de 2011

Freud, compilador de chistes judíos


Como nos pasa a todos, el primer evento que contacta a Freud con la comunidad judía es su circunsición. Este chiste con el que suelo abrir mis monólogos sobre judaísmo es una expresión de la fatalidad involucrada en la existencia: nuestro lugar en el mundo ya está delimitado antes de que lleguemos a él. Y apenas nacemos, este destino parcial es impreso en nuestro cuerpo. Pero la circunsición es también la marca impiadosa del cruel Padre de la Horda sobre el niño desvalido. Es una cuestión que ha sido suficientemente elaborada por Freud; en la mitología individual, la travesía consiste en escapar a la arbitrariedad del padre, enfrentarlo y, tal como Edipo, matar al padre omnipotente para que éste persista como nombre, como ley.

La circunsición es también una alianza, un recordatorio, que sustituye a un episodio que como ningún otro da cuenta de la arbitrariedad del padre: el sacrificio de Isaac. El final que imagina Woody Allen lo vuelve un verdadero paso de comedia, con el Todopoderoso recriminándole a Abraham: “Yo te digo en broma que sacrifiques a Isaac y tu corres en seguida a hacerlo. No tienes ni un poco de sentido del humor. Parece mentira”.

El padre de Sigmund, Jacob Freud, era un judío ortodoxo de la rama del jasidismo. Sin embargo, Freud creció apartado de la observancia religiosa, entre seculares. Su interés por el judaísmo tenía un cariz cultural y hasta científico. La pregunta por la identidad y la pertenencia estuvieron, sin embargo, siempre abiertas. Así lo expone él mismo: “Puedo decir que estoy tan apartado de la religión judía como de todas las demás religiones; o sea, tienen para mí gran significación como tema de interés científico, pero no participo afectivamente en ellas. En cambio, siempre he tenido un fuerte sentimiento de pertenencia a mi pueblo y lo he alentado también en mis hijos. Todos nosotros nos hemos mantenido dentro de la confesión judía…” (publicada en Jüdische Presszentrale Zürich, 26/02/1925)

Freud era un judío vienés secular y de mentalidad cientificista, en una época en que los judíos estaban bien integrados a los círculos profesionales. Muchos de ellos renegaban o preferían olvidar su condición. El pionero del psicoanálisis era un judío de las fronteras, con un pie adentro y otro afuera, y sin saber bien de qué. Así lo expone en un chascarrillo que es relatado por Theodor Reik. Cuando la oficina de impuestos de Viena le envía una nota sugiriéndole que quizá no había declarado todos sus ingresos, ya que su fama iba más allá de las fronteras de Austria, Freud responde: “Precisamente, fuera de las fronteras de Austria es donde empieza”. El interés por pensar el adentro y el afuera queda bien retratado en la última obra del psicoanalista, Moisés y la religión monoteísta. Su postulado, nunca bien demostrado científicamente, parece otra notable muestra de humor judío: Moisés no sería hebreo sino egipcio, no sólo extranjero sino incluso de la nación opresora. Pero el pueblo judío, ante la ausencia de liderazgo, lo adoptó como dirigente de cualquier manera.

Quedándonos en la cuestión del humor, es sorprendente la enorme cualidad de Sigmund Freud de extraer aprendizajes psicoanalíticos del humor judío. Gran parte de los relatos que aparecen compilados en El chiste y su relación con el inconciente pertenecen a la tradición folklórica judía y son empleados por Freud para exponer mecanismos primarios, propios del sistema inconciente. Por ejemplo, el chiste del diálogo entre una idishe mame y su hijo: “Para que me mientes diciendo que vas a Cracovia para ocultar que vas a Varsovia si realmente vas a Cracovia”. El chiste es posteriormente retomado por Lacan y sus discípulos para exhibir un aspecto propio de la identidad: ésta siempre entraña un doble reflejo especulativo en que queda perdida la esencia, el aspecto nouménico tras el fenoménico. El velo no funciona ocultando un objeto más profundo sino la ausencia misma de profundidad. Otro de los cuentos empleados por Freud para exponer que no existe negación en el inconciente es el de los judíos y la vasija: uno le presta a otro una vasija y éste se la devuelve rajada; el acusado se defiende: “en primer lugar no te devolví la vasija rajada, en segundo lugar ya estaba rajada cuando me la prestaste y en tercer lugar, nunca me prestaste ninguna vasija”. En el inconciente no hay valor de coherencia y ese criterio sólo puede estar resguardado por algún principio externo, el principio de realidad. Pero sin adentrarnos en aspectos teóricos, la inclinación de Freud por estudiar los mecanismos inconcientes en chistes, muchos de los cuales forman parte del acervo cultural judío, hablan sin dudas de la conexión de Freud con su identidad. Esto nos permite afirmar a Freud como un brillante compilador de humor judío.

3 de mayo de 2011

Por qué las fantasías sobre la muerte de Osama son tan perversas como el mismo Osama.


Un profesor de la cátedra Sociología General de la UBA afirmaba que antes que explicar la oscura trama que condujo a la muerte de Alfredo Yabrán, la tarea de la sociología consistía en reflexionar sobre el escepticismo que había despertado el hecho en la población: eran muchos quienes dudaban de que Yabrán efectivamente estuviese muerto. Esto permitía leer una característica de la sociedad argentina, su incredulidad frente a los eventos que involucran a las cúspides del poder, al punto de reemplazar la sustancialidad de una noticia por una intrincada teoría conspirativa.

Una vez más, la recepción de la noticia de la muerte de Osama Bin Laden por la opinión pública merece una reflexión. Para eso permítanme señalar 3 fenómenos distinguibles en dicha repercusión:

1) Incredulidad y aliento a las teorías conspirativas. Las teorías de la conspiración son fantasías de circulación social que permiten condensar y articular un conjunto de creencias populares que, a simple vista, son contradictorias entre sí. Pero la existencia de una contradicción importa poco en el marco de una teoría conspirativa. ¿Cómo compatibilizar, si no, la idea de que Bin Laden continúa vivo (y su supuesta muerte es sólo una operación publicitaria para prestigiar a Obama) con la idea de que Bin Laden nunca existió? ¿Cómo conciliar la idea de que Bin Laden es un líder financiado y entrenado por la CIA, con la idea que Bin Laden nunca fue una persona física sino una ilusión pergeñada por el gobierno de EEUU? ¿Cómo compatibilizar la sospecha sobre la alianza estratégica entre los EEUU y el líder integrista, con las acusaciones de que la omnipotencia de EEUU acabó con Osama brutalmente, sin ofrecerle la garantía del debido proceso? Como se observa, en las fantasías paranoicas de orden público, al igual que en los sueños descriptos por Freud, no existe la contradicción. La fantasía social explica la realidad al modo del chiste de los judíos y la vasija: uno le presta a otro una vasija y éste se la devuelve rajada; el acusado se defiende: “en primer lugar no te devolví la vasija rajada, en segundo lugar ya estaba rajada cuando me la prestaste y en tercer lugar, nunca me prestaste ninguna vasija”.

Las teorías conspirativas suelen reforzar la idea de que tras la realidad evidente opera un agente todopoderoso, el que controla los hilos de los acontecimientos desde las penumbras. Este modo de argumentación, peligroso por cierto, es fácilmente aceptado por el público masivo, pues los caóticos y complejos resultados de la interacción social son simplificados en la atribución de la responsabilidad a un agente omnipotente.

2) La exaltación de los aspectos más instintivos y primitivos de la humanidad. Le Bon, uno de los primeros psicólogos en estudiar el comportamiento de las masas, señalaba que “por el mero hecho de integrarse en una multitud, el individuo adquiere un sentimiento de poder invencible, que hace que la muchedumbre se vuelva más primitiva y menos sujeta al control ejercido por la conciencia o por el temor al castigo”. Freud posteriormente cuestionó esta idea. No obstante, aunque el principio de Le Bon no sea infalible, algo de su funcionamiento pudo evidenciarse en la multitud que salió a las calles de New York a celebrar un asesinato, exhibiendo el rostro primitivo e irreflexivo de la masa. Es difícil pensar que quien condena un ataque terrorista partiendo de la defensa incondicional de la vida humana, pueda alegrarse por la muerte del perpetrador. ¿Esa misma multitud satisfecha también cree en la garantía del debido proceso, en el derecho a la defensa del que gozan incluso los criminales más siniestros? ¿Es posible negar que el derecho a la defensa en juicio emana de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el único marco valorativo desde el que los ataques del 11-S pueden ser inexorablemente condenados, sin ninguna otra consideración? ¿La exaltación de la venganza clandestina no es, finalmente, una aprobación de una guerra sucia en que cualquier conducta es esperable? Como ocurría con las justificaciones místicas de la guerra lanzadas por G.W.Bush, nos encontramos nuevamente frente a una “suspensión religiosa de la ética”, en que la adhesión a una Causa (por ejemplo, la seguridad, la democracia o la libertad) abre un estado de excepción en relación a las pautas éticas comúnmente aceptadas por el occidente moderno. No nos debería sorprender: desde el año 2001 se debate públicamente en Estados Unidos acerca de los casos en que la tortura estaría justificada. La celebración del asesinato de Osama Bin Laden parecería demostrar que para ciertos sectores de la sociedad norteamericana aquél debate ya está saldado.

3) La referencia a imágenes que son patrimonio de la memoria colectiva argentina. Una operación clandestina y silenciosa en el refugio de un supuesto terrorista (esta condición no fue probada por ningún Tribunal); el líder abatido en un supuesto combate, su cuerpo desaparecido y arrojado al mar desde un avión, la intervención militar norteamericana; ¿no son todas imágenes que remiten a nuestro acervo histórico más reciente? ¿No se involucran de alguna manera con la sensibilidad de los argentinos, haciendo que, de manera conciente o inconciente, muchos perciban a Bin Laden como una víctima? No es raro que ciertos sectores de la izquierda se concentren en la condena de Barack Obama y tengan pocas palabras para referirse a Osama. Osama es sin duda un tema espinoso, que preferirían no tocar, pues señala sus contradicciones más íntimas: la contradicción entre la justificación o comprensión de los movimientos que se reconocen anti-imperialistas, y la comprobación del salvajismo que muchos de estos movimientos son capaces de desplegar.

25 de abril de 2011

Teléfono para 6,7,8: se llama capitalismo.


Muchas personas suelen cuestionar a 6,7,8 por reducir los argumentos del adversario y distorsionar el verdadero significado de su mensaje mediante el carácter manipulativo de la operación de edición. Se presenta a 6,7,8 como una voz monolítica que simplifica la multiplicidad de opiniones y que no exhibe el “whole picture” que enmarca a un debate. Sin embargo, no tengo nada para decir de los puntos anteriores (propios de la toma de postura en el contexto televisisvo) sino que lo cuestionable se encuentra en otro lado, a saber: aunque uno puede acordar con muchos de los enunciados presentados en el programa, el problema es que los panelistas no llevan sus razonamientos hasta sus últimas consecuencias. Es decir, en el análisis de 6,7,8 habría que aplicar el procedimiento que Adorno denomina “crítica ideológica”, consistente en confrontar la idea con su realización. Esto es lo que comentaré a continuación:
1) 6,7,8 no lleva los razonamientos hasta sus últimas consecuencias: tomemos una de las consignas más trilladas de 6,7,8: “Una corporación mediática privilegia sus intereses económicos particulares por encima del interés general de la comunidad de recibir información de calidad”. La afirmación describe a las empresas privadas de todos los rubros y no sólo a aquellas dedicadas a la comunicación. En una economía capitalista las empresas se rigen, en primer término, por la búsqueda de rentabilidad. El interés social no ingresa en el cálculo económico o constituye sólo una variable marginal ¿Acaso las empresas mineras (de las que el programa no tiene nada para decir) no colocan el lucro por encima del interés de la comunidad cuando, con su explotación masiva y sucia, contaminan las aguas, el aire, los suelos, afectan la salud de las poblaciones aledañas etc.? ¿Acaso la industria alimenticia no ha logrado mediante el empleo de plaguicidas químicos duplicar la incidencia de cáncer y enfermedades crónicas de los consumidores en los últimos 30 años (es decir, en el período en que creció exponencialmente la industrialización de los alimentos)? ¿Acaso la industria metalúrgica no ha sido señalada por envenenar la sangre de sus empleados con plomo y otros metales, conduciendo a enfermedades como el saturnismo? ¿Acaso la industria textil no está a la vanguardia en la utilización de trabajadores semi-esclavos o esclavos en los países periféricos? Ergo, lo que 6,7,8 señala para las empresas enemistadas con el gobierno nacional es válido para la totalidad de las empresas, porque es un rasgo intrínseco al funcionamiento del capital y su reproducción. De aquí podemos concluir el segundo punto:
2) La crítica debería extenderse más allá de las alianzas y disputas coyunturales que el gobierno nacional tenga con los agentes económicos. Es importante pasar de un cuestionamiento de las conductas particulares de los agentes en cuestión, a un análisis crítico del sistema como tal. Esto nos lleva al siguiente punto:
3) 6,7,8 moraliza y personaliza conflictos económicos y sociales que deberían ser explicados estructuralmente. El programa suele explicar las conductas de “la corpo” por ciertos atributos reprobables en la personalidad e ideología de sus líderes, según los panelistas, perversos, mal intencionados, mentirosos, autoritarios, anti-democráticos y con una trayectoria tan oscura como sus ideologías. Lo que se debe decir es que, independientemente de que haya empresarios que sean maléficos y empresarios que sean sensibles y tiernos, el sistema capitalista no requiere de personalidades perversas para hacer funcionar su implacable y destructivo mecanismo. Esta es una de las grandes enseñanzas de Hanna Arendt con su concepto de “banalidad del mal”, construido en relación a la figura de Adolf Eichmann. La autora sostiene que, a diferencia de lo que muestra el sentido común, la brutal maquinaria de la muerte industrializada del régimen nazi se sostenía en la labor cotidiana y desapasionada de opacos funcionarios burocráticos que se percibían a sí mismos como meros instrumentadores de la racionalidad y eficacia técnica. El señalamiento de Arendt nos conduce a prestar atención a la red de relaciones sociales y no a las personas que coyunturalmente ocupan los espacios que aquella delimita.
4) Al concentrarse en la prosperidad del país atribuida al gobierno nacional, 6,7,8 es capaz de celebrar hitos del avance del consumo que, bien observados, significan una calamidad para la calidad de vida de la comunidad. Por ejemplo, ¿a qué persona sensata puede producir felicidad que continúe creciendo la industria automotriz y, con ella, el parque automotor? Para 6,7,8 es una buena noticia. A riesgo de repetir los puntos sobre los que han insistido Osvaldo Bayer y Eduardo Galeano, el automóvil lacera con su violencia el espacio urbano, siendo de las primeras causas de muerte del país, produciendo lesiones gravísimas, discapacidades, contaminación gaseosa y sonora, jerarquizando el tránsito entre los que tienen auto y los que no, vulnerando el derecho de peatones y ciclistas y, en otro orden, alimentando la cruel industria del petróleo y las guerras que por ella se desatan. El auto no nos permite imaginar modalidades más saludables de transportarnos en el espacio urbano (con dispositivos que ya están en uso, como la bicicleta u otros sustentables) ¿Quién se puede alegrar con la expansión del automóvil? No hay que olvidar que los indicadores que resultan favorables para un gobierno en el marco de la economía capitalista, pueden no ser otra cosa que indicadores solamente favorables a la economía capitalista, pero lastimosos para la humanidad en su conjunto.
5) 6,7,8 sostiene una polarización entre el Estado y el sector privado que la realidad desmiente. Muchas expresiones fuertemente politizadas de la sociedad civil señalan que es posible construir una comunidad más libre en espacios alternativos que se sustraen tanto de la lógica mercantil como de la regulación del Estado (o, para ser más precisos, que entran en “negociaciones” tanto con intereses particulares como con la autoridad pública, pero protegiendo su autonomía básica). Estos espacios suelen ser ejemplares por las relaciones sociales que se desarrollan en su interior: horizontales, no jerárquicas, asamblearias o reticulares, ajenas al principio de la autoridad y disciplina, con derecho al disenso y búsqueda de consenso. Algunos casos ilustrativos son: las asambleas barriales que tuvieron su furor en el 2002, la FLIA (Feria del Libro Independiente y Alternativa) donde se reúnen escritores que no tienen lugar en las editoriales mainstream, los grupos artísticos que recuperan edificios abandonados para ponerlos a funcionar como centros culturales comunitarios, los grupos a favor del software libre y el “open source”, el movimiento Copy Left y quienes que se resisten a la propiedad intelectual, las iniciativas por los derechos de los ciclistas y modos más saludables de ocupar el espacio urbano, tales como aquellas de la Masa Crítica, los grupos de mujeres que autogestivamente producen material informativo sobre métodos anticonceptivos y aborto seguro, y muchos otros. Estos colectivos, con sus diferencias, parecen atravesados por una misma consigna: no esperes ninguna legitimidad de la industria o del Estado: hacelo! Es en estos grupos donde se vislumbra la utopía que, tarde o temprano, devendrá futuro. El porvenir está aquí y celebro cada vez que el parlamento acompaña estos procesos. Aunque, la mayoría de las veces, las iniciativas verdaderamente radicales suelen tener una expresión testimonial en el ámbito parlamentario.

2 de abril de 2011

El sr. V participa por una aspiradora



V. tenía respuestas para todo.

- Elijo…Guerra por 400

-Guerra por 400 entonces. Aquí vamos…Explique las razones por las que se desencadena una guerra

-Bueee…estee… la Guerra Moderna es un fenómeno propio del sistema de producción capitalista que debe enfrentar la amenaza de la superproducción destruyendo y reconstruyendo parte de su producción. Así como también la misma infraestructura del sistema productivo, rutas, fábricas, comunicaciones. Eliminando así el riesgo de una crisis de sobre-oferta que podría marcar el colapso del sistema, tal como la crisis de superproducción de 1930 puso en jaque a la economía mundial. A su vez los gobiernos se deshacen de su población juvenil marginal convirtiéndolos en soldados y disminuyen así las elevadas cifras de desocupación, subsidios por desempleo, delito, etc.

- La respuesta essssss…CORRECTA!!! Parece que nadie lo detiene en su camino a la final. ¿Con qué desea continuar, señor V.?

- Bueno. Creo que…elijo Trabajo por 500.

- A ver…a ver…explique por qué todo trabajo a sueldo constituye una forma de explotación

Sí...sí...bueno. Por empezar tenemos la ‘extorsión de la plusvalía’, esto es, el valor que genera el trabajo y que es generado por los trabajadores, porque incluso la maquinaria no es más que trabajo incorporado, es expropiado continuamente por el patrón. Luego de que se le expropie esta ganancia, al trabajador se le otorga un salario, definido como el valor necesario para el mantenimiento de la fuerza de trabajo y su reproducción, para que la clase trabajadora se perpetúe, tal como sucede con el mantenimiento de la maquinaria...

- La respues...

- Un momento...no he terminado aún. Existe otro elemento de explotación: la disciplina. Esto significa que el cuerpo del trabajador es ajustado a los ritmos que impone la maquinaria, la línea de ensamble o los tiempos de elaboración; o sea, el patrón que se adueña del cuerpo del trabajador y lo utiliza a su conveniencia, sacando el mayor provecho de las capacidades orgánicas a través de operar sobre los espacios físicos de producción y los diseños de la maquinaria, las posturas, la velocidad, la repetición...haciendo entonces de la labor del trabajador una maniobra alienante y vacía.

- Creo, señor V., que no podría ser más....CORRECTO. Joven, usted ha marcado cifras únicas en este programa. Ha agotado todas las columnas: Familia y dominación; Estudiantes y empleados administrativos; Televisión y Ku Kux Clan; Fútbol, modelos y gestión de residuos...Queda un solo cuestionario por completar: Carreras y profesiones

- Pe...pero, pensé que ya había acabado ese temario...

-No, no, no. Aún queda una pregunta. Se la leo...

- No estoy seguro de que...

- Aquí va: ¿qué es lo que...? Preste atención...¿qué es lo que hace un...sociólogo?

- Este...bueno...un sociólogo....ehhh...siii...consultoras...creo que...números... bueno...ehhh...¿me repite la pregunta?

- Sí, cómo no. Sabemos que existe una carrera en la universidad llamada Sociología. En ella se inscriben cientos de jóvenes al año para graduarse, luego de mucho estudio, de sociólogos. Bien, ahora la pregunta es: ¿qué es lo que hace un sociólogo?

V. no tenía respuestas para todo.

15 de marzo de 2011

El Top Five de los argumentos socio-políticos más berretas


1) “Cómo es posible que en un país que produce alimentos para 8 veces su población, haya gente que se muere de hambre”

En una economía capitalista importa poco cuál sea la capacidad de producir alimentos de “la Argentina”, porque los alimentos no pertenecen a “la Argentina” sino al señor capitalista, que hará con ellos lo que más le convenga a su bolsillo. Si el señor capitalista requiere destruir parte de la cosecha de trigo para recomponer su precio en el mercado a través de una disminución de la oferta, no dudará en hacerlo aunque haya gente que se muera de hambre (esto es lo que ocurre efectivamente).

2) “Hice mi riqueza honestamente, con mucho esfuerzo”.

La idea de que existe una riqueza generada con esfuerzo y otra sin esfuerzo es una distinción falsa, confusa, que conduce a perder de vista el punto central: toda riqueza consiste en la acumulación sucesiva de una porción no recompensada del trabajo de los trabajadores. Es decir, el trabajo genera un valor que es cercenado, arrancado de las manos del trabajador a través del pago del salario, una modalidad perfectamente “honesta” de hacer negocios. La verdadera transgresión está del lado de la Ley. Como decía Bertolt Brecht: “¿Qué significa el robo a un banco al lado de la apertura de un nuevo banco?”.


3) “Queremos resolver el problema de la inseguridad para vivir tranquilos”.

Esta frase resume la falsedad subjetiva de quienes creen que tienen algo material que perder. Podría traducirse así: “Mi intención es seguir acumulando riqueza, vivir una vida cómoda indiferente a la miseria de los otros, y no pagar el precio de que algún miserable aspire a vivir mi vida (apropiandose de mis bienes) o a estropear mi vida (acabando con ella)”. Para entender esto hay que retomar la dialéctica del Amo y del Esclavo de Hegel. El Esclavo es una persona que teme a la muerte violenta. Es capaz de entregar todo lo que tiene, y entregarse a sí mismo al dominio del Amo, a cambio de conjurar la amenaza de una muerte violenta. El Amo es, en cambio, un temerario, una persona que no cede ante el temor y en su desentendimiento y negación de la muerte consigue dominar al Esclavo. Traducido: quienes aceptan la propiedad privada como el sistema que regula las relaciones humanas, aceptan (lo sepan o no) la muerte violenta como una posibilidad. Son temerarios, imprudentes, lo sepan o no.

4) “La delincuencia va de la mano de la pobreza”.

Ninguna banda delictiva que invierte cientos de miles de pesos en armamento, vehículos, inteligencia, drogas, pagos a colaboradores y equipamiento diverso, lleva una economía de subsistencia. Los delincuentes que secuestran y matan desean amasar guita de verdad y se organizan con una inversión acorde. Y no debería sorprendernos ya que “tener mucha guita sin importar de qué manera”, parece ser el mensaje principal que transmiten los medios de comunicación. Más bien, la aspiración de tener mucha guita se ubica en el núcleo mismo de la economía capitalista; es lo que pone en movimiento a la sociedad por sobre otras motivaciones. Por lo tanto, si “amasar guita” es presentada como la meta última, ¿cómo pueden condenar al delincuente, quien lleva este ideal capitalista a su apoteosis, a su punto más elevado? ¿Existe algo más parecido a una empresa capitalista que una banda delictiva, con sus jerarquías, su división de tareas, su esquema de inversiones, su medición del costo-beneficio (el costo de hacer el atraco y el beneficio económico que puede entregar)? En conclusión, la delincuencia no se origina en la pobreza sino en el espíritu de lucro y los valores sociales que éste impone.

5) “Lo que quiere la gente es que solucionen sus problemas de todos los días”.

Por supuesto, quien hace esta afirmación está postulando un sujeto imaginario, la “gente”, sobre el que proyecta sus propias aspiraciones personales. Generalmente, quienes profieren la frase son tecnócratas ávidos de privar a la política de su potencia transformadora, para volverla una mera actividad de gestión de los bienes y del presente. ¿Y si los problemas de “todos los días” no tuvieran nada que ver con “lo observable de todos los días”? ¿Y si el hilo que une las causas con las consecuencias permaneciera invisible, no fuese de naturaleza tangible? ¿Qué pasa si alguien afirma que la drogadicción o el alcoholismo están asociados a la frustración propia de una sociedad consumista en que el sujeto no encuentra el objeto de consumo satisfactorio que se ajuste a la apertura radical que introduce el Ser? Es una posición más auténtica que la convicción de que los “problemas de la gente” son los baches y la recolección de la basura.

10 de marzo de 2011

Diario de viaje de un mochilero


Hoy estuvimos en Lima; no teníamos un cobre, loco. Así que pintó ir a la plaza central a tirar paños, a manguear algo para hacer el día. Nos mandamos yo, que zafo con la escribanía pública y hago algo con la contaduría, el Chabón, un abogado en lo civil que hace unas me­di­aciones re flasheras, y el Negro que trabaja muy lindo la decla­ra­ción de bienes personales. Como es típico de Latinoamérica, la plaza los domingos estaba hasta las pelotas. Así que nos tiramos a la som­bra, tiramos los paños y desplegamos nuestras planillas de cál­cu­lo y los documentos judiciales más flasheros de toda la plaza. Al prin­cipio no se movía y no teníamos ni para el mate (aunque había al lado unos flacos que hacían actuarios, microbios como nosotros, y que nos convidaron unos bizcochitos de grasa con onda). Después se puso más salado y ahí cayó una flaca buena onda que quería una Patria Potestad. Le tiré que le iba a hacer una con la mejor energía cósmica porque la chabona me había tirado buena onda. Estuvimos charlando con la flaca bocha y después le terminé la Patria Potestad y como me caía bien le regale también una Carta Documento de Cita­ción Judicial, por si le pintaba usarla. Nos cruzamos a unos chabones que venían de Colombia. Nos can­ta­ron que allá había toda la onda, que en Bogotá las conciliaciones bancarias se vendían bocha. Me parece que pintó Colombia. Pero an­tes tenemos que hacer unos mangos para comprar material que se nos acaba, necesitamos tinta para los sellos y remitos. Es que ayer, la poca tinta que nos quedaba se la dimos a la Pacha; ella se lo merece. Viajar por el continente es re flashero. Conocés profesionales buena onda y te tranzás a minitas todo el tiempo. Que suerte que hago la mía y no le hice caso a mi vieja que quería que sentase cabeza, hiciese algo serio que asegurase mi futuro y que me dedicase a las artesanías. Eso es de caretas, loco.

5 de marzo de 2011

Preguntas que requieren de un sociólogo para ser contestadas


En esta edición: ¿por qué los niños-pide-monedas argentinos no tienen la mística y el charm de los niños-pide-monedas de Europa del Este?

Todas las personas que frecuentamos el subte antes de la crisis del 2001 (fecha en que muchos inmigrantes prefieren abandonar nuestro país hacia destinos más prósperos) comprobamos el contraste entre la poderosa presencia escénica de un niño-pide-monedas rumano, con su acordeón del que brotan hermosísimas melodías gitanas, y la pobre performance del niño-pide-monedas argentino, trayéndonos a capela "La vaca estudiosa", "Color esperanza" o algún (desubicado por su escenario) jingle de Quilmes. ¿Por que esta abismal diferencia entre unos y otros? ¿Se tratan de diferencias culturales? ¿Será acaso que en Rumania el público del subte es más exigente con sus niños-pide-monedas? Analicemos la cuestión.

El niño, ya sea proveniente de Rumania, Bulgaria, Yugoslavia o cualquier otro país que le haya negado el espacio que requería su talento, nos observa con ojos firmes como el algarrobo mientras cuelga de su nariz mocosidad gitana, secreto índice del espíritu gitano que habita su cuerpo. Este cuerpecito anticipa una fisonomía robusta, oscura y varonil, semejante a la del personaje de "Soy Gitano". Mística balcánica expele su mirada de indiferencia frente a ese público tan vulgar que le ha tocado en suerte, espectadores inconscientes del saber milenario de los cožes, kolos y otras danzas serbias que recorre en su cuidado repertorio.

En cambio el niño argentino parece, en el mejor de los casos, drogado con poxiram. Nos atormenta con su imperativo llamado a aplaudirlo, nos fuerza a darle la mano mientras nos mira con ojos perdidos y ganas de vomitar. Y finalmente entona algún tema comercial y efectivo con el mismo entusiasmo con el que se le canta a la bandera por las mañanas.

¿Cómo se explica sociológicamente el encanto que producen unos frente a la desazón que generan los otros?

Respuesta: la amplia difusión de la obra cinematográfica del realizador bosnio
Emir Kusturica que ha cambiado el "mito del buen salvaje" por el "mito del buen gitano" y nos ha conducido a estremecernos frente a cualquier chico que creamos capaz de traducir el tema 3 de la banda de sonido de Underground.

12 de febrero de 2011

Tratamiento de guión: casamiento con el culo.



Año 2211 – Hombres y mujeres han superpoblado el planeta Tierra. Y todavía insisten con ingresar ilegalmente a Europa. La ley para impedir que esto ocurra se ha vuelto extremadamente dura. Obtener la ciudadanía europea es difícil incluso para la misma población nativa que debe atravesar un sinfín de requerimientos burocráticos.

Los gobiernos han dado respuesta al serio problema: cómo enfrentar la apabullante cantidad de nuevos nacimientos, niños que, según estimaciones, no podrán gozar de la ciudadanía europea para el año 2030. Holanda comenzó a legalizar el matrimonio entre una persona y su culo, en un intento de detener las tasas de natalidad (siendo que, de acuerdo a investigaciones de la Universidad de Rótterdam, nadie puede tener un hijo con su culo).

Funcionario del gobierno letón dando un discurso en el 2012: “desde ahora en más el matrimonio con el culo propio es el Proyecto Marital Oficial de Letonia, es la misma naturaleza Letona, es el espíritu imperturbable de Letonia haciéndose presente entre nosotros, sus súbditos. Nuestros héroes nacionales amaban a sus culos y sus affaires fueron oscurecidos y censurados. Pero ahora podemos decirlo con claridad: Nombre del Héroe Nacional ha amado su culo por 2 años enteros e intensos”.

Gente en la calle: "No me gustan estas cosas modernas, besarse con gays, usar guantes rosas, casarte con tu culo. Lo haría de cualquier forma si algún funcionario me lo pidiese e insistiese".

Funcionario del gobierno: "Sí, lo reconozco: yo también amo a mi culo. Por favor, pruebenlo, pruebenlo! Nooo...no el mío…el de ustedes. Es decir, cada uno con el suyo...que sea ordenado".

Manifestaciones: Greenpeace acusa al gobierno de llevar adelante una estrategia autoritaria para reducir la tasa de natalidad. Pero nadie le cree a Greenpeace y sus estúpidas calcomanías con pingüinos son arrancadas de cada ventana.

Casamiento con el culo propio: invitados de la novia y del novio-culo todos juntos en un salón de fiestas. Los culos comparten canciones con rostros de invitados.

Aparición de problema: aquellos que se casaban con sus partes posteriores terminaban hartándose de ellas y empezaban a tener romances secretos con otros miembros de su cuerpo: los codos, las rodillas, los hombros…

Pronto estas personas demandaban casarse con las partes antes excluídas. La tendencia se difundió por toda Europa. La gente se enamoraba de porciones inimaginables de su organismo.

A fin de cuentas, la medida había resultado exitosa: casarse con personas estaba pasado de moda, únicamente restringido a perversos y homosexuales.

Pero se presentó otro problema: ¿por qué no casarse con cosas que, aunque eran debidamente objetos, no pertenecían al cuerpo humano? En Paris, en octubre del 2103 un hombre se presentó en un juzgado con su abogado confesando que estaba enamorado de la Torre Eiffel y, siendo el amor correspondido, pretendía casarse con ella.

El hombre y la Torre Eiffel: el hombre tenía un buen abogado. La demanda fue llevada a la Corte Suprema. La máxima instancia de justicia le dio la razón; el hombre tenía derecho a casarse con la Torre Eiffel.

La Torre Eiffel de blanco: en diciembre del 2103 tuvo lugar la boda, por supuesto, en el sitio donde se erige el monumento.

¿Qué ocurría en China mientras tanto? El Partido Comunista decidió en el año 2105 que, junto con el fin de la censura en Internet y la apertura de todos los web sites, el gobierno tomaría un paso aun más arriesgado: se permitía a los ciudadanos chinos mantener una “amistad” con sus culos, siempre y cuando no hubiese contacto físico ni agresiones verbales. Pero los chinos soñaban con más. Empezaron a abarrotar sus hogares con espejos para poder observar de cerca e intensamente a sus “amigos”. Pronto se agotaron los espejos en las tiendas de Beijing. Un enorme problema para el Tesoro y la Administración Nacional de Bienes en manos del Partido Comunista. El descontento popular creció y recibió el nombre de la Revolución de los Espejos; culminó con la caída del regimen.

En Europa, los poderes estatales enfrentaban otro problema: cómo detener el aumento de casos de acto sexual en la vía pública. Siendo que para muchos matrimonios el sexo no era una posibilidad en lugares privados e íntimos (intente si no llevar a una estatua de mármol a una habitación de hotel), el sexo en la vía pública era una realidad inevitable antes que una opción.

Un hombre acariciando al Coliseo romano.

TO BE CONTINUED...

9 de febrero de 2011

Todos los caminos conducen a Zizek (también en Medio Oriente)



El único acierto de Abraham León fue afirmar que el "problema judío" no se resolvería con la concentración en Palestina. Ahora bien, ¿por qué? ¿cómo se acepta esta afirmación? El proceso de constitución de los estados nacionales implicó la emergencia de unidades políticas y territoriales semi-arbitrarias, creándose retroactivamente la idea de identidad nacional (símbolos nacionales, mitos fundacionales, intereses comunes etc.) tal como si las naciones ya/siempre hubieran estado ahí (recordemos cómo los alemanes reivindican a los teutones en su carácter de embrión del espíritu nacional alemán). Esta nueva figura se presenta "universalmente" como si a cada uno de los pueblos del mundo le correspondiese un Estado-nación, como si la posibilidad de organizarse en una entidad estatal fuese un derecho natural de los pueblos libres para garantizar su soberanía política, autonomía cultural etc. Pero dado que la conformación de los Estados nacionales fue un hecho violento y traumático que implicó una lucha territorial de dominación, se le escapa un resto, un plus que no puede ser asimilado: este resto son los judíos, los gitanos, etc, las no-naciones entre las naciones o, como dice Zizek, la especie que subvierte su propio género. El proyecto sionista pretendió normalizar al pueblo judío, crear un Estado hebreo como si la posibilidad de constituírse en un Estado-nación y "normalizarse" fuese "universalizable" a todos los pueblos. Este proyecto está imposibilitado justamente porque pretende que es posible una universalidad sin su síntoma, sin su punto intrínseco de excepción. La venganza de la historia por este atrevimiento, el punto donde emerge la Verdad de la historia, es en el conflicto interminable y sangriento entre Israel y sus vecinos, que confirma la imposibilidad, lo utópico del proyecto sionista. Para ejemplificar qué significa que sea utópico, tomemos el ejemplo de los socialistas utópicos: ellos pretendían un intercambio equivalente de mercancías anulando el componente explotación (puesto que los trabajadores serían los dueños de los medios de producción). El problema es que el intercambio equivalente encubre en su naturaleza un intercambio específico que al realizar la equivalencia realiza también la explotación: el intercambio de la mercancía fuerza de trabajo por el salario. La mercancía fuerza de trabajo es la única que tiene la capacidad de generar más valor, lo que la distingue del resto de las mercancías: es una especie que subvierte su propio género. Lo que los socialistas utópicos no intuían es que si se anulase la explotación se perdería también el intercambio equivalente de mercancias, si se anulara el plus-Valor se perdería también el Valor, la producción social tomaría una forma radicalmente distinta. Lo que hacía utópicos a los socialistas utópicos era su creencia en la posibilidad de una "universalidad sin su síntoma". De la misma manera fueron utópicos los pensadores sionistas al dejarse atrapar por la ilusión ideológica según la cual la conformación de los Estados nacionales sería el producto de hacer efectivo un derecho abstracto de los pueblos, en vez de observar que los pueblos que se constituyeron en Estados nacionales lo pudieron hacer en cuanto persistía un resto que no podía articularse en esa forma política...¿La continua resistencia que encuentran los palestinos a la idea de construir su propio Estado no se atiene a esta lógica?

El proyecto de instalar un Estado judío en un lugar previamente habitado por árabes en medio de los Estados árabes, es un proyecto que se encuentra imposibilitado originalmente. Por lo tanto, para que la entidad pueda subsistir debe emprender la travesía de la dialéctica, debe rebasarse constantemente. Lacan nos dice que la manera que tiene el sujeto de encubrir la falta original, la "castración", es generando un exceso, un plus. El sujeto sólo puede sobrevivir a su falta excediéndose; pero es este exceso el que desenmascara la Verdad de la falta. ¿No es ni más ni menos el caso del Estado de Israel? Porque está imposibilitado desde el principio sólo puede sobrevivir expandiéndose constantemente, excediendo sus límites, avanzando sobre los territorios en los que no hay mayoría judía; es sólo sobre este plus que Israel puede sobrevivir, Israel es este plus (de allí que el ejército israelí encubra su impotencia con un gesto excesivo de virilidad). ¿Por qué? ¿Qué pasaría si como reclaman los palestinos, Israel permaneciese en los límites anteriores al ´67? Si Israel hubiese aceptado lo que tenía desde el principio, por ejemplo, si hubiese aceptado los límites del ´48, o peor aun los límites fijados por la ONU, o peor aun los territorios en que se instalaron antes del mandato británico, en ese caso habrían sido los árabes los que hubieran avanzado, los que habrían obstaculizado enormemente la presencia judía en la Palestina histórica. Hay algo de razón en las afirmaciones de los políticos israelíes de que si ellos dejasen de avanzar, los palestinos pretenderían borrar a Israel del mapa. Parece una sentencia exagerada, pero lo cierto es que si los palestinos reconocen hoy (al menos de facto) al Estado de Israel y ciñen sus reclamos a los límites anteriores al ´67, postergando el tema de los refugiados, es porque Israel ha avanzado lo suficiente como para arrastrarlos a esta renuncia. Los dilemas que se abren son: ¿hasta que momento o distancia se puede decir que el avance de Israel ya hubo sido suficiente? La respuesta aparentemente más irracional es la más racional (como lo afirmaría Hegel): es como la demanda de amor: nunca es suficiente. Una respuesta ingenua sería: por qué seguir con más violencia si es posible detenerla ahora. ¿Pero quién puede garantizar a Israel que si se detiene, los que tomarán la ofensiva no serán los palestinos? No se trata como se suele decir de una espiral de la violencia sino propiamente de una dialéctica de la violencia. Se ajusta perfectamente a la dialéctica negativa de Adorno, que a su vez explica la lógica del capital: el capitalismo se encuentra podrido desde el comienzo; para sobrevivir debe revolucionarse constantemente, no puede permanecer estático; pero al superar una crisis a través de una innovación radical, el capital genera las condiciones para la llegada de una crisis aun más grave. (La incapacidad de los países europeos de visualizar el problema eterno de Medio Oriente como el efecto también eterno del Auschwitz que ellos produjeron, es material para otro post)

2 de febrero de 2011

Rocha (Uruguay) y el avance de los chetos

Me fui de vacaciones a Rocha, Uruguay. Punta del Diablo tiene tantos chetos que la playa parece una publicidad de cerveza. Si una directora de arte se propusiera armar (con extras, bolos y vestuario) un set de filmación más verosímil para dar cuenta del estilo de vida del ABC1, no lo conseguiría. En pocas ocasiones la realidad es más verosímil que la ficción. Esta es una.

Amén de la aparición de promotrolas repartiendo volantes de boliches en la playa, ¿cómo reconocer que un destino otrora rústico y bohemio está siendo “recuperado” por los chetos? (si los trabajadores consideran que “recuperan” una fábrica cuando la expropian, por qué no pensar que para los “niños bien” el avance sobre las costas es vivido como una recuperación frente al uso indebido que le daban los hippies) Algunos tips para identificar este proceso:

1) Empiezan a caer chicas al hostel luciendo valijas con rueditas. Exhiben más prendas blancas que el promedio de las mujeres. ¿No intuyen que una condición mínima y necesaria para ser consideradas mochileras es que usen una mochila? ¿Tan impunes son para atravesar el hostel deslizando cómodamente la carga que los restantes llevamos, cual estibadores, sobre nuestros hombros?

¿Y por qué usan tanto blanco? ¿Quieren apaciguar con un vestuario de apariencia casta y pura la sexualidad que se agita en su interior y que las ha arrastrado en más de una oportunidad a sujetar un pene? ¿Es una suerte de sincretismo de verano entre el culto a Iemanshá y la Virgen María? ¿La elección tiene el propósito de permitir el reconocimiento entre semejantes, como si con su vestuario blanco exclamasen: “Pueden acercarse tranquilos; no fumo porro y estoy a favor de la vida, en contra del aborto”?

2) Cuando son interrogadas, las chetas acampantes declaran que viven en Retiro, porque les avergüenza reconocer que habitan en Recoleta. “¿En Retiro? ¿Vivís en la estación?” – suele replicarle alguna persona sensata. Que quede claro: Retiro no existe como barrio excepto para los habitantes de la Villa 31. Los residentes de los fastuosos hogares que rodean a la plaza San Martín no son más que una variedad de mayor alcurnia de los vecinos de Recoleta. “El problema no es dónde vivís sino que te avergüences de ello. Porque si te avergüenza, en vez de ocultarlo o cambiarle el nombre, podrías pedirle dinero a tus viejos (a quienes de seguro no les falta) y mudarte a Mataderos. Barrio que no intentarías disfrazar de Flores Oeste” – se les ha dicho.


3) Cuando los chetos consumen cerveza en la playa, lo hacen en envases individuales. Latitas o botellas de 500 cm3. Los que hemos atravesado la disciplina sociológica leimos más de una vez que en las clases altas predomina el retraimiento hacia la esferas privada de la vida, el abandono de lo público y la búsqueda prioritaria de realización individual por sobre aspiraciones comunitarias. Pero con todo, ¿qué les pasa por la cabeza? ¿sienten que el "de al lado" se volvería una amenaza para los 500 cm3 que "pagué con mi dinero", en caso de compartir envases más grandes? ¿No aprendieron ya que el VIH no se contagia por la saliva? ¿O en los colegios de zona norte con nombre de santo falta este tipo de lección? ¿No transmite una sensación cercana a la amistad poder babear juntos el pico y aun así colocar el disfrute de la cerveza por encima de cualquier otra consideración?

4) Los chetos acampantes van a todos los rincones de Rocha, pero no permanecen más de 3 noches en Valizas. La explicación: creen que la acumulación de artesanos y artistas callejeros puede implicar un riesgo para su seguridad material. El peor escenario imaginado es que un artesano asalte a las minitas de blanco en la noche no iluminada, en busca de dinero o sexo. Demasiado. Sabemos que Valizas ha probado poseer una cantidad significativa de ese tipo de gárgola pedigüeña oscura y medieval que es capaz de salir a manguear un jabón para lavar la ropa a las 3 de la matina (lo he visto con mis propios ojos; de la misma manera en que he observado con asombro gárgolas mangueando “un pescado para la cacerola, amistad” a aficionados de la pesca con lengue). En esos encuentros lo peor que puede suceder es que te encajen gratis un alambre con pretensiones de bijou, en la expectativa de que entregues algo más útil a cambio. Pero de allí a convencerte de que esos seres de energía densa y aliento a alcohol significan algo más que una molestia, es demasiado. La reflexión: ¿por qué los chetos tienen que llevar su sentimiento de inseguridad material de clase propietaria a todos los lugares que pisan? ¿Por qué persisten en el Gran Buenos Aires aun cuando se van de viaje? ¿Por qué llevan a donde quiera se presenten un partido de Moreno amenazante en su interior?

Finalmente quisiera cerrar con este pensamiento: cuando un lugar asciende sus precios hasta puntos exorbitantes, tarde o temprano llegan las valijas con rueditas.