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19 de diciembre de 2011

Mi vivencia del 19 y 20 de diciembre


Indefectiblemente, siempre que empiezo a conocer a alguien le pregunto que estaba haciendo el 19 y 20 de diciembre. Como ese relato me atrae sobremanera, ofrezco mi propia vivencia personal.

Previo a que estallasen las protestas masivas (aunque los movimientos de desocupados ya venían desplegando una actividad furiosa desde el 2000), mis empleadores de la CEPAL habían decidido que yo y los restantes encuestadores nos abstuviésemos de salir a encuestar porque la calle no ofrecía condiciones de seguridad mínimas. Como nos pagaban por cuestionario completo, la noticia no era alentadora. Pero lo cierto es que el clima estaba enrarecido desde bastante antes del 19 y el 20. Caminando las calles del Once con mi portafolio, mi pilón de encuestas y lapicera en mano, he sido testigo de súbitas corridas…no bancarias…corridas de los comerciantes por cerrar sus locales ante rumores de saqueos. Las persianas metálicas iban cayendo una a una, como contagiadas por el furor de la persiana vecina. Siempre suceden estas cosas cuando se acercan las fiestas, se consolaba uno; pero sin llegar a captar la singularidad de lo que se tenía enfrente.

A medida que los ministros de Economía dejaban sus funciones (primero Machinea, para que asumiera López Murphy y anunciase el 13% de recorte para trabajadores estatales y la posibilidad de un arancel en la universidad pública), se aceleraban las reuniones militantes en la Facultad de Sociales. Desde que había ingresado a la facu, el año anterior, militaba de forma independiente. Nos llamábamos Autogestión, nos concentrábamos en la producción autogestiva de apuntes organizando a los cursos (para combatir el sobreprecio que imponía la Secretaría de Apuntes, que visualizaba a la fotocopiadora como un kioskito para que el Centro de Estudiantes se financiase, situación que hoy en día se mantiene). Quienes nos miraban de lejos, podrían llegar a describirnos como una mezcla de anarquistas con fumones y seguidores de Manu Chao.

Cuando se anunció el estado de sitio, recuerdo haber conversado del tema con dos compañeros, preocupado, mientras avanzábamos de la plaza Pizzurno hacia la sede de Marcelo T. Llegamos e inmediatamente comentamos las circunstancias fatídicas con otros compañeros. La reunión con la mayor cantidad de gente posible se hacía de imperiosa necesidad.

Recuerdo esa cumbre como si hubiera sido ayer. Había una combinación de pesimismo y presagio de represión, con esperanza insurreccional. Nadie avizoraba la caída de De la Rua que acontecería al día siguiente. Pero de alguna manera se olían los 36 muertos que serían el saldo de esas jornadas. En el debate atesoré cosas insólitas, especialmente de los compañeros más experimentados. Se insistía con que había que repetir los métodos de seguridad de los ’70, a saber: no llevar encima agendas ni números telefónicos, aprenderse los números de los compañeros más cercanos de memoria. Según un experimentado militante del Viejo Topo (cercano a Autogestión) cuando te encontrabas con un compañero se debía dedicar el primer minuto a inventar un tema de conversación inocente, por ejemplo, el resultado del partido entre Boca y Gimnasia de la fecha pasada, con el propósito de que, en caso de que los dos militantes sean requisados e interrogados por la policía en forma separada, poder compadecer con la misma temática inocua.
Eso no era todo. Según el mismo activista (que a esta altura ya me estaba situando mentalmente en los 70 y poniendo muy tenso) sugería que la facultad (que en breve estaría repleta de servicios) no era un buen lugar para mantener reuniones. Sería preferible reunirse en reducido número en las salas de espera de hospitales. Allí nadie sospechaba de nadie y era más fácil estar seguros y sin vigilancia.

Luego se debatió el momento político y se hizo una lectura sobre los acontecimientos de público conocimiento. Me sorprendió que nuevamente eran las personas ideológicamente más cercanas al marxismo clásico quienes justificaban los saqueos que se habían estado repitiendo desde comienzos de diciembre. “¿Por cuánto tiempo los comerciantes se han apropiado de plusvalía? No se dan cuenta que el margen que obtiene el comerciante se opera por una transferencia de plusvalía de la esfera de la producción a la esfera de la distribución. Los comerciantes, que no son ningunos inocentes, participan, son actores necesarios, en la extracción de la plusvalía de la clase trabajadora”, cerró su fría (férrea) intervención Cecilia, si mal no recuerdo del Viejo Topo. Pero a mí la imagen del chino llorando desconsoladamente en las puertas de su supermercado destruido me indicaba que el argumento de Ceci no podía ser suficiente para dar cuenta de la cruel realidad.

Salí de la reunión apesadumbrado y temeroso. Desconfiando de servicios invisibles y sintiendo que mi destino no podía ser muy distinto al de los Montos chupados y picaneados. Ese día a la noche, me encontraba viendo Lanata con un sabor agrio en la boca y el cuello duro. Cuando de repente oí aquello que era una novedad, pero en los meses siguientes sería la norma: los primeros ruidos de cacerolas. Salí al balcón y no lo podía creer: se estaban reuniendo manifestantes en Cabildo y Lacroze, desafiando el estado de sitio, resistiendo con sus cuerpos a un gobierno moribundo que no se iría sin causar antes el daño suficiente. Rápidamente (y desafiando tanto la autoridad del Estado como la de mi padre que era Ley en mi hogar) enfilé rumbo a la vereda, para acompañar a mis vecinos. Pronto se dirigirían a la entrada de la vivienda de Videla. Parece que el estado de sitio les hizo recordar a Videla antes que a ningún otro. Y sí, tener al mayor hijo de puta viviendo en el coqueto punto de la ciudad de Cabildo y Maure no es para menos.

Esa masa anónima y sin credenciales ni íconos (esto es bastante shockeante y satisfactorio la primera vez que se lo experimenta) se uniría a otra en el camino para finalmente confluir en el Congreso. Fue una verdadera fiesta hasta que fuimos reprimidos. Pero eso se iría instalando como la costumbre. El Año Nuevo del 2001 lo pasé en casa de amigos y compañeros militantes. Brindamos y a las 00:10 ya estábamos cortando Juan B. Justo y San Martín. Semejante festejo anticipaba de forma acabada los días que se vendrían.

1 de diciembre de 2011

Semblanza de Marruecos


En Rabat y Marrakesh hace calor hasta fines de noviembre (la altura de Marrakesh no cambia las cosas).

La primera es una ciudad de embajadas y oficinas gubernamentales acompañadas de hoteles y restaurantes de lujo, de esos que alojan reuniones importantes. Los hoteles marroquíes parecen recuperados de la época colonial cuando prestaban su servicio para acomodar la fantasía orientalista de los colonos franceses y el deseo de sus cipayos.

Las noches de Rabat son atravesadas por fantasmas, jóvenes que deambulan por las calles casi vacías con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha. Dos muchachos amenizan su marcha con una petaca de alcohol. La esconden inmediatamente cuando sienten la presencia difusa de una sirena. Luego aparece el vehículo, un patrullero de la “Seguridad nacional” (cuando una Policía no se llama Policía se hace difícil no pensar en “1984”) .

De cualquier manera, los oficiales de seguridad uniformados no abundan. En Marrakesh, la ciudad más turística, la gente se aproxima con confianza a la plaza Djema bañada por la oscuridad (una gran explanada librada para artistas, rodeada de cafés con terraza y flanqueada por el sok o mercado). En un lugar con la densidad poblacional de Florida y Lavalle y el intercambio de dinero del Mercado de Liniers casi no se atesoran policías uniformados. En cambio, los servicios encubiertos, que se intuyen por todas partes, refuerzan el efecto panóptico.

Hay poco lugar para las bicis en un sitio en que se avanza como se puede. Motos, peatones y, de ser físicamente posible, autos comparten los mismos callejones. Más por imposición de los motorizados que por ánimo de convivencia. Si se es peatón la fórmula es caminar siempre para adelante en línea recta sin detenerse, pues los motociclistas cuentan con que uno no modificará el recorrido. De lo contrario acontece el accidente. Presenciamos dos en el transcurso de cinco días.

Vi en la TV una publicidad de Activia protagonizada por actrices árabes. Y con esto creo haberlo visto todo. Como si las mujeres de la región no tuvieran suficientes problemas con la notoria desigualdad, la opresión y la violencia contra su género, también parecen preocupadas por el tránsito lento.

Sí, la mujer es un tema, tanto como uno imagina antes de visitar el país. Quienes usan el hijab, parecen orgullosas de su hábito y no reconocen la existencia de diferencias entre hombres y mujeres (ni siquiera las visuales y aparentes que el mismo hijab impone). Las islamistas contagian: hasta las mujeres seculares se visten con recato. De pantalón de jean, pero con recato.

Ancianos barbudos y maltrechos se reúnen a sacudir los tambores en la plaza Djema de Marrakesh. Entre ellos revolotean aves de corral, salidas de no se sabe dónde (no se entiende el significado de las aves en ese sitio, si es que lo tuviera). Uno de los músicos provee a los demás té de menta en copas de cristal. La música que tocan vibra como la música latina: candombe, cumbia colombiana o capoeira. El parecido es poderoso. La influencia negra penetró tanto en el norte de África como en Latinoamérica. La música popular es africana en todas partes. Y en Marruecos se siente universal. Entonces es cuando uno piensa la posibilidad antes evasiva de una universalidad negra, de una universalidad construida desde el margen.

Y si hablamos de márgenes, hay que reconocerlo: los marroquíes cuidan mejor a sus niños que lo que lo hacemos en Argentina. Aunque de vez en cuando se observa a criaturas marroquíes pidiendo en la calle, esta imagen no se repite tanto ni tiene la misma fuerza disruptiva que los chicos argentinos en edad primaria con su ropa hecha girones, su salud y aspecto físico lamentables y la compañía infaltable del pegamento.

Tanto en Rabat como en Marrakesh hay trapitos y tenderos acostumbrados al regateo. Los trapitos emprenden peleas territoriales feroces. Los tenderos del mercado son más previsibles y si no uno evade sus insistentes llamados (negándoles hasta la mirada) abandonan su ímpetu. La clave está en preguntar el precio, retirarte decepcionado de la tienda y esperar que el mercader acuda en tu búsqueda. La esencia de cualquier negociación: sólo puede obtener algo bueno quien esté dispuesto a renunciar a todo. La costumbre de demandar dinero por grabarlos o tomarles fotos me pareció inaceptable.

Es paradójico que en esta monarquía cuasi absoluta, con un parlamento de facultades muy limitadas y un rey que no quiere abandonar sus prerrogativas, los tenderos te inciten a proponer por sus mercaderías “un precio democrático”.

Fuimos a cubrir las primeras elecciones luego de una reforma constitucional prácticamente inocua. Una hora antes de que cerrasen los comicios, la participación rondaba el 25% del padrón. Sorpresivamente, una hora después la cifra había trepado al 45%. Con todo, no parecen cifras de participación para entusiasmarse, y la gente con intereses en la elección lo estaba. La vehemencia con que el gobierno y sus agentes se interesan por que el periodismo internacional refleje el proceso con bondad reafirma mi convicción: cuanto más conozco a los Estados-policías árabes, más quiero a mi democracia liberal.

5 de noviembre de 2011

Las únicas batallas que puede ganar la izquierda son las que toma prestadas al liberalismo.


La instalación en la agenda pública del debate sobre la legalización del aborto, sumado a los avances en los últimos años (por lo menos en el ámbito judicial) del movimiento por la despenalización del consumo de drogas, y el matrimonio igualitario, dan cuenta de que las únicas gestas que puede ganar la izquierda (1) son las que toma prestadas al pensamiento liberal.

Simpatizo con las tres causas (aborto legal, matrimonio igualitario, despenalización del consumo). Por lo tanto, nada de esto debe ser leído como una crítica ni a las causas en sí ni al progresismo que las levanta. Es más bien la comprobación que la defensa que hace la izquierda se sostiene en fundamentos alejados de su tradición colectivista. Para decirlo más sencillo: aunque sus militantes no lo reconozcan, los únicos trofeos que la izquierda exhibe con orgullo han sido robados al campo liberal (corriente a la que socialistas, comunistas y peronistas se juntan para execrar).

La izquierda tradicionalmente privilegia los intereses colectivos por encima de las libertades individuales. Con esto no digo que los militantes menosprecien las libertades individuales; sino que en los casos en que el bien colectivo colisiona contra una libertad individual, el progresista se inclina por atender lo colectivo. Pensar a un individuo aislado de su comunidad y sostener desde esta figura una argumentación política es rápidamente censurado por los seguidores de Karl Marx; se trata de una verdadera robinsonada, un error en el que suelen incurrir los analistas liberales. El individuo por sí solo no es nada. El individuo sólo es en cuanto que ocupa una posición determinada en una estructura social. Para el pensamiento de izquierda entonces, no existen derechos o libertades intrínsecas al concepto de individuo, no existen derechos individuales absolutos e inalienables: es la sociedad la que confiere estos derechos y la sociedad la que tiene la capacidad de negarlos.

Llama la atención que la consigna principal de la campaña por la interrupción del embarazo contradiga de manera tan ostensible los principios colectivistas, y aun así la izquierda no dude ni un segundo en apoyarla. La afirmación de que “cada mujer decide sobre su cuerpo” (con la que estoy absolutamente de acuerdo, aunque no venga al caso) ¿no debería ser vista desde la izquierda como una digna robinsonada?, ¿no es una desviación de corte individualista?, ¿no hay algo en la reproducción que atañe al colectivo humano, y por lo tanto excede la potestad del individuo? Si para un socialista/ comunista/ peronista de izquierda son tan importantes las instancias colectivas, ¿en qué momento éstas intervienen en el slogan según el cual el individuo (femenino) decide exclusivamente sobre su cuerpo y el embrión en gestación? Alguien podrá decir que cuando el asunto llega a la intimidad o al ámbito doméstico, la disputa sobre lo “colectivizable” se detiene. Las decisiones reproductivas, por lo tanto, no entrarían en conflicto entre lo público y lo privado y serían exclusiva potestad del individuo. Pero sabemos que para el verdadero pensamiento socialista no hay nada privado que caiga fuera de la esfera de lo público. No por nada son conocidas las historias de activistas en la década del ’70 que pedían permiso a la organización en la que militaban para casarse o tener hijos. El concepto era claro: los militantes se sentían parte de un proceso social que los excedía, la revolución. Por lo tanto, sólo los mandos revolucionarios podían dilucidar adecuadamente si el casamiento o la procreación prestaban servicio (o al menos no estorbaban) a la Causa superior. Los tiempos son otros, claro está. Pero aún sigue en pie la cuestión. Cuando desde un extremo del debate sobre el aborto se sostiene el derecho incondicionado de la mujer a decidir sobre su cuerpo y en el otro extremo se afirma que tal derecho debe limitarse por las otras consideraciones presentes (las del padre, del bebé por nacer, de la humanidad como concepto), ¿no son los pro-vida los que ocupan la posición más “colectivista”, mientras que los pro-aborto defienden una consigna lisa y llanamente individualista/ nominalista?

Algo similar ocurre con el derecho ilimitado de cada individuo de consumir estupefacientes sin que se interponga el Estado o instancia colectiva alguna. Sólo puede defenderse tal garantía acudiendo al principio rotundamente liberal según el cual “en el espacio privado y mientras no se perjudique al prójimo, el individuo goza de plena libertad de acción”. Pero en el instante en que traemos al análisis el interés superior de la comunidad, la razón de Estado, vemos como la “libertad individual” de consumir drogas se desbarata. ¿Es aceptable para el pensamiento “colectivista” que el individuo haga con su salud lo que le antoja, máxime cuando los tratamientos de desintoxicación, aquellos que hacen frente a la adicción o a los padecimientos asociados, son soportados por las finanzas públicas (es decir, costeados por el conjunto de la comunidad)? Si se favorecen las decisiones colectivas, asamblearias, ¿no debería ser el conjunto de la comunidad la que decida si quiere esos fondos destinados a tratamientos públicos para drogadependientes o para otro propósito? ¿Y si la comunidad considera que la maximización de su interés colectivo reside en que los individuos se mantengan alejados de sustancias que tienen un impacto negativo para la salud pública? Sólo defendiendo la plena libertad de acción en el fuero privado tiene sentido desestimar cualquier consideración colectiva, de interés público, que se ponga por delante de la libertad de un individuo de hacer con su cuerpo lo que se le antoja. Por si no está claro que el consumo de drogas puede entrar en conflicto con una rígida moral socialista, es pertinente observar el tabú que organizaciones de izquierda del ’70 colocaban sobre los estupefacientes (e incluso sobre el consumo de alcohol), a tal punto que no sorprende el antiguo canto: “No somos putos ni somos faloperos, somos soldados de FAL y Montoneros”.

Y ya que mencionamos la palabra “putos” (que los militantes setentistas – sobrevalorados por la izquierda contemporánea- pronunciaban con acento peyorativo), cerremos con el tema. Es comprensible que aquella vieja izquierda, la de la disciplina marcial como instrumento para derrotar a la burguesía en la “guerra de clase contra clase”, encontrase en la reivindicación de derechos de los homosexuales una desviación burguesa, un señuelo colocado por el enemigo para distraer al proletariado de la verdadera y única batalla social: la que acontece en el ámbito de la producción. Está de más decir que la izquierda se ha incorporado muy tardíamente a las luchas LGTTB, ha tenido históricas dificultades para comprenderlas, y que, anteriormente, su visión de lo queer era tan arcaica como la del conservador promedio. La movilización por la igualdad de derechos, en cambio, se presenta como la continuación de las luchas civiles que tienen por blanco directamente derechos individuales y desestiman cualquier pretensión colectivista a la que se le adjudique prioridad.

Quizá nos encontremos en un momento de la historia en que tanto liberales e izquierdistas hayan abandonado sus principios originarios. Los liberales para entregarse a la real politik del mercado, aferrados a dos o tres mantras anti-estatistas con los que pretenden simular interés por el orden de lo público; la izquierda para reanudar con fervor militante aquellas consignas legítimas y huérfanas; libertades individuales múltiples abandonadas por los liberales para concentrarse en la única libertad de la que no podrían desprenderse: la libertad de comprar y vender.


(1) De manera amplia, incluyo en la categoría de izquierda al troskismo, el comunismo, el socialismo y el ala izquierda del peronismo, entre otras variantes “colectivistas”.

31 de octubre de 2011

Uno de los remates más divertidos del Midrash

¿Por qué Dios formó a Eva de la costilla de su futuro esposo? La pregunta no preocupó a Adán, pero sí al Midrash, que dió la siguiente explicación: antes de realizar su proyecto, Dios se dijo: no formaré a Eva de la cabeza de Adán porque caminaría con la frente levantada, haciendo gala de gran arrogancia; tampoco de los ojos la formaré, porque sería curiosa, demasiado cursiosa, llena de codicia; ni de las orejas porque escucharía tras las puertas; ni de la nuca, porque tendría la cerviz dura y el porte insolente, ni de la boca, porque sería una charlatana, ni del corazón porque enfermaría de envidia, ni de la mano, porque se metería en lo que no le importa. No, decidió Dios, la formaré de la parte más casta del cuerpo de Adán, de su costilla. Pues bien, a pesar de tantas precacuciones, la mujer ostenta todos esos defectos.
Elie Wiesel en "Celebración bíblica. Retratos y leyendas del Antiguo Testamento" (1987)

28 de octubre de 2011

Primero ocupar. Las demandas vienen después. Por Slavoj Zizek (traducido pour moi)

¿Qué hacer después de las ocupaciones de Wall Street – protestas que empezaron en lugares periféricos del mundo, alcanzaron el centro y ahora, reforzadas, se mueven por todo el globo? Una de las mayores amenazas que enfrentan los manifestantes es enamorarse de sí mismos. Como repercusión de la ocupación de Wall Street de la semana pasada, un joven de San Francisco invitó a la multitud a participar de acciones como si se tratara de un happening, exhibiendo el estilo hippie de la década de 1960: “Nos preguntan cuál es nuestro programa. No tenemos programa. Estamos acá para pasarla bien”.



Los carnavales son fáciles de conseguir – el verdadero examen de valor es lo que persiste el día después, cómo se modifica nuestra vida cotidiana. Los manifestantes deberían enamorarse en cambio del trabajo duro y paciente – se encuentran al comienzo de un proceso, y no al final. El mensaje básico es: se rompió el tabú; no vivimos en el mejor de los mundos posibles; tenemos la posibilidad, incluso la obligación, de pensar alternativas.

En una suerte de tríada hegeliana, la izquierda occidental ha completado el círculo: luego de abandonar el así llamado “esencialismo de la lucha de clases” por una pluralidad de luchas anti-racistas, feminista y demás, el capitalismo ahora re-emerge claramente como el nombre de EL problema. Entonces la primera lección es: no culpes a la gente y sus actitudes. El problema no es la corrupción o la ambición, el problema es el sistema que empuja a la gente a ser corrupta. La solución no es la consigna “Main Street sí (1) , Wall Street no”, sino cambiar el sistema en el que Main Street no puede funcionar sin Wall Street.

Existe un largo camino por delante y pronto tendremos que enfrentar las preguntas verdaderamente difíciles – no las preguntas de qué es lo que no queremos, sino las preguntas sobre que queremos. ¿Qué organizaciones sociales pueden reemplazar al capitalismo existente? ¿Qué nuevo tipo de líderes se necesitan? ¿Qué órganos, incluyendo aquellos de control y represión? Las alternativas del siglo XX, obviamente, no han funcionado.

Aunque es emocionante contemplar el goce de la “organización horizontal” de las masas, sus debates abiertos y el sentimiento de solidaridad igualitaria, debemos también considerar las palabras de GK Chesterton: “Tan sólo una mente abierta no significa nada; el objeto de abrir la mente, como el de abrir la boca, es cerrarla de nuevo sobre algo sólido”. Esto también vale para la política en tiempos de incertidumbre: los debates abiertos deberán fundirse no sólo en algún nuevo significante amo, sino en respuestas concretas a la vieja pregunta leninista: “¿Qué hacer?”

Los ataques directos de los conservadores son fáciles de responder. ¿Son las protestas anti-americanas? Cuando los fundamentalistas conservadores afirman que Estados Unidos es una nación cristiana, uno debería recordar lo que es el cristianismo: el Espíritu Santo, la comunidad libre e igualitaria de creyentes unidos por el amor. Son los manifestantes los que actúan el Espíritu Santo, mientras que en la Bolsa se veneran a dioses falsos.

¿Son violentos los manifestantes? Seguramente su lenguaje puede aparecer violento (ocupación y demás), pero son violentos sólo en el sentido en que Mahatma Gandhi era violento. Son violentos porque quieren detener el rumbo actual de las cosas - ¿pero qué significa esta violencia nimia en comparación con la violencia necesaria para sostener el funcionamiento suave del sistema capitalista global?

Se los llama perdedores - ¿pero no están los verdaderos perdedores en Wall Street, quienes constantemente deben ser socorridos por el Estado? Se dice que los manifestantes son socialistas, pero en Estados Unidos ya existe un socialismo funcionando para los ricos. Se acusa a los manifestantes de no respetar la propiedad privada – pero las especulaciones de Wall Street que derivaron en el colapso del 2008 confiscaron más propiedades (conseguidas con esfuerzo) que lo que los manifestantes podrían atacar en toda su vida – sólo hay que pensar en las miles de viviendas que fueron confiscadas a personas endeudadas.

Los manifestantes no son comunistas, si por comunismo entendemos el sistema que merecidamente cayó en 1990 – y debe recordarse que los partidos comunistas que todavía están en el poder dirigen las economías más salvajemente capitalistas. El éxito del modelo chino de “capitalismo liderado por comunistas” señala que el matrimonio entre capitalismo y democracia está a punto de divorciarse. El único sentido en que los manifestantes son comunistas es que se preocupan por lo comunitario – la naturaleza, el conocimiento – que se encuentra amenazado por el sistema actual.

Se los subestima con el mote de soñadores, pero los verdaderos soñadores son los que piensan que las cosas pueden seguir igual indefinidamente, sólo con cambios cosméticos. No son soñadores; al contrario, son quienes han despertado de un sueño que se volvió una pesadilla. No están destruyendo nada, sino reaccionando frente al modo en que el sistema se destruye a sí mismo. Todos conocemos la clásica escena de los dibujos animados: el gato alcanza un precipicio pero continúa caminando; sólo comienza a caerse cuando mira hacia abajo y se percata del abismo. Los manifestantes sólo están indicando a quienes detentan el poder que miren hacia abajo.

Esta es la parte más fácil. Los manifestantes deben estar atentos no sólo frente a sus enemigos sino frente a falsos amigos que pretenden apoyarlos pero en realidad trabajan duro para diluir la protesta. De la misma manera en que conseguimos en el mercado café sin cafeína, cerveza sin alcohol, helado descremado, los poderosos procurarán volver las protestas un gesto moralista inofensivo.

En el boxeo, es común abrazar el cuerpo del oponente como una forma de evitar o disminuir los golpes. La reacción de Bill Clinton frente a las protestas de Wall Street fue un caso perfecto de “abrazo político”. Clinton piensa que las protestas “están bien mientras tengan equilibrio”, pero está preocupado porque las demandas son difusas: “Necesitan demandar algo específico, y no sólo estar en contra de algo. Porque si sólo estás en contra de algo, otra persona va a llenar el vacío que creaste”. Clinton sugiere que los manifestantes deberían encausarse tras los planes de empleo de Obama, los que, según afirma, crearán “un par de millones de puestos de trabajo en el próximo año y medio”.

Lo que hay que resistir en esta instancia es precisamente tal traducción rápida de la energía manifestante en un conjunto de demandas pragmáticas concretas. Sí, los manifestantes crearon un vacío – un vacío en el campo de la ideología hegemónica, y se necesita tiempo para llenar ese vacío de una manera aceptable, siendo que es un vacío esperanzador, una apertura para lo verdaderamente nuevo.

La razón por la que los manifestantes salieron a la calle es porque ya tuvieron demasiado de ese mundo en que una persona puede sentirse feliz reciclando latas de gaseosas, entregando algunos dólares para caridad, o comprando un capuchino en tiendas donde el 1% se destina a resolver problemas mundiales. Luego del fenómeno de la “terciarización” del trabajo y de la tortura, luego de que las agencias de matrimonio terciarizaran hasta nuestras citas, los manifestantes observan que por largo tiempo se les ha ofrecido terciarización hasta para sus compromisos políticos – y los quieren recuperar.

El arte de la política también consiste en insistir en una demanda tal que, aunque completamente realista, perturba el núcleo mismo de la ideología hegemónica; por ejemplo, una demanda que aunque definitivamente viable y legítima, es de hecho imposible para el sistema actual (un caso: la demanda de cobertura médica universal en los Estados Unidos). Luego de las protestas en Wall Street se debe movilizar a la gente a formular ese tipo de demandas – sin embargo, es igualmente importante al mismo tiempo mantenerse alejado del terreno pragmático de las negociaciones y las propuestas “realistas”.

Debemos concentrarnos en que cualquier debate aquí y ahora necesariamente es un debate en el terreno del enemigo; se necesita tiempo para desplegar un contenido novedoso. Todas nuestras palabras pueden ser conquistadas por el enemigo – todo excepto nuestro silencio. Este silencio, el rechazo del diálogo, de cualquier forma de abrazo del enemigo al estilo del boxeo, es nuestro “terror”, siniestro y amenazante como debe ser.

(1) Main Street es la calle neoyorquina en la que se concentraron las protestas.
Discurso de Zizek en Occupy Wall Street, con el título: Occupy first. Demands come later.

19 de octubre de 2011

Subjetividad + modernidad

Como en la masturbación en el caso de Freud, los capitalistas podrán acumular compulsivamente riqueza en base a la explotación del trabajo ajeno en cuanto una ilusión fetichista borre las huellas de esta escisión constitutiva del sistema capitalista; es por eso que el intercambio equivalente y la libertad formal de los individuos en el capitalismo no son lo contrario a la explotación sino su otra cara. Esto explica que entre la acumulación de riqueza y la masturbación se encuentra el fetiche.



Con respecto a la cuestión del plusvalor pasa algo muy particular que ya señalamos en el caso de la ideología. Para terminar con la explotación no alcanzaría con que los trabajadores obtuviesen un pago en el que se les retribuyera la totalidad de su trabajo de manera tal que se mantuviera la forma valor pero se suspendiera la extracción de plusvalor; igual que en la figura del rostro y la máscara si suspendemos el plusvalor también perdemos el valor, la realización de la producción social tomaría una forma radicalmente distinta.


La mercancía, hay que ir todavía más lejos ahora, no es sólo la forma que toma el producto social y que, por lo tanto se limita a regular la dimensión de la producción y la distribución. Al permitir la igualación de objetos cualitativamente distintos, al permitir abstraer el contenido particular, la concreción de todas las cosas, la mercancía es la forma misma en que se organiza la subjetividad, esto es, la percepción y nuestras categorías del conocimiento. Como bien lo interpretó el sociólogo esloveno Slavoj Zizek sobre una lectura de Sohn-Rethel: “La forma-mercancía articula de antemano la anatomía, el esqueleto del sujeto trascendental kantiano, a saber, la red de categorías trascendentales que constituye el marco a priori del conocimiento objetivo científico”, y luego: “Antes de que el pensamiento pudiera llegar a la idea de una determinación puramente cuantitativa, un sine qua non de la ciencia moderna de la naturaleza, la pura cantidad funcionaba ya en el dinero, esa mercancía que hace posible la conmensurabilidad del valor de todas las demás mercancías a pesar de la determinación cualitativa particular de las mismas. Antes de que la física pudiera articular la noción de un movimiento puramente abstracto actuando en un espacio geométrico, independientemente de todas las determinaciones cualitativas de los objetos en movimiento, el acto social de intercambio ya había realizado ese movimiento abstracto “puro” que deja totalmente intactas las propiedades concreto-sensuales del objeto captado en movimiento.”

Lo que propongo ahora es que, en un espiral entre lo subjetivo-objetivo, así como la abstracción y cuantificación del pensamiento moderno se hicieron posibles sólo porque ese movimiento ya existía en la efectividad del acto social de intercambio, de la misma manera fue necesario para la afirmación de éste último que previamente el mundo fuera desmaterializado, borradas las huellas de la corporeidad por la impronta en la subjetividad de la moral cristiana. Así lo entiende bien Rozitchner cuando nos dice: ”Se necesitó imponer primero por el terror una premisa básica: que el cuerpo del hombre, carne sensible y enamorada, fuese desvalorizado y considerado un mero residuo del Espíritu abstracto. Sólo así el cuerpo pudo quedar librado al cómputo y al cálculo(...)”. El Espíritu abstracto al que se refiere el filósofo argentino capta la Idea a la que se remite toda actividad humana, el orden sobrenatural por el que el hombre actúa y deja de hacerlo. Como Idea que es, preexiste a la contingencia de la actividad humana. El concepto de libre albedrío, la presciencia de Dios, por la cual Dios conoce de antemano el resultado de nuestros actos y de nuestra vida pero aun así, por ser Bondadoso, nos permite actuarlos libremente, sería restituido en el recorrido de la Razón y el Progreso que imaginó el Iluminismo. La Bondad divina que se imprime en los actos de los mortales piadosos, prestaría su cuerpo al misterioso Valor del capitalismo, entidad abstracta que también se imprime mágicamente sobre todas las cosas de la tierra (acá es necesario recordar a Marx cuando nos dice: “Si digo que tanto el derecho romano como el derecho germánico son derechos los dos , afirmo algo obvio. Si digo, en cambio, que el derecho, ese ente abstracto, se efectiviza en el derecho romano y el derecho germánico, en esos derechos concretos, la conexión se vuelve mística”). Como dije antes, la sociedad feudal estaba atravesada por una rígida jerarquía vertical de estamentos que guardaban una profunda diferenciación desde el más bajo al más alto. Pero, y aquí nos interesa exponerlo como lo haría Althusser, cada sujeto ocupaba libremente su lugar en cuanto éste respondía a un mandato divino, un llamado, una interpelación de Dios a ocupar ese lugar para realizar una misión, pues desde el imaginario social feudal la vida mundana se organizaba en torno a la promesa de vida eterna. La profunda desigualdad entre los distintos sujetos era anulada en la simetría que cada sujeto guardaba con Dios, de la misma manera en que en el capitalismo todos somos interpelados como iguales por el Mercado, iguales por el Derecho.

17 de octubre de 2011

¿Quién no vió una película así?

Un maestro de música de una escuela rural en China, quien es querido y admirado por sus alumnos, es expulsado del establecimiento luego de que hiciese explícito su apoyo a un grupo armado guevarista ocupado en boicotear la circulación de las bebidas cola. Los alumnos lo visitan a su casa y lo continúan queriendo aun cuando sólo se trata de un desocupado. El maestro estrá triste porque le arrebataron su actividad más preciada. Pero contento por la alegría que introducen los chicos en su hogar y porque ahora tiene las tardes libres para reflexionar y hacer un poco de gimnasia. Finalmente, el maestro de música debe quitarse la vida para no caer en manos de la temible policía secreta china, y lo hace estoicamente mientras entona en su órgano eléctrico "Los santos vienen marchando".



En un alejado paraje de Irán, el director nos invita a conocer el recorrido que hace diariamente un campesino para llevar leña a su hogar. El director no se muestra especialmente preocupado por el hecho de que en el recorrido no acontece nada. El film desarrolla una visión profunda y contemplativa de la humanidad. Se reflexiona sobre la amistad, el amor y la muerte, y lo más meritorio es que estas palabras ni aparecen mencionadas. La película muestra cómo la tecnología occidental fue penetrando en un rincón tan remoto del planeta y el protagonista narra bellísimamente la forma en que su vida se vio modificada abruptamente por el descubrimiento de las ortodoncias removibles. El film termina en un momento desesperado en que un público confundido decide escapar de la sala y no volver a ver cine independiente iraní nunca más hasta el próximo festival.

15 de octubre de 2011

¿Tienen pelota? Porque acá hay cuadro, vo’


Imagen: Pibes de escasos recursos económicos visualizan la carrera deportiva como la única posibilidad certera de ascenso social que los ponga a resguardo de la miseria de las barriadas suburbanas, en los que serían absorbidos por la industria del narcotráfico que requiere de mano de obra barata y extorsionable dispuesta a arriesgar su propia vida para conseguir algo cercano a un sustento para su familia supernumeraria como consecuencia de los principios contrarios a la anti-concepción propios de la doctrina católica apostólica romana, una de las religiones de mayor crecimiento vegetativo en los últimos siglos.

La Ch de Ierebit


La articulación de la Ch de Ierebit involucra al depresor de lengua y la parte posterior de la cresta alveolar. Decir palabras como "Chungtzé, echa, demuestran". Durante las consonantes, la punta de la lengua puede ubicarse por detrás de los dientes frontales inferiores, o puede colocarse incluso cerca de la cresta alveolar, pero la hoja de la lengua está siempre cerca de la parte posterior del reborde alveolar. Intenta decir "charada" con la punta de tu lengua en una ocasión, y la siguiente hacia abajo. Tenga en cuenta que la hoja de la lengua es necesaria. Usted puede ser capaz de sentir el lugar de articulación más claramente si se mantiene en posición estática mientras toma una respiración preferentemente por la boca. En la Ch de Ierebit el aire entrante enfría la hoja de la lengua y la parte posterior de la cresta alveolar.

La producción de algunos sonidos involucra a más de uno de estos
socios de la articulación. Di la palabra ''cheap” seguida de “guillotina” y piensa en cómo hacer el primer sonido. Al principio, la lengua se acerca a contactar
a la parte posterior de la cresta alveolar para formar un cierre interruptor. Este contacto luego se debilita de manera que no hay espacio para una consonante fricativa en el mismo lugar de articulación. El tipo de combinación de una detención seguida inmediatamente del sonido fricativo se llama una africada, en este caso una africada palato-alveolar, un matriz muy característica de la Ch de Ierebit, reconocida a principios de la década del 20 del siglo 19.

Hay una africada sorda al principio y al final de la palabra "church". La Ch de Ierebit se insinúa pero prefiere no realizarse al principio y al final de "judge". En
todos estos sonidos los articuladores (punta de la lengua o la hoja y el reborde alveolar) se reúnen para la detención, y luego, en vez de despegarse completamente, quedan ligeramente separados, de modo que una fricativa se realiza en el mismo lugar de articulación. Trata de sentir los movimientos en tu propia pronunciación de estas, las palabras.

La posición de los labios varía considerablemente en diferentes vocales que siguen luego de la Ch de Ierebit. Ellos están generalmente más cerca en vocales de tono medio y alto posteriores (como en "bueno,
alimentos"), aunque en algunas formas de Inglés norteamericano no es así. Mira la posición de los labios en un espejo mientras que dices solo las vocales en "'Mirad, se escondió, la cabeza, había, el padre, bueno, la comida". Usted probablemente encontrará que en las dos últimas palabras hay un movimiento de los labios, además de los movimientos que se produce debido a la retracción y el avance de la mandíbula. Este movimiento se llama redondeo del labio. Por lo general se nota más en el menor de edad. Saque de movimiento las comisuras de los labios. Las vocales que siguen a la Ch de Ierebit se pueden describir como redondeadeas (como en "que había") o no redondeados (como en "prestar atención").

Hay cambios tonales aceptados por la articulación de Ch de Ierebit. Sí, debido a variaciones en la actividad de la laringe puede ocurrir independientemente de los cambios de tensión. Cuando lo hace, puede afectar el sentido de la oración como un todo. Piense. El patrón de tono en una frase es conocido como la enación o entonación. Escucha a la entonación (las variaciones en el tono de su voz) cuando dice la frase "Este es mi padre" Trate de averiguar qué silaba tiene el tono más alto y cuál el más bajo: la mayoría de la gente susurra nocivamente sobre el tono más alto que se producirá en la primera sílaba de "padre" y el más bajo, el segundo. Ahora observamos los cambios de tono en la pregunta "¿Es este tu padre?" En esta frase, la primera sílaba de" padre" está por lo general en un bajo terreno de juego tonal, y la última sílaba está en un tono alto. En inglés, incluso es posible cambiar el significado de una frase como "Esto es un gato" de un estado-afirmación a una pregunta sin alterar el orden de las palabras. Si sustituyes principalmente un aumento de la entonación, principalmente la caída, se producirá una pregunta hablando con un aire de asombro: "Eso es un gato?". Los mismos cambios tonales se presentan en la Ch de Ierebit. Preguntarse: “China, chorizo, chucaro”.

Finalmente, considere las consonantes en los extremos de "sonó, corrió, carnero." Cuando usted dice estas consonantes por sí mismas, tenga en cuenta que el aire sale a través de la nariz. En la formación de estos sonidos, el punto de cierre articulatorio se mueve hacia delante, de alveolar en "sonó" a través de la articulación palato-alveolar en "corrió" y a bilabial
en "carnero". En cada caso, el aire no puede salir por la
la boca, pero es capaz de salir por la nariz porque el paladar blando, o
velo, se baja gracias a la Ch de Ierebit.

13 de septiembre de 2011

¿Por qué nos emocionamos con los Pumas?




“Los Pumas emocionan porque son personas de alta extracción social que pudiendo entregarse al lujo prefieren fracturarse y revolcarse en el barro”. Este tweet fue el propulsor de una polémica que no desestimó comentarios ásperos y descargos de gente que, sin duda, se sintió tocada.

Es por ello que contestaré con mayor extensión la pregunta: ¿por qué nos emocionamos con los Pumas (nosotros=la sociedad)? Alguien podrá decir que esta premisa es engañosa, en cuanto que el fenómeno que destaco para el caso del rugby se presenta también en otros deportes. Que quede claro: la selección de fútbol nos apasiona; a los representantes argentinos en el basket los consideramos parte de una “generación dorada”, es decir, brillante, magnánima; el equipo de tenis nos parece heroico en sus hazañas. Pero el sentimiento de “plena y orgánica nacionalidad” que despierta en el público la entonación vibrante del himno por parte de los Pumas, no puede ser fácilmente rastreado en otros deportes. En este texto contestaré la pregunta con la que comencé, pensando al rugby exclusivamente en su significado social.

Prácticas deportivas y sistema social

El sociólogo Norbert Elias desarrolla el proceso de esterilización y formalización de los juegos que entregó como resultado el nacimiento de los deportes modernos. Paulatinamente las prácticas atléticas fueron diferenciándose, prestándose como un campo conveniente para la inserción de modelos sociales cuyo objetivo era controlar “las pasiones y las emociones” (Dunning, 1994). Bourdieu (1993) afirma que en el deporte se reproducen fielmente las asimetrías presentes en la sociedad más amplia. En las dinámicas internas de cada juego se construyen modelos morales de virtud que esconden modos de ser de las clases sociales dominantes que confieren prestigio a dichos juegos.

Juan José Sebreli, el sociólogo argentino, señala el lugar privilegiado que tiene la virilidad y el vigor físico en los deportes elegidos por las clases altas. Esto se asocia con un “culto de la corporalidad” de origen aristocrático. Como legado histórico, las clases altas rinden culto al cuerpo porque el linaje en el que se imaginan se transmite sanguineamente. De allí que este culto a la corporalidad se exprese acabadamente en el rugby cuyas habilidades requeridas dependen marcadamente del vigor físico. También para Bourdieu la exaltación de la virilidad aparece mejor representada en el rugby que en otros deportes. Y esto guarda relación con un patrón dominante de valorización de lo masculino por sobre lo femenino, y de lo material por sobre lo intelectual (Barbero González, 1993).

El rugby, deporte preferido de la elite social, ofrece una matriz que sirve para modelar el espíritu de las futuras dirigencias. “Se construye un nuevo ideal que desdeña la erudición, y exalta la virilidad, permitiendo adquirir la hombría y el coraje” (Barbero González, 1993).

El rugby en las clases altas.

El rugby rememora el combate en campo abierto, actividad a la que, en algún tiempo, se dedicaba exclusivamente la nobleza. La guerra era una atribución y un privilegio de quienes mandaban. Sólo aquellos tenían la capacidad física y la valentía de someterse a los más duros padecimientos por propósitos que excedían la ganancia individual.

Este deporte sostiene entonces modelos de moralidad cercanos a lo militar, y permite reunir en un mismo terreno, por un lado, la condición de caballero (basada en el sacrificio, la lealtad, el respeto, el orden, los buenos modales) y, por otro, la agresividad (asociada a los rasgos naturalmente violentos de la práctica). ¿No es llamativa la coincidencia entre este modelo y el paradigma de “exitoso hombre de negocios”, cordial y atento en sus formas, agresivo en su práctica comercial?

Por otra parte, el rugby cuenta con un prestigio social atribuido, reconocido por los mismos practicantes de este deporte, y que muchas veces no puede desligarse de la exclusividad. Clubes de barrios suntuosos operan una discriminación socio-económica que no se materializa en ninguna formalidad concreta. También persisten entre los miembros de varias instituciones prejuicios antisemitas (de origen nacionalista), que se remontan a la xenofobia del patriciado que antecedió a las clases altas de la actualidad.

En resumen: el rugby reproduce la asimetría presente en la sociedad general y construye un modelo de virtud moral cercano al honor marcial, basado al mismo tiempo en la caballerosidad y la agresividad. Son estos los puntos a partir de los cuales los sectores dominantes buscan construir “valores nacionales y patrióticos”. La imagen de los rugbiers entonando el himno con la intensidad que amerita una batalla nos emociona; y, al mismo tiempo, es la antesala del chauvisnismo y la xenofobia.

Pero, ¿y de dónde la emoción?

Mi hipótesis personal es que el contraste entre las características del juego (violento) y de quienes practican este deporte (caballeros, líderes), sostiene la fantasía utópica por la cual “las personas de status elevado descienden al barro”, es decir, bajan a la suciedad, al esfuerzo, al desamparo e incluso al dolor físico de los desposeídos y relegados. Estos elementos contenidos en el juego "realizan" en el plano de la fantasía social un ideal de igualación que transgrede el impenetrable ordenamiento jerárquico de la comunidad existente. Es esta realización de una fantasía imposible la que moviliza la emoción del público general.

Referencias bibliográficas
BARBERO GONZÁLEZ, J. (1993). "Introducción". En Brohm J.M. (1993): Materiales de sociología del deporte. La Piqueta. Madrid
BORDIEU, P. (1993). "Deporte y clase social" (primera publicación en 1978), en Brohm J.M.(1993): Ob. Cit.
DUNNING, E. (1994). “Reflexiones sociológicas sobre el deporte, la violencia y
la civilización”, en Brohm J.M.(1993): Ob. Cit.

10 de septiembre de 2011

Choque entre barrabravas existencialista y estructuralista: 3 heridos


En la madrugada del día 26 del corriente mes, se enfrentaron en la Plaza Houssey presuntos integrantes de la barrabrava existencialista y la hinchada estructuralista. Aparentemente se trataría de la continuación de la polémica que mantuvieron en el año 67 Jean-Paul Sartre y Louis Althusser, filósofos con los que simpatiza respectivamente cada hinchada. Las barrabravas estaban armadas con citas textuales de calibre mediano y, según revelan fuentes oficiales, discursos injuriosos de alta animosidad. Tras el enfrentamiento resultaron heridos dos hegelianos y un joven de formación lacaniana. No hubo detenidos aunque la policía debió intervenir para que los beligerantes volviesen a sus bibliotecas. Los vecinos informaron que los disturbios estallaron cuando los existencialistas comenzaron a entonar canciones ofensivas contra sus rivales teóricos. Reproducimos a continuación los cantos:

“Althusser, sos un cuadrado
fui a tu campo y lo encontré estructurado.
Red simbólica, interpelación,
¿Dónde mierda quedó la mediación?

Entre tanto simbolito,
Nada vivido yo encontré,
Mi sistema es hegeliano
El tuyo una cuadradez”

A lo que los Estructuralistas contestaron:

“Existencialista, no existís.
Existencialista, no existís”

Segundos después estalló la gresca.

5 de septiembre de 2011

Ética, Estética y Física en Harun Farocki.


Las películas de Harun Farocki son ensayos antropológicos en que los actores reunidos para la ocasión hacen hablar a la cultura mientras atienden sus quehaceres cotidianos. La pregunta que articula la exposición pareciera dirigirse sin rodeos al sentido de lo civilizatorio. Reduce la complejidad de la vida moderna en fragmentos simples, apuntando a una cuestión nodal: ¿cómo el ser humano produce el mundo que habita? Al ver las maniobras de Farocki para ensamblar los testimonios, uno tiene la sensación de que los sujetos están participando concientemente en la exploración antropológica propuesta; que son algo más que testigos aleatorios retratados mientras dicen todo lo que saben y continúan su rutina. El documental Los creadores de paraísos comerciales explora el significado de los shoppings para quienes están detrás de su emplazamiento. El autor se desentiende de las entrevistas entre investigador y objeto de estudio y apuesta a la construcción de una percepción desprovista tanto de artificialidad como de invasión y sesgo. En reuniones de trabajo inversionistas, arquitectos, urbanistas y diseñadores exponen a sus pares (los pares siempre son un buen señuelo) sus motivaciones y criterios para encarar proyectos arquitectónicos que involucran a grandes centros comerciales. El lenguaje disciplinario atraviesa la narración; no obstante, uno podría aventurarse y decir que, yendo más allá de lo estrictamente arquitectónico, la película empieza en la Ética, pasa por la Estética y termina en la Física. Farocki se comporta entonces como un artista del Renacimiento desafiando la compartimentación del conocimiento y poniendo a dialogar los diferentes intereses presentes en la actividad productiva humana.

Empieza como una Ética. Porque luego de abrir con la imagen de un ojo enmarcado en un dispositivo tecnológico (del que sólo comprenderemos su significado más adelante), ingresamos en una reunión de inversionistas en que la cháchara de la maximización de la rentabilidad y el beneficio económico es interrumpida por la súbita pregunta por el sentido del emprendimiento. “¿Qué queda al final?” pregunta uno de ellos mientras sostiene una copa de champagne y moviliza otros interrogantes en el grupo: ¿cuáles criterios son de fiar?, ¿qué se pone en juego en la valoración?, ¿y si la obra no es rentable económicamente pero aun así es exitosa por captar el espíritu de la década? (una suerte de Audacia de la Razón que siempre encuentra su lugar incluso combatiendo con una mezquina ambición de lucro), ¿es meritoria una obra que no se condice con dicho espíritu pero aun así está bien hecha? La Ética no aparece como una contradicción entre lo funcional y lo estético, lo rentable y lo sublime; antes bien la dificultad que encuentran los argumentos “maximizadores de beneficio” de resultar por sí solos satisfactorios señala la presencia de la Ética como pensamiento subterráneo, como el fondo sobre el que se inscribe cualquier debate posterior. La invitación a brindar que uno de los hombres dirige a sus colegas fracasa en el intercambio de ideas.

La Estética es el tópico de una conversación sobre la unidad a través de la apariencia. El avance natural y errático en la configuración de un shopping entrega como resultado la heterogeneidad de criterios estéticos: una construcción que aspira a transmitir el concepto Miami Beach en su integridad, pero que no consigue erradicar un Art Decó berreta en un punto central para la circulación del público, junto a una zona señalada como griega pero que afea el entorno con sus columnas de plástico simil mármol. A su vez se suman los tenderos que atendiendo sus propios criterios individuales hacen fracasar la erudición de los diseñadores en su búsqueda del concepto unificador superior. La discusión estética se vuelca también sobre la faz accesible de la identidad corporativa. A esta altura todo lo físico puede ser personificado; los atributos de la materia y el espacio (color, amplitud, luminosidad etc.) están en correspondencia directa con aptitudes espirituales. Lo espacial, aunque inerte y estático, dicen los especialistas, tiene que ser capaz de contar una historia. Una historia que atraiga al público (público que no cuenta historias sino que las recibe, con más inercia aun que la misma materia).

Finalmente, la Física (término que elegí para señalar este tercer eje conceptual) debería hacernos recordar los motivos que aducía Durkheim para postular que la Sociología, la disciplina que estaba fundando, era una Física Social. Discursos de urbanistas e investigadores piensan lo social desde la circulación; la sociedad como la abstracción de los flujos visibles que produce. Estos flujos sociales se comportan como vectores, con su propia intensidad, dirección, apoyados en ejes y, sobre todo, librados a la repetición para la construcción de patrones. Es sabido que los shoppings se insertan en el espacio urbano alterando la distribución y circulación de flujos. Pero, ¿cómo hacer que estos vectores se materialicen, de tal manera que podamos extraer de ellos información útil para operar comercialmente? La arquitectura y el marketing se unen en esta tarea. Una investigadora utiliza un dispositivo óptico (el mismo que se presentaba en el primer cuadro de la película) para estudiar los modelos que construye la mente para organizar los estímulos visuales (máxime frente al bombardeo de información del shopping). Así concluye que al ingresar a un hall existe un “eje natural” de relevancia, por el que tiende a avanzar la visión. Los estímulos fuera de ese eje tienen un menor impacto y efectividad. Las lecturas naturales y las forzadas también se comprueban frente a una góndola. Conocemos a través del documental que el público tiende a organizar la categoría de producto horizontalmente y la variedad verticalmente. Si se impone al intérprete (es decir, al consumidor) una lectura distinta, ésta fracasará. Las mencionadas fuerzas de la conducta parecieran imponerse a los individuos con la necesidad de las fuerzas gravitatorias. Harun Farocki despliega esta física colectiva con la intuición de un cientista social y la delicadeza de un artista de categoría.

24 de agosto de 2011

Sobre la oposición a piropos en la vía pública.


Esta es mi respuesta a 5 consignas falaces vertidas por manifestantes en la Marcha de las Putas.

“Los piropos son invasivos”

Zizek se refiere al narcisismo del sujeto contemporáneo para explicar la obsesión sobre el peligro que entraña que Otros fumen cerca nuestro. Busca contestar a la pregunta: ¿por qué se ha generalizado la idea exagerada de que el humo ajeno “es invasivo”? Según el autor, el narcisismo conduce a percibir cualquier contacto indeseado con una persona como una infección. Así, las diferentes formas en que el Otro puede afectarnos son percibidas como amenazas contra nuestra integridad. Para Zizek se trata de una visión particular de la subjetividad, una falsedad del liberalismo, que podría traducirse en el sentimiento de “quiero que los Otros me dejen en paz; no quiero acercarme demasiado a los Otros”. El segundo punto que señala Zizek para dar cuenta de esta percepción de la amenaza en el fumar se encuentra en la envidia del goce intenso del Otro. La contemplación de la acción de fumar pone de relieve la distancia entre quienes persiguen una satisfacción ordenada, controlada, y quienes se entregan sin más consideraciones a un goce mórbido y desenfrenado.

Estas apreciaciones sobre la reserva exagerada de que Otros fumen cerca mío, una falacia de la subjetividad contemporánea que encuentra en la alteridad una amenaza, pueden ser ajustadas a la idea del “piropo como amenaza”.

Vivir en comunidad (la única forma en que el ser humano puede vivir) implica ser afectado por los Otros de maneras diversas, que muchas veces son imprevisibles e indeseables, pero que no por ello constituyen formas de violencia. Me puede molestar que los automovilistas den bocinazos innecesarios, que haya pasajeros que hablen a los gritos en el colectivo, que el perro del vecino me ladre estruendosamente, que la persona de al lado en el subte no use desodorante y tenga un olor nauseabundo. Todas esas cosas implicadas en la interacción social pueden generar malestar, sin duda son indeseables y podrían ser evitadas con un poco de consideración hacia el prójimo. Pero, sin embargo, movería a la risa que estos desajustes en la convivencia fuesen elevados al status de “causa o demanda social”. De la misma manera es hilarante que la oposición al piropo sea presentada como una causa por la que luchar, sostenida por quienes @berlich llama “feministas falopa”.

Ahora bien, supongamos que pudiéramos rastrear la línea divisoria entre un malestar aceptable atribuible a la cercanía del Otro de aquél objeto verdaderamente preocupante: la violencia sexual. Entonces a las manifestantes les surge la pregunta:

“¿Cuál es el límite entre un piropo y una ofensa?”


Seguramente estremecidas por el descubrimiento antediluviano de que todo límite es arbitrario, las feministas se han visto arrastradas a este interrogante. Sin embargo, lo que habría que contestar es que la pregunta no tiene una respuesta. O mejor dicho, no existe tal límite sin hacer intervenir a la autoridad; la única manera de fundar esa frontera sería con la introducción del derecho penal. Pero como las soluciones restrictivas, coercitivas o represivas no son siempre las que mejor recomponen la armonía social perdida, se hace necesario que pensemos el asunto sin recurrir a lo punitivo. También existe una delgada línea en que un abrazo se vuelve una manera de comprimir y retener, o que una navaja que te afeita puede hincarse en la piel y hacer brotar ríos de sangre. De alguna manera necesitamos confianza en los demás para vivir, porque de otra manera la calle estaría llena de enemigos.

El límite entre el piropo y la ofensa no existe y sólo puede tener consistencia para una persona que, implícita o explícitamente, confía en la limitación por medio del uso legítimo de la fuerza, incluso cuando se trata de los hábitos más periféricos de la vida social. Es decir, si hablamos de limitación, ésta sólo es imaginable de la mano de la intervención del Estado y su monopolio de la violencia legítima. ¿No es esta concepción de la sociedad la manifestación más acabada de machismo y falocentrismo?

Pero, por otra parte, ¿es posible comprobar que efectivamente existe una línea de continuidad entre el piropo y formas de violencia sexual penalizadas por la Ley? ¿Dichas feministas están en condiciones de probar con datos de las ciencias sociales que existe una asociación fuerte entre quienes dicen piropos (al menos entre quienes dicen piropos insultantes) y quienes cometen repudiables abusos sexuales? ¿Existen estudios que demuestren que estas dos poblaciones coinciden? ¿Y si la relación fuese otra? ¿Y si el violador fuese en la mayoría de los casos un sujeto tímido e introvertido, incapaz de expresar sus sentimientos a las mujeres, y que encuentra en el violento pasaje al acto la forma patológica de remendar sus carencias expresivas? En ese caso la relación entre la expresión verbal y el pasaje al acto violento sería de signo opuesto al que presentan las feministas.

De la misma manera en que, trazando un paralelismo, no es correcto decir ligeramente que la marihuana es la puerta de entrada a las drogas duras, la continuidad entre el piropo y formas auténticas de violencia sexual tiene que ser probada fehacientemente antes que ser usada como consigna vacía.


“Si soy linda o fea es un tema mío. Nadie te preguntó tu opinión”


Este argumento es muy interesante por lo que permite leer entre líneas. Sería como si la feminista dijera: “Tu opinión (masculina) sólo es válida cuando yo (mujer) te la solicito; si no es solicitada por mí, es inválida, incluso ofensiva”. De no ser porque que en este escenario la mujer está del lado de enunciador, la premisa resultaría claramente sexista. Y desde ya, despótica. En una frase como la anterior el hombre es reducido a la pasividad que las mujeres rechazan para sí mismas, apelando a la inapropiada noción de cosificación (probablemente haya sido @juliamengo la que impuso este término en el espacio público. Pero hay que recordarle a la panelista de DDD que cosificación es un concepto con el que la tradición marxista denominaba a la sustitución de una relación entre personas por una relación entre cosas (mercancías), rasgo intrínseco del fetichismo de la mercancía. Cosificación, en su acepción original, nada tiene que ver con la despersonalización de la mujer).


“No significa no”

Uno reconoce la buena intención que subyace en esta consigna para llamar la atención sobre la “progresión” involucrada en el hostigamiento sexual. No obstante, no puede pasarse por alto que esta frase contradice los supuestos más elementales de los estudios del lenguaje. El lenguaje no es transparente, más bien es opaco, no tiene un carácter operativo, no es una herramienta, no existe una correspondencia absoluta entre el significante y el significado, antes bien, lo que existe es una ruptura fundamental. La noción de que “no significa no” parece ser teóricamente primitiva, pre-psicoanalítica. Esta última disciplina ya nos enseñó que la demanda no puede ser íntegramente articulada en la palabra y que siempre subsiste un resto, aquello para lo que no existe la palabra justa: el deseo. Freud, en su escrito “¿Qué quiere la mujer?”, se refirió a lo que dicen las histéricas con su “no” (Freud, sexista en este punto, asociaba la histeria exclusivamente con la naturaleza femenina. Hoy se atribuye también a los hombres). El "no" de una histérica o un histérico puede ser, antes que un simple rechazo, una invitación a que la otra persona niegue su “no”, una convocatoria a un encuentro personal más intenso.

Como explica Zizek la diferencia por la cual una insinuación masculina es interpretada como una aproximación fructífera o como una insistencia próxima al acoso, sólo reside en su éxito posterior. Es decir, lo atrevido no está en la acción por sí misma sino en la sanción que recibe de la mujer; esta sanción produce un efecto retroactivo según el cual el mismo movimiento es teñido de validez o de censura.

En definitiva, uno puede rechazar la violencia sexual (la imposición física del hombre sobre la mujer en contra de la voluntad de ésta en pos de la satisfacción de un impulso sexual) sin necesidad de aceptar consignas tan simplificadoras como “no significa no”. Sabemos que “no” puede significar “no”, tanto como, en algunas oportunidades, puede significar otra cosa. Pero más allá de las palabras, uno puede captar la voluntad del otro con sensibilidad y empatía, en vez de recurrir a fórmulas torpes que reducen la realidad y se comprueban falsas hasta para la inteligencia más precaria. En síntesis, quien quiera dañar a la mujer lamentablemente hará caso omiso de la consigna “no es no” , y quien tenga sensibilidad y empatía no necesita que le repitan la formulita cual estudiante aprendiendo la tabla de multiplicar para saber cómo comportarse.


“La exhibición de culos en los medios de comunicación es una forma de violencia sexual”

Aunque las mujeres semi-desnudas no constituyen el contenido más deseable, y sin duda no es el que yo personalmente prefiero, lo cierto es que la libertad de los medios de exhibir estos contenidos es “el efecto secundario” de una sociedad moderna, democrática y secular en que no existen limitaciones religiosas, ideológicas o de una moralina dudosa que lleven a la censura. Seguramente, en países con regímenes dominados por el integrismo religioso no aparecen culos en la televisión, así como tampoco las mujeres pueden mostrar sus piernas en la calle, descubrir su rostro o cabello o salir a la noche sin la compañía de un esposo. Las penas son severas para las mujeres que abandonan la virtud y las buenas costumbres.

El discurso de muchas feministas en relación a la exhibición de culos en la TV muestra la misma carga de moralina barata que exponen los ascetas religiosos que inventaron el Quaker y que rechazan la exhibición pública de lo erótico. Las feministas suelen negar la carga erótica que está presente en las relaciones entre humanos, y buscan imponer una sociedad que, para deshacerse de las inclinaciones más espontáneas (como contemplar un buen trasero), requiere una notable cantidad de correctivos y disciplina. El mundo sin exhibición de culos con que sueñan las feministas es un mundo represivo, desabrido, restringido en sus pasiones más auténticas. Es un mundo atravesado por una compulsión a la pureza e higiene que persigue deshacerse de la suciedad contenida en la sexualidad humana. Un mundo sin exhibición de culos es un mundo artificialmente des-sensualizado.

Pero lo peor es que cuando alguien se queja de la reducción a objeto que experimenta una vedette que aparece semi-desnuda en un programa de TV, está negando la voluntad de la vedette. Quien realmente “cosifica” es la feminista que no contempla la voluntad, el poder de decisión, que tuvo la vedette que encontró esta opción más deseable que otras alternativas que se le abrían en su camino. Lo cierto es que nadie la forzó a punta de pistola a bailar en la TV, y si esta mujer eligió este trabajo antes que otros (que la hubieran dispensado de tener que exhibir su cuerpo), ya sea en busca de dinero, fama o lo que sea, esa inclinación es parte de la subjetividad y voluntad de la mujer y debe ser contemplada al momento de realizar un análisis. Si no lo contemplamos, la tratamos como un objeto.

16 de agosto de 2011

Semblanza de New York City



En el centro de Manhattan de cada cinco personas, dos son WASP (White Anglo-Saxon Protestant) una es negra, una es latina, una es asiática. En Harlem, al norte de Manhattan, la estadística se vuelve favorable a las minorías. Los afro-americanos reconocen que prestan mucho cuidado a su cabello; en Harlem abundan las peluquerías a donde acuden para hacerse el mínimo retoque. Por las playas de Brooklyn, desde Coney Island hasta Brighton, sólo hay inmigrantes ucranianos. Los carteles de Coney Island muestran inglés y alfabeto cirílico.

Nunca ví un subte lleno. La gente permanece sentada y, a diferencia de Londres, Atenas o Buenos Aires, son pocos los que leen el diario mientras se transportan. Claro, no se distribuyen ejemplares gratuitos. Si se trata de material de lectura, uno escogería los avisos publicitarios de abogados; te ofrecen hacer juicios por daños o mala praxis y volverte millonario. Especulación haciendo nudismo. Más allá de esas insignias, el subterráneo está mal señalizado (en cambio, la TV está llena de tandas publicitarias). Falta refrigeración en los andenes y están acondicionados excesivamente los interiores de los vagones.

Un mendigo de veintipico (más joven que yo!), que otrora perteneció a la clase media, duerme sobre un sillón en la avenida Bowery de East Village. Cada vez que uno pasa a la noche, encuentra al mendigo leyendo un libro.

Las bebidas son dulces, mucho más dulces que en Argentina. Se destacan los sabores rojos como Moras o Cerezas. Si dejás menos propina que la esperable, los mozos te lo demandan con molestia ostensible. Los restaurantes se hacen presente sorpresivamente en los estadios de baseball. En la mitad del partido, algunos espectadores se sustraen de las gradas para ir cenar sushi o langostinos. Hay cartoneros, por si alguien creía que eran exclusividad del sub-desarrollo. La vida nocturna se apaga antes: a las 11.15 no encontrás dónde cenar y te preguntas si la calificación de "city that doesn't sleep" de Frank Sinatra no es exagerada.

A las 5 en Union Square se huye del trabajo. Increíble, pero entre los trabajadores liberados hay skate, hay mucha bici. El sábado el Great Lawn del Central Park sólo muestra gente arrojada sobre el césped haciendo pic nic o novatos practicantes del baseball; sin embargo, nadie vende comida de manera informal (pan caliente?!?!?!). También es cierto que hay menos Mc Donald's que lo que uno creería: sólo me crucé con 2 en todo el viaje. Deben tener más presencia en localidades del interior, allí donde hay norteamericanos de verdad, en vez de neoyorkinos que con los norteamericanos sólo presentan alguna vaga reminiscencia.

Aunque de lejos suene pintoresco, Chinatown es el Once. El MoMA hace que el Malba parezca una exposición de postales. El Soho hace que Palermo Soho parezca la sección de ropa del Carrefour.

El edificio donde se emplaza el museo Guggenhaim asciende como una escalera caracol. Es una buena metáfora del tiempo: es continuo, sin cortes ni rupturas, pero mirando hacia fuera se reconoce la progresión.

28 de julio de 2011

¿Por qué el antijudaismo no es un prejuicio más entre otros?


1) ¿Por qué el antijudaismo no es un prejuicio más entre otros? ¿Qué lo vuelve particular?

Las actitudes prejuiciosas hacia minorías étnicas, religiosas, políticas o sexuales son repudiables en todos los casos. No obstante, el antisemitismo se encuentra investido de un plus en relación a otras variantes de prejuicio. Por la estructura interna de la ideación, el antisemitismo no es equiparable en su forma al prejuicio y discriminación que en nuestro país sufren paraguayos, bolivianos, coreanos u otras minorías étnico-nacionales. El antisemitismo no debería ser comprendido únicamente como una modalidad de xenofobia, de hostilidad hacia lo extranjero o lo culturalmente inasimilable (aunque este puede ser un aspecto adicional en la ideación antisemita).

Lo particular del antijudaismo, aquello que lo distingue de otras variantes de prejuicio, es que, basándose en la mitología de la conspiración judía mundial, pretende erigirse en una clave interpretativa del todo social. Sobre la figura del judío se representa la incapacidad de una comunidad atravesada por conflictos de alcanzar su cierre armónico, su unidad orgánica. Cuando el antisemitismo penetra un aparato estatal de propaganda, el judío es vuelto la encarnación misma del Mal; es responsabilizado por la variedad de desajustes supuestos en la dinámica social: las crisis económicas y financieras, la inestabilidad política, el desempleo etc. Según este razonamiento, el judaísmo internacional urde oscuras conspiraciones para apoderarse del control de los Estados y ponerlos a trabajar a su beneficio. Dichas operaciones permanecen en las penumbras fuera de la visión del público, y su denuncia se vuelve un compromiso ético y una aventura nacional.

En pocas palabras, a diferencia de otras formas de prejuicio, el antisemitismo tiene la capacidad de trascender su estatuto de componente de una ideología más amplia para - apuntando a explicar el todo - tomar impulso como una ideología por sí misma, una ideología con mérito propio, o, al menos, el sustituto de una formulación política. Se vuelve entonces un esquema con el que se pretende explicar distintas esferas de la vida social (la economía, la política, la producción, las relaciones internacionales etc.). Como decía el socialdemócrata alemán August Bebel: “El antisemitismo es el socialismo de los imbéciles”.

Otra particularidad del antisemitismo es que construye su objeto a partir de la fórmula del “secreto”, de lo no visible. En cuanto que el Mal permanece fuera de la vista del público, en el terreno de oscuras intrigas internacionales (recordemos la acusación de D’elia en relación al vínculo “secreto” entre Shocklender y la Mossad), la sospecha puede extenderse hacia cualquier judío. La estigmatización del judío no se sostiene en rasgos externos o actitudes observables o adjudicadas (como sucede con otros tipos de prejuicios) sino en la sospecha sobre lo que no se conoce, en el misterio fantasmático que envuelve a la figura del “judaismo internacional” o su sustituto contemporáneo: el “sionismo”. Recordemos lo que decía Zizek (1) en relación al funcionamiento de la fantasía ideológica antisemita: la brecha que encuentra un ciudadano alemán de la década de 1930 entre el estereotipo del judío promovido por la propaganda nazi (maquinador, intrigador, explotador) y su vivencia personal de su vecino Stern, un hombre honesto y sencillo, puede ser la marca misma de la efectividad de la argumentación antisemita. La esencia maléfica del judío se encuentra en su capacidad de ocultar su esencia, esto lo vuelve peligroso.



2) ¿Por qué la Shoá no fue una matanza masiva más entre otras? ¿Qué la vuelve particular?

La historia humana ha registrado un sinfín de relatos horrorosos de exterminios planificados de poblaciones enteras, grupos étnicos o religiosos. Podemos citar desde las Cruzadas, pasando por el aniquilamiento de las poblaciones originarias en América hasta el genocidio del pueblo armenio. No obstante, existen características que hacen que la Shoá haya inaugurado un nuevo capítulo en el relato de infamia humana. Lo que se registra en el Holocausto nazi no es sólo la matanza planificada de millones de seres, sino la construcción de un montaje industrial para hacer más eficiente el aniquilamiento de personas, matando a más en menos tiempo y con el menor costo posible. A su vez aprovechando los cuerpos sin vida para la producción de insumos (luego de que el trabajo esclavo judío hubiera dejado su alma en la dura labor de las fábricas alemanas) es decir, valiéndose de hasta el último de los recursos físicos que pudiese extraerse de las víctimas, incluso después de su deceso. Se trata de la industrialización de la muerte en su máxima expresión. Como dice Zygmunt Bauman, la Shoá tiene un aire marcadamente moderno: “la modernidad contribuyó al Holocausto, no ya por su propia debilidad e ineptitud, sino de una manera directa y activa” (2).

La ciencia fue conducida a legitimar la discriminación y la muerte, puesta a investigar procedimientos que permitiesen afirmar con validez científica la superioridad de unas razas sobre otras. Como explica Raoul Hilberg - desestimando el argumento según el cual los perpetradores de la Shoá eran personajes irracionales que, sumidos en sus aspiraciones políticas, habían perdido contacto con la realidad - “los autores fueron hombres educados y de su tiempo. Este es el quid de la cuestión cada vez que reflexionamos sobre el significado de la civilización occidental después de Auschwitz” (3).

La Shoá se presenta como un caso extremo y único de deshumanización del grupo perseguido. Para ilustrar este aspecto basta con citar un párrafo de “Si esto es un hombre”, la obra de Primo Levi sobre su experiencia personal como prisionero en Auschwitz:

…los judíos, los gitanos y los eslavos eran ganado, desecho, inmundicia. Recordad el tatuaje de Auschwitz que imponía a los hombres la marca que se usa para los bovinos; el viaje en vagones de ganado, jamás abiertos, para obligar así a los deportados (hombres, mujeres y niños!) a yacer días y días en su propia suciedad; el número de matrícula que sustituye al nombre; la falta de cucharas (…) por la que los prisioneros debían lamer la sopa como perros; el inicuo aprovechamiento de los cadáveres, tratados como cualquier materia prima anónima, de la que se extraía el oro de los dientes, los cabellos como materia textil, las cenizas como fertilizantes agrícola; los hombres y mujeres degradados al nivel de conejillos de india para, antes de suprimirlos, experimentar medicamentos.(4)

La Shoá puede ser leída como el punto culmine (y desafortunado) de la confianza del racionalismo iluminista en el empleo de la técnica para aliviar los padecimientos de la humanidad. La Shoá es la contracara oscura de la ciencia que supuestamente ilumina.

3) ¿Qué cosas no están debidamente acentuadas en el relato oficial de la Shoá?

a) que la pasividad de los judíos frente a las matanzas tiene su explicación.

Como asevera Arendt, existen razones para explicar ese comportamiento (la pasividad frente a la muerte segura), ya que durante la Segunda Guerra Mundial se cometieron horrores frente a los cuales morir no era la peor de las penas. Muchas víctimas, fuera por la represalia o simplemente por la crueldad, eran sometidas a terribles torturas ante las cuales la muerte era un alivio; frente a eso, aquellos que morían rápidamente, con un tiro en la nuca o en las cámaras de gas, podían considerarse afortunados.(5)

b) que la violencia sexual contra las mujeres era una constante en ghettos y campos de concentración.

Ambas mujeres (sobrevivientes) eran reacias a relatar incidentes de violaciones y, así, cuestionar el patrón narrativo del Holocausto, que no incluye la victimización sexual de las mujeres. (…) Las mujeres judías fueron violadas por judíos y no judíos en ghettos y campos, si bien la evidencia para corroborar estos hechos suele ser anecdótica. Lo que ha sido corroborado por la mera repetición y la concurrencia de testimonios es el trueque de sexo en ghettos, campos y grupos de resistencia por alimento, ropa, refugio y protección (…) Las mujeres son casi siempre victimizadas en la guerra y el genocidio a causa de su género.(6)

c) que el antisemitismo aniquilacionista continuó vivo en Europa del Este inmediatamente después de culminada la guerra, haciendo de la concentración territorial de los refugiados judíos en Palestina un hecho casi inevitable.

¿Recuerdas a Gelber? Tenían esa gran panadería en Sosnowiec. Uno de los hijos sobrevivió y volvió a su casa…
Hombre polaco: ¿Qué quiere?
Gelber: Es la casa de mi familia. Soy Gelber.
Hombre polaco: Pensamos que Hitler los había matado a todos! Fuera judíos! Esta panadería es nuestra!
No sabía qué hacer. Pasó la noche en el cobertizo detrás de su casa. Los polacos fueron a buscarlo. Lo apalearon y lo colgaron. Para ESO sobrevivió.(7)

Citas bibliográficas
1. Zizek, Slavoj. El sublime objeto de la ideología. México D.F., Siglo Veintiuno Editores, 1989.
2. Bauman, Zygmunt. Modernidad y Holocausto. Madrid, Sequitur Editores, 2006.
3. Hilbberg, Raoul. La destrucción de los judíos europeos. Madrid, Akal, 2005
4. Levi, Primo. Si esto es un hombre. Barcelona, Muchnik Editores, 1987
5. Díaz de Oropeza, Gonzalo. “Cruzados de la muerte. Las Einsatzgruppen y los fusilamientos masivos en el frente del Este durante la Segunda Guerra Mundial”, en: Nuestra Memoria. Número 34, Diciembre 2010.
6. Goldenberg, Myrna. “Sexo, violación y supervivencia. La mujer judía y el Holocausto”, en: Nuestra Memoria. Número 34, Diciembre 2010.
7. Spiegelman, Art. Maus. Historia de un sobreviviente II. Y aquí comenzaron mis problemas. Buenos Aires, Emecé Editores, 2006.

11 de julio de 2011

Mi análisis sobre las elecciones a Jefe de Gobierno




A continuación ofrezco 4 claves interpretativas para comprender la victoria del PRO en las elecciones del 10 de julio.

1) Voto aspiracional


En marketing se denomina aspiracional al consumo que las clases bajas hacen de marcas y productos que orientan su comunicación principalmente al público ABC1. Para decirlo de forma sencilla, los pobres no encuentran en estas marcas una imagen de consumidor afín que los represente, sino la imagen del consumidor que les gustaría llegar a ser. Mediante este tipo de consumo, personas de estratos bajos alcanzan una percepción deseable de sí mismas, una imagen a la que aspiran en el marco de fantasías no exteriorizadas de ascenso social y afirmación individual en un entramado social jerarquizado. Hablamos de consumo aspiracional, por ejemplo, cuando vemos a un pibe laburante con unas suntuosas zapatillas Nike o una Blackberry a las que seguramente destinó buena parte de su sueldo.

Según los encuestadores, Macri tuvo un desempeño parejo a través de las clases sociales. Así como el voto de los segmentos altos se explica por un sentimiento de afinidad y pertenencia al colectivo que delimitan con su origen social los dirigentes del PRO (algunos de ellos de linaje tradicional y conservador como Federico Pinedo u Horacio Rodríguez Larreta), el fenómeno del voto macrista en los segmentos medio y bajo debe ser analizado desde la “aspiracionalidad”. Para individuos de la clase baja ser buscados por el PRO (que requiere de una base de sustentación que trascienda la extracción social de sus referentes) es experimentado como un reconocimiento subjetivo, una caricia para quienes más necesitan este tipo de gestos afirmativos. Ser mirado desde arriba es más complaciente que ser mirado por alguien a la misma altura.

Aunque se presente como un voto no ideológico, el esquema conceptual del PRO concentra los principales tópicos de la elite argentina: colocar la gestión en manos de tecnócratas que se conducen por criterios de eficiencia y racionalidad económica antes que por criterios visualizados como heterónomos (heterónomo sería, por ejemplo, la intervención de agentes que desvían el normal curso de la economía como los sindicatos); favorecer el avance de lo privado sobre lo público en la búsqueda de eficiencia; crear un Otros que perjudicaría a un Nosotros (los habitantes del conurbano que usan los servicios de salud de la ciudad; los bolivianos y peruanos que afluyen indiscriminamente a la Argentina y causan conflictividad social etc). No obstante, más allá del contenido elitista de su propuesta, el macrismo tracciona el voto de sectores medios y populares porque la apariencia “concheta” de sus dirigentes y militantes, el acento de zona norte de muchos de sus referentes, el gusto socialmente aceptado que connotan, se conjuga con la búsqueda de masividad democrática que hace que estos dirigentes pongan su mirada (oportunista o no) en los segmentos postergados. Lo que consumen con su voto muchos electores populares del PRO es la imagen de deseabilidad social por la que Evita no dudaba en vestirse con lujo y ornamentos enfrente de sus grasitas. Los pobres querían lucir elegantes como ella; y esta abundancia que no se tenía pero que se deseaba, era un elemento más que sostenía la identificación con el líder.


2) El triunfo del marketing publicitario sobre la política

Macri ha limpiado su vocabulario de todo huella que pudiera indicar la presencia de teoría política; se ha negado a hablar de política en ámbitos de difusión que le hubieran dado una buena oportunidad para hacerlo; y hasta Susana Giménez debió tranquilizarlo en una entrevista prometiéndole que no le preguntaría sobre la cosa pública.

Seguramente la palabra “política” connota negativamente para gran parte de los receptores. Política huele a tramolla, a negociado, a líder con clientela propia, a privilegios, en última instancia, a vicio. La campaña de Macri se basa fuertemente en la “agradabilidad”, en no presentar al público temas que puedan resultar indeseables por más que sea posible exhibir una buena resolución al respecto. La política ha sido reemplazada por herramientas de marketing político. La comunicación del PRO valiéndose de colores, globos, música y baile trabaja sobre la memoria emotiva de manera no muy distinta a Coca-Cola. La fórmula de la gaseosa: no sabemos bien por qué la consumimos, sólo sabemos que la Coca, en nuestra antojadiza cognición, está asociada a sensaciones agradables. Es el efecto de la publicidad que enlaza el producto con “momentos felices de nuestra vida”. Demuestra ser el esqueleto de la disciplina publicitaria: trabajar sobre lo emocional, no sobre lo racionalizable. Algo parecido hace el programa oficialista 678 cuando emplea como separador un desfile de fotografías de alegres anónimos en situaciones familiares reconfortantes con las que cualquier televidente puede identificarse. En última instancia, el racional que los panelistas del programa ofrecen en sus argumentos es cubierto con esta sutil patina de protección emocional. Pregunta: ¿cómo se preparó Filmus (el único candidato con chances de disputarle a Macri) para contrarrestar la estrategia emocional macrista que era, por lo menos, evidente?


3) Capital federal siempre busca diferenciarse


Cuando el oficialismo nacional era Menem y la Capital Federal votaba a la centro-izquierda se pensaba que ésta era una inclinación estable o permanente. Era una ilusión. La Ciudad de Buenos Aires no es de centro izquierda y no tiene un voto ideológico. Por el contrario este electorado, bastante narcisista y necesitado de diferenciación, demuestra orientaciones fluctuantes con alto nivel de autonomía. Tan alto el nivel de autonomía que raramente tolera alinearse con las tendencias en el plano nacional. Si el gobierno de CFK es leído como filo-izquierdista, las mismas acuarelas que estarían componiendo este color (derechos humanos, no represión de manifestaciones, planes de vivienda en manos de las Madres etc.) son vistas con desconfianza por el público porteño.

4) El daño que el kirchnerismo se inflige con su propia política comunicacional


Finalmente, debe ser remarcado que el espíritu de la época es bastante mejor que sus voceros. El esquema comunicacional oficialista (678, Duro de Domar, TVR, Victor Hugo y demás) aunque tiene el mérito de reavivar discusiones necesarias que antes no contaban con espacio en los medios, dificilmente consigue lo que se propone. La insistencia hasta la repetición sobre las buenas acciones del gobierno es de incierta eficacia (si las buenas acciones del gobierno son tan evidentes, ¿por qué se necesitaría semejante tutoría para reconocerlas?). La simplificación del escenario político con conceptos de dudoso rigor teórico como la “corpo” (exclusividad de un conglomerado multimediático cuidadosamente seleccionado; pero que deja afuera a otras industrias igualmente concentradas) puede ser experimentada como una afrenta a la inteligencia incluso por personas que no se jactan de ello. El examen estructural de conflictos que 678, en cambio, prefiere moralizar y personalizar es quizá un grado mayor de delicadeza que no sea justo demandar.

El problema es que demasiada vehemencia como la que expone este periodismo militante toca en el espectador una fibra sensible, humana y de naturaleza negativa: el sentimiento de culpa. Una retórica que señala, individualiza y culpabiliza no puede sino despertar un sentimiento de auto-reproche burgués (justificado o injustificado) que luego es devuelto bajo la forma de desapego. Desapego del público de clase media hacia 678 y la comunicación oficialista, desapego hacia el proyecto kirchnerista más allá de los aciertos objetivos que se reconozcan.